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El cerebro y nuestras emociones

Sábado, Octubre 24th, 2009

El cerebro humano está formado por varias zonas diferentes que evolucionaron en distintas épocas. Cuando en el cerebro de nuestros antepasados crecía una nueva zona, generalmente la naturaleza no desechaba las antiguas; en vez de ello, las retenía, formándose la sección más reciente encima de ellas.

Esas primitivas partes del cerebro humano siguen operando en concordancia con un estereotipado e instintivo conjunto de programas que proceden tanto de los mamíferos que habitaban en el suelo del bosque como, más atrás aún en el tiempo, de los toscos reptiles que dieron origen a los mamíferos.

La parte más primitiva de nuestro cerebro, el llamado ‘cerebro reptil’, se encarga de los instintos básicos de la supervivencia -el deseo sexual, la búsqueda de comida y las respuestas agresivas tipo ‘pelea-o-huye’.

En los reptiles, las respuestas al objeto sexual, a la comida o al predador peligroso eran automáticas y programadas; la corteza cerebral, con sus circuitos para sopesar opciones y seleccionar una línea de acción, obviamente no existe en estos animales.

Sin embargo, muchos experimentos han demostrado que gran parte del comportamiento humano se origina en zonas profundamente enterradas del cerebro, las mismas que en un tiempo dirigieron los actos vitales de nuestros antepasados.

‘Aun tenemos en nuestras cabezas estructuras cerebrales muy parecidas a las del caballo y el cocodrilo’, dice el neurofisiólogo Paul MacLean, del Instituto Nacional de Salud Mental de los EE.UU.

Nuestro cerebro primitivo de reptil, que se remonta a más de doscientos millones de años de evolución, nos guste o no nos guste reconocerlo, aún dirige parte de nuestros mecanismos para cortejar, casarse, buscar hogar y seleccionar dirigentes. Es responsable de muchos de nuestros ritos y costumbres (y es mejor que no derramemos lágrimas de cocodrilo por esto).

EL SISTEMA LÍMBICO O CEREBRO EMOCIONAL

El sistema límbico, también llamado cerebro medio, es la porción del cerebro situada inmediatamente debajo de la corteza cerebral, y que comprende centros importantes como el tálamo, hipotálamo, el hipocampo, la amígdala cerebral (no debemos confundirlas con las de la garganta).

Estos centros ya funcionan en los mamíferos, siendo el asiento de movimientos emocionales como el temor o la agresión.

En el ser humano, estos son los centros de la afectividad, es aquí donde se procesan las distintas emociones y el hombre experimenta penas, angustias y alegrías intensas

El papel de la amígdala como centro de procesamiento de las emociones es hoy incuestionable. Pacientes con la amígdala lesionada ya no son capaces de reconocer la expresión de un rostro o si una persona está contenta o triste. Los monos a las que fue extirpada la amígdala manifestaron un comportamiento social en extremo alterado: perdieron la sensibilidad para las complejas reglas de comportamiento social en su manada. El comportamiento maternal y las reacciones afectivas frente a los otros animales se vieron claramente perjudicados.

Los investigadores J. F. Fulton y D. F. Jacobson, de la Universidad de Yale, aportaron además pruebas de que la capacidad de aprendizaje y la memoria requieren de una amígdala intacta: pusieron a unos chimpancés delante de dos cuencos de comida. En uno de ellos había un apetitoso bocado, el otro estaba vacío. Luego taparon los cuencos. Al cabo de unos segundos se permitió a los animales tomar uno de los recipientes cerrados. Los animales sanos tomaron sin dudarlo el cuenco que contenía el apetitoso bocado, mientras que los chimpancés con la amígdala lesionada eligieron al azar; el bocado apetitoso no había despertado en ellos ninguna excitación de la amígdala y por eso tampoco lo recordaban.

El sistema límbico está en constante interacción con la corteza cerebral. Una transmisión de señales de alta velocidad permite que el sistema límbico y el neocórtex trabajen juntos, y esto es lo que explica que podamos tener control sobre nuestras emociones.

Hace aproximadamente cien millones de años aparecieron los primeros mamíferos superiores. La evolución del cerebro dio un salto cuántico. Por encima del bulbo raquídeo y del sistema límbico la naturaleza puso el neocórtex, el cerebro racional.

A los instintos, impulsos y emociones se añadió de esta forma la capacidad de pensar de forma abstracta y más allá de la inmediatez del momento presente, de comprender las relaciones globales existentes, y de desarrollar un yo consciente y una compleja vida emocional.

Hoy en día la corteza cerebral, la nueva y más importante zona del cerebro humano, recubre y engloba las más viejas y primitivas. Esas regiones no han sido eliminadas, sino que permanecen debajo, sin ostentar ya el control indiscutible del cuerpo, pero aún activas.

La corteza cerebral no solamente es el área más accesible del cerebro: sino que es también la más distintivamente humana. La mayor parte de nuestro pensar o planificar, y del lenguaje, imaginación, creatividad y capacidad de abstracción, proviene de esta región cerebral.

Así, pues, el neocórtex nos capacita no sólo para solucionar ecuaciones de álgebra, para aprender una lengua extranjera, para estudiar la Teoría de la Relatividad o desarrollar la bomba atómica. Proporciona también a nuestra vida emocional una nueva dimensión.

Amor y venganza, altruismo e intrigas, arte y moral, sensibilidad y entusiasmo van mucho más allá de los rudos modelos de percepción y de comportamiento espontáneo del sistema límbico.

Por otro lado — esto se puso de manifiesto en experimentos con pacientes que tienen el cerebro dañado — esas sensaciones quedarían anuladas sin la participación del cerebro emocional. Por sí mismo, el neocórtex sólo sería un buen ordenador de alto rendimiento.

Los lóbulos prefrontales y frontales juegan un especial papel en la asimilación neocortical de las emociones. Como manager’ de nuestras emociones, asumen dos importantes tareas:

·     En primer lugar, moderan nuestras reacciones emocionales, frenando las señales del cerebro límbico.

·     En segundo lugar, desarrollan planes de actuación concretos para situaciones emocionales. Mientras que la amígdala del sistema límbico proporciona los primeros auxilios en situaciones emocionales extremas, el lóbulo prefrontal se ocupa de la delicada coordinación de nuestras emociones.

Cuando nos hacemos cargo de las preocupaciones amorosas de nuestra mejor amiga, tenemos sentimientos de culpa a causa del montón de actas que hemos dejado de lado o fingimos calma en una conferencia, siempre está trabajando también el neocórtex.

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El cerebro.

El erotismo fisiológico y la Neurociencia Aplicada

Sábado, Octubre 24th, 2009

En esta ponencia deseamos abordar las dificultades que, en nuestra opinión, encontraremos si deseamos analizar psicológicamente todos los problemas que nos confrontan en nuestras vidas.

Hemos utilizado el psicoanálisis en tiempos pasados para intentar explicar ad nauseam, todos los fenómenos — peculiares o no — que nos llenaban de curiosidad, más que nada, por no entenderlos bien.

La taxonomía diagnóstica en la psiquiatría no diferencia en detalle muchos de los trastornos que son indígenas a la naturaleza del ser humano — y, quizás, por extensión, a otros géneros animales — lo que a veces, a menudo, nos confunde.

La ansiedad frente a extraños, es parte del desarrollo normativo de nuestra especie y constituye una modalidad de nuestro comportamiento que nos asiste a evitar riesgos asumidos con quienes nos son desconocidos. Aunque, hoy se considera como otra forma de desequilibrio emocional — así lo dicta nuestra Biblia, DSM-ETC…

La enuresis. El destacado Profesor Richard Jenkins, la consideró un ‘evento fortuito’ de la niñez. DSM-IV-TR, la incluye como una más de sus extravagantes categorías diagnósticas.

Existen algunos animales, cuyos comportamientos han sido, por inferencia, entendidos como expresiones de la capacidad del altruismo que lindan en los de nuestra moralidad humana. Este aspecto único de la conducta animal, J. B. S. Haldane lo había designado como, ‘selección de familiares’ (kin selection). Concepto que formó parte esencial del constructo de la sociobiología de E. O. Wilson, quien lo ha repudiado recientemente, para el asombro de muchos.

La ventaja de poder entender el altruismo animal como programa estructurado en los genes, era que nos permitía pensar que poseemos virtudes que son favorables a nuestra supervivencia y que éstas son programadas o instintivas.

Pero, no siempre las verdades en que se fundan nuestras teorías, permanecen inmutables.

El mundo de la ciencia cambia subrepticia y vertiginosamente. Acerca de este fenómeno discurriremos cuando examinemos los instintos y sus aplicaciones a la conducta del ser humano.

Lo que más adelante haremos.

Para el diagnóstico psiquiátrico, ‘DSM-ETC’, no nos ofrece ayuda auténtica, ya que, por muchos, está siendo considerada, justificadamente, como lo que es: un arma del mercadeo de la psiquiatría, un subterfugio poderoso en la lucha contra las constricciones impuestas por los seguros médicos norteamericanos para no pagar por los diagnósticos psiquiátricos y un artilugio nosológico para enriquecer a las compañías productoras de fármacos, quienes se benefician de la introducción de medicinas para enfermedades ilusorias — la última: prosperidad compartida y demostrada.

En su libro de aparición reciente, Shyness: How Normal Behavior Became a Sickness, autor, Christopher Lane, relata de cómo en los años setentas del siglo pasado, un grupo de psiquiatras norteamericanos redactó la nosología de nuestra profesión, desde sus butacas bien ‘aceitadas’ por los intereses creados de los productores de medicinas psicotrópicas — varios de entre ellos aún son mis muy estimados y, acaudalados, amigos, residentes de Orange County, San Diego.

Dicho sea de paso, el libro de C. Lane y su compañero en espíritu, The Loss of Sadness: How Psychiatry Transformed Normal Sorrow into Depressive Disorder por A. Horwitz, deben de ser estudiados por toda persona preparada.

Los psiquiatras en cargo del DSM proyecto, se dedicaron , bajo la dirección de Robert Spitzer en 1974, a la expansión de un librito delgado, DSM I que en los años setentas se publicó presentado con una encuadernación humilde, con espina de espiral plástico negro, y que pocos usaban o entendieran. Logrando una transformación dramática a la divulgación actual de un manual voluminoso que se vende con libretos accesorios, y, que combinados, se hacen pasar como una verdadera enciclopedia de conocimientos que no contienen. En la última edición (DSM-IV-TR), el número de los diagnósticos psiquiátricos ha crecido vertiginosamente. Uno de entre ellos, la ansiedad social, y otros más, sin razón justificadora, se convirtieron clasificable dentro de la categoría de los Trastornos de la Ansiedad y de la Personalidad.

Lo que consiste en una parodia de la realidad.

El precio para adquirir estos libros es muy alto, pero atrae a quienes, sin saber nada acerca de la psiquiatría, como tantos psiquiatras, pretenden conocerla…

El manual se constituyó en un golpe de fortuna inesperado para la industria farmacéutica. En una investigación soportada por memorándums secretos, Lane nos ilumina, en su libro, de la manera y de cómo muchas decisiones diagnósticas, carentes de fundamentos, hicieron su entrada en DSM. Mientras que nos informa de manera lúcida que DSM, habiendo transformado el modo de cómo hoy pensamos en psiquiatría, nos ha hecho mucho daño a todos.

Basado en esas premisas y motivado por un deseo de amplificar el entendimiento básico de lo que nos hace humanos. De lo que nos enferma mentalmente y de lo que nos diferencia de nuestros familiares cercanos — otros simios — especialmente los chimpancés y los bonobos — hemos decidido explorar de nuevo esta área que aún, permanece confusa, en las ciencias del comportamiento humano.

Ciencia por computación

Los hechos acerca de la psiquiatría, como ciencia ya no los dicta DSM-ETC, ni los revelan científicos trabajando en sus torres de marfil académicas, conduciendo investigaciones basadas en el examen de poblaciones selectas por medio de la entrevista estructurada.

Esos métodos son asuntos del pasado.

La ciencia actual, está comenzando a ser resultado de la habilidad en el manejo de las computadoras — si quien lo hace, sabe cómo programarlas.

En su edición de enero 14 del 2008, el importante noticiero británico, The Economist, nos alerta de los trabajos decisivos que algunos científicos chinos han hecho en tiempos recientes, para esclarecer los trayectos neurológicos que siguen las actividades cerebrales de los drogadictos. Lo extraordinario aquí es que los científicos chinos lograron esta proeza científica sin haber abandonado su laboratorio y sin conducir experimentos formales.

Lo hicieron, adecuadamente, frente a sus monitores. Siguiendo programas meticulosamente diseñados y sometiendo los resultados a análisis rigurosos. (Véase, Going by the Book).

Cuando contemplamos estos avances y, cuando examinamos lo que hoy se considera como ciencia y lo que se pasa como hecho científico, nos preguntamos: ¿Tenemos que asentir con todo aquello lo que se propone como conocimientos, aceptando ideas — presumidas como doctrinas establecidas — sin someterlas al juicio crítico? O, ¿debemos de investigarlas y derivar nuestras propias suplencias?

¿Debemos aceptar DSM-ETC como una Biblia?

Biblia, ¿de qué? Para mí, es necesario que establezcamos una dialéctica con quienes introducen nuevos conceptos, para corroborarlos o desecharlos, si es que estos últimos despiertan nuestro interés.

Nuestra tesis

Aquí profundizaremos, en la esencia de tres pulsiones por todos reconocidas y, a medida que progresamos en sus entendimientos, consideraremos asuntos relacionados a su aplicación — que no nos son tan familiares — añadiendo elementos de soporte a nuestro estudio.

Nos ocuparemos con las actividades instintivas de las actividades siguientes:

• Comer

• Reproducción y

• Moralidad

Aunque para muchos, ya veremos, puede que hayan más de 4,000 variedades de instintos que nos impelen a acciones involuntarias que, a su vez, garantizan la preservación y la perpetuación de nuestra especie, para otros son las cuatro efes en inglés: food, fight, fear y sex… Los que nos obliga a pensar: ¿En qué consisten los instintos?

Los instintos como metáfora de enfermedad mental

Mi proposición se basa en lograr un entendimiento clínico de las fuerzas que salvaguardan nuestras existencias y las que, vía su propagación hedonista o controlada, y haciendo uso de las mismas para fines otros de los que la Naturaleza propuso, hoy se consideran patologías psicosomáticas, por DSM…

Organizaremos esta lección de la siguiente manera:

• Introducción al entendimiento de ciertos instintos básicos

• La neurociencia del placer y del deseo (el sexo)

• Comer

• La moralidad (o el deber)

Instinto

En esencia, los instintos pueden definirse como una disposición inherente en un organismo vivo hacia ciertos comportamientos. Estos comportamientos son fijos, hereditarios e innatos, y se expresan como patrones constantes de respuestas a ciertos estímulos.

En el reino animal abundan estándares de acciones precisas que son independientes del aprendizaje. Entre las más comunes se catalogan las actividades reproductivas, construcción de nidos, rituales de cortejo, territorialidad, e hibernación entre muchas más.

Cualquier estímulo que provoque una respuesta automática, desencadena la acción de mecanismos — ya dispuestos para responder — a una amenaza u otra urgencia vital. La respuesta involuntaria está mediada a su vez por la acción de redes neurales que funcionan vía la operación de mensajeros hormonales.

En los vertebrados superiores, grupo al que pertenecemos como especie, las glándulas endocrinas que se involucran en nuestras respuestas automáticas se estimulan bajo la dirección directa de las actividades del hipotálamo.

Pero, existen dinamismos de naturaleza especial — como representan el deseo de acumular nuevos conocimientos, la inclinación a comunicar y demostrar nuestras ideas, la organización económica, la tendencia hacia la religiosidad, o hacia la estructura política — que pueden considerarse actividades que, siendo universales, y que aunque promueven nuestro bienestar y adaptación no son esencialmente instintivas.

Estas últimas funciones, asimismo, se afinan por medio del entrenamiento y el aprendizaje.

Los instintos tienen antecedentes evolutivos, ya que de acuerdo con Darwin, cualquier característica que confiere mayores posibilidades para la supervivencia y procreación será considerada una adaptación, siendo, eventualmente, incorporada como comportamiento instintivo por todos los miembros de una especie dada.

Lo último se conoce desde 1896 como el Efecto de Baldwin

Este constructo propone un mecanismo para la selección específica de una habilidad para nuevo aprendizaje. Descendientes seleccionados de entre toda lechigada tendrán una capacidad incrementada para la asimilación de nuevos conceptos, en lugar de permanecer dependientes de las capacidades que son fijas y codificadas por lo genes. Significando que ciertos comportamientos persistentes pueden modificar la evolución adaptiva de algunos grupos. Mientras que otros, asimismo se extinguen, como se reconoce en el fenómeno de la adiaphoria, o la falta de respuesta a un estímulo después de una serie de estímulos anteriores.

El ejemplo más común del Efecto de Baldwin es el de un grupo animal que, súbitamente, se encuentra amenazado por un nuevo predador. Los individuos que incorporan más rápidamente fórmulas para evadir el nuevo enemigo lo agregarán como conducta y luego ésta será transmitida a sus descendientes como instinto.

Hay cierta elegancia en el concepto anteriormente descrito.

Más adelante esta teoría avanzó el entendimiento de lo que hoy se conoce como el equilibrio puntuado.

El equilibrio puntuado es una teoría en la biología evolutiva que propone que la evolución entre especies que se reproducen sexualmente ocurre en saltos repentinos, separados por períodos muy largos donde muy pocos cambios ocurren.

De acuerdo a esta teoría la evolución fenotípica — la evolución de características codificadas por el genoma — está localizada en eventos raros de ramificaciones genéticas (cladogénesis) y que ocurre de manera relativamente rápida si se compara con los de otros géneros de mayor estabilidad en existencia.

La definición y la aplicación de los instintos, como término, asimismo han experimentado revisiones evolutivas como concepto. Algo que muchos no han realizado, ya que continúan el uso del vocablo ‘instinto’ del modo tradicional.

La definición científica de instinto, hoy aceptada, y su evolución final

Como expresión, la palabra ‘instinto’ ha tenido muchos usos en la psicología y sus aplicaciones universales han sido plétora desde Aristóteles. Sus connotaciones científicas y su status formal se atribuyen al genio de W. Wundt quien en 1870 estableció el primer laboratorio para el estudio de la psicología. En esos tiempos la psicología se consideraba parte de la filosofía, pero progresivamente, el comportamiento humano y el animal hoy se consideraran provincia del método científico y parte de la biología.

En el siglo XIX la mayoría de los comportamientos repetitivos se consideraban instintivos. Una revisión de la literatura de entonces, dieron crónicas de 4000 instintos humanos, como antes mencionáramos.

En 1960 una conferencia dirigida por Frank Beach, un pionero en la psicología experimental, resultó en la restricción de la aplicación del término.

Para el año 2000, una revisión de los textos más importantes en psicología, sólo produjo una sola referencia a la palabra ‘instinto’.

Lo que nos deja con la impresión de que cualquier comportamiento repetido puede ser considerado ‘instintivo’. Como asimismo puede serlo cualquier comportamiento en el que existe un componente innato pronunciado.

De acuerdo a los expertos. Para que un comportamiento repetitivo pueda ser clasificado como instinto debe de ser:

• Automático

• Irresistible

• Ocurrir como parte del desarrollo individual

• Debe de ser provocado por algún estímulo del entorno

• Debe de aparecer igualmente en todos los miembros de la misma especie

• No puede ser sujeto a modificación

• Y debe gobernar comportamientos por los cuales el individuo no necesita entrenamiento.

La ausencia de uno ó más de los criterios establecidos, elimina la clasificación del comportamiento como instintivo.

Si lo antedicho se aplica con rigor científico a nuestras conductas humanas, entonces se puede concluir, que ninguno de nuestros comportamientos puede incluirse como si fuese producto de los instintos.

Para nosotros, el compromiso es: que lo que de antes llamáramos instintos, hoy se consideran fuerzas de motivación, como lo son el comer, la agresión y la sexualidad.

Para la neurociencia moderna las fuerzas de motivación que poseemos se multiplican en número cada día, consecuencia de nuestro entendimiento más detallado de las motivaciones de otras especies aplicadas a la nuestra.

En esencia, se argumenta que los seres humanos carecen de instintos, ya que los ‘instintos’ en nosotros, como el hambre, la sexualidad y la agresión pueden ser inhibidos y controlados — lo que constituye la esencia de nuestro objetivo en esta ponencia.

La neurociencia de las fuerzas que nos motivan

En su libro, The Tangled Wing: Biological Constraints in the Human Spirit, Melvin Konner, antropólogo y psiquiatra, nos ilustra, de manera exhaustiva, los procesos neurales y endocrinos que median ciertas, sino todas, las actividades humanas resultados directas de las fuerzas que nos motivan, de modo idéntico, cuando actúan como ‘instintos’ en otros animales.

En esencia, nuestra capacidad para amar, para ser buenos padres, para la auto-inmolación por causas nobles, para ser leales a nuestras parejas, para resistir, o para desear el cambio, son actividades evolutivas y adaptivas que pueden ser modificadas por la necesidad y por la cultura.

La actividad sexual en nuestra especie

Desde que abandonáramos la sabana y nos congregáramos en aldeas, comenzaríamos a entender que la sexualidad en nuestra especie era algo que no se expresaba de manera idéntica a la de otros simios.

En su libro, The Third Chimpanzee, fisiólogo Jared Diamond, describe cabalmente los aspectos neurobiológicos de la sexualidad humana en todos sus aspectos, incluyendo la necesidad imperiosa que tenemos de copular en privado.

¿Cómo lograríamos acatar, todos, esa noción universal? No lo sabemos.

Seleccionamos ese aspecto de nuestra sexualidad, ya que es uno que, por ‘cortesía’ del Internet, tenemos prueba de que puede subvertirse — por los fines que sean — para que se exhiba a millones de voyeurs en la red.

Estudiando la sexualidad en la historia del ser humano, historiadoras Reay Tannahill y Elizabeth Abbott, nos iluminan en detalle, como asimismo lo hace Rudolph Bell, en el hecho de que nuestras actitudes y comportamientos en este aspecto particular de nuestro desarrollo social han evolucionado de maneras que nos sorprenden.

Los comportamientos de ascetas, abstemios sexuales, como John Kellogg y muchos otros que considerarían el sexo como mensaje diabólico, nos conlleva a postular que ciertos comportamientos humanos no son más que productos de nuestra biología hecha confusa por la imposiciones del imperativo moral y nada más.

A este fenómeno — no extraño para el psicoanálisis — lo llamaría Freud la sublimación de los instintos.

Los esposos Kellogg, Ella y John Harvey, vivieron una unión matrimonial beatífica, basada en la abstención total de la cohabitación sexual, mientras que igualmente practicaran el vegetarianismo y formas del ascetismo moral y físico más estricto.

Luego de 20 años de felicidad conyugal, Ella, se enfermó y duró veinte años más, viviendo como reclusa, a quien nadie vería, hasta el día de su muerte.

¿Qué diría DSM-ETC acerca de la condición de esta desafortunada mujer?

Algunos podrán considerar que ambos padecieron de la ‘anorexia sexual’.

Un curioso detalle del comportamiento de John Harvey es que todas las mañanas uno de sus asistentes le administraba una enema fría. Hábito estudiado por Joanne Denko, quien lo llamara Klysmaphilia.

Para DSM-IV-TR es, clismafilia 302.9.

Para una reseña concisa de las vidas de los hermanos, John Harvey y Will Keith Kellogg, recomendamos mi artículo, El Desayuno: ‘Comida’ de la que todos hablan y nadie sabe.

¿Podemos, entonces, presumir, sin entendimientos profundos, que existe una entidad que puede considerarse ‘adicción sexual’? O por extensión, otra, ¿la ‘anorexia sexual’?

Hablemos del comer, otra más de nuestras fuerzas de motivación

El comer, y de cómo comemos, para el hombre ‘civilizado’ ha sido la base sobre la que nuestra epidemia de las disorexias se asienta.

Podemos decir que el ser humano, ha sido peculiar en su modo de relacionarse con la comida, logrando hacerla una panoplia multifacética sobre la que restan casi todos nuestros valores como expreso en mi lectura: La Dieta Paleolítica: Paraíso Perdido.

Pero, la comida, asimismo ha sido, como el sexo, transformada en una miríada de cosas que, inicialmente les serían foráneas.

No tenemos hoy la anorexia, sino que gozamos de la bulimia, la obesidad, el comer compulsivo, para algunos existe la hiperorexia, y las otras patologías asociadas la ingestión de cosas no supuestas a ser comidas.

De nuevo encontramos condiciones que van de la restricción severa de alimentos igualada con el ascetismo, al consumo desordenado e implacable de comidas ricas en exceso.

Entonces, contamos con la moralidad como fuerza que nos motiva y con el altruismo, que siendo destronado, ha sido relegado a ser un mero comportamiento animal.

Aunque, para muchos primatologistas, el altruismo es parte de la moralidad entre simios que, prefieren pasar hambre, al oprimir una palanca que les proveería alimento al costo del sufrimiento de otro mono.

Lo que nos sorprende, es que en su estado natural, no existen modelos o réplicas entre los animales de los excesos hedonistas que caracterizan a nuestro género — como tampoco existen las actividades de privaciones extremas que nos imponemos a nosotros mismos en búsqueda de goles exaltados o estéticos.

Para hacer nuestro propósito más complejo, parece ser que cada día nos sorprenden nuevas ‘enfermedades’, provenidas de nuestro modo de vida.

De acuerdo al psicólogo británico Oliver James, en su nuevo libro, The Selfish Capitalist: The Origins of Affluenza, nuestro bienestar y progreso en el mundo actual presagia más problemas psiquiátricos futuros para la raza humana. La única especie que cuenta potentados de la envergadura de Bill Gates entre sus miembros.

De acuerdo a James, la Organización Mundial de la Salud (OMS) predice que la depresión, como enfermedad, está camino a convertirse en la segunda dolencia más diseminada mundialmente, después de las aflicciones cardíacas, lo que se proyecta ocurrirá cerca del año 2020.

Por supuesto, el nombrado científico, autor de un previo volumen en este respecto, nos alerta a que la afluencia no sólo no nos proporciona la felicidad, sino que nos hace infelices o nos deprime clínicamente.

La moralidad

Las aplicaciones de la moralidad en el ser humano nos recuerda de la famosa Paradoja del Cerebro de Boltzmann, basada en el estudio de la entropía en el campo de la cosmogonía.

Cada uno de nosotros es un individuo en sus capacidades e inclinaciones únicas — como aseveráramos cuando escribiéramos acerca de la anorexia en Así Hablan los Expertos.

Todos somos especiales…

Cuando hemos saciado las demandas de nuestras necesidades básicas, otras tendencias nos urgen a buscar su satisfacción revivida y repetida para renovar la experiencia de nuestro placer. De esa inclinación derivan algunas de las tendencias, que últimamente descontrolan nuestra homeostasis y nos conducen a la debacle moral que nos causa la ruina y la que pretendemos justificar con una etiqueta diagnóstica y la prescripción de una píldora.

Ahí puede que entre el auxilio provisto por DSM-ETC.

Pregunten a los expertos…

Mientras tanto, esperen mi próxima ponencia: DSM- ETC. Razón, sinrazón, Historia: ‘El Futuro de una Ilusión, o ¿la Ilusión de un Futuro?’…

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Pérdida de la virginidad por P. Gaugin.

El hechizo fascinante de la coherencia del ego

Sábado, Octubre 24th, 2009

Los santos sepulcros

Los cementerios forman parte importante, aunque reciente, del desarrollo evolutivo de nuestro género.  Nuestros antepasados comenzaron a enterrar sus muertos hace unos 40 mil años, durante el período paleolítico superior — con todos sus misterios, esta costumbre permanece única y exclusivamente humana.

Las razones por la cuales el homínido que somos, decidiría enterrar a sus semejantes es desconocida, sin embargo, se entiende que no fuera una actividad característica o especial de culturas específicas, sino que, de alguna u otra manera, hace unos 40 mil años todos los seres humanos, donde quiera que existieran, y sin conexión entre ellos, empezarían a hacer lo mismo — todos. ¿Coincidencias, simetrías? Nadie lo puede explicar, pero, del mismo modo que las aves alzan al unísono sus vuelos migratorios y que todos nuestros antepasados comenzaran a cultivar la tierra simultáneamente, todos empezaron a enterrar sus muertos — todos, al mismo tiempo. (Para una fuente erudita de información pertinente: When Burial Begins Br. Archæology (66) Aug. 2002).

El ADN universal

El ADN universal es una adaptación figurada del poder organizador del código genético, aplicada desde al microcosmos celular al cosmos sideral.

Por ejemplo, eventos que, no siendo interrelacionados aparecen de modo simultáneo y sin conexión por todas partes.

El proceso del inhumo humano continuaría su evolución, volviéndose elaborado y ornado, adquiriendo formas de arte imponente y simbólico a la vez — El ser humano consagrando como cementerios los lugares donde, primero, las fosas comunes, después las catacumbas y más tarde los mausoleos se encontrarían.

Mucho arte, mucha ciencia, mucho misterio y mucha intriga se asocian a los lugares históricos donde yacen los restos de nuestros antecesores, consignatarios de la continuidad histórica que nos sirve para nuestra coherencia como seres que somos, pensantes y emotivos.

La esencia del significado y la razón que inspirara nuestros rituales constituyen una parte esencial, aunque poco entendida, en nuestro entendimiento propio mientras que sus aplicaciones son infinitas.

El hombre y su historia

Los emperadores japoneses, los faraones de Egipto, los emperadores Aztecas, los Incas, los nórdicos de Escandinava, los Anasazi, las tribus del África primitiva, el último emperador de Etiopía, el actual dictador norcoreano, y aún los Papas del Vaticano, se adjudican que una fuerza divina ha ungido a todos quienes después de haber ocupado el trono del poder, se inhuman en sus sarcófagos, desde donde, en silencio profundo, mantienen una posición que los coloca por encima de todos los demás seres mortales.

En esencia, en esto consiste su forma de inmortalidad.

Seres eternos que nos controlan desde sus tumbas opulentamente ornamentadas.

En el Vaticano, todos los Papas sepultados proclaman descendencia directa (aunque refutable) del primer arzobispo de Roma — el apóstol San Pedro. En las dinastías del Japón, de la Corea del Norte, de la Etiopía de Selassie, en la mayoría de las tribus de los nativos de Norteamérica, como igualmente sería en las civilizaciones azteca y la egipcia. El folklore autóctono, asistido por los sacerdotes, teje leyendas mitológicas que colocan al líder, cuyos huesos en su tumba se veneran, en la categoría de deidades.

Haciéndolo así, y, aunque sean fábulas concebidas para lograr ascendencia divina sobre los seres a quienes avasallan, estas creencias proporcionan al exaltado y a quienes lo siguen un sentimiento de poder, de coherencia y de justificación histórica.

La evolución de la historia personal

Dicen muchos que el niño es padre del hombre. Que todas nuestras tendencias de adultos, devengan su importancia de las fantasías y entendimientos que, como infantes ingenuos, una vez tuviéramos.

En realidad, la experiencia nos dicta que, de veras, el niño posee un deseo intuitivo y profundo de captar de un modo congruente su desarrollo y continuidad desde un punto de vista histórico/personal.

Ese deseo no se limita al niño civilizado, sino que se expresa universalmente, de forma adaptada, al lugar donde se viva, como su presencia lo confirma por existir dentro de grupos o tribus primitivas.

Nuestra memoria de niños, base creativa de solución filosófica a los dilemas de nuestras existencias — lo que nuestros padres nos decían

Lo que nuestros padres, de niños nos dijeran, fue motivación inspiradora para una de mis ponencias, que este año fueran publicadas, ‘Lo que nuestros padres, de niños, nos decían’. Este fue un ensayo acerca de la importancia de haber incorporado, en la memoria los adagios, repetidos con frecuencia, por la imagen modeladora y dirigente de la figura materna.

¿Pero qué sucede cuando existen personas a quienes estas memorias eluden, por no haberlas compartido?

Aún a quienes no las recibieran, les ocurre lo mismo, ya que parece ser que, como de manera equilibrante, todos los niños pasan por una fase del desarrollo conocida por Freud como el Romance de la Familia. En esta etapa de la evolución psicosexual, los niños, frustrados por las realidades, no siempre risueñas de las relaciones con sus padres, desarrollan la ilusión de que son realmente los descendientes secretos de progenitores exaltados, quienes un día vendrán a rescatarlos, para llevarlos con ellos al recinto de sus antepasados — Una variedad patológica de esta situación, es la delusión de Mignon.

Esta fantasía, ayuda al niño joven a solidificar e integrar fantasía y realidad, aprendiendo a tolerar tensiones existenciales — algo que algunos seres humanos no logran hacer por la duración de sus vidas.

El orden universal como ordenador individual

Si las trayectorias de los eventos que afectan nuestros destinos nos gobiernan, a veces, arbitrariamente. Y, si las coincidencias, las simetrías y otros fenómenos de orden misterioso nos inciden con frecuencia singular. El estudio de la astrofísica y de la cosmología, nos ayuda a elucidar hechos incomprensibles y verdades universales.

El estudio de las coincidencias en la ciencia, y la esencia misma del descubrimiento y de la invención, son aspectos muy observados de nuestra historia. Alfredo Nóbel, hasta el fin de sus días atormentados, rehusó aceptar el rol que las coincidencias pudiesen haber tenido en sus invenciones y desarrollos científicos.

¿Por qué lo haría? Nadie lo sabrá. Pero, el juicio de la historia lo desmiente.

Aquí, en lugar de estudiar los ‘fenómenos simétricos’ analizaremos en breve, lo que conocemos de la física moderna para adaptarlo a nuestro entendimiento propio. Mucho de lo que aplicaremos ya ha sido cubierto en otras publicaciones, recientemente, en ‘La Teología de la Relatividad’.

Prosigamos

Nuestro origen, como parte del cosmos, provino del Big-Bang. Ya que de este evento dramático todo lo que existe (vivo y no vivo) procede.

De modo igual que las leyes de la física ordenan el universo, éstas asimismo, ordenan nuestras vidas, por medio del efecto biológico del ADN universal — Principio inspirado por la teoría del Cuadro Metabólico Universal.

Una de los nuevos principios de la física que afectan las partículas invisibles es la conocida como la teoría del Entrelazo. Esta teoría se comporta de un modo tan peculiar que ha dejado boquiabiertos a los científicos más renombrados del mundo. Esta misma hipótesis, como más adelante veremos, posee aplicaciones hacia el entendimiento de la psicología personal, por medio de lo que yo designara en el 1999 como el ADN Universal.

Pero pausemos a considerar otro conocimiento que asimismo nos resultará heurístico y útil.

La polaridad de la luz y sus efectos en la naturaleza de los compuestos químicos

Una sustancia se considera físicamente activa si puede rotar o polarizar los rayos de luz que la tocan.

La luz puede ser polarizada hacia la derecha o hacia la izquierda, de acuerdo a la composición química del compuesto. Hacia la derecha, tenemos dextrógiro y hacia la izquierda, levógiro.

Esta propiedad constituye la primera, y más conocida, de las actividades polarizadoras de la luz cuando penetran una sustancia.

En el caso de compuestos de naturalezas idénticas, pero que desvían la luz en direcciones divergentes, existe un enigma — ya que aun siendo idénticas, las sustancias no lo son. No lo son, porque que sus comportamientos químicos y físicos son diferentes.

La rotación del rayo de luz nos indica que las sustancias son diferentes, como lo son, aunque parezcan ser idénticas en su estructura — extraño, pero así es.

Estas sustancias idénticas químicamente, y diferente en como rotan la luz, se conocen como isómeros.

La tercera categoría: racémica

Racémica es una sustancia compuesta de cantidades iguales de moléculas levo y dextro rotatorias pero que es indiferente a la actividad de la luz. La luz, cuando las incide, no rota… simple.

En resumen

Repetimos: la importancia del entendimiento de la refracción de la luz es: que primero, cada sustancia, de acuerdo a su composición química, desvía los rayos luminosos hacia la derecha o hacia la izquierda. Que dos sustancias de idéntica composición, pero que orienten el rayo luminoso que las atraviesa en direcciones levógiras o dextrógiras, se comportarán como si fueran sustancias totalmente distintas. La tercera, no rota, siendo asimismo diferente.

En otras palabras que las apariencias, de veras, nos confunden…

Idénticas, sí — pero no iguales en su actividad física…

En el ejemplo de arriba. Los músculos producen D-ácido láctico cuando se contraen, y una cantidad elevada de este ácido en los músculos produce dolor y calambres. Por el otro lado, la leche agria contiene L-ácido láctico que confiere a la leche su sabor agrio y que nada tiene que ver con los tejidos musculares.

La búsqueda de la historia personal: ¿De dónde vengo? Y, hacia ¿dónde yo voy?

Las preguntas aquí formuladas forman las bases del principio de la entelequia personal del ser humano.

Careciendo de respuestas para responder a estas dos preguntas tan básicas y fundamentales, y para evitar el vacío que su falta de respuesta produce, todos inventan sus propias leyendas cuyos libretos se adaptan a la propia fantasía.

El novelista y Nóbel galardonado Gabriel García Márquez nos explica en su reciente autobiografía, como de niño, él, sin entender el porqué vino urdiendo su propia biografía — mucho antes de que aprendiera a escribir. En esa biografía basó su obra Cien Años de Soledad.

El ego, edificio frágil de nuestra personalidad

El ego es el mediador entre nuestros instintos animales, siempre en búsqueda de satisfacción y descarga, el sistema de valores ético/religiosos que nos impone la sociedad en que vivimos, y las inhibiciones que nos erige nuestra propia conciencia para obligarnos a satisfacer nuestros compromisos de índole teleológicos/morales.

Aplicación clínica

Para el terapeuta es necesario, que durante el proceso de la cura, sus pacientes expresen las inhibiciones que, reprimidas, producen los síntomas de la apatía, la ansiedad, la depresión, las distorsiones y la indecisión, que los asedian. Asistiendo al individuo en la elaboración del sistema coherente que le ayudará, en su caso, a descubrir sus orígenes universales y a aplicarlos a su vida en particular. Esa anamnesia terapéutica, de orden existencial, es un logro que todos debemos hacer — no sólo pacientes, sino asimismo como parte de nuestra vida — estemos o no en terapia.

Lo que sabemos

  • Sabemos que somos parte de un universo que provino de la nada
  • También sabemos que nuestros progenitores, nos insertaron, dándonos vida, en ese mismo universo
  • Que somos parte esencial de todas las materias inorgánicas que se encuentran en ese mismo cosmos
  • Y, que como seres vivos, también somos parte de una categoría especial, que, en nuestro caso tiene conciencia, piensa y siente
  • Que no se sabe ni cómo, ni la razón porqué esas mismas sustancias, en composiciones idénticas, en algunos son vida y en otros no lo son
  • Pero, que cuando se ensamblan como vida, como sucede con nosotros, lo hace dotándonos de módulos instintivos y natos que nos asisten a sobrevivir
  • Que esos mismos módulos natos, actuando en nuestra especie, nos impulsan a investigar, a explorar y a querer explicarlo todo
  • Que la idea de un Ser Supremo es inmanente
  • Que la idea de un Dios se asocia directamente con la idea de la importancia y el ejemplo provenientes de ambos progenitores
  • Que las simetrías y las coincidencias, son realidades transcendentales y nunca chance/ocurrencias
  • Que, si dejamos el curso de eventos en la vida discurrir sin interferirlos, que permitiremos la actividad natural de leyes físicas, con todas sus ‘sorpresas’ inesperadas, asistirnos a subsistir
  • Que podemos vivir guiados por uno de dos principios de función mental: El Principio del Placer y El Principio de La Realidad
  • Que cuando vivimos por Placer, terminamos pagando un precio ético/moral, inusitadamente elevado
  • Que si nos guiamos por el placer, como tantas, víctimas de trastornos de la personalidad, lo hacen, que nuestras vidas se tornan inútiles y vacías
  • Que para el futuro de nuestros hijos, de nuestras tribus y de nuestro planeta, tenemos que entendernos a nosotros mismos, adquiriendo un sentido de autonomía psicológica y moral
  • Y, finalmente, que nuestra historia personal, y el modo como la vivimos es sine qua non para nuestra felicidad y equilibrio emocional.

La teoría del Entrelazo

La teoría del Entrelazo, nos ayuda a colegir cómo eventos lejanos fortuitos nos afectan y nos atañen, aún a la distancia. Y cómo influir a la distancia esa comunicación con ese otro.

Los elementos levógiros y dextrógiros nos enseñan que las cosas, aunque iguales, no son idénticas.

Las simetrías y las coincidencias, acopladas al principio de la entropía, nos ayudan a sentir que estamos, quizás de manera ilusoria, ‘acompañados’, en un universo tan vasto como solitario.

De ahí se comienza a erigir la coherencia imprescindible, de nuestro pasado histórico/personal.

No olvidemos esta lección…

En resumen

El transcurso de la resolución final de los conflictos individuales es un proyecto que abarca toda la existencia del individuo, ya que, como se aprende en la evolución y en el desarrollo humano, la vida y la terapia, ambas, son proceso.

Que para vivir bien, es necesario que tejamos la fábrica de nuestros pasados en una anamnesia en la que se contengan las vidas y las memorias de los seres remotos y más próximos que impactaran del modo más decisivo en nuestras existencias.

Ese proceso nos dará la capacidad del amor y del trabajo — tal como nos enseñara Freud.

‘A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos’

(Lope de Vega 1562-1635)

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Cementerio Judío por Ruisdael.

El método científico: el deber de enseñarlo

Sábado, Octubre 24th, 2009

El método científico: el deber de enseñarlo

El método científico es parte esencial de toda civilización, profesión y agregado cultural.

Es asimismo, el grado de interés por la investigación lo que define el nivel de desarrollo de un país o de una civilización.

La persona educada dotada por una tendencia a la indagación goza del tesoro de la creatividad, amén de que disfruta de la independencia científica, curiosidad tecnológica y de pensamiento, que esta aporta.

No hay avances en la Ciencia sin Investigación. La historia de la humanidad es la suma de conocimientos adquiridos a través de los tiempos, y el progreso técnico, deviene de la interpretación racional de esa realidad.

Pero la realidad, no obstante, no es perceptible como tal sino que es representada bajo concepciones antropomórficas, en las que el modelo y la medida es el propio ser humano, como el interpretador.

Donde el hombre es la medida…

Es, mediante la evolución del concepto, y del propio lenguaje, como se va desarrollando la capacidad de interpretación, asimilando la verdad a la que somos capaces de acceder.

Debido a esto, en la historia, la adquisición de conocimientos no se hace de una forma gradual, sino que, con anticipación variable, se van preparando los diversos grados de saber: Existen en la historia sube y bajas, oscilaciones entre el saber y la ignorancia, entre el pensamiento mágico y el pensamiento científico. La consecuencia de esto es que las verdades de la ciencia van siendo revisadas paulatinamente conforme nuevos conocimientos niegan o modifican concepciones anteriores.

Éstos resumen los cambios paradigmáticos a los que Thomas Kuhn aludiera en sus obras.

Atributos esenciales del ser humano, el pensamiento y la razón, han recorrido infinidad de caminos en la búsqueda constante del saber. En nuestra civilización fue René Descartes quien elaborara las ideas básicas para hacer iluminar el camino de la razón: El Método Científico.

En el Discurso del Método (1637) Descartes enumera y explica las principales reglas que han de seguirse en la búsqueda de la Verdad en las Ciencias. Comienza así su ensayo:

‘El buen sentido o sentido común es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada cual piensa estar tan bien provisto de él, que, hasta los más difíciles de contentar en cualquier otra cosa, no acostumbran desear más buen sentido del que ya tienen…’

Reflexionando de esa manera, y para no caer en la autocomplacencia, ni en la aceptación ciega de los conocimientos de otros, llega a establecer cuatro simples principios, tan vigentes hoy como fueran entonces:

1º. No aceptar nada como cierto, es decir, no aceptar sino aquello incapaz de hacer dudar a nuestro espíritu: (La duda).

2º. Dividir todo problema examinado en tantas parcelas como fuese posible y necesario para mejor entender la cuestión: (Análisis).

3º. Ordenar todo pensamiento comenzando por lo más sencillo hasta lo más complejo: (Ordenar).

4º. Hacer siempre enumeraciones tan complejas y revisiones tan generales hasta estar seguro de no omitir nada: (Enumerar).

Con estas reglas del arte del raciocinio el individuo se enfrenta con la realidad de un problema, (observación), establece juicios entre causa y efecto, y emite hipótesis que pueden ser corroboradas o descartadas.

En resumen

Cuando tratemos de entender los mensajes semánticos que de todos recibimos, y estructurar nuestras respuestas basados en ellos.

Cuando tratemos de predecir la progresión de los eventos que confrontamos.

Cuando tratemos de influir los derroteros posibles de las coincidencias, usemos el método científico que de los filósofos heredáramos — porque sólo es así como podremos afectar de modo sensible el curso de nuestros derroteros, a menudo aciagos.

Enseñemos a nuestros hijos a ser curiosos y enseñémoslos a pensar deductivamente — es nuestro deber y obligación especial.

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Mujer científica moderna.

El erotismo fisiológico y la Neurociencia Aplicada

Jueves, Octubre 22nd, 2009

En esta ponencia deseamos abordar las dificultades que, en nuestra opinión, encontraremos si deseamos analizar psicológicamente todos los problemas que nos confrontan en nuestras vidas.

Hemos utilizado el psicoanálisis en tiempos pasados para intentar explicar ad nauseam, todos

los fenómenos — peculiares o no — que nos llenaban de curiosidad, más que nada, por no

entenderlos bien.

La taxonomía diagnóstica en la psiquiatría no diferencia en detalle muchos de los trastornos

que son indígenas a la naturaleza del ser humano — y, quizás, por extensión, a otros

géneros animales — lo que a veces, a menudo, nos confunde.

La ansiedad frente a extraños, es parte del desarrollo normativo de nuestra especie y

constituye una modalidad de nuestro comportamiento que nos asiste a evitar riesgos asumidos

con quienes nos son desconocidos. Aunque, hoy se considera como otra forma de desequilibrio

emocional — así lo dicta nuestra Biblia, DSM-ETC…

La enuresis. El destacado Profesor Richard Jenkins, la consideró un ‘evento fortuito’ de la

niñez. DSM-IV-TR, la incluye como una más de sus extravagantes categorías diagnósticas.

Existen algunos animales, cuyos comportamientos han sido, por inferencia, entendidos como


expresiones de la capacidad del altruismo que lindan en los de nuestra moralidad humana.


Este aspecto único de la conducta animal, J. B. S. Haldane lo había designado como,


‘selección de familiares’ (kin selection). Concepto que formó parte esencial del constructo


de la sociobiología de E. O. Wilson, quien lo ha repudiado recientemente, para el asombro de


muchos.


La ventaja de poder entender el altruismo animal como programa estructurado en los genes,


era que nos permitía pensar que poseemos virtudes que son favorables a nuestra supervivencia


y que éstas son programadas o instintivas.


Pero, no siempre las verdades en que se fundan nuestras teorías, permanecen inmutables.


El mundo de la ciencia cambia subrepticia y vertiginosamente. Acerca de este fenómeno


discurriremos cuando examinemos los instintos y sus aplicaciones a la conducta del ser


humano.


Lo que más adelante haremos.


Para el diagnóstico psiquiátrico, ‘DSM-ETC’, no nos ofrece ayuda auténtica, ya que, por


muchos, está siendo considerada, justificadamente, como lo que es: un arma del mercadeo de


la psiquiatría, un subterfugio poderoso en la lucha contra las constricciones impuestas por


los seguros médicos norteamericanos para no pagar por los diagnósticos psiquiátricos y un


artilugio nosológico para enriquecer a las compañías productoras de fármacos, quienes se


benefician de la introducción de medicinas para enfermedades ilusorias — la última:


prosperidad compartida y demostrada.


En su libro de aparición reciente, Shyness: How Normal Behavior Became a Sickness, autor,


Christopher Lane, relata de cómo en los años setentas del siglo pasado, un grupo de


psiquiatras norteamericanos redactó la nosología de nuestra profesión, desde sus butacas


bien ‘aceitadas’ por los intereses creados de los productores de medicinas psicotrópicas —


varios de entre ellos aún son mis muy estimados y, acaudalados, amigos, residentes de Orange


County, San Diego.


Dicho sea de paso, el libro de C. Lane y su compañero en espíritu, The Loss of Sadness: How


Psychiatry Transformed Normal Sorrow into Depressive Disorder por A. Horwitz, deben de ser


estudiados por toda persona preparada.


Los psiquiatras en cargo del DSM proyecto, se dedicaron , bajo la dirección de Robert


Spitzer en 1974, a la expansión de un librito delgado, DSM I que en los años setentas se


publicó presentado con una encuadernación humilde, con espina de espiral plástico negro, y


que pocos usaban o entendieran. Logrando una transformación dramática a la divulgación


actual de un manual voluminoso que se vende con libretos accesorios, y, que combinados, se


hacen pasar como una verdadera enciclopedia de conocimientos que no contienen. En la última


edición (DSM-IV-TR), el número de los diagnósticos psiquiátricos ha crecido


vertiginosamente. Uno de entre ellos, la ansiedad social, y otros más, sin razón


justificadora, se convirtieron clasificable dentro de la categoría de los Trastornos de la


Ansiedad y de la Personalidad.


Lo que consiste en una parodia de la realidad.


El precio para adquirir estos libros es muy alto, pero atrae a quienes, sin saber nada


acerca de la psiquiatría, como tantos psiquiatras, pretenden conocerla…


El manual se constituyó en un golpe de fortuna inesperado para la industria farmacéutica. En


una investigación soportada por memorándums secretos, Lane nos ilumina, en su libro, de la


manera y de cómo muchas decisiones diagnósticas, carentes de fundamentos, hicieron su


entrada en DSM. Mientras que nos informa de manera lúcida que DSM, habiendo transformado el


modo de cómo hoy pensamos en psiquiatría, nos ha hecho mucho daño a todos.


Basado en esas premisas y motivado por un deseo de amplificar el entendimiento básico de lo


que nos hace humanos. De lo que nos enferma mentalmente y de lo que nos diferencia de


nuestros familiares cercanos — otros simios — especialmente los chimpancés y los bonobos


— hemos decidido explorar de nuevo esta área que aún, permanece confusa, en las ciencias


del comportamiento humano.


Ciencia por computación


Los hechos acerca de la psiquiatría, como ciencia ya no los dicta DSM-ETC, ni los revelan


científicos trabajando en sus torres de marfil académicas, conduciendo investigaciones


basadas en el examen de poblaciones selectas por medio de la entrevista estructurada.


Esos métodos son asuntos del pasado.


La ciencia actual, está comenzando a ser resultado de la habilidad en el manejo de las


computadoras — si quien lo hace, sabe cómo programarlas.


En su edición de enero 14 del 2008, el importante noticiero británico, The Economist, nos


alerta de los trabajos decisivos que algunos científicos chinos han hecho en tiempos


recientes, para esclarecer los trayectos neurológicos que siguen las actividades cerebrales


de los drogadictos. Lo extraordinario aquí es que los científicos chinos lograron esta


proeza científica sin haber abandonado su laboratorio y sin conducir experimentos formales.


Lo hicieron, adecuadamente, frente a sus monitores. Siguiendo programas meticulosamente


diseñados y sometiendo los resultados a análisis rigurosos. (Véase, Going by the Book).



Cuando contemplamos estos avances y, cuando examinamos lo que hoy se considera como ciencia


y lo que se pasa como hecho científico, nos preguntamos: ¿Tenemos que asentir con todo


aquello lo que se propone como conocimientos, aceptando ideas — presumidas como doctrinas


establecidas — sin someterlas al juicio crítico? O, ¿debemos de investigarlas y derivar


nuestras propias suplencias?


¿Debemos aceptar DSM-ETC como una Biblia?


Biblia, ¿de qué? Para mí, es necesario que establezcamos una dialéctica con quienes


introducen nuevos conceptos, para corroborarlos o desecharlos, si es que estos últimos


despiertan nuestro interés.


Nuestra tesis


Aquí profundizaremos, en la esencia de tres pulsiones por todos reconocidas y, a medida que


progresamos en sus entendimientos, consideraremos asuntos relacionados a su aplicación —


que no nos son tan familiares — añadiendo elementos de soporte a nuestro estudio.


Nos ocuparemos con las actividades instintivas de las actividades siguientes:


Comer

Reproducción y

Moralidad


Aunque para muchos, ya veremos, puede que hayan más de 4,000 variedades de instintos que nos


impelen a acciones involuntarias que, a su vez, garantizan la preservación y la perpetuación


de nuestra especie, para otros son las cuatro efes en inglés: food, fight, fear y sex… Los


que nos obliga a pensar: ¿En qué consisten los instintos?



Los instintos como metáfora de enfermedad mental


Mi proposición se basa en lograr un entendimiento clínico de las fuerzas que salvaguardan


nuestras existencias y las que, vía su propagación hedonista o controlada, y haciendo uso de


las mismas para fines otros de los que la Naturaleza propuso, hoy se consideran patologías


psicosomáticas, por DSM…


Organizaremos esta lección de la siguiente manera:


Introducción al entendimiento de ciertos instintos básicos

La neurociencia del placer y del deseo (el sexo)

Comer

La moralidad (o el deber)


Instinto


En esencia, los instintos pueden definirse como una disposición inherente en un organismo


vivo hacia ciertos comportamientos. Estos comportamientos son fijos, hereditarios e innatos,


y se expresan como patrones constantes de respuestas a ciertos estímulos.


En el reino animal abundan estándares de acciones precisas que son independientes del


aprendizaje. Entre las más comunes se catalogan las actividades reproductivas, construcción


de nidos, rituales de cortejo, territorialidad, e hibernación entre muchas más.


Cualquier estímulo que provoque una respuesta automática, desencadena la acción de


mecanismos — ya dispuestos para responder — a una amenaza u otra urgencia vital. La


respuesta involuntaria está mediada a su vez por la acción de redes neurales que funcionan


vía la operación de mensajeros hormonales.


En los vertebrados superiores, grupo al que pertenecemos como especie, las glándulas


endocrinas que se involucran en nuestras respuestas automáticas se estimulan bajo la


dirección directa de las actividades del hipotálamo.


Pero, existen dinamismos de naturaleza especial — como representan el deseo de acumular


nuevos conocimientos, la inclinación a comunicar y demostrar nuestras ideas, la organización


económica, la tendencia hacia la religiosidad, o hacia la estructura política — que pueden


considerarse actividades que, siendo universales, y que aunque promueven nuestro bienestar y


adaptación no son esencialmente instintivas.


Estas últimas funciones, asimismo, se afinan por medio del entrenamiento y el aprendizaje.


Los instintos tienen antecedentes evolutivos, ya que de acuerdo con Darwin, cualquier


característica que confiere mayores posibilidades para la supervivencia y procreación será


considerada una adaptación, siendo, eventualmente, incorporada como comportamiento


instintivo por todos los miembros de una especie dada.


Lo último se conoce desde 1896 como el Efecto de Baldwin


Este constructo propone un mecanismo para la selección específica de una habilidad para


nuevo aprendizaje. Descendientes seleccionados de entre toda lechigada tendrán una capacidad


incrementada para la asimilación de nuevos conceptos, en lugar de permanecer dependientes de


las capacidades que son fijas y codificadas por lo genes. Significando que ciertos


comportamientos persistentes pueden modificar la evolución adaptiva de algunos grupos.


Mientras que otros, asimismo se extinguen, como se reconoce en el fenómeno de la adiaphoria,


o la falta de respuesta a un estímulo después de una serie de estímulos anteriores.

El ejemplo más común del Efecto de Baldwin es el de un grupo animal que, súbitamente, se


encuentra amenazado por un nuevo predador. Los individuos que incorporan más rápidamente


fórmulas para evadir el nuevo enemigo lo agregarán como conducta y luego ésta será


transmitida a sus descendientes como instinto.

Hay cierta elegancia en el concepto anteriormente descrito.

Más adelante esta teoría avanzó el entendimiento de lo que hoy se conoce como el equilibrio


puntuado.

El equilibrio puntuado es una teoría en la biología evolutiva que propone que la evolución


entre especies que se reproducen sexualmente ocurre en saltos repentinos, separados por


períodos muy largos donde muy pocos cambios ocurren.

De acuerdo a esta teoría la evolución fenotípica — la evolución de características


codificadas por el genoma — está localizada en eventos raros de ramificaciones genéticas


(cladogénesis) y que ocurre de manera relativamente rápida si se compara con los de otros


géneros de mayor estabilidad en existencia.

La definición y la aplicación de los instintos, como término, asimismo han experimentado


revisiones evolutivas como concepto. Algo que muchos no han realizado, ya que continúan el


uso del vocablo ‘instinto’ del modo tradicional.

La definición científica de instinto, hoy aceptada, y su evolución final

Como expresión, la palabra ‘instinto’ ha tenido muchos usos en la psicología y sus


aplicaciones universales han sido plétora desde Aristóteles. Sus connotaciones científicas y


su status formal se atribuyen al genio de W. Wundt quien en 1870 estableció el primer


laboratorio para el estudio de la psicología. En esos tiempos la psicología se consideraba


parte de la filosofía, pero progresivamente, el comportamiento humano y el animal hoy se


consideraran provincia del método científico y parte de la biología.

En el siglo XIX la mayoría de los comportamientos repetitivos se consideraban instintivos.


Una revisión de la literatura de entonces, dieron crónicas de 4000 instintos humanos, como


antes mencionáramos.

En 1960 una conferencia dirigida por Frank Beach, un pionero en la psicología experimental,


resultó en la restricción de la aplicación del término.

Para el año 2000, una revisión de los textos más importantes en psicología, sólo produjo una


sola referencia a la palabra ‘instinto’.

Lo que nos deja con la impresión de que cualquier comportamiento repetido puede ser


considerado ‘instintivo’. Como asimismo puede serlo cualquier comportamiento en el que


existe un componente innato pronunciado.

De acuerdo a los expertos. Para que un comportamiento repetitivo pueda ser clasificado como


instinto debe de ser:

Automático

Irresistible

Ocurrir como parte del desarrollo individual

Debe de ser provocado por algún estímulo del entorno

Debe de aparecer igualmente en todos los miembros de la misma especie

No puede ser sujeto a modificación

Y debe gobernar comportamientos por los cuales el individuo no necesita


entrenamiento.

La ausencia de uno ó más de los criterios establecidos, elimina la clasificación del


comportamiento como instintivo.

Si lo antedicho se aplica con rigor científico a nuestras conductas humanas, entonces se


puede concluir, que ninguno de nuestros comportamientos puede incluirse como si fuese


producto de los instintos.

Para nosotros, el compromiso es: que lo que de antes llamáramos instintos, hoy se consideran


fuerzas de motivación, como lo son el comer, la agresión y la sexualidad.

Para la neurociencia moderna las fuerzas de motivación que poseemos se multiplican en número


cada día, consecuencia de nuestro entendimiento más detallado de las motivaciones de otras


especies aplicadas a la nuestra.

En esencia, se argumenta que los seres humanos carecen de instintos, ya que los ‘instintos’


en nosotros, como el hambre, la sexualidad y la agresión pueden ser inhibidos y controlados


— lo que constituye la esencia de nuestro objetivo en esta ponencia.

La neurociencia de las fuerzas que nos motivan

En su libro, The Tangled Wing: Biological Constraints in the Human Spirit, Melvin Konner,


antropólogo y psiquiatra, nos ilustra, de manera exhaustiva, los procesos neurales y


endocrinos que median ciertas, sino todas, las actividades humanas resultados directas de


las fuerzas que nos motivan, de modo idéntico, cuando actúan como ‘instintos’ en otros


animales.

En esencia, nuestra capacidad para amar, para ser buenos padres, para la auto-inmolación por


causas nobles, para ser leales a nuestras parejas, para resistir, o para desear el cambio,


son actividades evolutivas y adaptivas que pueden ser modificadas por la necesidad y por la


cultura.

La actividad sexual en nuestra especie

Desde que abandonáramos la sabana y nos congregáramos en aldeas, comenzaríamos a entender


que la sexualidad en nuestra especie era algo que no se expresaba de manera idéntica a la de


otros simios.

En su libro, The Third Chimpanzee, fisiólogo Jared Diamond, describe cabalmente los aspectos


neurobiológicos de la sexualidad humana en todos sus aspectos, incluyendo la necesidad


imperiosa que tenemos de copular en privado.

¿Cómo lograríamos acatar, todos, esa noción universal? No lo sabemos.

Seleccionamos ese aspecto de nuestra sexualidad, ya que es uno que, por ‘cortesía’ del


Internet, tenemos prueba de que puede subvertirse — por los fines que sean — para que se


exhiba a millones de voyeurs en la red.

Estudiando la sexualidad en la historia del ser humano, historiadoras Reay Tannahill y


Elizabeth Abbott, nos iluminan en detalle, como asimismo lo hace Rudolph Bell, en el hecho


de que nuestras actitudes y comportamientos en este aspecto particular de nuestro desarrollo


social han evolucionado de maneras que nos sorprenden.

Los comportamientos de ascetas, abstemios sexuales, como John Kellogg y muchos otros que


considerarían el sexo como mensaje diabólico, nos conlleva a postular que ciertos


comportamientos humanos no son más que productos de nuestra biología hecha confusa por la


imposiciones del imperativo moral y nada más.

A este fenómeno — no extraño para el psicoanálisis — lo llamaría Freud la sublimación de


los instintos.

Los esposos Kellogg, Ella y John Harvey, vivieron una unión matrimonial beatífica, basada en


la abstención total de la cohabitación sexual, mientras que igualmente practicaran el


vegetarianismo y formas del ascetismo moral y físico más estricto.

Luego de 20 años de felicidad conyugal, Ella, se enfermó y duró veinte años más, viviendo


como reclusa, a quien nadie vería, hasta el día de su muerte.

¿Qué diría DSM-ETC acerca de la condición de esta desafortunada mujer?

Algunos podrán considerar que ambos padecieron de la ‘anorexia sexual’.

Un curioso detalle del comportamiento de John Harvey es que todas las mañanas uno de sus


asistentes le administraba una enema fría. Hábito estudiado por Joanne Denko, quien lo


llamara Klysmaphilia.

Para DSM-IV-TR es, clismafilia 302.9.

Para una reseña concisa de las vidas de los hermanos, John Harvey y Will Keith Kellogg,


recomendamos mi artículo, El Desayuno: ‘Comida’ de la que todos hablan y nadie sabe.

¿Podemos, entonces, presumir, sin entendimientos profundos, que existe una entidad que puede


considerarse ‘adicción sexual’? O por extensión, otra, ¿la ‘anorexia sexual’?

Hablemos del comer, otra más de nuestras fuerzas de motivación

El comer, y de cómo comemos, para el hombre ‘civilizado’ ha sido la base sobre la que


nuestra epidemia de las disorexias se asienta.

Podemos decir que el ser humano, ha sido peculiar en su modo de relacionarse con la comida,


logrando hacerla una panoplia multifacética sobre la que restan casi todos nuestros valores


como expreso en mi lectura: La Dieta Paleolítica: Paraíso Perdido.

Pero, la comida, asimismo ha sido, como el sexo, transformada en una miríada de cosas que,


inicialmente les serían foráneas.

No tenemos hoy la anorexia, sino que gozamos de la bulimia, la obesidad, el comer


compulsivo, para algunos existe la hiperorexia, y las otras patologías asociadas la


ingestión de cosas no supuestas a ser comidas.

De nuevo encontramos condiciones que van de la restricción severa de alimentos igualada con


el ascetismo, al consumo desordenado e implacable de comidas ricas en exceso.

Entonces, contamos con la moralidad como fuerza que nos motiva y con el altruismo, que


siendo destronado, ha sido relegado a ser un mero comportamiento animal.

Aunque, para muchos primatologistas, el altruismo es parte de la moralidad entre simios que,


prefieren pasar hambre, al oprimir una palanca que les proveería alimento al costo del


sufrimiento de otro mono.

Lo que nos sorprende, es que en su estado natural, no existen modelos o réplicas entre los


animales de los excesos hedonistas que caracterizan a nuestro género — como tampoco


existen las actividades de privaciones extremas que nos imponemos a nosotros mismos en


búsqueda de goles exaltados o estéticos.

Para hacer nuestro propósito más complejo, parece ser que cada día nos sorprenden nuevas


‘enfermedades’, provenidas de nuestro modo de vida.

De acuerdo al psicólogo británico Oliver James, en su nuevo libro, The Selfish Capitalist:


The Origins of Affluenza, nuestro bienestar y progreso en el mundo actual presagia más


problemas psiquiátricos futuros para la raza humana. La única especie que cuenta potentados


de la envergadura de Bill Gates entre sus miembros.

De acuerdo a James, la Organización Mundial de la Salud (OMS) predice que la depresión, como


enfermedad, está camino a convertirse en la segunda dolencia más diseminada mundialmente,


después de las aflicciones cardíacas, lo que se proyecta ocurrirá cerca del año 2020.

Por supuesto, el nombrado científico, autor de un previo volumen en este respecto, nos


alerta a que la afluencia no sólo no nos proporciona la felicidad, sino que nos hace


infelices o nos deprime clínicamente.

La moralidad

Las aplicaciones de la moralidad en el ser humano nos recuerda de la famosa Paradoja del


Cerebro de Boltzmann, basada en el estudio de la entropía en el campo de la cosmogonía.

Cada uno de nosotros es un individuo en sus capacidades e inclinaciones únicas — como


aseveráramos cuando escribiéramos acerca de la anorexia en Así Hablan los Expertos.

Todos somos especiales…

Cuando hemos saciado las demandas de nuestras necesidades básicas, otras tendencias nos


urgen a buscar su satisfacción revivida y repetida para renovar la experiencia de nuestro


placer. De esa inclinación derivan algunas de las tendencias, que últimamente descontrolan


nuestra homeostasis y nos conducen a la debacle moral que nos causa la ruina y la que


pretendemos justificar con una etiqueta diagnóstica y la prescripción de una píldora.

Ahí puede que entre el auxilio provisto por DSM-ETC.

Pregunten a los expertos…

Mientras tanto, esperen mi próxima ponencia: DSM- ETC. Razón, sinrazón, Historia: ‘El Futuro


de una Ilusión, o ¿la Ilusión de un Futuro?’…


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Pérdida de la virginidad por P. Gaugin.


La desregulación dopamínica y sus consecuencias

Lunes, Octubre 19th, 2009

El síndrome de la desregulación dopamínica (SDD), también conocido como la des­regulación homeostática hedonista, en la enfermedad de Parkinson, es una disfun­ción del sistema de recompensas, en personas que sufren de esta ultima enferme­dad, debido a la exposición a largo plazo de la terapia de reemplazo de la dopa­mina.

Se caracteriza por problemas de autocontrol, como son la adicción a las medicinas, ludopatías, o hípersexualidad.

Este síndrome es un trastorno neurológico común caracterizado por una degene­ración de las neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra y por una pérdida de dopamina en el putamen.

Se describe como un trastorno motor, aunque asimismo produce síntomas cogniti­vos y del comportamiento.

El tratamiento más efectivo consiste en el reemplazo de la dopamina, que consiste en la administración de levodopa (L-Dopa) a los pacientes.

L-Dopa es bien conocida por su efecto en la mejora de los síntomas del movi­miento, aunque sus efectos en síntomas de áreas del comportamiento y del apren­dizaje son mucho más complejos.

La dopamina se ha relacionado al aprendizaje normal de estímulos con significan­cia conductista y motivacional, además de efectos en la atención y, más impor­tante, en el sistema de la recompensa.

De acuerdo al rol de la dopamina en el procesamiento de recompensas, las drogas adictivas estimulan la descarga de este neurotransmisor.

Aunque el mecanismo exacto no se haya establecido, el papel de la dopamina en el sistema de recompensa a la adicción se ha propuesto para explicar el origen del SSD.

Modelos de adicción se han utilizado para explicar cómo la terapia de reemplazo de la dopamina produce el SSD.

Uno de estos modelos de adicción propone que durante el transcurso del uso de una droga se desarrolla una habituación a la recompensa que se produce en las etapas tempranas.

Este tipo de adicción se presume ser mediada por la dopamina.

Con la administración prolongada de L-Dopa, el sistema de la recompensa se acostumbra a su acción, requiriendo mayores cantidades de la droga.

Pero, a medida que el adicto aumenta su consumo de drogas, se produce una des­trucción de receptores dopaminérgicos en el área del cuerpo estriado que, en adi­ción actúa reforzando produce un incremento de la terapia con la dopamina.

Signos y síntomas

La compulsión cognitiva es, presumiblemente, un síntoma de SSD, caracterizado por una necesidad repetitiva de comportamientos motores como son al acapara­miento y la organización de objetos.

El síntoma más común, sin embargo, es el ansia por la medicación dopaminérgica.

De manera similar, otros síntomas del comportamiento, independientes, puedes, coexistir con esta ansia.

El ansia por la medicación, puede consistir en un impulso intenso, por parte del in­dividuo, de desear la medicación, aún en la ausencia de síntomas que indican su consumo.

Para satisfacer esta urgencia, la persona se auto-administrará dosis extras.

Cuando esto no resulta ser posible, explosiones agresivas, la simulación de sínto­mas, o el soborno — para obtener la medicación adicional — pueden, asimismo hacer su apariencia.

Comportamientos hipomaníacos, manifestándose con sensaciones de euforia, om­nipotencia, o grandiosidad, son proclives a hacer su apariencia cuando los efectos de la medicación están en su ápex.

Mientras que disforia, caracterizada por tristeza, retardación psicomotora, fatiga, o apatía, son típicas de la cesación del fármaco.

Varios trastornos compulsivos han sido descritos, incluyendo la ludopatía, los gastos compulsivos de dinero, los trastornos de comer y la hípersexualidad.

Trastornos de la conducta, en la forma de tendencias agresivas son la norma.

Las psicosis son muy comunes. El jugueteo o punding, la repetición compulsiva de comportamientos motores complejos, como son la colección o la organización de objetos, asimismo aparecen.

El diagnóstico es esencialmente clínico, ya que no existen análisis de laboratorio para confirmarlo.

Para establecer el diagnóstico, se necesitan los siguientes criterios:

  • la persona con respuesta documentada a la medi­cación, debe de aumentar la dosis para aliviar sus síntomas parkinsonianos en una manera patológica que imita un patrón adictivo.

  • la presencia de un trastorno afectivo (depresión, ansiedad, estado de hipomanía o de euforia).

  • la evidencia de un trastorno del comportamiento, ludopatía, compras compulsivas, híper sexuali­dad, agresión, o aislamiento.

  • una percepción alterada, acerca del efecto de la medicación, asimismo debe de estar presente.

Prevención

La medida principal preventiva es la prescripción de la dosis más mínima que sea efectiva de dopamina en las personas que están a riesgo.

En resumen

En esta lección presentamos evidencia adicional, para el clínico de las ciencias del comportamiento, de la necesidad de mantenerse alerta a los muchos cuadros de la conducta humana resultados de los fármacos que comúnmente se utilizan en la práctica médica.

Fin de la lección.

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Amor y dopamina.

Ángeles, demonios y cerebro…

Sábado, Octubre 17th, 2009

Investigadores en el campo de la neurociencia aplicada están empeñados en localizar las áreas del encéfalo donde se localizan nuestras pasiones más bien guardadas.

Por ejemplo, se preguntan los científicos: ¿por qué razón ser malo se siente tan bien? Por lo menos, así es el caso para muchos…

Los siete pecados capitales

La soberbia, la envidia, la avaricia, la ira, la lujuria, la gula y la pereza son clasificadas por la Iglesia Católica como los siete pecados capitales.

Los que, a pesar de sus connotaciones negativas han inspirado artistas y escritores por milenios.

En el siglo XIV Dante, en su Divina Comedia, describe los eternos sufrimientos de las almas condenadas por el Señor Todopoderoso.

Mientras que los muralistas medievales imponían la idea de la rabia divina en los fieles, pintando escenarios de diablos y demonios regoldándose luego de haber consumido la carne de los pecadores.

El mundo seguía pecando, como si nada…

Los pecados y lo que estimulan en los neurocientíficos.

Estas propensiones, consideradas flaquezas del alma, están inspirando muchas investigaciones, que hoy tratan de establecer el origen de estos comportamientos y las razones por las que no parece que nos sea fácil evitarlos.

Ya que, continuamos  cometiéndolas y, a menudo las celebramos, aun cuando expresamos que son actividades maléficas.

El uso de la exploración de resonancia magnética funcional (fMRI), que destaca áreas metabólicas activas en el cerebro, ahora permite a los neurocientíficos explorar la biología detrás  de nuestras malas acciones e intenciones.

Los pecados más deleitables envuelven los circuitos de la recompensa cerebral, incluyendo regiones evolucionarías antiguas como son el núcleo accumbens y el hipotálamo, ambas localizadas profundamente en el cerebro.

Éstas proveen información acerca de sentimientos fundamentales como son el dolor, el placer, la recompensa y el castigo.

Pero, las formas de pecado más desagradables, como son la ira y la envidia, enlistan la corteza cingular anterior dorsal (CCAd).

Esta última área incrustada en la parte anterior del cerebro, a menudo se la reconoce como la ‘detectora cerebral de conflictos’, porque es la que se activa cuando uno confronta información contradictoria, o simplemente cuando se percibe el dolor.

Los pecados más sociales de soberbia, envidia, lujuria y la ira, activan la corteza prefrontal media (CPFm) que está localizada detrás de la frente, y que asiste en formular la consciencia del ego.

La lucha para resistir la tentación y el pecado.

Mientras se lucha para resistir los actos pecaminosos, una red de de conexiones de controles inhibitorios que involucran la parte frontal del cerebro se activan para apagar el impulso de sucumbir a la tentación, reduciendo su atracción.

Mientras tanto, las investigaciones sugieren que regiones como el núcleo caudado — en parte responsable por la coordinación de los movimientos del cuerpo — suprime el impulso físico de actuar.

Parece ser que esto funciona de la misma manera si lo que se siente es una chispa de lujuria, un ataque de celos, o el deseo de propinarle un trompón a otra persona.

Los dos lados batallan entre sí: el lado diabólico vs el angelical para mantenernos libre de pecado.

El aspecto darvinista considerado

Resultaría muy drástico sugerir que la evolución nos programó para ser pecadores, pero el exceso de lujuria y la avaricia — ciertamente nos colocan en una condición precaria para negarlo — si sólo por su prevalencia en casi todas las culturas.

Muchos de estos pecados pueden ser resultado de propensiones virtuosas llevadas al extremo, piensan algunos.

Desde la perspectiva de la selección natural, se espera que el organismo coma y se reproduzca, por esa razón los hizo tan placenteros. Aunque siempre con el potencial de exceder los límites impuestos por la Naturaleza.

Obviamente, no existe un ‘centro del pecado en el cerebro’ — como localización de lo diabólico o maligno — el cual, por medio del ejercicio de la voluntad, fuéramos capaces de apagar por medio del uso de la razón.

Sin embargo, con el advenimiento de técnicas de imaginería que nos permiten vislumbrar el cerebro  y sus funciones, por lo menos, seremos capaces de adquirir alguna perspectiva acerca de nuestros malos hábitos.

Ya que con la asistencia de las nuevas tecnologías podemos contemplar los comportamientos malos de los demás y observarlos, amén de juzgarlos.

La lujuria

En los récords históricos del pecado, la debilidad de la carne — la lujuria, la gula, y la pereza, — se consideran ofensas secundarias, menos odiables y menos odiosas que los pecados de la soberbia y la envidia.

Lo que resulta siendo, para nosotros, buenas nuevas, porque estos pecados han resultado excesivamente resistentes para ser suprimidos.

En lo que respecta a la lujuria, las neuroimágines confirman que las urgencias lascivas son muy poderosas.

Viendo pornografía estimula regiones cerebrales asociadas con la recompensa, la interpretación sensorial y el procesamiento visual.

La visión de la escena pornográfica, enlista la amígdala, y el hipotálamo, áreas que se involucran en la información emocional.

Asimismo, estimula el estriado ventral, parte del proceso de recompensa, probablemente, debido a la naturaleza satisfactoria de observar estímulos eróticos.

La característica más notable de la técnica de neuroimagen de los estímulos sexuales, es que éstos estimulan el cerebro como nada más puede hacerlo.

Las respuestas despertadas son tan únicas y distintivas que, dentro del contexto experimental, es posible determinar si un hombre es estimulado sexualmente, simplemente por la visualización de su escáner en el fMRI.

Los efectos son enormes, ya que se está observando la diferencia que existe entre algo que despierta lascivia intensa, y algo que no lo hace.

A, todo esto, parece ser que la respuesta de la mujer es menos pronunciada, y nadie sabe aún la razón para que así sea.

Si la lascivia es tan poderosa, ¿cómo sería posible que pudiéramos alcanzar su control?

Como sucede con otros impulsos poderosos, nosotros tratamos de extinguir su estimulación por medio de las actividades del giro derecho, superior frontal anterior, y del giro derecho cingular anterior, del cerebro.

Estas áreas del encéfalo, forman un sistema consciente auto-regulatorio.

Esta red de conexiones nos provee con una habilidad evolutiva sin precedentes de ser capaces de controlar nuestros procesos neurales. Una proeza que no ha sido logrado por ninguna otra criatura viviente.

La gula

En la actualidad es muy difícil considerar el consumo excesivo de la comida como si éste fuese algún pecado, considerando la evidencia apabullante de que la fisiología juega un rol más importante que el papel moral en el apetito y la indulgencia.

Desde el 1999, en el Brookhaven National Laboratory se ha determinado, por medio del examen de cerebros, que la obesidad y la adicción a las drogas afectan los mismos circuitos cerebrales.

Estas vías neurales, que dependen para su función de los efectos del neurotransmisor la dopamina, se denominan simplemente como el ‘sistema de la recompensa’, pero éstas están asimismo involucradas en las funciones de la  atención, motivación, en ejecutar decisiones, y en otras actividades complejas.

Los estudios han descubierto que, ambos, los adictos a las drogas, y las personas obesas, son generalmente, menos sensitivas a los efectos de recompensa de la dopamina.

Ya estando relativamente inmune a las señales de la motivación y placer, esto los hace más propensos a procurar una sensación excitante más intensa: más comida, azúcar, o cocaína.

Estimulación excesiva insensibiliza aún más las neuronas activadas por la dopamina, y la compulsión se convierte en una urgencia irreprimible.

En algunos de los experimentos los investigadores les pidieron a los voluntarios  que llegaran al laboratorio, hambrientos.

Entonces, para ‘atormentarlos’ les pidieron que describieran sus comidas favoritas en detalle excesivo mientras que proveniente de una cocina cercana se emitían los aromas correspondientes.

Cuando estas personas fueron examinadas con un PET escáner, los científicos pudieron presenciar que las áreas de la motivación del cerebro se encendían de una manera increíble.

Partes de la corteza orbital frontal, que se involucra en el proceso de hacer decisiones, también se iluminarían.

La soberbia

En los cerebros de las personas obesas, las regiones que regulan la información sensorial de la boca y la lengua son más activas, sugiriendo que ellas perciben las sensaciones de comer de manera diferente.

Mientras que el procesamiento sensorial está elevado en muchos de estos sujetos, otras investigaciones demuestran que su repuesta a las recompensas está atenuada.

La corteza dorsolateral prefrontal (CPFdl) y otras áreas envueltas en control inhibitorio aparecen contenidas, y, mientras más gorda es la persona, mayor la merma de actividad en esta región.

El exceso de comida, reduce el control inhibitorio del cerebro.

Para los glotones, la neurociencia ofrece absolución moral a sus flaquezas.

Después de todo, Santo Tomas de Aquino aseveró que un pecado debe de ser siempre un acto voluntario, si no, no es un pecado.

Como el cerebro fue diseñado para que comamos en exceso — cuando podamos hacerlo sin ponernos en peligro de salud — para sobrevivir, esta propensión al exceso está construida dentro del encéfalo.

La pereza

La pereza como tal, no puede calificar como un verdadero pecado capital.

Nos ayuda saber que este fallo moral  se concibió originalmente como la acedia o apatía, término que significa alienación y tedio, matizado con auto-desprecio.

La acedia afectaba monjes hastiados que estaban hartos de la vida enclaustrada.

Su pecado era el alejamiento de sus obligaciones monásticas a favor de placeres carnales y personales.

Actualmente, la lasitud paralizante, hoy se percibe como un síntoma de enfermedad en lugar de un fallo moral.

La apatía es a menudo un síntoma clásico de la demencia fronto-temporal.

En este trastorno neurodegenerativo, los lóbulos frontales del cerebro se destruyen progresivamente, causando cambios emocionales, sociales y deterioro cognitivo.

Las víctimas de esta condición se tornan progresivamente aisladas.

Asimismo, la tristeza y la apatía son hallazgos prominentes en las depresiones mayores.

En el caso de la demencia fronto-temporal los síntomas son causados por células moribundas o muertas. En el caso de la depresión, la causa es desconocida.

De manera interesante, la corteza prefrontal dorsolateral demuestra un patrón de activación peculiar a ambas condiciones.

En relación a su habilidad para inhibir impulsos, esta región posee un rol sustancial en mantener la atención por periodos extendidos que son necesarios para la motivación.

La función anormal de esta región, puede estar conectada al letargo que se asocia con ambas condiciones.

Recíprocamente, la actividad de esta área puede que mantenga un freno en emociones negativas.

En algunos estudios, la depresión mejoró con su estimulación.

Teólogos, en tiempos pasados, concibieron la soberbia como la ‘reina fundamental de todos los vicios’. Así la definió el Papa Gregorio el Grande quien codificó los siete pecados capitales.

Muchos psicólogos opinan que la soberbia es una cualidad que es parte natural de la cultura occidental.

La mayoría de nosotros nos percibimos como si fuésemos más inteligentes, más divertidos, más talentosos y más atractivos que el promedio.

Esas opiniones abultadas son, a veces, necesarias para mejorar la autoestima y para protegernos contra la desesperanza.

Quienes se ven a sí mismos como son en la realidad: mediocres, gordos, poco inteligentes, poseen un chance mayor de ser diagnosticados con la depresión simple.

Para los demás, toma menos esfuerzo intelectual promoverse como siendo mejores de lo que son, que pensar críticamente acerca de sus habilidades y limitaciones.

Parece ser que el cerebro procesa la soberbia con mayor prontitud que la humildad.

Sorprendentemente, la humildad enciende los mismos centros del encéfalo que la soberbia activa. Tal vez es así, porque ambas son expresiones de la misma acción, expresada como ‘falsa soberbia’, cuando ésta se disfraza como humildad.

La ira

A pesar de que existen una cantidad enorme de candidatos para la investigación la avaricia no ha sido investigada exhaustivamente, aunque sí sabemos mucho acerca de los sentimientos de furia de quienes han sido engañados.
Nuestro odio hacia el engaño y hacia quienes nos engañan es algo que corre muy profundamente en nuestras mentes, aun, a veces, derrotando la razón y nuestros mejores intereses.

En el laboratorio, los investigadores, emplean una técnica conocida como ‘el juego del ultimátum’ para examinar nuestras respuestas a la injusticia.

Uno de dos compañeros recibe una suma de dinero diciéndole que él debe de ofrecer una cantidad discrecional de este dinero a su compañero.

Si el compañero rehúsa la oferta, ninguno de los dos puede quedarse con dinero.

En base de lo racional, el compañero debe aceptar cualquier no-cero oferta que se le haga, ya que recibiendo algún dinero es mejor que no recibir nada.

Pero, cegados por el sentido de lo que ‘es justo’, la mayoría de los voluntarios rehúsan toda oferta menor de un 20% de la suma total.

Tiene sentido que seamos tan sensitivos a ser engañados.

La supervivencia de los mamíferos depende últimamente de la habilidad de formar nexos sociales, y la justicia equitativa es un mensaje social de gran importancia.

Tratamiento injusto puede constituir una indicación importante de que no somos valorados dentro de nuestro grupo, así que hay que estar en alerta.

En respuesta a ofertas injustas, el cerebro activa los mismos procesos de detección del dolor. Pero, asimismo involucra la ínsula, un área involucrada en emociones negativas como la ira, el disgusto, o los sentimientos de rechazo social.

El cuadro que resulta es el siguiente: el cerebro sopesa una respuesta emocional (el deseo de castigar a quien nos engañó) contra la respuesta lógica (el deseo por obtener el dinero).

El regodeo a la vista de las miserias ajenas es otro sentimiento común

No se ha establecido con certeza cuáles son la áreas del cerebro que responden a estas percepciones, pero se cree que éstas están involucradas con los centros de la recompensa.

La envidia

Es la más social de todas nuestras faltas.

Nos molesta ser testigos de los éxitos ajenos, del vehículo costoso que el otro maneja, de su capacidad de adquirirlo todo, de su inteligencia, de su enorme belleza, de todo lo que le favorece.

Como tal, sus funciones son difusas en el cerebro, asociándose profundamente con aéreas que detectan el dolor y el auto preservación.

La envidia es amenaza y es dolor a la vez.

La ira

Puede que no haya sido parte del pecado original, pero la ira es sin dudas, un afecto primordial.

En los seres humanos la ira enlista las áreas que nos alertan a situaciones conflictivas, que a su vez, involucran las partes que nos hacen prestar atención.

Mientras mayor es la ira, mayor es la actividad cerebral que la acompaña.

Algunas personas son más dispuestas a enfurecerse que otras. Todo depende de cuan activo el hipocampo, centro de las memorias, se apreste a responder.

Pero, antes de concluir, debemos recordar que el virtuosismo mismo, tanto como el altruismo y la abnegación, son actividades complejas que son instintivas, y que, a su vez, han provisto nuestra especie con un modelo histórico de ascendencia moral que las neurociencias aún no pueden explicar.

Quizás para algunos es más placentero ser honestos que ser perversos.

Pregúntenles a los psicópatas del mundo.

En este blog hemos presentado un esquema de las avances de las neurociencias en establecer cómo se activan nuestros cerebros durante sus labores rutinarias.

Más información pude obtenerse visitando monografías.com donde están disponibles numerosos artículos de naturaleza erudita al respecto.

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Amor de madre.

La glía…

Viernes, Octubre 16th, 2009

Algunas de las palabras que usamos comúnmente para significar algo familiar son términos poco apropiados. La palabra influenza viene del italiano donde se refiere a la influencia que antes creíamos que las estrellas ejercen en nuestra salud.

Exploradores europeos en búsqueda de una ruta alternativa que los llevarían a la India terminaron descubriendo el Nuevo Mundo, decidiendo llamar a sus aborígenes ‘indios’.

Los neurocientíficos gozan de sus meteduras espectaculares de pata.

A mediados del siglo XIX los histólogos descubrieron células en el cerebro que no eran como las otras neuronas — las últimas, las células activas del encéfalo — llamándolas ‘glías’, la palabra griega por pegamento.

Y, a pesar de que la masa encefálica contiene más de un trillón de glías — diez veces más que las neuronas — la creencia era que esas células no eran más que un soporte pasivo para ese órgano.

Hoy sabemos que esta idea está totalmente equivocada.

En este artículo vamos a conocer el olvidado 90% de las células cerebrales, tratando de elucidar sus funciones.

Las glías, de hecho son estructuras versátiles, que guían el desarrollo del cerebro y que lo sostienen durante nuestras vidas. Estas células asimismo ‘escuchan’ a sus vecinos y se comunican en un lenguaje químico propio.

Los neurocientíficos aún no entienden el idioma de las glías, pero se sugiere que éste forma parte de la conversación neurológica que ocurre a medida que aprendemos y formamos nuevas memorias.

Si existe algo a qué culpar por la impresión errónea que existe acerca de estas células, ese algo, es la electricidad.

El fisiólogo del siglo XIX Luigi Galvani, descubrió que si él tocaba con un metal electrificado, el nervio expuesto en una pierna de rana, que la pierna se estremecía.

Galvani y otros, demostraron que el pulso eléctrico leve que se movía a través del metal era responsable.

Por dos mil años médicos y filósofos habían tratado de entender los ‘espíritus animales’ que movían el cuerpo, lo que Galvani lograra por serendipia: Él había descubierto que esta energía era la misma que reside en los relámpagos.

Por los siguientes doscientos años, los científicos lograron obtener un entendimiento más preciso del modo cómo las señales de estas células actúan.

Veamos

Cuando la punta al fin de la estructura de una célula nerviosa, o neurona, es estimulada,  un impulso nervioso se descarga viajando hacia el cuerpo de la célula.

Otras ramas pueden enviar impulsos separados al mismo tiempo.

Entonces, el cuerpo principal de la célula nerviosa transmite esos impulsos a una rama emergente o axón, que se divide en numerosas ramas, cada una de las cuales casi toca las otras neuronas.

El espacio ligero que existe entre dos neuronas se llama la hendidura sináptica.

La neurona que envía la señal, descarga sustancias químicas dentro de este espacio, mientras que la neurona recipiente de la señal, absorbe algunas de estas materias, iniciando una nueva pulsión eléctrica.

Todas las neuronas poseen ciertos atributos característicos: axones, sinapsis, y su habilidad de producir señales eléctricas.

Pero, a medida que los científicos observaron piezas de tejido cerebral bajo el microscopio, ellos descubrieron otras células que no se amoldaban a este patrón.

Cuando se las atravesaban con electrodos, éstas no producían pulsos eléctricos.

Si, la electricidad era el lenguaje de los pensamientos, entonces, esas células eran mudas.

Rudolph Virchow acuñó el término glía en el 1856, y desde entonces, y, hasta muy recientemente, estas estructuras fueron tratadas como habitantes pasivos del cerebro.

Sin embargo, algunos neurocientíficos realizaron que ésta podría ser una suposición precipitosa.

El investigador, pionero en este campo de la ciencia, Santiago Ramón y Cajal, ganador del Premio Nobel del 1906, y propugnador de su famosa doctrina de las neuronas — la teoría de que las neuronas son las unidades fundamentales del cerebro — no creyó que las glías eran necesariamente pegamento.

Acerca de esto reflexionó de la siguiente manera: ‘este constituye un misterio que puede que permanezca irresuelto por munchos años, hasta que los fisiólogos encuentren la manera de atacarlo’.

Actualmente, el misterio de la glía está, en parte, resuelto.

Los biólogos saben que éstas aparecen en varias formas.

Una clase, conocida como la glía radial, sirve como andamiajes al cerebro embrionario. Las neuronas, en desarrollo, ascienden esas estructuras — que aparentan ser postes del alumbrado — para llegar a su destino final.

Otro tipo, llamada la microglía, representa el sistema inmune del cerebro.

Estas últimas patrullan la foresta neurológica en búsqueda de escombros de células muertas o dañadas.

Una tercera categoría, conocidas como las células de Schwann u oligodendrocitos, forman mangas aisladoras alrededor de las neuronas para evitar que los impulsos eléctricos se disipen.

Pero, mientras más los científicos analizan las glías, lo más versátiles estas estructuras los impresionan con sus múltiples funciones.

La microglía no sólo mantiene el cerebro limpio, estas células asimismo recortan los puntos desgastados al fin de las ramas de las neuronas para mantener funcionales sus conexiones.

Los oligodendrocitos y las células de Schwann, amén de proveer aislamiento para las células que éstas protegen, éstas asimismo provocan la producción de nuevas sinapsis entre las neuronas.

Y, una vez que las glías radiales terminan su misión de asistir las neuronas en su movimiento alrededor del cerebro en desarrollo, éstas no mueren. Éstas se tornan en otra clase de glía, llamada los astrocitos.

Sí estas células gliales, llamadas los astrocitos fueran capaces de procesar información, este descubrimiento añadiría un factor al entendimiento de la capacidad computacional del cerebro.

Los astrocitos se reconocen por sus proyecciones morfológicas estelares, que se expanden en todas las direcciones. Estas son las más abundantes de todas las células cerebrales.

Un solo astrocito puede engolfar con sus proyecciones, más de un millón de sinapsis celulares.

Los astrocitos también se fusionan entre ellos, construyendo canales a través de los cuales moléculas pueden movilizarse de una célula a otra.

Todas estas conexiones ponen a los astrocitos en una posición envidiable para influir en todos los aspectos funcionales del cerebro.

Estas células, asimismo, poseen receptores que pueden captar una variedad enorme de neurotransmisores, lo que significa que pueden sobre oír la ‘conversación’ bioquímica que ocurre en su proximidad.

Sin embargo, y, por mucho tiempo, los neurocientíficos no pudieron encontrar ninguna evidencia de que los astrocitos respondían a los estímulos provenientes del entorno.

Finalmente, en el 1990, la neurocientífica, Ann Cornell-Bell, en la Universidad de Yale, descubrió lo que aparentara ser la solución a este problema.

Pareció ser que los astrocitos, como otras células nerviosas, pueden reaccionar a los neurotransmisores, pero, que, en su lugar, estas células, generan olas de iones cargados de calcio.

El calcio proviene de paquetes sellados que existen a través de los astrocitos mismos.

Cuando células estimuladas abren forzosamente, los paquetes de calcio que se encuentran dentro de los astrocitos, los neurotransmisores, a su vez, desencadenan la apertura de otros paquetes por todas partes de las células

Los astrocitos, entonces, almacenan los átomos de calcio dentro de sus reservas, para dejarlos salir, cuando se estimulan de nuevo.

Cornell-Bell, determinó que una onda de esta actividad que se originara en un astrocito, podía extenderse a otros astrocitos.

Varios grupos de investigadores igualmente establecieron que los astrocitos mismos descargan neurotransmisores potentes.

Estos pueden producir glutamato –– que excita las neuronas, de manera que éstas son más dispuestas a responder a una señal proveniente de otra neurona — y adenosina que puede aumentar la sensibilidad neuronal.

Para muchos de los neurocientíficos estos descubrimientos son parte del puzle que ellos están coordinando juntos acerca del cerebro como lo conocemos.

Lo que nos queda es poner el rompecabezas en su propia perspectiva.

En resumen

Las neurociencias adelantan en tratar de elucidar el misterio de nuestras vidas…

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Mujer talentosa.

Casandra: O haciendo la paz con nuestro pasado

Viernes, Octubre 16th, 2009

Hoy empezaremos evocando una de las tantas figuras que enriqueciendo la mitología, han enriquecido nuestras vidas.

Casandra, la profetisa silenciada

Hija de Príamo y Hécuba, reyes de Troya. Según una versión mitológica, Casandra y su hermano gemelo, Héleno poseían dotes adivinatorias por haber sido lamidos por una serpiente. Otra versión nos dice que Casandra se ofreció a Apolo a cambio del don de la profecía, pero cuando esto le fuera concedido ella lo rechazó, por lo que Apolo se vengó escupiéndola en la boca. Lo que significaría en que, a pesar de ser una gran adivina, nadie creería sus vaticinios.

El uso de la metáfora y el entendimiento de la mitología fueron unas de las avocaciones del padre del psicoanálisis.

En el léxico germánico vigente, existe una torpe expresión que carece de equivalente en cualquier otro idioma, Vergangenheitsbewältigung, que significa confrontar nuestro pasado para hacer paz con el mismo.

Su introducción al lenguaje de Alemania, país traumatizado por épocas cargadas de memorias atormentadoras, obedeció a los deseos de muchos intelectuales, periodistas, y, políticos que insistirían en que confrontar verdades desagradables llenaría una necesidad tanto moral como indispensable para su país.

La palabra es larga, pero la intención es noble…

Prosigamos

Como resultado, esta expresión torpe, se ha vuelto parte de lo vernáculo en toda literatura en la Alemania actual.

Haciendo paz con el pasado: Vergangenheitsbewältigung

Largo, difícil, y arduo — es el esfuerzo de hacer paz con nuestro pasado — cuestión ésta, que asimismo constituye el propósito esencial de toda terapia basada en la técnica del psicoanálisis.

El caso de Pía

Pía, la octava de once niños, nació en Angola, en el África Occidental, a mediados del siglo XX — durante los años precarios de la Guerra Fría (1940’s – 1990’s).

Su historia es extraordinariamente heurística por ello la utilizamos en esta ponencia como base del entendimiento de algunos aspectos de la terapia psicodinámica. Lo que esperamos lograr, como Freud nos enseñara, omitiendo datos que pudiesen revelar su identidad.

El pasado de Pía en una granja remota

Desde temprano, la jovenzuela intuiría que ‘secretos’ eran algo esencial en la estructura de su familia singular.

A pesar de tener casi una docena de hijos, sus padres vivirían separados, lo que nadie entendiera. La madre, solamente permitía que el papá hiciera una ocasional visita al santuario de animales salvajes — dentro del cual la familia residiera — en un espacio de la selva, que excavaran, no muy distante de la capital de Luanda.

Cuando la guerra de liberación comenzó en el año 1960, la familia se distanciaría más aún del mundo circundante, lo que coincidiría con el principio de la épica individual y traumática que esta joven mujer estaba destinada a sufrir.

La niñez de Pía fue caracterizada por lo que ella, estoicamente, describiera como una época de ‘estabilidad inestable’. ‘Todo lo que me pasara en mi vida de niña, nunca seria constante, y todo lo que recuerdo de algún significado ha sido siempre contradicho por mis hermanos y hermanas, en quienes nunca he confiado y, de quienes nunca he dependido. Fue así — aunque dos de mis hermanas, fríamente, me criaron — mientras que yo hiciera lo mismo con mis últimos dos hermanos’.

‘Recuerdo vívidamente los diferentes rugidos de los leones que se acercaban a nuestra vivienda día y noche. Reconocería sus bramidos, sabiendo si estaban hambrientos o saciados. Una que otra vez, cuando saliéramos a jugar, no lejos de la casa, encontraríamos los vestigios de animales que los leones habían comido. Más que miedo, lo que sentiríamos era una confusión indecible, ya que nadie nos advertía que salir a jugar en donde habitaban las fieras era inoportuno y arriesgado. Fue como si a nadie le importara si pudiéramos caer víctimas de las fieras salvajes’.

Un interludio técnico de necesidad para el entendimiento de nuestra tesis

El concepto de las memorias de pantalla

Una memoria de pantalla — como puede igualmente suceder con el olvido y la amnesia, de acuerdo a la teoría del psicoanálisis — es un compromiso entre elementos psicológicos reprimidos y las defensas erigidas contra ellos. A paradoxical feature of recollections of this kind is they are less childhood memories than memories about childhood, characterized typically by their singular clarity and the apparent insignificance of their content. Una extraña característica de este tipo de memorias es que son menos añoranzas de infancia que recuerdos soslayados acerca de la misma. Cuando surgen en la terapia, se caracterizan por su claridad y por la aparente irrelevancia de su contenido. Important facts are not retained; instead, their psychic significance is displaced onto closely associated but less important details. Hechos importantes no se recuerdan como tales, sino que son distorsionados en su esencia, apareciendo como elementos desplazados, subsidiarios a una recolección especial, a veces incongruente en su contenido o aspecto.

The notion of screen memories was first presented by Freud in his paper so named (1899a), an extension of his work on mnemic symbols and the recollection of trauma in hysteria, a paper written as he was beginning to develop the idea of unconscious fantasy.El concepto de las memorias de pantalla fue introducido por primera vez por Freud en un artículo llamado Pantalla de los recuerdos (1899). Esta contribución representaría una extensión de sus trabajos en los aspectos inconscientes de símbolos, y la evocación del trauma de la infancia en la histeria. En este documento es, precisamente, donde Freud comienza a desarrollar la idea de las fantasías inconscientes. Later, he concluded that such memories, so long as one knew how to interpret them, supplied the best available source of knowledge about the “forgotten” childhood years (1914g, p. 148).

Más adelante, Freud concluiría que esos recuerdos ofrecían la mejor fuente de conocimientos acerca de las memorias reprimidas del pasado. Any memory could be a screen memory inasmuch as one aspect of it screened out something unacceptable to the ego. Añadiendo que toda memoria puede ser una de pantalla, en la medida en que ésta puede representar una visión inaceptable para el ego.

In the “Project for a Scientific Psychology” (1950c [1895]), Freud told of Emma, who attributed her phobia to an insignificant scene recalled from adolescence while repressing a more important childhood event.En el Proyecto de una psicología científica, Freud afirmó que la paciente, Emma, quien atribuyó su fobia a una insignificante escena que ocurriera durante la adolescencia, incorporaba una experiencia que provenía de la infancia. The scene from adolescence, described by Freud as pseudos , was in effect a screen memory serving to negate the unacceptable fact of the traumatic seduction of a child by an adult, the memory of which was transformed into age-appropriate amorous feelings of adolescence (pp. 352-54). La escena de la adolescencia, por Emma descrita, resultó en realidad siendo una memoria de pantalla que sirvió para ocultar el hecho inaceptable de la seducción traumática que sufriera a manos de un adulto, cuando era niña. Esta memoria, por medio de la represión y el desplazamiento, se transformó en sentimientos amorosos típicos de la adolescencia, a los que atribuyó su fobia. Freud clarified his notion of the defensive and idealizing falsification of memories in his account of the “Rat Man” case, where he noted “that people’s ‘childhood memories’ are only consolidated at a later period, usually at the age of puberty, and that this involves a complicated process of remodeling, analogous in every way to the process by which a nation constructs legends about its early history. It at once becomes evident that in his phantasies about his infancy the individual as he grows up ” endeavours to efface the recollection of his auto-erotic activities ” (1909d, p. 206n). The adolescent’s memories concerning his or her childhood thus sought to negate an infantile sexuality incapable of oedipal victory and replaced it with more heroic ideas by means of a process that Freud compared to the creation of legends and myths.

Retornando a Pía

Cuando la inestabilidad política se hiciera sentir por toda la sufrida nación de Angola, la joven mujer de catorce años, ya víctima del abuso sexual a manos de Mariano, un ‘fiel’ empleado de la familia, decidió escapar, afiliándose a un grupo de agitadores que se ocupaban de imprimir y distribuir propaganda contraria a la presencia de los rusos y de los cubanos en el suelo natal.

Fue durante ese aciago período cuando dos eventos cruciales ocurrieron para ella, en estrecha sucesión. Escapar la zona de guerra, para salvar la vida, en un avión tan destartalado, que casi no pudo completar el vuelo de huida hacia Congo y la llegada de su primer período menstrual sin tener alguien cercano con quien compartir la singular experiencia.

Vida en el Congo, tampoco resultó feliz. Las autoridades congolesas, pronto tornaron la fugitiva juvenil a un grupo de monjas portuguesas que le proveyeron salvoconducto y viaje a Lisboa, lugar donde Pía residiría por un tiempo con un hermano mayor, quien era un virtual desconocido para ella.

‘Mi hermano y su esposa me maltrataban dándome golpes y acusándome de ser ladrona y promiscua’. ‘António, mi hermano, era un hombre enorme. Me recordaba de Mariano, el empleado de la hacienda — también enorme — quien forzaba su órgano en mi boca. Desde entonces, siempre he temido los hombres que son muy grandes. Mi pobre hermano — ya muerto — era uno de esos hombres’.

Cuando cumpliera los dieciocho años, pudo salir de Portugal, trasladándose a la Gran Bretaña, donde, trabajando como au pair, logró terminar sus estudios de bachillerato, tomando algunos cursos en psicología.

Cuando hiciera un intento de suicido, luego del asalto sexual que sufriera a manos de un profesor, fue admitida, brevemente, al Hospital Maudsley donde seguiría tratamiento en los servicios ambulatorios.

La aventura continúa

Otra vez Pía sale embarazada, pero esta vez obtiene un aborto. Más adelante se involucra con una pandilla de marroquíes, traficantes de drogas, lo que le permite ahorrar el dinero necesario para escapar a Bélgica donde conoce un hombre muy mayor que, enamorándose de ella, le ofrecería la estabilidad de un matrimonio de conveniencia.

Muy pronto enviudó, sin haber procreado con su marido, descubriendo que era lesbiana.

Habiendo encontrado estabilidad con una pareja de nacionalidad rusa que la acogió en su hogar en los Estados Unidos, se asentó temporariamente en la comunidad rural de Grinnell en el estado de Iowa.

Ya en Iowa, terminó sus estudios en psicología, trasladándose a Saint Louis, donde comenzara un análisis formal.

El análisis, desde su comienzo tomaría la característica de sesiones elaboradas e intelectualizadas, como si fueran colaboración entre colegas, ya que la nueva psicóloga había adquirido muy buena reputación entre la comunidad gay lesbiana y se ocupaba, con mucho éxito de mujeres que sufrieran de patologías asociadas con la función de comer.The key reference here nevertheless remains “Screen Memories” (1899a).

La resistencia interpretada, de que ella vino a ser analizada y no a discutir sus casos clínicos, no bastó para cambiar el curso intelectual de la terapia.

Las resistencias se componían por un ‘apagón’ de sueños. Antes de empezar la terapia, la paciente admitiría que tuviera una rica vida de fantasías oníricas, pero ésta cesó de manera abrupta con el comienzo del tratamiento.

La paciente se constituyó en un caso típico del escape vía la salud.

Después de una interrupción programada por razones profesionales. Pía retornaría a la terapia, anunciando que había descubierto un hombre que la introdujo al estilo de vida bisexual. Comunicando que tenía planes para desposar su nuevo amor en muy poco tiempo, solicitando la presencia del terapeuta como testigo de la boda.

La luna de miel concluida, la terapia terminó por mutuo acuerdo.

Tres años más adelante, la paciente regresó diciendo: ‘Tenemos que continuar desde donde nos detuviéramos…’

Comenzaría la terapia compartiendo detalles de su vida matrimonial y de su vida actual. Debido a que su pelvis fuera muy angosta, su bebé, Mara, que apenas cumpliera dos años, nacería por cesárea. Pero era niña normal con quien los padres estaban felices.

Lo que la trajo a la terapia de nuevo fue que comenzaría a sufrir de pesadillas recurrentes que le robaban de todo sosiego.

Para esto, un psiquiatra amigo, a quien consultara extemporáneamente, le recetó Duloxetina, asumiendo que Pía sufría de depresión puerperal. Pero, como ella no sentía depresión en el sentido clínico, descontinuaría, de manera abrupta, el uso del fármaco, lo que resultó en síntomas del síndrome de abstinencia, que persistieron por algunas semanas.

El retorno de Pía a la terapia

Desde su inicio, la terapia, por acuerdo mutuo, se redujo en frecuencia, abandonando, la paciente, la posición analítica clásica.

Los temas que surgieron desde principio del tratamiento parecían ser de índole existenciales:

· Pía, no sabía si de verdad podía abandonar totalmente su orientación lesbiana, permaneciéndole fiel a un marido — quien ella entendiera que había retornado subrepticiamente a una previa relación homosexual

· No estaba del todo satisfecha con su labor de psicóloga/terapeuta, ya que no veía ni resolución ni conclusión al tratamiento de muchas de sus pacientes, lo que la desalentaba

· Odiaba al director de la clínica, porque este era un hombre ‘enorme’, como lo fueran su hermano y el trabajador que a ella, de niña, la abusara

· Persistía en un pensamiento recurrente que le pareciera obsesivo: ¿A dónde voy, de dónde vengo? Y, ¿dónde queda mi hogar?

· Se sentía como persona incapaz de hilvanar el pasado congruente de su vida, y de cómo hacerlo parte continua del presente, proyectándolo en el futuro

· Se sentía atraída por una mujer que servía un internado en la clínica en que ambas trabajaban, temiendo en que iban a tener un affaire

· Estaba muy confusa

El sueño trascendental del caballo

Pía no sería ‘el pequeño Hans’ de quien Freud escribiese. Pero, para ambos pacientes, y por circunstancias distintas, la fantasía involucrando un caballo, ocultaba memorias intolerables.

Primero, recordemos a Hans

Esta publicación, que hace época, apareció en el 1909 como el estudio del primer caso, en el cual el material clínico proviene directamente del tratamiento de un niño. Para Freud, este caso serviría el propósito de darle soporte a sus teorías de la sexualidad infantil, ideas que ya hubiese avanzado San Agustín en sus Confesiones. El tratamiento fue considerado poco convencional ya que el terapeuta sería el padre del niño bajo la ‘supervisión’ del mismo Freud.

El pequeño Hans, niño de apenas cinco años, suministró detalles convincentes que dieran soporte a muchas de las afirmaciones teóricas que Freud avanzara en Tres Ensayos Acerca de la Teoría de la Sexualidad, trabajo que, cuando se publicara en el 1905, se considerara escandaloso.

El papá del niño, Max Graf, ya había enviado a Freud algunos reportes acerca del interés precoz que el niño exhibiera en asuntos sexuales, y de la curiosidad exagerada que manifestara acerca de su propio cuerpo y de los de quienes lo rodeaban. Interés que centraba especialmente sobre las diferencias anatómicas entre los sexos.

El tratamiento comenzó cuando Hans, repentinamente desarrollara una fobia, como expresión de una neurosis infantil.

La fobia se expresaba por un miedo de que, de salir de la casa, un caballo lo mordería.

El curso de este ‘análisis’ asimismo documentaría para Freud los elementos contenidos en la fase fálica-edípica del desarrollo psicosexual. Evidentes en el material obtenido fueron la gran importancia con que el niño valoraba su pene como fuente de placer, el amor que tuviera hacia la mamá y la gran ambivalencia que sintiera por el progenitor del mismo sexo.

Fenómenos que, sumados, forman la estructura del Complejo de Edipo, concepto básico del análisis Freudiano.

Para Anna Freud y sus seguidores, el estudio de este caso daría comienzo a sus investigaciones en el psicoanálisis infantil.

Pía retorna

La terapia adquiriría una dirección inesperada, cuando Pía comenzara a fumar de nuevo, a ganar de peso — algo que la preocupaba mucho — y a comenzar una liaison con la compañera de trabajo a quien antes mencionara.

Una mañana arribó a la terapia vestida como si fuera una hippie y luciendo muy animada.

Comenzó la sesión diciendo que había tenido un sueño muy vívido la noche anterior, sueño que tendría dificultades relatando por su contenido sexual.

Sin requerir que el terapeuta la alentara, narró el sueño:

Se encontraba en la proximidad de la casa en que, de niña, viviera. Entró en el establo donde alojaban algunos caballos. Se aproximó a uno que tenía una erección típica y se quedó arrobada contemplando el tamaño y las oscilaciones del pene del equino.

Describió, con entusiasmo, lo mucho que le impresionaran los penes de gran tamaño, especialmente si éstos hacían vaivenes. De pronto, sintió sofocarse en medio de su relato y, sin preámbulos, salió disparada, agarrándose la garganta para ir a un cuarto de baño cercano.

Volvió del baño con la cara empapada en agua, sacudida y temblorosa.

‘Eso fue lo que me pasó. Mariano, una vez, me hizo arrodillarme y me forzó a que se lo chupara. Yo tendría unos cuatro años. Desde el suelo, su cuerpo parecía enorme, como una torre. Como el de mi jefe. Se descargó en mi boca y me obligó a tragarlo…’

‘¡Yo lo odio, como odio a mi hermano, como odio a mi jefe y, como odio a los hombres que son agresivos!’

‘Esa memoria es algo que nunca he podido recordar hasta que aquí lo hiciera esta mañana…’

En resumen

La neurociencia nos enseña que la ruta que conduce a la formación y preservación de nuestras memorias está señalada por la manera en que están alambrados nuestros circuitos neurales en el cerebro.

Lo que la neurociencia no ha logrado explicar, con certeza, son los mecanismos que transforman nuestras vivencias, incidiendo en esos mecanismos neurales, logrando afectar sus funciones, y negándonos acceso a algunas memorias como lo hicieran en el caso de Pía, y como lo hace en casos del estrés post traumático o cuando se transforman en síntomas neuróticos como sucede en las fobias.

Freud, por su parte, nos ilumina el sendero cuando hace de las memorias reprimidas experiencias accesibles a través de la interpretación del simbolismo de los sueños.

En este caso, y en el del pequeño Hans, las memorias que produjeran los síntomas, impedían, al niño, continuar la progresión de su desarrollo psicosexual. En el caso de Pía, interferían con su habilidad de hilvanar su vida emocional para integrar su pasado, presente y futuro, de manera coherente y sin amnesias de eventos traumáticos aun no resueltos.

Esta lección, asimismo, soporta otra modalidad terapéutica y racional de enfocar experiencias traumáticas reprimidas.

BibliographyImagen

El sueño por Henri Rousseau.

Progreso en los trastornos de comer (2009): La neurociencia, la genética y la Clínica

Lunes, Octubre 12th, 2009

Lo nuevo en el campo de nuestras ciencias.

Craig Venter está en el umbral de crear la primera vida humana en su laboratorio, un hecho que — a pesar de sus críticos — los inquisidores del siglo XXI, significa mucho para nuestro mundo — víctima del despojo de sus recursos y de una explosión demográfica tan irresponsable como evitable.

Los mayores avances que se han logrado en los últimos años en el entendimiento de nuestros procesos fisiológicos y en la aplicación de esos conocimientos a nuestras enfermedades provienen de dos disciplinas interrelacionadas: La genética y la neurociencia.

Debido a la enormidad que representaría una revisión de todos los avances este año que ahora concluye, nos limitaremos a los que, quienes leen nuestras columnas, buscan en las mismas.

Comencemos con las aplicaciones de algunos de los desarrollos recientes en el campo de la gordura y el sobrepeso — que no son, exactamente, lo mismo.

Casi todos los procesos que regulan el funcionamiento del organismo están dirigidos por hormonas y neurotransmisores. Para el control de lo que comemos, la leptina, descubierta en 1994 y con propiedades supresoras del hambre, fue la primera que se aisló de estas sustancias. Cinco años después fue descrita la ghrelina, una hormona con efectos opuestos, ya que aumentaba el apetito y la acumulación de peso. Los trabajos más recientes están centrados en otra sustancia de aparición reciente, la melanocortina, cuya función es similar en acción a la leptina.

Todas estas investigaciones han sido conducidas en el laboratorio — de manera exclusiva, con el uso de animales experimentales, especialmente roedores.

Un estudio que publica la revista Science revela la existencia de una nueva hormona denominada obestatina que viene a completar este ‘póquer molecular’ implicado en el control del peso y de la ingesta de alimentos.

La investigación, realizada en la Universidad de Stanford en Palo Alto CA, ha aprovechado la información contenida en el genoma humano y en el de otras especies, para que, mediante técnicas de análisis bioinformático, descubrir casi simultáneamente la existencia de esta nueva molécula, describir sus efectos y el receptor sobre el que, supuestamente, ésta actúa.

Según el endocrinólogo Aaron Hsueh, autor del estudio, ‘la obestatina puede tener potencial como fármaco supresor del apetito y por tratarse de un pequeño péptido podría ser administrada mediante inyecciones o incluso por inhalación nasal’. Esto la haría candidata para el tratamiento de la obesidad en la rata. La clave aquí, es que el potencial es virtual, porque aun no se ha corroborado. De todos modos, Hsueh, mismo, ha advertido que la hormona aún no ha sido estudiada en personas y que sólo se ha investigado en ratones — Of Mice and Men…

Siguiendo los pasos de Darwin

Los investigadores se centraron en las hormonas peptídicas, caracterizadas por ser proteínas de pequeño tamaño, fáciles de fabricar en el laboratorio y de administrar a los futuros pacientes. Este tipo de mensajero trasmite sus impulsos a las células a través de una clase de receptor conocido genéricamente como receptor acoplado a la proteína G (RAPG).

De los 300 RAPG que existen en el genoma humano se seleccionaron aquellos para los que no se conocía ninguna hormona y de entre estos, los 30 que, de acuerdo a los investigadores, tuviesen más probabilidades de corresponder a una hormona peptídica — basándose en el análisis evolutivo de diferentes especies, no contando la nuestra.

El siguiente paso fue identificar la hormona correspondiente a cada secuencia genética. Para ello, de nuevo recurrieron a las teorías evolucionistas, centrándose sólo en secuencias del genoma que hubiesen perdurado sin modificación durante millones de años, es decir, presentes en animales simples de crías mamíferas. El razonamiento detrás de esta estrategia es que las zonas del genoma que permanecen invariables corresponden a moléculas con gran valor de actividad biológica.

Pues bien, en la misma secuencia genética de la hormona ghrelina encontraron otra porción de ADN que codificaba la producción de una proteína que los investigadores denominaron obestatina. El siguiente paso fue demostrar si, más allá de la investigación sobre el genoma, efectivamente existía esta proteína en animales cautivos.

Los investigadores aislaron efectivamente la presencia de obestatina en el estómago y cerebro de ratas. Para evaluar los efectos de esta nueva sustancia la inyectaron en el abdomen y en el sistema nervioso de estos roedores. En ambos casos se comprobó que la administración de obestatina era capaz de suprimir la ingesta de alimento, sin cuantificar si el hecho de haber recibido una inyección intraperitoneal era relevante al hallazgo — así se hace ‘ciencia’.

El eje ghrelina-obestatina

Este mismo equipo de investigación ha sido capaz de identificar el receptor para esta hormona y descubrir su presencia en el estómago, intestino y partes del sistema nervioso como la hipófisis y el hipotálamo.

Esta investigación, para ellos, demuestra cómo es posible utilizar los avances hechos sobre el genoma para identificar nuevas moléculas ayudados por la informática. Por otro lado, ha expuesto cómo un mismo gen es capaz de producir en zonas muy cercanas dos hormonas con acciones opuestas como son la ghrelina y la nueva obestatina que ejercerían acciones contrarias en la regulación del peso corporal.

Esta respuesta ni es nueva ni extraordinaria, ya que existe en casos de obesidad hipotalámica y se conoce por más de cincuenta años (véase mi artículo en The Psychiatric Clinics of North America). Plus ça change…

Para los investigadores, el hecho de que ambas hormonas sean codificadas por el mismo gen implica que derivan de un antepasado común. A lo largo de la historia evolutiva de las especies habrían aparecido dos hormonas diferenciadas y con efectos opuestos que regularían el delicado equilibrio sobre los mecanismos que controlan la ingestión de comida, y el peso corporal.

La administración de ghrelina produce aumento en la ingesta de alimento, disminución en el gasto energético y, por tanto, ganancia de peso. La obestatina por su lado es anoréxica — disminuye el consumo de alimento — ralentiza el vaciamiento de estómago e intestino y disminuye la ganancia de peso en ratas.

Lo que aún nada nos explica de los mecanismos y la homeostasis del comer humanos.

Ahora, revisemos un ensayo minúsculo que lleváramos a cabo hace tres años, y cuyos resultados hemos aplicado provechosamente al control del sobrepeso de muchos pacientes.

Para Mantener el Peso Perdido: La Lección Derivada de un Experimento Informal y Empírico en seres humanos

Muy a menudo se encuentra uno con el hecho de que, por lo menos en círculos de orientaciones académicas y científicas, el tratamiento y la cura de la gordura se contemplan con dudas.

A pesar de que los programas dietarios en Norteamérica han proliferado enormemente, a pesar de que la educación del público se ha intensificado por medio de campañas de educación muy ambiciosas, y, a pesar de que la industria de comidas ‘Lite’ (dietéticas) nos proporcionan una selección tremenda de comidas alternativas, la obesidad en los EE.UU. ha comenzado a afectar a un 63% de la población adulta.  La República Dominicana, y los países latinoamericanos blanco de tiro para las industrias Norteamericanas que ofrecen ‘fast food’, muy pronto tendrán que considerar y confrontar el mismo problema que enfrenta nuestro vecino norteño en este respecto.

El problema más serio que se plantan los profesionales, quienes bajo la dirección del ampuloso y vistoso ex-Cirujano General de los EE.UU. C. Everett Kopp, lanzaron hace muchos años una campaña ambiciosa para erradicar este problema, es que cómo no se conoce a ciencia cierta la(s) causa(s) de el acertijo, nadie sabe por dónde se deba de empezar.  De modo que, como sucede con tantas cruzadas bien intencionadas, nosotros creemos que esta campaña también — que ha fallado de modo rotundo — seguirá fracasando.

Respondiendo al aprieto en que se encontraba una paciente, quien se quejaba de que estaba ‘atascada’ en su progreso para perder el peso que aún le restaba en sus metas, ciertas observaciones y experimentos nos proveyeron con alguna penetración en este dilema.

Hace trece meses que nuestra cocinera-ama de llave se ha ocupado de preparar la comida propia, la del jardinero y el celador o guachimán de nuestra casa.  Ella cocina almuerzo para ellos de lunes a viernes, para ella, solamente, de lunes a jueves y, para el ‘guachimán’, sábado, domingo. Además de preparar todas las comidas que consume este último cuando estamos fuera.

El ama de llaves ni duerme en la casa, ni cocina para nosotros.  La comida que prepara para los dos empleados, para los días que ella no trabaja, se la guarda en su propia nevera y ellos se la calientan.  Nosotros les proveemos, entre otras cosas: arroz, víveres, carnes, aceite vegetal, ‘calditos’, vinagre, salsas, pero no azúcar (ellos compran ésta y la sal con el dinero que se les proporciona para lo que necesiten adicionalmente).  En esta situación empírica tenemos un índice visible de aumento de peso.  La cocinera (la única de los tres que se ha pesado) en trece meses ha aumentado 49 libras consumiendo la comida del mediodía solamente y, eso ha sido, consumiéndola solamente cuatro veces a la semana.  El ‘guachimán’ ha tenido que reemplazar sus uniformes tres veces por otros más amplios.  ¿Y, el jardinero? — él no ha ganado ni una onza perceptible — pero este último labora físicamente de manera constante y come muy escuetamente.

Ramón, el jardinero, es haitiano y delgado. Su filosofía la resume de esta manera: ‘A mis mujeres no les gusta que yo sea gordo’.

Si uno cuida lo que come del modo como Ramón se ocupa de ‘sus mujeres’, la obesidad en el hombre hubiera desaparecido hace años.

Desde el hace mucho tiempo, nosotros nos alojamos de lunes a miércoles en un hotel de la Capital el cual suministra el desayuno y unos bocadillos por la noche, como parte del precio de la habitación.  Creyendo, que si uno le añade una cantidad pequeña de comida a la dieta usual, que ello se reflejaría en un aumento de peso a largo plazo — aunque no se hagan más cambios.

Para nuestros propósitos, enlistamos la colaboración de treinta empleados del piso y del hotel donde nos hospedamos, a quienes pagáramos un estipendio modesto por su participación en nuestro experimento.

Método:

A diez de los voluntarios les ofrecimos 5 rebanadas delgadas del jamón del desayuno los días martes y miércoles, que eran los días que estábamos en el hotel.  A otros diez voluntarios se les proporcionaron frutas frescas en cantidades dobles a las de jamón, y a otras diez personas se les pidió que, simplemente, estuvieran conscientes de su peso por los próximos diez meses.  Los voluntarios eran cinco hombres, y cinco mujeres, todos jóvenes, en cada grupo de edades correspondientes.

Los resultados fueron los siguientes:

Los que consumieron el jamón durante los diez meses, reportaron un incremento de peso de por lo menos 7¾ libras cada uno. Los que comieron fruta, perdieron un promedio de dos libras y cuarto cada uno. El tercer grupo, sorprendentemente, no permaneció estable: un voluntario ganó seis libras desde la celebración de la fiesta de Thanksgiving — ello en preparación para ganar más en las pascuas venideras — otro voluntario ganó tres libras y media sin saber porqué, y, la tercera, acumuló once libras en tres semanas que pasara de vacaciones.  Esta última, nos dijo que sabía la razón, pero no quiso discutirlo.

En resumen, parece ser obvio que este experimento de diseño aficionado, corrobora los experimentos más rigurosos que ha reportado el Dr. William I. Bennett, los cuales demuestran que los métodos por los cuales se ganan y se pierden las libras no están supeditados a un control ‘fiduciario’.  Como si fuésemos un banco.

Ni como lo hacen las aplicaciones clínicas de las hormonas que, arriba mencionáramos.

A mi amiga quien está estancada, yo la aliento a localizar el eslabón débil en el sistema que ha seguido, asistiéndola en hacer cambios en su plan basados en el ‘experimento’ descrito.

Las diferencias del modo como el sobrepeso afecta los dos sexos hay que considerarla cuando se tratan hombres y mujeres con este problema.

Aparentemente el sobrepeso pesa más en las mujeres que en los hombres

De acuerdo a un estudio conducido por el Dr. Peter Muennig en NY, las mujeres son más susceptibles a las consecuencias adversas de la obesidad que los hombres. Lo que, de acuerdo a estudios epidemiológicos, puede tener consecuencias insospechadas para el planeamiento de programas para control del sobrepeso — ya que todos los sistemas dietéticos conocidos no son sexistas, ya que no consideran que diferencias existentes entre hombres y mujeres.

Los investigadores, miembros de la facultad de Columbia University, enfatizan el hecho establecido de que las mujeres tienden a acarrear más peso, por diferencias físicas, que los hombres.

Añadiendo a sus observaciones, que los hombres sufren de menos complicaciones sociales que las que reportan las mujeres, ya que su representación en los rangos de las anoréxicas, las bulímicas y de quienes dietan son menores en números.

Un buen consejo es evitar las dietas en general — pero si se prefiere no hacerlo, que se tome en consideración las que especifican diferencias en el plan dietético entre los sexos — sin ser sexistas — y de las que ninguna existe.

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Prevención.