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El embarazo ‘normal’ y la obesidad

Jueves, Octubre 22nd, 2009

Cuando una mujer sale embarazada poco conoce lo que sus acciones al comer pueden causar al bebé que, dentro de sí, ella alberga. Por ello muchas aprovechan la moratoria ofrecida por la circunstancia fortuita del embarazo para rescindir todo control en lo que a su ingesta respecta.

Los hombres, por supuesto, privados del privilegio femenino de concebir, carecen de razones para preocuparse con los efectos de sus comportamientos, en los retoños de los embarazos en los que sus zigotos participen.

Pero no es así, como más adelante tendremos la oportunidad de aprender, cuando nos aventuremos dentro del ámbito de la epigenética, como en esta lección haremos.

Primero, examinemos algunas de las estadísticas que nos causan mayor preocupación.

Una tercera parte de la población norteamericana infantil padece del sobrepeso o es obesa. Esta cifra representa unos 25 millones de niños.

En los últimos treinta años, el porcentaje de niños obesos, entre los dos y cinco años de edad se ha triplicado.

Una bebé hembra, nacida en el año 2000 hoy tiene un chance del 40% de desarrollar diabetes tipo 2, la que se relaciona directamente con la obesidad de adultos.

Además de lo antedicho, un 60% de entre estos niños exhibe uno ó más de los factores de riesgo para las enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, elevación de los triglicéridos y descontrol del azúcar sanguíneo.

Un reportaje del año 2005 en el New England Journal of Medicine nos advierte que la epidemia de obesidad juvenil en los Estados Unidos pronostica una reducción en la expectación de vida en los adultos de unos cinco años. Algo que ocurre por la primera vez en la historia de esa nación de obesos.

No existe la menor duda de que galones de refrescos azucarados, canastas de papas fritas en grasas deshidrogenadas, demasiado horas jugando Nintendo o viendo pasivamente la televisión — en lugar de practicar actividades físicas al aire libre — constituyen una combinación letal.

Un volumen de evidencia continúa creciendo corroborando el hecho de que los hábitos dietarios y de vida, de ambos padres — la madre especialmente — durante las etapas tempranas del embarazo, pueden afectar el metabolismo y el futuro bienestar de los hijos.

En otras palabras, si una mujer quiere salir, o sale embarazada, debe de pensar dos veces antes de abandonarse a una dieta que resultará en aumentos desproporcionados de peso — como se acostumbra en nuestras culturas.

El gen egoísta y todopoderoso entra en la escena

Para muchos, la frase freudiana de ‘anatomía es destino’ se metamorfoseó en algo como: ‘el gen es poder supremo’.

En su obra cumbre, The Selfish Gene, el etólogo británico Richard Dawkins, nos introduce al poder abrumador que poseen los genes, logrando impresionarnos con el alcance del ‘mapa’ que como plan controlador reside en el ADN celular.

Pero, la historia del dominio del gen no es hoy lo que de antes se creyera, y que Dawkins y sus muchos prosélitos, nos enseñaran.

Hoy sabemos, no sólo que lo que los padres hacen afecta el futuro de sus hijos naturales, sino que (sin abandonarnos en un ejercicio de índole lamarckiano) los genes no siempre se expresan, de modo invariable, de acuerdo a las instrucciones, que en ellos creemos existen, ya que ciertos compuestos secundarios pueden atarse a los genes suprimiendo su expresión.

Entonces, como sucede con nuestros dispositivos electrónicos, los genes se prenden y se apagan.

Todo procede como si fuera un interruptor de encendido que conecta o desconecta el gen, como si fuera una bombilla eléctrica.

Aquí, lo que nos interesa es el hecho de que factores ambientales, como son la comida que comemos y los cigarrillos que fumamos, pueden prender y apagar la expresión normativa de nuestros genes, alterando sus manifestaciones.

El tipo de exploración científica, aquí descrita, ha cambiado radicalmente el campo de la genética en su totalidad, lanzando una nueva disciplina llamada la epigenética.

La epigenética es la disciplina que se ocupa de investigar de cómo niños pueden heredar y expresar lo que aparentan ser nuevos rasgos provenientes del comportamiento y entorno de sus padres sin cambios en el ADN subyacente. En otras palabras, las instrucciones provenientes del código hereditario son las mismas, pero algo, las cancela sin que el componente genético se altere.

El término epigenética existe desde los años 1940. Pero el primer avance mayor que la impulsó como ciencia ocurrió en el año 2003 con la participación de un animalito insignificante, cuya presencia es común en los laboratorios donde se investiga la biología.

A todos, presento al ratón flacucho marrón

Este ratoncito, al que me refiero, sorprendió a la comunidad científica con el comportamiento de sus genes.

El roedorcito en cuestión pertenecía a una cepa de ratones obesos amarillos que fueron criados específicamente para transportar un gen llamado agouti, que les confiere el color característico y que les garantiza la tendencia a la obesidad.

Cuando dos ratones agouti se aparean, ellos producen ratones amarillos y gordos, generación tras generación indefectiblemente.

Pero, veamos lo que pasa cuando ratones van a la Universidad de Duke.

Un grupo de científicos en esa universidad, separó un contingente de ratones agouti entre dos grupos. Un grupo de control y otro, un grupo de ratonas preñadas.

Con el control grupo no se hizo nada especial. Se les alimentó la dieta usual de laboratorio y permitieron que copularan entre ellos.

No hubo sorpresa. Los ratones amarillos, gordos parieron ratoncitos amarillos, gordos.

Sin embargo, los ratones en el grupo experimental fueron sujetos a ciertas alteraciones en su dieta.

Además de su ingesta normal, a este grupo se le suministró mejor cuidado prenatal.

Se les administró un régimen similar al de las mujeres embarazadas modernas.

Recibieron vitamina B12, ácido fólico, betaína y colina.

Los resultados de este experimento sacudió el mundo científico de la genética por sus fundaciones.

Ratones gordos, amarillos, que se habían apareado con ratonas gordas, amarillas, tuvieron bebés que eran delgados y marrones.

Los resultados inesperados ponían en duda todo lo que la comunidad científica creía.

Un análisis genético de los ratoncitos marrones complicó el misterio.

Los genes eran exactamente los mismos de los padres, como se esperaba, listos para enviar las instrucciones para procrear ratones obesos y amarillos.

Pero no lo hacían.

¿Qué sucedió?

La única explicación disponible es que una ó más substancias presentes en los suplementos vitamínicos que les administraran a las madres preñadas, se trasladó dentro de los genes de los roedores y apagó la expresión del gen agouti.

Cuando los bebés nacieron, todavía poseían el gen agouti, pero éste no se había expresado — substancias químicas se habían afijado al gen, suprimiendo su expresión.

Este proceso de supresión genética tiene un nombre, se llama la metilación del ADN.

La metilación ocurre cuando un compuesto llamado un grupo metílico se une a un gen y cambia el modo como ese gen se expresa, sin cambiar la estructura del ADN.

Pero, hay más…

Delgados y marrones no fueron los únicos rasgos que los ratones adquirieron por medio de la metilación. El gen agouti de los roedores se imbrica en mayor incidencia de cáncer y diabetes. Los ratones con el agouti apagado evidenciaron una reducción significante en la aparición del cáncer y de la diabetes.

De acuerdo al líder del estudio, el Dr. Randy Jittle: ‘Por la vez primera, hemos demostrado de manera precisa el proceso de cómo el uso de los suplementos alimentarios en la madre puede alterar permanentemente la expresión de los genes en los críos sin alterar los genes mismos’.

En otras palabras, cómo y lo qué comemos tiene un impacto en generaciones venideras.

El efecto de este estudio fue enorme, las razones, aunque siendo obvias, ameritan ser examinadas:

Primero, la epigenética disipó la convicción que existiera de que los programas genéticos son fijos e indelebles. El mismo conjunto de genes puede producir resultados diferentes dependiendo en cuáles genes hayan experimentado el proceso de metilación y cuáles no. Lo que significa que un estrato nuevo de reacciones posibles, actuando fuera y por encima del código genético, había que tomarse en consideración, porque cambiaba el resultado del programa genético sin alterar el código mismo.

Ese fuera y por encima es de donde la epigenética deriva su nombre. Del griego: el prefijo epi que significa sobre o en adición y genético, relacionado a la herencia. Esto de por sí no debe de tomarnos de mucha sorpresa, ya que muchos investigadores han señalado que a menudo, los mismos genes no producen los mismos resultados. Mellizos idénticos que comparten el mismo ADN no poseen las mismas huellas digitales o no desarrollan las mismas enfermedades.

Segundo, que el estudio de Duke resucitó el espíritu de Lamarck: factores del entorno afectando la madre, se demostró, que afectaban los rasgos hereditarios de los hijos sin cambiar la estructura del ADN.

Más adelante, otros experimentos con ratones, también en Duke, señalaron que se podía sobrecargar los cerebros de ratones con la simple adición de colina en la dieta de la hembra preñada. La colina desencadena un patrón de metilación que apaga el gen que normalmente limita la división celular en el centro de la memoria cerebral.

Con el controlador de la división celular en las células que regulan la memoria, apagado, los ratones comenzaron a producir células de memoria a toda velocidad resultando en memorias enormes para los ratones en cuestión. De adultos esos ratones, rompieron todos los records de retención en pruebas psicológicas estandarizadas.

Investigaciones que corroboran estos hallazgos se han conducido en una variedad de animales, incluyendo el ratón de campo, la pulga del agua fresca (Daphnia), el saltamontes del desierto, algunas especies de lagartijas y otros animales donde aspectos físicos y de comportamientos cambian ostensiblemente por la metilación sin alterar el ADN.

El enfoque actual de la investigación epigenética en el ser humano está casi todo limitado al estudio fetal.

Es muy claro que los primeros días que siguen a la concepción, cuando la mujer aun no sabe que está encinta, son más críticos de lo que supiéramos. Es precisamente en esta etapa cuando genes importantes se prenden y se apagan, transmitiendo o no las primeras señales epigenéticas al feto en desarrollo.

El útero se constituye, entonces, en un verdadero laboratorio evolucionista donde se evalúan rasgos que pueden o no, asistir en la supervivencia del feto. Investigaciones demuestran que en muchos abortos espontáneos el feto evidenciaba anormalidades genéticas.

He aquí cómo la epigenética puede explicar parcialmente la epidemia de la obesidad — la infantil en particular.

La fast food que constituye la dieta de la mayoría de los americanos, es alta en calorías pero baja en nutrientes, especialmente aquellos elementos que son esenciales para el desarrollo de un embrión en las etapas tempranas de su evolución. Si una mujer recién embarazada se pasa las primeras semanas de su gravidez comiendo una dieta típica de junk food, el embrión puede recibir la señal de que va a nacer en un entorno hostil donde los tipos esenciales de alimentos escasean. Por medio de una combinación de efectos epigenéticos varios genes se prenden y se apagan resultando en que el bebé nacerá pequeño, necesitando menos comida para la supervivencia. Volviéndose obeso en el futuro.

La Hipótesis de Barker

David Barker, distinguido nutricionista británico, fue el primero en sugerir un eslabón que existe entre la nutrición fetal deficiente y la obesidad posterior. Su teoría hoy se conoce por su nombre o por la teoría del genotipo económico.

Fetos que experimentan nutrición deficiente desarrollan metabolismos económicos que son mucho más eficientes en almacenar energía.

Cuando un bebé nacía con un fenotipo económico 10,000 años atrás, durante un período de escasez de alimentos, su metabolismo conservacionista lo ayudaría a sobrevivir el hambre relativa.

Pero, cuando un bebé nace en el siglo XXI rodeado de comida en exceso, que es asimismo pobre nutricionalmente y rica en calorías, el bebé engorda.

La importancia del conocimiento de la epigenética

El mundo científico recientemente ha abandonado el derrotero prístino de la ciencia incontrovertible para convertirse en otro tentáculo de los intereses creados. Muchos académicos de reputación establecida salen a la defensa de las industrias que nos envenenan, el instante en que se publica algo derogatorio acerca de las mismas.

Lo que es tan alarmante aquí es el hecho de que los defensores venales, a menudo escriben por adelantado sus artículos para que no haya dilación en la publicación de sus respuestas favorables y exculpatorias de las industrias que los patrocinan — aunque falsas.

Para nuestro mundo de científicos que toman seriamente el estudio de los trastornos del comer, la hipótesis de Barker es de la mayor importancia porque nos asiste en el entendimiento de cómo los hábitos alimenticios de la madre pueden afectar el esquema metabólico de los hijos.

Papá: mejor, no fumes…

Estudios, muy recientes, llevados a cabo en la Gran Bretaña encuentran que hombres que comenzaron a fumar antes de la pubertad tuvieron hijos que eran mucho más gordos que lo considerado normal cuando cumplían los nueve años. Lo sorprendente es que esta correlación afectaba a los hijos varones exclusivamente.

Los expertos en la epigenética deducen que, en este caso, los indicadores epigenéticos se transmiten vía el cromosoma Y.

Marcus Pembrey, un genético británico, llama este fenómeno ‘el principio de prueba’. El esperma ha capturado información dentro del entorno hereditario y ahora modifica el desarrollo y la salud del individuo en generaciones futuras.

Pero hay más. Debido a que las modificaciones del genoma son transgeneracionales, se ha expuesto evidencia soportando el impacto de la epigenética de abuelos y abuelas en sus nietos.

Veamos el mecanismo involucrado en el caso de la herencia de la madre a través de la abuela.

Cuando una hembra del género humano nace, ella ya posee el complemento total de los óvulos que tendrá de por vida en sus ovarios de bebé. Extraño como parezca, eso significa que el huevo del que uno se desarrolla con la mitad de los cromosomas propios, fue creado en los ovarios de la mamá cuando ella todavía residía en el útero de la abuela. La evidencia científica es que cuando la abuela pasó señales epigenéticas a la madre de uno, ella pasaría asimismo esas señales que eventualmente constituirán la mitad del ADN de la persona en cuestión.

Por ejemplo, se ha encontrado que niños cuyas abuelas fumaron cuando estaban embarazadas eran más predispuestos a sufrir del asma que hijos de madres que fumaban cuando ellas estaban embarazadas.

Mucha investigación continúa produciendo hallazgos similares que nos maravillan y sorprenden.

Lo que es de importancia, ya que puede jugar un rol decisivo en el entendimiento de la obesidad como fenómeno de la adaptación descarrilada.

Prosigamos

La metilación del ADN ocurre durante todo el ciclo vital, teniendo que tenerse en cuenta toda la vida.

Ahora, consideremos algo nuevo: los transposones o genes saltantes

Mazorcas de maíz indio vienen en diferentes colores, como son violetas, amarillos y blancos. Sometimes the individual grains are purple with white streaks or mottling. A veces los granos son de color púrpura con vetas blancas o manchas marrones. This mottling effect defies Mendel’s basic principles of genetics because individual grains may be multicolored rather than a single color. Este efecto de manchas inesperadas contradice los hallazgos de Mendel y desafía los principios básicos de la genética, porque los granos individuales pueden ser multicolores en lugar de monocromáticos. The movement of transposons on chromosomes may result in colored, non-colored and variegated grains that do not fit traditional Mendelian ratios based solely on chromosome assortment during meiosis and random combination of gametes. El movimiento de transposones en los cromosomas puede resultar en colores inesperados, que no se ajustan al color y variedad de los granos en el sentido mendeliano. The explanation for this phenomenon involves “jumping genes” or transposons, and earned Dr. Barbara McClintock the prestigious Nobel Prize in Medicine in 1983 for her life-long research on corn genetics. La explicación de este fenómeno supone un ‘salto de genes’ o transposones, y obtuvo a la Dra. Barbara McClintock el prestigioso Premio Nobel de Medicina en 1983 por su larga vida de investigación en la genética de maíz.

¿Qué es un transposón o gen saltante?

Un transposón es una secuencia de ADN capaz de replicarse e insertar una copia de sí mismo en un nuevo lugar del genoma. Los transposones son secuencias repetitivas que se cree que proceden de retrovirus ancestrales. Se han descubierto en bacterias y en células eucariotas. Y por extensión, en los virus de las computadoras — aunque éstos no afectan los seres vivos directamente.

En otras palabras, que la estabilidad que creyéramos existiera en el código genético que nos permitiera aventurarnos a especular la existencia del gen de la obesidad, el de la homosexualidad, del lenguaje y aun el de Dios, carece de corroboración científica. (Véanse mis ponencias al respecto, especialmente, Del Gen de la Obesidad… ‘Of Mice and Menen monografías.com).

La herencia y la genética no son destino, ya más, como antes creyéramos.

Antes de concluir veamos un poco de la historia de la nueva ciencia que aquí estudiamos

A menudo se atribuye a Conrad Waddington (1905-1975) la acuñación del término ‘epigenética’ en el año 1942 como ‘la rama de la biología que estudia las interacciones causales entre los genes y sus productos que dan lugar al fenotipo’. Las primeras apariciones de la epigenética en la literatura datan de mediados del siglo XIX, aunque los orígenes del concepto pueden encontrarse ya en Aristóteles (384-322 AC). Aristóteles creía en la epigénesis: el desarrollo de la forma orgánica del individuo a partir de la materia amorfa.

Esta controvertida creencia fue el principal argumento en contra de la hipótesis que mantenía que nos desarrollamos a partir de cuerpos minúsculos completamente formados. Incluso hoy día, aún no existe un consenso universal acerca de hasta qué punto estamos pre-programados o modelados por el ambiente. El campo de la epigenética ha surgido como un puente entre las influencias genéticas y ambientales. En el siglo XXI, la definición más comúnmente encontrada del término epigenética es ‘el estudio de cambios heredables en la función génica que se producen sin un cambio en la secuencia del ADN’.

En el caso de la obesidad puede decirse que aunque no se haya encontrado el gen que la produce, como tantas de las industrias farmacológicas y genéticas ansían, que la metilación de los genes responsables por la misma comienza mucho antes de que nazca el niño y que, la industria de los fast foods, cuyos productos acarrean cantidades monstruosas de substancias nocivas y de elementos químicos que no sólo son incompatibles, pero que afectan a quienes los consumen adversamente (véanse los colorantes artificiales y el monosodio glutamato) puedan ser responsables por la epidemia que nos flagela.

Que, para poder eliminar su presencia y su avance implacable, los esfuerzos hay que efectuarlos al nivel muy por encima del gen: al nivel epigenético. Asunto éste que muy pocos logran porque, en su ignorancia, no lo reconocen.

Mientras tanto, mujeres embarazadas sean conscientes de lo que comen, porque el efecto de esa comida puede reflejarse en los nietos y aún más allá…

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Britney Spears embarazada.

La obesidad y el alcohol

Jueves, Octubre 22nd, 2009

La bebida en exceso y la obesidad están causando trastornos hepáticos entre los ciudadanos de edad avanzada en la Gran Bretaña, los oficiales de salud pública de esa nación nos alertan.

La bebida en exceso y la obesidad son responsables por una crisis entre las personas mayores, Crisis que no parece ser que va a amainar.

La edad promedio de las personas que sucumben a la asociación de estas condiciones ha disminuido a los 60 para los hombres y 58 años respectivamente, para las mujeres.

Cuatro años menos para ambos sexos de lo que fuese hacen 25 años.

La enfermedad del hígado es la única causa mayor de muerte que ha aumentado anualmente en ese país, con su frecuencia duplicándose en la última década.

Hoy, representa la quinta causa mayor de muerte, luego del cáncer, las enfermedades respiratorias, las cardíacas y los trastornos cerebro-vasculares.

Y está supuesta a sobrepasar las otras en menos de dos años.

Asimismo, representa una amenaza mayor para las personas viejas, comparada con la enfermedad cardíaca en la que la edad promedio de la muerte son los 82 años y la de los trastornos cerebro-vasculares, en los que la edad son los 84 años.

El departamento de salud está tan preocupado que ha introducido la nominación de un ‘zar’ para que coordine una estrategia nacional para combatir la crisis.

Las medidas que se espera serán tomadas, incluyen la conducción de exámenes de sangre para las personas mayores de 40 años para detectar los trastornos hepáticos y entrenar un mayor número de especialistas médicos.

El impacto del consumo del alcohol en el hígado es bien conocido, con 105 personas siendo admitidas a los hospitales  británicos todos los días, con un diagnóstico primario o secundario de enfermedad alcohólica del hígado.

Pero, lo que muchos desconocen es que la obesidad es una cusa de importancia creciente.

Una en cada cinco personas, actualmente, demuestra evidencia de una degeneración grasa — no-alcohólica — del hígado. Una indicación temprana de una condición más seria.

Más de medio millón de personas en Inglaterra, puede que terminen sufriendo de la cirrosis del hígado relacionada a la obesidad, con muchos de los adultos que son obesos en la actualidad, muriendo a los 60s y 70s años resultado del fallo hepático.

Asimismo, los adolescentes de hoy, se espera que desarrollen cirrosis y fallo del hígado, cuando lleguen a los 50s y 60s años de edad.

La hepatitis, causa hoy un veinticinco por ciento de los trastornos del hígado en la Gran Bretaña.

En el período 2007/08, 17,221 personas en el Reino Unido murieron de la enfermedad crónica del hígado.

Las muertes entre los hombres ascendieron por un 2.8 por ciento, mientras que las de las mujeres subieron por un 2.4 % de las que fueran el año previo.

La enfermedad del hígado le cuesta a ese conglomerado de países 460 mil millones de libras esterlinas anualmente, una cifra que se espera aumentará enormemente en el futuro inmediato.

La Ministra de Salud, Ann Keen dice:

‘La enfermedad del hígado es la única entre las cinco causas primarias de muerte que continúa afectando las personas jóvenes todos los años, a un ritmo creciente.

‘Nosotros sabemos que con la identificación temprana, alentando a las personas a que mejoren su comportamiento y asegurándonos de que los servicios adecuados para ellos están en el lugar preciso, se puede mejorar la calidad de servicios y detener la progresión de estas enfermedades.

‘Con la nominación de un director nacional para supervisar el desarrollo de una estrategia adecuada, nos aseguraremos de que la evidencia clínica y los resultados obtenidos — para pacientes que están en el centro de nuestra preocupación — serán los necesarios para resolver este creciente problema’.

Nosotros nos preguntamos, cuál sería el caso en nuestro medio… Y cuántos oficiales de salud pública y miembros de las ciencias médicas reconocen esta asociación de patologías que involucran la gordura.

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No muy buena idea…

¿Por qué la grasa en la comida nos hace comer más?

Jueves, Octubre 22nd, 2009

La lección que la manteca nos enseña… ¿Por qué comerla lubrica nuestro apetito?

La razón, se cree que ha sido establecida.

Como aquí explicaremos

Las grasas saturadas interfieren con la respuesta cerebral a las hormonas del apetito, un efecto que nos fuera de utilidad en el pasado remoto, durante los ciclos de carestía de alimentos. Pero no en un mundo donde la abundancia de alimentos es lo usual.

Cuando una persona se pasa un fin de semana empachándose con comidas grasosas, la pesa del baño no es la única cosa que se estremece con el impacto. El cerebro también lo registra.

Nuevas investigaciones nos ilustran la manera en que las grasas saturadas nos inducen a comer más y aclaran las bases evolucionarías para el sobrepeso en las naciones desarrolladas del mundo.

Parece ser que la fisiología de nuestro cerebro está fuera de sincronía con la del mundo moderno.

Los investigadores han establecido por algún tiempo, que las hormonas leptina e insulina juegan un papel crucial en la regulación de nuestro apetito y el consumo de lo que comemos.

En las personas saludables la leptina, que es secretada por los tejidos grasos, actúa como una medida molecular para el perímetro de nuestras cinturas, apagando sentimientos de hambre.

La insulina, por su parte, aumenta cuando el páncreas detecta un incremento de glucosa circulante después de una comida.

Asimismo, cuando el cerebro detecta este aumento de azúcar, este órgano responde disminuyendo el deseo de comer.

Ciertas enfermedades y trastornos metabólicos, pueden perturbar nuestra habilidad de responder adecuadamente a esas señales.

En un artículo publicado en la edición de septiembre del Journal of Clinical Investigation, los autores del estudio reportan que han descubierto un mecanismo bioquímico central,  detrás del efecto de la grasa en el cerebro de los mamíferos.

Ellos encontraron que después de sólo tres días en una dieta alta en grasas saturadas — un ingrediente común en los quesos y las carnes — los cerebros de ratas y ratones se volvían resistentes a la acción de la leptina e insulina.

Sin embargo, las grasas insaturadas como las que se encuentran en el aceite de oliva no provocaron esta resistencia.

Como efecto de esta resistencia hormonal, una comida alta en grasas saturadas puede aumentar nuestro apetito, inmediatamente luego de terminar el postre.

Lo que significa que ‘tomar vacaciones’ y apartarse de una dieta saludable, aún por unos cuantos días, para comer comidas rápidas, puede tener consecuencias adversas que duran más allá de la reasunción de la dieta sana.

Los investigadores están convencidos de que sus hallazgos son aplicables asimismo a los seres humanos.

Detectando la leptina y la insulina es como el cuerpo mantiene un control del estado nutricional del organismo.

Si este control se trastorna porque el cuerpo continúa recibiendo demasiada nutrición, éste no es capaz de responder, diciéndonos que paremos de comer.

Lo que resulta en un círculo vicioso, el comienzo de problemas metabólicos, y la ganancia consecuente de peso.

Pero, si son las hormonas las que están supuestas a mantener nuestro metabolismo controlado. ¿Por qué la grasa saturada — la misma grasa que los obesos acarrean en exceso — nos hace insensibles a  la acción de estas hormonas?

Una explicación para estos efectos paradójicos deriva del estudio de la inanición.

Cuando estamos pasando hambre, el cuerpo comienza a utilizar sus reservas adiposas como fuente de energía.

Como resultado, el torrente sanguíneo se satura con grasa, del modo que hace con el comer en exceso y en la obesidad.

Aparentemente, errando en el lado de la prudencia, el cerebro interpreta la grasa libre — no importa su proveniencia — como un alerta de que el hambre está por llegar.

De haberlo hecho de manera diferente, en la historia de nuestra evolución, probablemente, no estuviéramos aquí para contar esta historia.

En nuestro pasado evolutivo, nuestra especie ha tenido que confrontar más veces,  carencias de comida y de hambre, que un exceso de calorías.

Una respuesta neurológica que una vez nos fuera de utilidad, no lo es ya más, cuando uno se detiene en un McDonald o Taco Bell camino a su casa.

Un buen consejo: Sigamos la dieta mediterránea con firmeza.

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El hartazgo.

Los edulcorantes artificiales están de cumpleaños

Miércoles, Octubre 21st, 2009

Mary Anne della Ferra y John Blundell lo predicaron… Ambos son académicos establecidos. Ella colaboró conmigo y publicamos artículos juntos, él nos encontró con frecuencia mientras viajábamos por todo el globo en búsqueda de conocimientos.

¿Qué nos decían?: Nos decían que los endulzantes artificiales no son buenos.

Mary Anne debía saberlo, ya que trabajaba con Monsanto en Saint Louis, que manufactura Napalm y aspartamo.

Napalm no endulza la comida, Napalm es simplemente una bomba incendiaria.

Aspartamo se vende bajo las marcas de: Equal, Nutra Sweet y Canderel. Desde que éste se introdujo en el 1974 ha sido debatido por sus propiedades: es doscientas veces más dulce que el azúcar — lo que es un problema — y, para algunos investigadores presenta efectos secundarios indeseables.

El azúcar

La sabiduría común nos dice que el azúcar engorda y William Dufty en su best seller, Sugar Blues, nos proporciona una lista infinita de las razones por las cuales este cristal blanco debe soslayarse.

Esta semana se cumplen cuarenta años de que la FDA — organismo oficial norteamericano que controla las medicinas y los comestibles en los EEUU — prohibió el uso del ciclamato, el primer edulcorante artificial que se ofreció al público, mientras que el uso de estas sustancias, en general, permanece en duda.

Historia

El primer edulcorante artificial, la sacarina, fue descubierto por serendipia en el 1879 por Constantin Fahlberg, un científico en Johns Hopkins University, mientras trabajaba con derivativos de coal tar.

Fahlberg notó una sustancia desconocida en sus manos y (en una violación inesperada de higiene de laboratorio) se lamió las manos, notando que sabía dulce.

Nadie se explica por qué el investigador se relamió las manos, pero un nuevo producto nació: el primer edulcorante artificial.

En el 1911 se hizo un esfuerzo para prohibir su uso sin ningún éxito. Ya que para muchos científicos no era más que un adulterante que perturbaba la estructura de los alimentos.

Su uso como sustituto del azúcar se popularizó y los ejércitos norteamericanos lo usaron como suplente para endulzar alimentos en las dos guerras mundiales.

La sacarina es unas trescientas veces más dulce que el azúcar y contiene cero calorías, aunque deja un regusto metálico en la boca que es muy poco placentero.

Por esa razón cuando el ciclamato entró el mercado en el 1951, las compañías productoras de comestibles lo acogieron con entusiasmo porque su sabor es más natural.

Para fines del año 1968, los americanos consumían más de 17 millones de libras de sustancias sin calorías al año, en la forma de meriendas, frutas envasadas, jugos y refrescos como Diet Coke y Tab.

Al fin de la década de los sesentas, investigaciones comenzaron a establecer una conexión entre el ciclamato y ciertos cánceres.

Un estudio en particular reportó que si embriones de pollo eran inyectados con esta sustancia que éstos desarrollaban deformidades extremas, haciendo que los científicos se preguntaran, si niños nonatos podían ser afectados de igual manera por sus madres bebedoras de colas.

Adicionalmente, otro estudio se publicó que conectaba el edulcorante a tumores malignos de la vejiga, en las ratas.

Debido a una enmienda del Congreso en el 1958 que requería la prohibición del uso de todos los aditivos de comida que se sabía que causaban cáncer a seres humanos o animales de experimentación, el 18 de octubre del 1969, el gobierno ordenó que el ciclamato fuera removido de todos los productos comestibles.

Por su parte, la sacarina se encontró sumida en controversias cuando un estudio indicó que este producto puede causar cáncer en las ratas.

Un acto de la agencia FDA para remover la sacarina del mercado no fue exitoso, pero, los productos que la contuviesen debían de llevar etiquetas de advertencia.

En el año 2000 la sustancia fue excluida oficialmente de la lista norteamericana de sustancias sospechosas de causar cáncer.

En el 1981 el producto sintético aspartamo fue aprobado para el uso general.

Capitalizando en la mala publicidad de la sacarina, éste se volvió el aditivo principal en las colas y bebidas de dieta.

En el 1995 y 1996, información errónea se distribuyó por el internet alegando que el aspartamo causaba esclerosis múltiple y otras serias complicaciones médicas.

Si bien, es cierto que el aspartamo afecta de manera adversa algunas personas, incluyendo aquéllas que no pueden metabolizar el aminoácido  fenilalanina, se ha investigado más de 100 veces y se ha establecido que su consumo, no presenta ningún peligro.

Otra sustancia que se ha investigado más de cien veces es la sucralosa, o Splenda, una molécula de azúcar, alterada químicamente, que se encuentra en muchos de los chicles y alimentos dietéticos. (Véase All about Splenda en monografías.com).

La evidencia científica, no es que estas sustancias, foráneas a nuestro cuerpo, nos engorden, sino que, estimulando los centros hipotalámicos, nos hagan consumir más azúcar y de las otras comidas engordadoras que usualmente las acompañan.

Además de esto, nadie ha sido capaz de explicar, la razón por la cual ciertas medicaciones anti-psicóticas (como las describo en mi artículo: La anorexia nervosa: La realidad y los hechos… en psikis.cl y en monografías.com, inducen, en quienes las toman, un aumento de peso de un promedio de 20 libras al mes, sin contener una sola caloría).

La decisión de tomarlas es asunto discrecional.

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Edulcorantes artificiales.

¿Por qué la grasa en la comida nos hace comer más?

Miércoles, Octubre 21st, 2009

La lección que la manteca nos enseña… ¿Por qué comerla lubrica nuestro apetito?

La razón, se cree que ha sido establecida.

Como aquí explicaremos

Las grasas saturadas interfieren con la respuesta cerebral a las hormonas del apetito, un efecto que nos fuera de utilidad en el pasado remoto, durante los ciclos de carestía de alimentos. Pero no en un mundo donde la abundancia de alimentos es lo usual.

Cuando una persona se pasa un fin de semana empachándose con comidas grasosas, la pesa del baño no es la única cosa que se estremece con el impacto. El cerebro también lo registra.

Nuevas investigaciones nos ilustran la manera en que las grasas saturadas nos inducen a comer más y aclaran las bases evolucionarías para el sobrepeso en las naciones desarrolladas del mundo.

Parece ser que la fisiología de nuestro cerebro está fuera de sincronía con la del mundo moderno.

Los investigadores han establecido por algún tiempo, que las hormonas leptina e insulina juegan un papel crucial en la regulación de nuestro apetito y el consumo de lo que comemos.

En las personas saludables la leptina, que es secretada por los tejidos grasos, actúa como una medida molecular para el perímetro de nuestras cinturas, apagando sentimientos de hambre.

La insulina, por su parte, aumenta cuando el páncreas detecta un incremento de glucosa circulante después de una comida.

Asimismo, cuando el cerebro detecta este aumento de azúcar, este órgano responde disminuyendo el deseo de comer.

Ciertas enfermedades y trastornos metabólicos, pueden perturbar nuestra habilidad de responder adecuadamente a esas señales.

En un artículo publicado en la edición de septiembre del Journal of Clinical Investigation, los autores del estudio reportan que han descubierto un mecanismo bioquímico central,  detrás del efecto de la grasa en el cerebro de los mamíferos.

Ellos encontraron que después de sólo tres días en una dieta alta en grasas saturadas — un ingrediente común en los quesos y las carnes — los cerebros de ratas y ratones se volvían resistentes a la acción de la leptina e insulina.

Sin embargo, las grasas insaturadas como las que se encuentran en el aceite de oliva no provocaron esta resistencia.

Como efecto de esta resistencia hormonal, una comida alta en grasas saturadas puede aumentar nuestro apetito, inmediatamente luego de terminar el postre.

Lo que significa que ‘tomar vacaciones’ y apartarse de una dieta saludable, aún por unos cuantos días, para comer comidas rápidas, puede tener consecuencias adversas que duran más allá de la reasunción de la dieta sana.

Los investigadores están convencidos de que sus hallazgos son aplicables asimismo a los seres humanos.

Detectando la leptina y la insulina es como el cuerpo mantiene un control del estado nutricional del organismo.

Si este control se trastorna porque el cuerpo continúa recibiendo demasiada nutrición, éste no es capaz de responder, diciéndonos que paremos de comer.

Lo que resulta en un círculo vicioso, el comienzo de problemas metabólicos, y la ganancia consecuente de peso.

Pero, si son las hormonas las que están supuestas a mantener nuestro metabolismo controlado. ¿Por qué la grasa saturada — la misma grasa que los obesos acarrean en exceso — nos hace insensibles a  la acción de estas hormonas?

Una explicación para estos efectos paradójicos deriva del estudio de la inanición.

Cuando estamos pasando hambre, el cuerpo comienza a utilizar sus reservas adiposas como fuente de energía.

Como resultado, el torrente sanguíneo se satura con grasa, del modo que hace con el comer en exceso y en la obesidad.

Aparentemente, errando en el lado de la prudencia, el cerebro interpreta la grasa libre — no importa su proveniencia — como un alerta de que el hambre está por llegar.

De haberlo hecho de manera diferente, en la historia de nuestra evolución, probablemente, no estuviéramos aquí para contar esta historia.

En nuestro pasado evolutivo, nuestra especie ha tenido que confrontar más veces,  carencias de comida y de hambre, que un exceso de calorías.

Una respuesta neurológica que una vez nos fuera de utilidad, no lo es ya más, cuando uno se detiene en un McDonald o Taco Bell camino a su casa.

Un buen consejo: Sigamos la dieta mediterránea con firmeza.

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El hartazgo.

La Longevidad, el resveratrol, y la Nueva Ciencia del Envejecimiento

Miércoles, Octubre 21st, 2009

Una de mis ponencias, que se han publicado en las páginas de monografías.com, y la que ha despertado mayor interés y reacción favorable fue La Vejez y el Sexo Normal (ahora, asimismo disponible, en cabinas.net).

Parece ser, que las estadísticas, acerca de la vejez, que a todos nos llegaran recientemente, son ciertas. Una proporción demográfica creciente de la población humana continúa avanzando dentro de los cien años y allende — lo que, además, logra hacer en idóneo estado de salud y espíritu.

Los seres vetustos son importantes, como lo atestigua el Dios del Viejo Testamento

Moisés, de fama bíblica, a los 80 años recibe el comando divino para que guíe Su gente a la Tierra Prometida. Oliver Smithies, a los 82, recibe el Premio Nobel en Medicina en el 2007 y Elsie McLean, 102 — jugando golf hace unos meses — juego que practica varias veces a la semana, logra un ace, u hoyo en uno — mientras continúa su juego de manera habitual.

A Elsie, por ser mujer y por ser la mayor de las mencionadas personas, aquí la representamos — Sin duda hubiéramos puesto a Dios, pero desconociendo Su edad, y condición de salud no lo haremos. (Véase mi artículo: Las Cirugías Plásticas… en Psikis.cl).

En este momento, hagamos un paréntesis para hacer una digresión, literaria, mitológica y poética.

Sabemos de la Leyenda de Fausto. Y hemos leído la tragedia del infausto Dorian Gray en mi artículo La Vejez sin Achaques y Como Proceso Normal en monografías.com y en cabinas.net. Ahora nos incumbe el poema de Alfred Lord Tennison (1809-1892), Tithonus.

El poema en cuestión forma parte de un dueto lírico con su otro verso Ulysses.

De acuerdo a la leyenda, Titono es hermano de Príamo, Rey de Troya. Aurora, como casi siempre, en los mitos sucede — de él se enamora.

¿Quién era esta Aurora?

Aurora, en la mitología griega, era la diosa inmortal de la alborada que, hacía un hábito de abducir los hombres que le atrajeran y llevarlos con ella a la oscuridad de la noche — Zeus sabrá con qué humanos designios.

La diosa, debidamente, secuestra a Titono, pidiéndole a Zeus que le concediera, a su adorado, el don de la inmortalidad — olvidando pedir, en el calor de la pasión, cuando lo hiciera, que, asimismo le otorgase la juventud eterna. Muy pronto, Titono se tornaría en un viejo decrépito que no podía morir. Zeus, por su divina parte, no podía anular su edicto — aunque Aurora se lo suplicara — porque, aun los dioses no pueden revocar sus acciones — Piensen…

Prosigamos con la lección

Desde hace mucho, que interesados en la longevidad, hemos viajado extensamente, estudiando los hábitos de vida de muchos centenarios en muchos países — el rasgo más característico que apareciera universalmente fue el de la obesidad inexistente entre ellos.

Ciertas cosas son más obvias cuando están ausentes.

Pero, la asociación de la malnutrición y la longevidad, para la mosca D. melanogaster es hecho familiar — para nosotros, al menos. (Véase mi ponencia: Dormir para ejercitarse y otros trabajos relacionados disponibles en monografías.com).

Pero, los centenarios humanos que hemos conocidos no dietan para no ser gordos — porque no tienen por qué…

Dice el chiste viejo que ‘el dietar quizás no haga que uno viva más tiempo, pero hace que la vida parezca más larga — y miserable…’

Sea como sea, la evidencia acumulada desde los años 1930s sustenta el concepto de que la reducción calórica en la ingesta de algunos animales, dilata el comienzo de enfermedades relacionadas con, y el proceso mismo, de la vejez.

Este fenómeno está comprobado en ratas, perros, peces, monos y ahora, en la humilde mosquita de la fruta.

Por supuesto muchos seres humanos, que viven en el tercer mundo, adoptan ese estilo de vida, forzosamente, logrando resultados idénticos — comen escuetamente porque carecen de acceso a las festividades opíparas y gastronómicas.

Extraño que, por lo menos, un presidente de un país iberoamericano — el nuestro, haya tenido la ocurrencia absurda de crear la cartera en su gabinete de Asesor Gastronómico al Poder Ejecutivo.

Lo hizo para entender mejor cómo comer a los pobres. (Véase mi ponencia: Cuentos de Hadas: Magia Fe y Encanto en monografías.com y Little Red Riding Hood Uncloaked: Sex, Morality and the Evolution of a Fairy Tale por C. Orenstein).

Los gordos ricos, que en este tercer mundo, también viven, desean que se manufacturen píldoras (¡y pronto!) para lograr ese efecto, sin la miseria del dietar.

Pero, los que nos venden las dietas, cuando, de antes, oían o leían lo que las noticias trajeran — si es que algunos de entre ellos, leer pueden —  salían a las calles gritando estertorosamente: ‘¡Son animales, son moscas — nosotros no somos animales!’

Entonces… ¿Qué somos?

Bueno, como los seres humanos que somos, tenemos buenas — o, para ellos, malas noticias — que compartir en esta lección.

Este mismo mes se publica otro estudio que soporta la primera investigación formalmente conducida acerca de este importante asunto.

El estudio se conoce como CALERIE (Comprehensive Assessmente of Long-term Effects of Reducing Intake Energie) patrocinado por el gobierno norteamericano (NIH).

Se tomaron 48 personas de ambos sexos, edades entre 25 y 50 años y fueron asignadas de modo aleatorio a uno de dos grupos: un grupo de control y el otro consumiendo un régimen de restricción calórica. Los del último grupo ingerirían una dieta por seis meses de un 25% por debajo de lo requerido para mantener su peso — lo que no es poco.

Este estudio (CALERIE) es un hito en la historia de la nutrición humana, porque todos los participantes eran personas de peso normal o sólo ligeramente por encima de lo normal. Estudios anteriores habían usado personas que eran clínicamente obesas, confundiendo los beneficios indisputables — para la salud — de reducir la gordura, con los beneficios de restringir calorías en personas normales y saludables.

Al nivel de la actividad molecular, CALERIE sugiere que las ventajas son reales. Por ejemplo, aquellas personas en dietas restringidas demostraron una resistencia menor a la actividad de la insulina (resistencia elevada es un factor de riesgo para la diabetes de tipo II) y niveles menores de colesterol LDH (niveles elevados de este último se correlacionan con niveles de alto riesgo para la aflicción cardiaca).

Asimismo, los candidatos en las dietas restrictivas, revelaron bajas en la temperatura corporal y también niveles reducidos de insulina — ambos fenómenos que se han detectado en animales longevos en dietas calóricamente restringidas. Finalmente, ellos sufrieron menos daño oxidante en el ADN.

Estos resultados, indiscutiblemente, proveen soporte a la teoría de que la restricción calórica produce una adaptación metabólica por encima de lo que pudiera esperarse simplemente por la pérdida de peso por sí misma.

Lo que explica que tal adaptación metabólica se asocia con la longevidad de ciertos animales — incluyendo nuestra especie.

La búsqueda de una droga que aplace el proceso del envejecimiento es tan vieja, como los cuentos de hadas. Pero, para muchos es ésta la ilusión que motiva los tontos que financian esos esfuerzos.

Sin embargo, existe una familia de enzimas llamadas sirtuinas que actúan como sensores de la disponibilidad de nutrientes y como reguladores del metabolismo basal. Éstas podrían suministrarnos el eslabón necesario entre la malnutrición y la longevidad saludable. (Véase mi artículo: La Vejez sin Achaques y Como Proceso Normal en monografías.com).

¿Un elíxir de la vida: para beber y vivir?

La sirtuinas amplificando la actividad de la diastasa, en lombrices nematodos y en moscas de la fruta, les extiende la duración de sus vidas. En el año 2003, un equipo de investigación en Harvard Medical School, describieron 19 moléculas vegetales que activan la sirtuinas en la levadura. Unas de estas moléculas, el resveratrol, que abunda en el vino tinto — fue la misma, que hace algunos años causara furor entre quienes piensan que una dieta rica en vino es parte de la razón por la cual tantos nonagenarios saludables viven en la Europa del sur.

Dos años atrás, un grupo de investigadores, trabajando en Italia, comprobaron que este efecto aplica asimismo a los vertebrados, y no sólo a las moscas y las lombrices, como de inmediato veremos.

Experimentos con un pececillo llamado Nothobranchius furzeri, demostraron que el efecto del resveratrol les extendió la vida por un 60% — eso traduce 48 años más para una persona de 80 años. Este último animal se seleccionó porque es el vertebrado conocido con la duración de vida más corta — máximo de 12 semanas.

El revesratrol es sólo un comienzo. Ya se han elaborado moléculas sintéticas cuyos efectos son más potentes que los del resveratrol. Pero nuestras expectaciones deben de ser templadas por la realidad de que estos hallazgos aun carecen de la documentación necesaria para aplicarlos clínicamente como remedio.

Pero asimismo existen otras indicaciones de que estos descubrimientos sólo están en su infancia. Por ejemplo, la explicación del porqué el resveratrol puede asistir en la longevidad humana no está bien entendida, pero lo ya establecido sigue.

El resveratrol se produce cuando una vid está bajo estrés — por ejemplo debido a la deshidratación o hipertermia solar. De acuerdo a una teoría, conocida como la xenohormesis, los animales dependen de las señales botánicas de estrés en los árboles para adquirir información adicional acerca de los entornos en que viven — del mismo modo que las llamadas de alarma que unas especies emiten ayudan a otras quienes también las escuchan.

Si algo adverso le está sucediendo a las plantas, es razón para tomar acción defensiva inmediata. De esa manera, la incorporación de la sustancia oculta en las células vegetales, activa la misma protección contra el estrés celular, en las de los animales que la ingieren. (Véase mi artículo: Donde se Discute el Uso de las Drogas por los Habitantes del Pleistoceno en monografías.com).

Sino el ser humano moderno, así razonan algunos simios y miembros de tribus primitivas.

La xenohormesis es una variedad de una teoría más amplia, la hormesis. Un ejemplo de la misma, es el ejercicio. En teoría esta actividad debiera hacer daño celular por su incremento en la absorción de oxígeno. Ya que sabemos, o así creemos saber, que el estrés producido por este gas en exceso, es malo para el ADN.

Por supuesto, esa premisa es tan inválida como errónea. El ejercicio, con su consumo de oxígeno, es en realidad actividad beneficial para el organismo. La razón siendo que el cuerpo activa mecanismos defensivos que sobre-compensan por el estrés creado por las demandas de la actividad física, produciendo resultados beneficiales.

Así, que: Mientras que el estrés crónico es malo. Un breve período de estrés moderado, seguido por un período de recuperación puede ser saludable — creo que esto, todos lo sabemos — por el hecho mismo de vivir nuestras vidas.

Muchos de los beneficios saludables del ejercicio, se especula, que son debidos a la síntesis de moléculas que controlan por daño celular, llamadas estrés proteínas. Se ha demostrado que estas sustancias, asociadas con el ejercicio, son beneficiales.

Una especia en especial, la cúrcuma o azafrán de las indias, estimula la producción de las proteínas del estrés, de modo significante.

Pero, la longevidad no es sólo acerca del beber vinos tintos, que no existen en la mayor parte del mundo y, que muchos de los longevos desconocen. Como tan poco es acerca de descubrir moléculas nuevas que, añadidas a nuestras dietas, nos prolongarán nuestras existencias útiles.

Es algo más y más simple — y, a la vez más complicado, porque establece, una vez más la pugna que existe en nuestras mentes entre los Principios de la Realidad y el Placer. Entre el bien y el mal. Entre la gordura y la esbeltez — la última estado prístino nuestro. Como más adelante descubriremos.

La Naturaleza, parece que nada deja al azar. Ha divido los nichos de alimentación de manera ejemplar. A los animales de mayor envergadura les asignó sustancias microscópicas para comer y los dispuso a vivir en el mar. A los de más tamaño en la tierra, los hizo herbívoros. Tiranosaurio Rex, carnívoro formidable, sucumbió antes de que nuestra indefensa especie poblara este planeta.

Entonces, nos dio la opción de comer de todo, pero en buena medida, sin comer más de lo necesario. Porque no era justo que algunos de entre nosotros, consumiera en una sentada lo que a muchos más alimentaría.

Nos permitió, ganar de peso — para luego perderlo — no nos adjudicó la gordura como consecuencia.

Pero, para prevenir el desastre alimenticio creado por nuestras industrias de fast food, con su codicia infinita, nos permitió engordar y así nos elimina, negándonos la recompensa de una vida larga, saludable y sin achaques.

Los gordos viven mal y mueren jóvenes…

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Fuente de resveratrol.

Depresión y omega-3 aminoácidos

Martes, Octubre 20th, 2009

En el número de agosto del 2007 Science Daily y The American Journal of Clinical Psychiatry se publican los datos más recientes de que los aminoácidos omega-3, que se encuentran en abundancia en los mariscos y los pescados, son factores decisivos en la prevención de las depresiones.

Asimismo, publicando en la misma emisión del Am. Jour. of Clin. Psych, M. P. Freeman ofrece material en soporte del factor determinante que juega la dieta de la madre en la depresión prenatal.

La dieta es asunto de importancia extraordinaria para la salud emocional, en diversas formas — y de manera especial en el cuerpo en su periodo desarrollo, como es en el caso de los niños.

En esta lección se revisan aspectos históricos, epidemiológicos, etiopatogénicos, clínicos y de tratamiento de los trastornos afectivos, con énfasis en depresión mayor, en niños y adolescentes. Además se trata brevemente sobre el suicidio y se elaboran algunas conclusiones. (El suicidio juvenil se ha cubierto exhaustivamente en otras ponencias).

Prosigamos

Los trastornos afectivos: depresión mayor y trastorno bipolar en los adultos son patologías psiquiátricas frecuentes que pueden aparecer en la infancia.

Se estima que la preponderancia, en toda población general, para depresión en adultos, es 15% y de 1% para trastorno bipolar.  Las estadísticas en la depresión infantil no son confiables.

La historia

Los trastornos afectivos en niños y adolescentes fueron identificados desde el siglo XVI. En 1621, Robert Burton en su obra sin paralelos, y para todos, recomendada: The Anatomy of Melancholia, relacionó los estilos de educación del niño con la tristeza. Muy poco se escribiría más adelante acerca de este asunto crucial por algunos siglos. Posteriormente y no, hasta el siglo antepasado, cuando Kraepelin describió una psicosis maníaco depresiva en un niño de 6 años que los trastornos afectivos, en la edad pediátrica, recibirían atención adicional.

 

Sin embargo, la existencia de la depresión en niños fue puesta en duda hasta cerca de los años 60s. (Subsecuentemente, yo presenté, por invitación, en Barcelona en el año 1982 mi trabajo: Depression in Children: The Proteus of Psychiatry — II World Congress of Biological Psychiatry).

Pero, antes de que existiera un reconocimiento oficial de la existencia de la depresión en los niños. En 1934, Melanie Klein desarrolló los conceptos de la posición esquizoparanoide y de la posición depresiva como parte del desarrollo psicosexual del niño. Posteriormente, John Bowlby, apoyándose en trabajos etológicos, postuló la teoría del vínculo (attachment) afectivo. Éste opina que el periodo más sensible oscila entre los 5 meses y los 3 años de edad y describió las siguientes fases clásicas:

  • La fase de protesta al momento de la separación,
  • La fase de desesperanza y
  • La fase de desvinculación.

Postulando que la experiencia de separación, en el infante, ocasiona respuestas de ansiedad y cólera, mientras que la experiencia de pérdida ocasiona tristeza y depresión en el joven.

En 1965, René Spitz en su libro The First Year of Life, identifica dos enfermedades que se producen por privación afectiva: la privación emocional parcial o depresión anaclítica y la privación emocional total u hospitalismo — entidades que pueden llevar al niño al marasmo y muerte.

En el IV Congreso de la Unión de Paidopsiquiatras Europeos, realizado en Estocolmo en 1970, se concluyó que la depresión en la infancia era una entidad psiquiátrica frecuente — Como resultado, siete años después, se publicó el libro: Depression in Childhood: Diagnosis, Treatment and Conceptual Models, donde se enfoca este problema en la población de niños norteamericanos.

Los estudios epidemiológicos de trastornos depresivos en niños y adolescentes, han mostrado resultados dispares. Posibles explicaciones son: los diferentes tipos de población estudiados, la falta de acuerdo para definir depresión (síntoma, síndrome o trastorno) y la falta de concordancia para establecer los criterios diagnósticos.

En niños preescolares la prevalencia de DM (Depresión Mayor) es del 1%, mientras que en niños escolares alcanza una frecuencia cercana al 2%. En los adolescentes se encuentra un aumento significativo de la ocurrencia de depresión mayor. En este grupo se observó además mayor aparición en el sexo femenino. Otros investigadores han demostrado alta co-morbilidad depresiva con otros trastornos psiquiátricos como son los problemas de ansiedad, de conducta (TC), y el trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH) en niños.

La etiología de los trastornos afectivos en los niños y adolescentes es menos clara que en los adultos. Aquí se postula una etiología multi-causal — las principales teorías biológicas y psicológicas se presentan brevemente:

A.-Teorías biológicas

1. Alteraciones del eje hipotálamo-hipofisiarioadrenal: En niños y adolescentes con DM, al igual que en adultos, se ha detectado hipercortisolemia y no supresión al test de dexametasona (TD), sin embargo, en niños, los resultados aún no son concluyentes. Se acepta que en niños la respuesta positiva al TD es de ayuda diagnóstica y predice la evolución del cuadro clínico mientras que la respuesta negativa no descarta la enfermedad.

2. Respuesta anormal de la hormona de crecimiento (HC): en pacientes con DM se ha demostrado aplanamiento en la secreción de HC en respuesta a la hipoglucemia inducida con insulina, y disminución en respuesta a la estimulación con clonidina. En niños y adolescentes deprimidos se ha encontrado hiposecreción de HC en respuesta a hipoglucemia, pero durante el sueño observa hipersecreción de la misma que persiste luego de la recuperación del episodio depresivo.

3. Teoría catecolaminérgica (niveles de norepinefrina disminuidos en pacientes con DM). En niños y adolescentes también se ha encontrado disminución del derivado metabólico urinario de la noradrenalina, MHPG, (3-metoxi-4hidroxi-fenilglicol). Hallazgo que, hasta ahora, permanece tentativo.

4. Estudios de sueño: En adultos se ha demostrado reducción del periodo de latencia e incremento de la densidad del sueño REM, reducción del período delta y disminución en la eficiencia del sueño. En niños y adolescentes los resultados aún son controversiales.

5. Estudios de familia y genéticos: la preponderancia de enfermedad depresiva en niños y adolescentes con antecedentes familiares positivos es significativamente alta. El impacto de la depresión en los padres, es complejo, ya que los síntomas interfieren en la interacción con el niño y con el resto de la familia.

B. -Teorías psicológicas

1. El Modelo psicoanalítico: postula que la depresión se debe a la pérdida real o imaginaria del objeto ambivalentemente amado con la consiguiente internalización de agresividad, rabia y culpa.

2. El Modelo de estrés: postula que los síntomas depresivos en los niños se producen como una reacción a problemas familiares como son la agresión parental, disciplina punitiva y discordia entre los padres, entre otros.

3. El Modelo conductual de reforzamiento: postula que los sentimientos y comportamientos depresivos son causados por insuficientes o inadecuados reforzamientos positivos. Las habilidades sociales disminuidas en los niños con depresión, limitarían aún más la llegada de refuerzos positivos.

4. El Modelo de desesperanza aprendida: la ocurrencia de eventos percibidos como incontrolables causa en la persona vulnerable sentimientos de desesperanza e incapacidad para enfrentar las demandas de la vida. (Las contribuciones de M. Seligman en este respecto, han sido descritas por nosotros en otras ponencias).

5. El Modelo de distorsión cognitiva: la persona que responde al estrés con ideas negativas acerca de sí misma, del mundo y del futuro (triada cognitiva) con mayor probabilidad se deprimirá. Aquí se recomiendan los trabajos de Aaron Beck, ya vistos.

Cuadro clínico y diagnóstico

La identificación de síntomas depresivos en los niños es difícil, aún para los padres. Se recomienda que la evaluación del niño se base en el examen comprehensivo del niño y de su entorno: Las entrevistas y aplicación de instrumentos diagnósticos se realizan con el niño, la familia y personas significativas en la vida del mismo, además de evaluación física, neurológica y evaluaciones de laboratorio y psicológicas.

Aquí es necesario recalcar que el diagnóstico y el tratamiento de la depresión en niños y adolescentes son asuntos muy complejos para que sean puestas en manos inexpertas.

Diagnóstico diferencial

Para fines de diagnóstico diferencial de DM se debe tener en cuenta los siguientes puntos: saber qué trastornos deben ser descartados, qué trastornos semejan un episodio depresivo pero no lo son, y que existe la posibilidad de comorbilidad y la etapa de desarrollo. El cuadro 3 facilita la diferenciación según el grupo especifico y el cuadro 4 presenta las condiciones médicas que semejan depresión o que se asocian a mayor riesgo de padecerla.

Diagnóstico diferencial con otros trastornos psiquiátricos: con el trastorno de adaptación con humor depresivo (TAHD) se hace en función al número de síntomas depresivos más que a la magnitud y tipo del factor estresante.

En adolescentes con depresión severa puede haber una pérdida importante de peso corporal acompañada de anergia y agitación lo que debe ser diferenciado de un cuadro de anorexia nerviosa (AN).

Para el diagnóstico de AN debe buscarse distorsión de la imagen corporal o preocupación excesiva con el peso, maniobras para evitar ingerir alimentos y ejercicios compulsivos — entre otras. (Véanse nuestras ponencias al respecto).

Tratamiento

El plan de tratamiento debe estructurarse bajo una perspectiva biopsicosocial: psicoterapia (individuales, de grupo, familiar, como sean aplicables), uso de medicación, evaluación y planeamiento educacional, entrenamiento en habilidades sociales — La necesidad de separación vía internamiento debe de ser sopesada si el suicidio es una posibilidad.

La modalidad de intervención psicosocial y psicoterapéutica puede ser:

1. Psicoterapia de familia: estructural, psicodinámica, conductual.

2. Psicoterapia individual: psicodinámica, conductual, cognitiva.

3. Tratamientos fuera de la casa: hospitalización, hospitalización de día.

4. Psicoeducación: sobre la enfermedad, factores asociados, partes del tratamiento y pronóstico.

La terapia con el uso de agentes psicofarmacológicos cae muy por fuera de las limitaciones de este trabajo.

 

Suicidio

Los cuadros depresivos y la conducta suicida se encuentran estrechamente vinculados. La conducta suicida se divide en tres categorías:

1. La ideación suicida va desde ideas que la vida no vale la pena ser vivida, hasta planes bien definidos de autoeliminación.

2. El intento suicida (parasuicidio) se refiere a las conductas que se efectúan y cuya finalidad es la autoeliminación y que no tuvieron éxito, y

3. El suicidio se refiere a la muerte resultado directo o indirecto de un acto cometido por la víctima con pleno conocimiento del resultado del mismo. (Véanse nuestros artículos a este respecto).

Se ha identificado relación significativa entre conducta suicida y trastornos afectivos y trastornos de conducta disruptivos en pre-púberes y adolescentes, y, asimismo se describen relación entre trastornos por abuso de alcohol y otras sustancias psicotrópicas en intentos suicidas en adolescentes.

Niños y adolescentes con trastornos de conducta e historia de agresión, impulsividad y dificultades escolares constituyen un grupo significativo de riesgo para la conducta suicida.

La evaluación y tratamiento del paciente suicida requiere que éste sea referido a situaciones especializadas.

Conclusiones

1. El reconocimiento y estudio sistemático de la depresión mayor en niños y adolescentes datan del siglo XX.

2. La depresión mayor no es rara en niños preescolares, la incidencia llega a 1.8% en niños en edad escolar y aumenta ostensiblemente a partir de la pubertad y a lo largo de la adolescencia.

3. En poblaciones clínicas que se atienden en los servicios de pediatría, la preponderancia de trastornos depresivos es alta, más si se trata de enfermedades crónicas, que se acompañen de desfiguración, dolor u otro síntoma prominente o de hospitalizaciones frecuentes.

4. Los estudios etiopatogénicos de DM apuntan hacia una etiología multicausal.

5. El cuadro clínico de la depresión mayor varía según la edad cronológica y el estado de desarrollo.

6. El plan de tratamiento se estructura bajo una perspectiva biopsicosocial.

7. El uso de fármacos y de algún otro tipo de terapia biológica debe ser escrupulosamente considerado.

8. Los niños depresivos deben de ser referidos a especialistas calificados.

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Ácidos grasos omega-3.

 

 

Soldados obesos: Problema castrense norteamericano y venezolano, si se mira a Hugo Chávez…

Martes, Octubre 20th, 2009

Las autoridades militares de los Estas Unidos tienen otra preocupación que sumar a las amenazas terroristas y las guerras: el exceso de peso de las tropas, que se está convirtiendo en un asunto de seguridad nacional.

Los soldados tampoco escapan a la tendencia generalizada a engordar de sus compatriotas norteamericanos, de los que dos tercios padecen sobrepeso según un estudio del ‘New England Journal of Medicine’. En las filas del ejército el 43% de las mujeres y el 17% de los hombres pesan más de lo que deberían.

La preocupación alcanza también a los jóvenes en edad de ser reclutados, ya que dos de cada 10 hombres y cuatro de cada 10 mujeres sobrepasan el límite de peso exigido para entrar en el ejército. El estrés, el sedentarismo y la sobrealimentación son las principales causas del problema que amenaza con mermar las tropas de EEUU.

De hecho, el restaurante de fast food Burguer King, que el mando militar abrió en el Aeropuerto Internacional de Bagdad para servir a las tropas allí destacadas, es el tercero más visitado del mundo, con una clientela de unos 6,000 soldados al día, según informa el diario ‘The Washington Post’.

Medidas extremas

Un soldado incapaz de mantenerse dentro del peso ideal establecido por el ejército será expulsado del mismo, lo que conlleva la pérdida de los ingresos, de los servicios médicos y la jubilación.

Muchos soldados han llegado a poner en práctica medidas desesperadas para intentar acabar con su problema de sobrepeso y evitar así la expulsión.

Un estudio realizado por el Coronel Gaston Bathalon, experto en nutrición de la Armada de EEUU, en el hospital de Fort Bragg, señaló que, aunque el 75% de los reclutas siguió las indicaciones de los médicos para perder peso -comer menos, hacer ejercicio-, muchos de ellos recurrieron a métodos potencialmente peligrosos, porque el sistema prescrito para remediar el problema no daba ningún resultado.

Cerca de la mitad emplearon ropa impermeable o saunas para ‘sudar’ las libras, un tercio de los hombres y la mitad de las mujeres tomaron píldoras supresoras del apetito y uno de cada cinco experimentó con laxantes. Incluso el 11% de las mujeres y el 6% de los hombres intentaron vomitar.

Para combatir estas prácticas todos los cuerpos del ejército de EEUU han puesto en marcha programas de asesoramiento para que sus soldados se mantengan en forma, como el ‘Army Weigh-to-Stay’.

Problemas tras la jubilación

Incluso aquellos que consiguen escapar al problema durante su etapa de servicio pueden llegar a desarrollar problemas de sobrepeso más tarde.

Los veteranos del ejército tienden a padecer más enfermedades que el resto de la población estadounidense y esto se debe en gran medida a que el 70% pesa más de lo médicamente recomendable y a que el 33% es obeso.

Las graves consecuencias que tiene esto para la salud y el consiguiente gasto sanitario que provoca, han llevado a Richard Harvey, psicólogo especializado en salud de la Administración de Salud de los Veteranos (VA), a poner en marcha el programa MOVE (Managing Overweight and/or Obesity for Veterans Everywhere), para controlar el peso de los ex militares.

En resumen

Durante los años sesentas, en la Era de Vietnam, el entonces, Presidente Kennedy ordenó un programa de idoneidad física para todo el personal castrense norteamericano, del que yo fui parte.

Nunca resultaría en los cambios deseados, porque la dieta se ignoró.

El chiste, entre los marineros de nuestra base era: ‘corre, corre, hasta que te topes con la primera hamburguesería… para allí y llénate’.

En los días de Vietnam fueron las drogas, en los días de Irak son las grasas y los azúcares: no divergencia — ambas son adictivas.

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Soldado obeso.

La obesidad y la agonía de ser obeso: Una lucha de proporciones enormes

Martes, Octubre 20th, 2009

Richard Atkinson y sus colegas en Virginia Commonwealth University han estudiado un grupo de personas obesas que iban a ser operadas para reducir de peso.

De todos sus hallazgos, el más sorprendente fue que, de veras, las personas obesas, por lo general, ingieren más calorías de la cuenta. Algunas comiendo por encima de 6,700 calorías en un día.

Pero, de manera sorprendente, no todas comen en exceso.

En esta lección hacemos un resumen de los trabajos recientes que tratan de explicar la obesidad desde perspectivas distintas a las acostumbradas.

Una paciente en el estudio fue Janet S., una mujer de 25 años que pesaba 348 libras cuando se prestó como voluntaria para el experimento en el 1975.

En retribución por aceptar ser hospitalizada por tres meses, con otras 30 personas en similares circunstancias, para ser estudiadas fue una reducción del estómago, gratis.

Las dietistas determinaron cuántas calorías serían necesarias para que una persona como Janet, de 5’6” de estatura, mantuviera su peso de 384 lb.

Ellas le alimentaron las calorías determinadas con precisión absoluta. Mientras que Janet obedeció el protocolo de la investigación.

La sorpresa fue, que en dos semanas, Janet ganó doce libras. Casi una libra diaria.

Los sorprendidos investigadores la acusaron de introducir comida subrepticiamente en el hospital donde estaba. A lo que ella respondió indignada: ‘estoy ganando de peso, porque ustedes me están dando demasiada comida’.

La experiencia con Janet fue una llamada despertadora al hecho de que el entendimiento de la obesidad es más complejo que la idea sobrevaluada del sistema fiduciario.

Los expertos en la salud pública, por mucho tiempo han mantenido que para mantener un peso establecido, que la energía (calorías consumidas) debe de igualar la energía utilizada (calorías quemadas).

Pero, asimismo entenderían que existen factores genéticos a considerar. El primer ‘gen de la obesidad’ se descubrió en el 1994, y, desde entonces, los científicos han determinado la existencia de 50 genes adicionales.

Algunos de los genes determinan cómo las personas acumulan sus reservas de grasa.

Otros regulan cuánto desean las personas comer, en primer lugar.

Mientras que otros controlan cuándo dejar de comer o cómo usar la energía disponible. Sea por medio de inquietud ansiosa o corriendo maratones.

Para las personas como Janet, que pueden engordar con muy poca ingesta de comida, esa capacidad pudo haber sido ventajosa en otros entornos ya pasados, porque cuando la comida es abundante puede constituir un peligro.

Pero, aunque nuestro entendimiento de los genes y el comportamiento se vuelven más sofisticados, algunos casos nos dejan atónitos.

Ejemplo: gemelos idénticos que comen lo mismo y cuyos pesos son muy diferentes.

Actualmente una nueva generación de investigadores está analizando explicaciones que no caen dentro de las que nos ofrecen la simple genética, las que culpan el comer en exceso, o de no hacer ejercicios en cantidad suficiente.

La nueva orientación nos conduce a explorar lo que pueda considerarse una posibilidad muy remota: los organismos con quienes vivimos todo el tiempo.

Hace un año, la idea de que los microbios pueden causar la obesidad ganó ascendencia cuando se creó en el Pennington Biomedical Research Center Louisiana, el primer departamento de virus y obesidad.

Su director es Nikhil Dhurandhar, un médico que inventó el término ‘infectobesidad’ para describir el nuevo campo.

El interés de Dhurandhar es en la relación que existe entre la obesidad y un virus común, el adenovirus.

Otros científicos, trabajando con un grupo de microbiólogos en Washington University en Saint Louis, están analizando las actividades de los trillones de microbios que residen en nuestro intestino, para determinar si algunos de ellos hacen que su huésped engorde.

Si los microbios pueden explicar aunque sea una proporción pequeña de la obesidad, esto iluminaría un problema que plaga a millones de personas por todo el mundo.

Hoy más de una tercera parte de todos los americanos son obesos.

El Departamento de Salud de esa nación nos informa que unas 300,000 personas sucumben anualmente como resultado de esta condición, haciéndola la segunda más importante de las causas prevenibles de la muerte, detrás del fumar cigarrillos.

La obesidad se ha asociado con varias enfermedades: diabetes, hipertensión arterial, trastornos cardíacos, problemas de la vesícula biliar, la apnea del dormir, la osteoartritis y algunos cánceres.

De acuerdo al website de esta agencia: ‘Individuos obesos tienen de un 50 a un 100% de riesgos mayores para la muerte prematura de todas las causas, comparados con personas con un peso saludable’.

Si los microbios resultan ser relevantes, por lo menos en algunos casos de la obesidad, esto puede que cambie la manera en que el público piensa acerca de ser gordo.

Acompañado por las investigaciones continuadas en la genética de la obesidad, el estudio de otros factores biológicos puede que ayude a mitigar los estereotipos comunes de que las personas obesas son vagas y glotonas, y menos virtuosas que las personas delgadas.

Pero, siempre existe el peligro de poner demasiado énfasis en la importancia de los factores biológicos que hacen que algunas personas ganen de peso.

La biología establece las bases, lo que es de importancia crucial, pero no puede ignorarse el rol de la comida y el del ejercicio, dicen algunos expertos.

Otro peligro en enfatizar demasiado una posible explicación biológica, sea ésta genética, infectobesidad, u otra teoría aun no descubierta, es la implicación para todos de que el comportamiento es irrelevante.

Los gérmenes

De los trillones y trillones de células en un cuerpo humano — existen por lo menos 10 veces más células en una sola persona como existen estrellas en la Vía Láctea — de las que solamente un 10% son células humanas.

El otro 90% son células microbianas.

Esos microbios — término que abarca todas formas de organismos microscópicos, incluyendo bacterias, hongos, protozoos, y una nueva forma de vida, las arqueas — existen por todas partes.

Éstas se encuentran en los oídos, la nariz, la boca, la vagina, el ano, prácticamente en toda la piel, especialmente en las axilas, la ingle y entre los dedos de los pies.

La gran mayoría, sin embargo, vive en el intestino donde residen entre 10 a 100 trillones de ellos.

Los microbios colonizan nuestro cuerpo desde el momento en que nacemos y, al morir, éstos mismos nos consumen.

Conocidos, globalmente como la microflora intestinal o como la microbiota.

Los microbios, por su parte, asumen un número extraordinario de funciones en nuestro beneficio. Funciones que no podríamos consumar sin su ayuda.

Ellos asisten en la formación de los capilares que forman y nutren la pared intestinal.

Producen vitaminas, la tiamina en particular, la piridoxina y la vitamina K.

Proveen las enzimas necesarias para metabolizar el colesterol y los ácidos biliares.

Digieren polisacáridos vegetales complejos, la fibra contenida en los granos, frutas y vegetales, la que sería indigestible sin la asistencia provista.

Asimismo, los microbios asisten en la extracción de calorías de la comida que comemos, ayudando en el depósito de grasa para uso futuro, lo que le proporciona un rol en determinar si nuestra dieta nos hará gordos o flacos.

Durante la vida intrauterina los seres humanos están libres de microbios.

La colonización comienza durante el viaje del feto a través del canal del nacimiento, el cual está repleto de bacterias, muchas de entre ellas se alojan en la piel del bebé.

De ahí en adelante, con cada beso de la madre, el contacto con los pañales y todo lo que lo toca, más y nuevas bacterias se introducen en su sistema.

Cerca de la edad de dos años, la comunidad microbiana de los seres humanos está establecida.

Pero, de la misma manera, que solamente un porcentaje mínimo de nuestro genoma nos hace únicos, diferencias modestas en nuestra microflora, pueden resultar en diferencias pronunciadas entre las variaciones individuales.

Algunos intestinos puede que sean congénitamente más receptivos a ciertos microbios.

Lo que no se ha establecido es la razón que explica las variaciones individuales.

Algunos intestinos puede que sean constitutivamente más resistentes a ciertos microbios, por razones genéticas, o por el efecto de los microbios que existen en el entorno.

La mayor parte de la colonización ocurre en los primeros años, lo que explica la razón y el porqué los rastros de huellas digitales, de gemelos adultos que compartieran un entorno íntimo y una madre en la niñez, se parecen entre ellos más cercanamente, que lo que parecen sus esposos, con quienes se asociaron más adelante en sus vidas.

Nadie ha establecido si la comunidad bacteriana del intestino tiende a permanecer estable por toda la vida, lo que sí sabemos es que ciertos factores, del entorno, como el tomar antibióticos, pueden alterarlos de manera temporal.

Pare el uso de los antibióticos, y la flora retorna a su estado inicial — aunque, a veces, no lo hace.

En el año 2004, un grupo de microbiólogos dirigidos por David Relman en la Universidad de Stanford en Palo Alto, condujo el primer censo de la microflora intestinal.

Les tomó más de un año completarlo, cuando distinguieron 395 especies de bacterias los científicos creen que el conteo real, pude oscilar entre 500 especies y varias miles.

Que los organismos humanos son súpeorganismos es un hecho que progresivamente se ha estando determinando en nuestros días.

Nuestro metabolismo, representa una amalgama de atributos humanos y microbianos. Los científicos, en búsqueda de neologismos originales, lo llaman. ‘metagenoma’.

El estudio entre la microflora y la obesidad comenzó cuando se observara lo que sucede a ratones carentes de todos microbios.

Estos roedores sin gérmenes, criados en aislamiento estéril, tenían un 60% menos de grasa que los ratones ordinarios.

A pesar de que comieran vorazmente — usualmente más de un 30% de lo que los otros consumían — permanecían delgados.

Sin los microbios del intestino, ellos eran incapaces de extraer calorías de lo que comían.

Lo que ingerían pasó a través de sus cuerpos sin ser utilizado y sin convertirse en grasa.

Cuando los investigadores trasplantaron microbios intestinales a ratones sin gérmenes, los que eran desprovistos de gérmenes, comenzaron a metabolizar sus alimentos de mejor manera, extrayendo calorías eficientemente, y acumulando grasa para uso posterior.

En menos de dos semanas éstos eran tan gordos como todo ratón ordinario.

La relación entre las bacterias intestinales y el aumento de peso, por lo menos en algunos ratones se había establecido.

Veamos cómo esta hipótesis funciona

Tomemos el caso de la golosina norteamericana que se encuentra disponible por todas partes: los Cheerios.

La caja que los contiene dice que una taza de éstos contiene 110 calorías.

Pero, es muy posible, que no todos devengarán 110 calorías de una taza de este cereal.

Algunos extraerán más, otros, menos, dependiendo en la combinación particular de los microbios en sus intestinos.

Una dieta puede que tenga una cierta cantidad de energía absoluta, pero, la cantidad que puede ser extraída de la misma varía entre los individuos — no en maneras extremas — pero, si el balance energético se afecta por solo unas calorías diarias, en el transcurso del tiempo puede que tenga un impacto de mucho significado.

La realidad triste, es que aun estamos muy distantes al entendimiento que existe entre la función de la microflora intestinal y la obesidad.

Se podría pensar que una teoría microbiana de la obesidad pudiera alterar el modo de cómo piensan las personas acerca de la persona obesa. Quizás disminuir la percepción de que ser obeso es un fallo personal.

Pero, sentimientos anti-gordos, son muy difíciles de desarraigar. La realidad es que los son, ya que todos hacen mofa del obeso, abierta o cubiertamente.

Para muchos, la obesidad persiste como una flaqueza (no retruécano) de carácter.

Ellen Ruppel Shell, autora del libro The Hungry Gene, nos recuerda que la obesidad y la pereza son dos de los pecados capitales (véanse mis ponencias al respecto).

La idea de que la obesidad es algo que el obeso puede controlar es una que es muy prevalente entre los flacos. Pero, una idea que carece de bases para sustentarla.

Lo que hace que el dolor psíquico del obeso aumente y que sea muy difícil de mitigar, porque muy pocos desean ser gordos.

No es como si el obeso deseara excavar su propia tumba con un tenedor y un cuchillo, frente a un plato de comida apetitosa.

Esta misma actitud existe aun entre los que no son obesos.

Joan era una de las pacientes que participaron en un programa de pérdida de peso en Washington University que envió muestras de espécimen fecales durante el proceso de rebajar de peso (15 libras en el transcurso de un año, que recuperó cuando dejó de dietar) para que fueran analizadas por varios microbios.

Ella admite que está muy atareada con otras cosas para tener curiosidad acerca de su microflora, además de que sabe dónde poner la razón por su sobrepeso excesivo. No en los microbios sino en sí misma.

‘Yo soy la primera en admitir que no soy obediente, que no estoy haciendo uso de mi cuerpo como Dios manda. Yo sé lo que tengo que comer. Pero mi apetito no es saludable. Yo sé que no quiero ser obediente’. Ella admite.

Pero, no es solo acerca de ser obediente, La bioquímica de una persona obesa es muy diferente de la de una persona delgada.

Si una persona gorda rebaja al peso de una persona delgada, su bioquímica no es la misma.

Perder de peso es muy difícil, mantener el peso perdido es mucho más difícil, y, para algunas almas desafortunadas, el cuerpo mismo parece oponer su lucha.

Existe otra manera que los agentes biológicos pueden estar involucrados en la obesidad.

En este caso, no sólo son los microbios intestinales (la mayoría de éstos son bacterias) con los que coexistimos, sino los virus y otros patógenos que, ocasionalmente, nos atacan y nos enferman.

Ésta es la subespecialidad que se llama la infectobesidad.

La idea de esta rama del conocimiento se remonta al 1988, cuando Nikhil Dhurandhar era un médico joven estudiando para obtener su doctorado en bioquímica en la Universidad de Bombay.

Él tomaba té con su papá — asimismo un médico, y director de la clínica universitaria — y con un viejo amigo de la familia, S. M. Ajinkya, un patólogo en el Colegio Veterinario de Bombay.

Ajinkya describía un virus que estaba destruyendo miles de pollos por toda la India, que él había descubierto y al cual llamó SMAM-1, las siglas de su nombre y las de sus colegas.

En las autopsias, dijo el veterinario, los pollos infectados con SMAM-1 revelaban hígados y riñones pálidos, y aumentados en tamaño, una glándula del timo atrófica y grasa abdominal en exceso.

El hallazgo de la grasa abdominal despertó la curiosidad de Dhurandhar.

‘Si un pollo muere de una infección, habiendo consumido sus reservas nutritivas, debe de tener menos grasa, no más’, se dijo a sí mismo.

Así que decidió pedir permiso para conducir un pequeño experimento en la escuela de veterinaria.

Trabajando con unos veinte pollos, Dhurandhar, entonces de 28 años de edad, infectó la mitad con SMAM-1.

A todos los alimentó con la misma cantidad de comida, pero solamente los pollos infectados se volvieron obesos.

De manera extraña, a pesar de su exceso de grasa, los pollos infectados obesos, tenían niveles bajos de de colesterol y triglicéridos en la sangre — lo opuesto de lo que sería en los seres humanos, cuyos niveles de triglicéridos y colesterol aumentan a medida que engordan.

Después de este estudio piloto, Dhurandhar, condujo otro estudio más grande, esta vez con 100 pollos, que confirmó su hallazgo de que SMAM-1 causa la obesidad en los pollos infectados.

La pregunta que le preocupaba al científico era: ¿es lo mismo con los seres humanos?

En su clínica el médico examinó las muestras de sangre de 52 pacientes obesos.

Diez de los cuales — casi el 20% — demostraron evidencia de anticuerpos de haber sido infectados previamente con el virus SMAM-1 que era un virus que no se suponía que anteriormente, hubiese infectado seres humanos.

En adición, los pacientes que habían sido infectados, pesaban de promedio unas 33 libras más que los que nunca lo habían sido. Pero, más sorprendente fue el hallazgo de que éstos tenían niveles de colesterol y triglicéridos más bajos.

Los mismos hallazgos paradójicos que tuvieron los pollos.

Estos hallazgos violaban tres nociones de conocimiento convencional: El primero que los virus no causan la obesidad, segundo que la obesidad resulta en incrementos de los niveles de triglicéridos y colesterol y — más importante — que los virus avícolas no infectan los seres humanos.

La lucha de Dhurandhar contra los conocimientos convencionales, en sus teorías de que la causa de la obesidad está ligada a las infecciones virales, nos recuerda de las batallas que libraran dos científicos australianos, quienes en el siglo pasado propusieron una causa infecciosa para una enfermedad crónica, en este caso la bacteria que causa las úlceras pépticas.

Los australianos encontraron escepticismo desde el principio, pero, eventualmente, acumularon la evidencia suficiente para que fuera imposible ignorar la conexión entre las úlceras y la bacteria, el Helicobacter pylori.

Ayudó, que uno de los investigadores Barry J. Marshall. Se tragó un cultivo puro de S. pylori — cayendo víctima de inmediato de un caso de gastritis, el primer estado para el desarrollo de una úlcera.

Por su hallazgo, Marshall y su colaborador, J. Robin Warren, ganaron el Premio Nobel en el 2005.

Ya en los EEUU, y como el virus SMAM-1 no podía ser importado en ese país, el científico decidió investigar un agente relacionado con este: el adenovirus humano.

Por simple buena suerte, sucedió que el primer tipo de adenovirus que investigaran, Ad-36, resultó ser muy engordante.

Para ese entonces, ya se habían aislado varios patógenos que causaban la obesidad en animales de laboratorio.

Con Ad-36, una serie de animales experimentales habían engordado enormemente: pollos, monos, y ratas entre varias otras especies habían ganado mucho peso.

Los monos eran los más dramáticos en este respecto. En menos de siete meses de adquirir la infección, un 100% había alcanzado la obesidad extrema.

Otras cepas del adenovirus humano, se ensayaron en otras localidades, Ad-5 causó la obesidad en ratones, Ad-37 la causó en pollos, mientras que Ad-2 y Ad-31, no fueron capaces de inducir la obesidad.

En el 2004, los investigadores estaban listos para experimentar con los seres humanos.

Todos los cincuenta tipos conocidos de adenovirus humanos causan infecciones que son usualmente ligeras y transitorias, del tipo que las personas ignoran como si fueran un resfriado ligero o una indigestión.

Los síntomas son tan leves que las personas no recuerdan haber estado enfermas.

Pero, aún con un virus tan inocuo, sería poco ético para un científico, inocular deliberadamente a otra persona con el virus para ver si esa persona engorda. Lo único que quedaba por hacer era desarrollar una prueba de laboratorio para determinar la presencia en la sangre de los anticuerpos de Ad-36, en personas que fueran sospechadas de haber tenido contacto con este agente infeccioso.

Los científicos localizaron 502 voluntarios deseosos de ser evaluados por los anticuerpos.

360 de ellos eran obesos y 142 no lo eran.

De los sujetos delgados, 11% tenían anticuerpos para Ad-36, indicando una infección en algún tiempo pasado.

Entre los voluntarios obesos, el 30 por ciento tenía anticuerpos — una diferencia significativa que no era sólo chance.

En adición, los sujetos que eran anticuerpo-positivos, pesaban más, de manera significativa, que los no habían sido infectado.

Loes que eran anticuerpo-positivos, asimismo tenían valores de colesterol y triglicéridos que eran significativamente más bajos que los de los sujetos que eran anticuerpo-negativos — exactamente el caso con los pollos — un hallazgo que permaneció constante fueran obesos o no.

Los científicos controlaron por factores del entorno y genéticos logrando satisfacer los requerimientos para establecer que los resultados obtenidos eran debido a la infección con el adenovirus imputado.

La razón por la cual este virus crea esta perturbación a largo plazo, permanece desconocida.

Los investigadores desconocen si el virus provoca la multiplicación o aumenta el tamaño de las células grasas o si trastorna los centros hipotalámicos del apetito, como ocurre a algunas personas que han sufrido de meningitis.

Muchas preguntas han sido propuestas acerca del rol que el sistema inmune juega en este tipo de obesidad, sin haber obtenido ninguna respuesta.

Para muchos críticos de este tipo de investigación, todo consiste en desperdiciar dinero en búsqueda de respuestas ya conocidas.

Muchos repiten la idea del genotipo económico que nos enseña que hace mucho tiempo ser gordo nos proporcionaba una ventaja evolutiva, ya que nuestros antepasados vivían en medio de ciclos catastróficos de escasez comestible que compensaban acumulando grasa cuando la abundancia relativa llegaba.

Los que fueran capaces de acumular la mayor cantidad de grasa posible, pasarían esta adaptación a sus descendientes, mejorando sus chances de supervivencia.

Este mecanismo evolucionó para sobreviviéramos los inviernos, mientras que ahora vivimos en una eterna primavera.

Con la comida tan ampliamente disponible, esta adaptación es una desventaja.

Las teorías abundan. En el número de junio pasado de The International Journal of Obesity se listan diez factores que pueden contribuir al desarrollo de la obesidad, entre éstos se mencionan la privación del sueño, el aumento del uso de las drogas psicoactivas y el mayor uso del aire acondicionado.

Lo que deja en el frío a los científicos que luchan por obtener una fórmula mágica que los asista en descubrir la ‘bala de plata’ que cure la obesidad por medio del uso de una pastilla.

Mientras tanto, si uno desea perder de peso, aún tiene que resignarse a reducir y controlar lo que come dedicando atención debida al ejercicio.

Janet S. es una de esas personas. Treinta años luego de haber perdido el peso con la cirugía que le hicieron, y 170 libras más ligera que cuando ella comenzara, todavía tiene que restringir lo que come para prevenir que todo el peso perdido retorne.

Janet se queja que vivirá el resto de su vida sin poder comer como comen los demás.

La situación de Janet es típica de todos quienes pierden de peso. Es muy difícil mantener el peso perdido.

Para la mayoría mantener el peso perdido significa padecer de hambre, lo que es una sensación muy desagradable.

La comida que debiera ser un elemento benigno, eventualmente, se convierte en el enemigo, lo que resulta ser contraproducente, porque quienes sufren del hambre piensan en comer constantemente.

Los mensajes de los dietistas son confusos porque ellos no consideran las realidades de que cada persona con sobrepeso es muy diferente a las demás.

En resumen

Todos los días encontramos a personas que han perdido toda esperanza de algún día poder ser delgadas, y comer como comen ‘los demás’.

Las dietas que han tratado, los gimnasios y los spas que han frecuentado les auguran éxitos que resultan siempre ser efímeros y desalentadores.

Muchos, debido a múltiple razones caen bajo la ‘magia’ seductora del bisturí, para pasar el resto de sus vidas lamentando su destino como lo hace Janet S.

La solución final no resta en métodos mecánicos ni en ideas estrambóticas.

Resta en un reconocimiento de que el proyecto ‘ser delgado’ es un asunto que supone toda una vida de dedicación, vigilancia y esfuerzo.

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La túnica rosada por Tamara de Lempicka.


La enfermedad de Lyme o el Síndrome de la Fatiga Crónica

Lunes, Octubre 19th, 2009

Los trastornos multiformes representan un asunto de gran interés para la psiquiatría, porque a menudo no se diagnostican y por la misma razón no se tratan.

Previo al desarrollo de las técnicas antibacterianas, en la sífilis reconocíamos a ‘La Gran Imitadora’, hecho debido a que en su apariencia se expresaba de manera verdaderamente proteica.

Hoy, como parte del grupo de las entidades multiformes, que se relacionan al Síndrome de la Fatiga Crónica y de la Fibromialgia, estudiamos a otra ‘gran imitadora’, la Enfermedad de Lyme. (Véanse mis artículos: Fatiga Crónica y Fibromialgia con Depresión Asociada: Neurociencia Aplicada y La Esclerosis Múltiple y los Enigmas de la Medicina y de la Neurociencia Aplicada).

Enfermedad de Lyme

La enfermedad de Lyme, también conocida como borreliosis, es una afección de naturaleza infecciosa causada por la bacteria Borrelia burgdorferi, que es trasmitida por las garrapatas o ácaros.


El criterio diagnóstico del CDC (Center of Disease Control) resulta no siendo muy preciso, porque excluye muchos casos fidedignos de Lyme ya que se ha demostrado en muchos estudios que los test serológicos para confirmar esta condición arrojan, en innúmeros reportes, falsos negativos, por lo que el diagnóstico, a falta de mejores tests, permanece como un ejercicio de sagacidad práctica por parte del médico — como era en la época romántica del galeno dotado con el ‘ojo clínico’.

Lyme es conocida como la nueva gran imitadora ya que puede desplegar los síntomas de diversas enfermedades como son: síndrome de fatiga crónica, fibromialgia, esclerosis múltiple, trastorno afectivo depresivo, la locura megaloblástica, demencias, ELA, lupus, síndrome de la Guerra del Golfo, la fiebre botonosa y algunas otras y diversas entidades más. (Véanse mis artículos: La Ciencia Epigenética, el Embarazo ‘Normal’ y la Obesidad: Una Parábola en Tres Actos y La Locura Megaloblástica).

Existe suficiente evidencia que indica que la infección activa por B. burgdorferi es la causa de la enfermedad aguda y de la persistencia de los síntomas en el Lyme Crónico.

Porque el Lyme si no se detecta a tiempo casi siempre progresa a su forma arraigada y persistente, haciendo que las personas afectadas necesiten tratamiento prolongado e incluso indefinido.

Aparición como entidad nosológica

Esta enfermedad fue descrita por primera vez en Estados Unidos (en Lyme, Connecticut) en el año 1975. Casi el 100% de los casos se presentan durante la estación cálida en ese país, cuando las personas se dedican a actividades al aire libre y cuando las garrapatas abundan. Al comienzo de la infección se desarrolla la etapa inicial de la enfermedad, también llamada ‘Enfermedad de Lyme inicial’, pero si la víctima no recibe el tratamiento médico indicado en esta fase, ésta puede avanzar en su estado secundario e incluso agravarse para desencadenar la etapa terciaria.

Los patógenos involucrados son agentes infecciosos dotados con una virulencia que es importante identificar, prevenir y tratar. La sospecha inicial de que estos agentes producían cuadros clínicos contenidos ha sido totalmente superada después de la descripción de formas graves y de cuadros de evolución crónica en pacientes no tratados.

La patogenia de este grupo de entidades clínicas, en la que el daño vascular y el neurotropismo son una constante, se encuentran en los organismos siguientes: Rickettsia, Borrelia y Coxiella. Por su parte, las lesiones granulomatosas y el tropismo por células endoteliales son comunes en la Bartonella y Francisella, lo que nos confronta frente a agentes con una agresividad virulenta que es importante reconocer, para precaver y tratar. Todos los años fallecen en el mundo pacientes afectados por la fiebre botonosa, y el no reconocimiento precoz de la infección por Borrelia burgdorferi (enfermedad de Lyme) da lugar a manifestaciones neurológicas difíciles de tratar y que pueden dejar secuelas permanentes.

Tipos de esta enfermedad:

1 Enfermedad de Lyme primaria

2 Enfermedad de Lyme secundaria

3 Enfermedad de Lyme terciaria

4 Enfermedad de Lyme crónica Enfermedad de Lyme primaria

Se caracteriza por presentar una lesión roja y papular, en el lugar donde se encuentra la picadura de la garrapata que la transmite. Además de este hallazgo, entre los síntomas que siguen se encuentra un cuadro parecido a la gripe (fiebre, dolores musculares y en las articulaciones), además de dolor de cabeza e inflamación de las coyunturas.

La entidad se diagnostica mediante un examen físico exhaustivo en el que se pueden descubrir anomalías cardíacas, en las articulaciones, o en el cerebro. Como proceso de laboratorio adicional se recomienda hacer un examen de ELISA.

El tratamiento en esta etapa consiste en la aplicación de antibióticos, que varían dependiendo del estado de la enfermedad, y de la edad del paciente. También se suele administrar ibuprofeno, para aliviar la inflamación y la rigidez articular.

Enfermedad de Lyme secundaria

En esta fase de la enfermedad, además de los síntomas iniciales, se presentan: palpitaciones cardíacas, visión borrosa, problemas neurológicos (deterioro de la funciones del habla y del lenguaje, alucinaciones, parálisis facial, movimientos descoordinados, ideas paranoicas y confusión).

En este caso el examen físico puede elucidar deficiencias cardíacas y neurológicas.

ELISA

Se utiliza el examen ELISA para determinar la presencia de anticuerpos contra la bacteria y se utiliza el examen Western blot, para confirmar la infección, además de otros exámenes necesarios para confirmar los síntomas.

El tratamiento es similar al anterior, sólo que se utilizan dosis mayores de antibióticos y generalmente ceftriaxona para tratar esta fase de la enfermedad.

Enfermedad de Lyme terciaria

La fase terciaria de la Enfermedad de Lyme puede ocurrir meses, o incluso años después de la etapa inicial.

A los síntomas anteriormente mencionados se pueden agregar trastornos neurológicos más graves (confusión, trastornos del sueño, pérdidas de memoria) y complicarse con el desarrollo de una forma de artritis permanente, debido a los trastornos musculoesqueléticos.

En estos casos el tratamiento consiste en inyectar grandes dosis de antibióticos (generalmente se usa penicilina o ceftriaxona para detener la infección). El pronóstico puede ser benigno, sin embargo, los síntomas de la artritis a veces, persisten sin abatir.

Enfermedad de Lyme crónica

La enfermedad crónica ocurre cuando la infección subsiste a pesar del tratamiento antibiótico (hay mucha evidencia científica sobre el tema, cultivos y pruebas de ADN positivas que demuestran la persistencia a pesar del tratamiento antibiótico).

Un resumen de los cuadros clínicos sintomáticos sigue:

La enfermedad de Lyme puede causar un sinnúmero de síntomas, algunos de los cuales son severos. Estos síntomas se dividen en dos categorías: Síntomas de la etapa temprana y síntomas de la etapa avanzada.

Síntomas de la etapa temprana: usualmente estos empiezan entre el tercer día y primer mes después de la picadura. Aparecen síntomas como los del virus de la gripe acompañados (generalmente) con la aparición en la piel de la erupción roja y circular característica de la picadura, llamada Erythema Migrans (EM).

Síntomas típicos de esta etapa son:

? Erupción roja y circular a lo largo de la picadura.

? Fiebre y escalofríos

? Fatiga

? Dolores musculares de articulaciones

? Dolor de cabeza

? Glándulas inflamadas

Síntomas de la etapa avanzada: en esta etapa de la enfermedad de Lyme los síntomas son más severos y potencialmente debilitantes, y pueden suceder en cuestión de semanas, meses, o inclusive años después de la picadura. Los síntomas son los siguientes:

Problemas en el sistema nervioso

Dolor de cabeza

Parálisis de los músculos faciales

Problemas de concentración

Pérdida de memoria

Artritis

? Dolor e hinchazón usualmente en las articulaciones mayores

? Anormalidades Cardíacas (menos comunes)

? Irregularidad en los latidos del corazón

? Palpitaciones

? Bloqueo cardíaco

Profilaxis

Desde el año 1998 al 2002 había, en los Estados Unidos, una vacuna disponible con el nombre de LYMErix. Ésta fue removida del mercado cuando produjo trastornos secundarios serios.

Lo que nos deja con la solución de que las únicas medidas de prevención son aquellas que evitan el contacto con los animales que son huéspedes de las garrapatas.

Aplicaciones neuropsiquiátricas

La enfermedad de Lyme se ha comprobado como factor desencadenante de trastornos neuropsiquiatricos. Anticuerpos de la bacteria que causa la enfermedad se han descubierto en muchos pacientes psiquiátricos, sugiriendo que esta enfermedad puede desencadenar trastornos emocionales.

Para la mayoría de sus víctimas la enfermedad de Lyme no es un problema leve. Aunque los síntomas iniciales no se diferencian de un ataque gripal, a medida que la enfermedad progresa, otros síntomas serios pueden surgir: dolor muscular, artritis, inflamación del miocardio, dolores de cabeza intratables, rigidez del cuello o parálisis facial.

Un estudio reciente que apareciera en el número de febrero del 2008 del American Journal of Psychiatry bajo la firma de Tomá  Hájek Et al conducido en Praga soporta esta sospecha.

Los investigadores checos razonaron que como la Borrelia burgdorferi pertenece a la misma familia de agentes que causan la sífilis, que era muy posible que esta bacteria pudiera producir daños similares a la lúes en el Sistema Nervioso Central de sus víctimas — especialmente depresiones y fluctuaciones afectivas.

Analizando la prevalencia de los anticuerpos de B. burgdorferi en pacientes psiquiátricos se determinó que éstos eran muy elevados comparados con grupos de control.


Entre los 900 pacientes psiquiátricos que ellos analizaran utilizando pruebas diagnósticas de laboratorio entre los años 1995 y 1999. Una tercera parte padecía de trastornos de ansiedad, otra tercera parte de trastornos afectivos, un 25% de la esquizofrenia u otra forma de psicosis, y el resto sufría de trastornos de la personalidad, delirio, demencia y de otras condiciones. (Véase: ‘Higher Prevalence of Antibodies to Borrelia Burgdorferi in Psychiatric Patients Than in Healthy Subjects’ en el número correspondiente del APA Journal).

Análisis detallados, descritos en el estudio checo, soportaron la existencia significante de anticuerpos de B. Burgdorferi en la población de pacientes psiquiátricos en contraste con los grupos de control.

Los autores concluyendo su estudio de la manera siguiente:

‘Estos hallazgos soportan la hipótesis de que existe una asociación entre la infección con B. burgdorferi y la morbilidad psiquiátrica.

‘En países donde esta infección es endémica, una proporción de los pacientes psiquiátricos pueden estar sufriendo de los efectos neuropatogénicos de esta infección’.

El caso de Astrid

Astrid no era un astro celestial de brillo singular bajo circunstancia alguna. Ella representa, en su historial, una de esas heroínas de novelas rusas antiguas donde el dolor y la miseria se mezclan para proporcionarnos una visión muy distante de la vida de los pobres.

Nació hija ilegítima en un hogar abandonado. Pero como Wallis Warfield (1896-1986) Duquesa de Windsor, Astrid viviría para levantarse muy por encima de sus miserias y vivir una vida disoluta con todos los privilegios que usualmente acompañan ese estilo de vivir.

Sin nadie saber la razón, Astrid se retiró a una finca que la familia había abandonado donde se dedicó al aislamiento total y a la cría de numerosos animales, cabras y perro entre ellos.

Su semblante cambió de ser una mujer de espontaneidad afectiva a uno de malhumor persistente y de sospechas infundadas.

Sufría de alergias, insomnio persistente y de períodos de confusión transitoria, donde todo, aún su propio nombre se le olvidaba.

Acusaba a todos de intenciones nefastas, incluyendo a su joven pastor y a su esposa, a quienes lograría, finalmente alienar.

Por mucho tiempo, pensando que era víctima de una trama para envenenarla, decidió comer sólo aquellas cosas que recogía en sus hortalizas, rehusando carne y productos lácteos o de origen animal.

Nos visitó, de manera titubeante porque sufría de zumbidos de oídos, debilidad y astenia persistente, parestesias, obesidad, apnea del sueño, sospecha de anemia y locura megalobástica, diabetes 2 y síntomas depresivos. (Véanse mis ponencias, Medicina, Psiquiatría Ortomolecular y Vitamina B12 y La locura Megaloblástica).

Tratamiento

Para lograr la confianza de una persona tan reacia, el proceso se inició con la terapia analítica intensiva, acoplada con el adjunto de dosis orales e intramusculares masivas de vitaminas (como se estila en la medicina ortomolecular), especialmente de vitaminas C y B12.

Con la aplicación de dosis terapéuticas de vitaminas, la psicoterapia intensiva, con el uso de un antidepresivo tricíclico y de antibióticos el cuadro clínico remitió.

Hoy, Astrid, habiendo reducido unas cuarenta libras, luce y se siente mejor. (Véase mi artículo, La Opción de Hobson…).

Discusión y resumen

Las enfermedades bacterianas muy a menudo afectan el cuerpo y la mente, como asimismo lo hacen las zoonosis y las hipovitaminosis.

La sífilis y la enfermedad de Lyme son ejemplos clásicos de las patologías producidas por la transmisión de espiroquetas y de borrelias, la pelagra y la locura megaloblástica de la deficiencia de vitaminas, y la obesidad inexplicable de los transposones. (Véase mi artículo, La Ciencia Epigenética, el Embarazo ‘Normal’ y la Obesidad: Una Parábola en Tres Actos en Ortomolecular News).

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Lesión típica.