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Las curvaturas en la trayectoria del Tiempo

Domingo, Octubre 25th, 2009

En el transcurso de esa experiencia tan personal que consiste en el vivir nuestras propias vidas, muy frecuentemente nos encontramos vis à vis con situaciones las cuales, a pesar de sus incongruencias, parecemos aceptar como si fuesen eventos tan naturales y tan inalterables que no se pueden cambiar.

Estas actitudes de las aceptaciones indiscriminadas de hechos que en sus manifestaciones parecen ser incongruentes, nos conduce a la experiencia de tener que vivir encasillados, como si fuésemos víctimas del fenómeno conocido, en círculos neurológicos, como la visión de túnel. La visión de túnel, por supuesto, es un escotoma que limita el campo visual, eliminando toda percepción periférica.

¿Cuál es el problema que estoy tratando de abordar de modo tan incierto? Estoy tratando de abordar, entre otras cosas, el problema del fenómeno de la defensa psicológica de la Negación (Denial).

Comenzaremos, primero, con la definición obligatoria de algunos términos:

· La Negación (Denial): Actividad, defensiva- inconsciente de la mente, por medio de la cual se excluyen de la cognición experiencias, las cuales nos proporcionarían dolor psíquico si lograran ser admitidas dentro su ámbito.

· Defensa: Mecanismo (inconsciente) mediante el cual la mente mantiene su equilibrio, por medio de la eliminación selectiva (vía la Represión o la Negación) del área de la conciencia, de experiencias emocionales intolerables.

· Actividad Inconsciente: Dinamismo que se manifiesta indirectamente en el campo de nuestras percepciones, porque la oponen las defensas psicológicas de la Represión (Repression) y la Negación (Denial). El ‘Lenguaje simbólico de los Sueños’ es el ejemplo más común de esta actividad psíquica.

· Represión: Mecanismo psicológico de defensa (inconsciente), que nos permite ‘olvidar’ (reprimir) experiencias y eventos psíquicos los cuales producirían ansiedad o depresión, si fuesen admitidos al campo de la consciencia.

· Negación: Mecanismo psicológico de defensa (inconsciente) que nos impide reconocer como propios la representación de hechos o ideas cuyos orígenes nos causarían trastornos en nuestra homeostasis emocional, engendrando ansiedad.

· Actividad Consciente: Todo dinamismo mental que ocurre basado en nuestra carencia de conflictos asociados con éste.

· Conflicto: Actividad inconsciente, por la cual los fenómenos de defensa identifican experiencias psíquicas las cuales estarían opuestas a nuestras defensas psicológicas, causándonos ansiedad.

Esto basta, por ahora, para los fines de este breve trabajo.

Imaginémonos que dos personas, cuyas experiencias de la vida han sido similares, estén observando al mismo tiempo un evento particular. Basados en la teoría psicoanalítica, cada persona diferirá en la manera y en el modo cómo procesa la experiencia en cuestión. Cada percepción individual se efectuará mediante, y a través de los atributos personales, cual lo serían: el nivel del desarrollo cognitivo, la ausencia de elementos de naturaleza disruptivas, como serían la presencia de ansiedades relacionadas a eventos de la vida —- el hecho de haber tenido una experiencia similar con connotaciones negativas — cuyos matices emocionales aun reverberan como memorias reprimidas y por ende, fuera de la capacidad del individuo para poderlas visualizar directamente.

Ahora bien, imaginémonos que algo muy desagradable se transforma en una experiencia cotidiana para nosotros. Algo, que no tiene que ser necesariamente de proporciones dramáticas, algo simple, un ruido persistente, un dolorcito que no quiere dejarnos, la carencia de algo por lo cual hemos pagado, o a lo cual tenemos derecho. Actitudes por parte de otros, que nos parezcan contradictorias, incongruentes, molestosas u ofensivas. Algo, lo cual hemos decidido aceptar (de modo inconsciente) ya que no lo podemos cambiar mediante el uso de la actividad directa — algo que terminará siendo asimilado y asignado a la región periférica de nuestra vida reprimida. Al área fuera de la visión de túnel.

Tratada de ese modo la experiencia a la que nos referimos, muy pronto caerá bajo el dominio de los fenómenos inconscientes de la Represión y la Negación, pero, como es conflictiva, nos causa ansiedad y ésta no se puede reducir directamente por no saber su causa.

Como nos causa ansiedad, la experiencia — que al principio, nos fuese molesta — se convierte en algo que aceptamos (sin saber por qué) como circunstancia fortuita de la vida.

Para poder tomar acción efectiva y reducir el impacto de la memoria reprimida que, inconscientemente, nos roba de una parte de nuestra estabilidad emocional, primero tenemos que remover las defensas reprimidas que la protegen a través de la introspección, en aislamiento, o con la asistencia de alguien más. Este mecanismo se conoce (si nos las ofrece alguien más) como una Interpretación, la cual se define ahora.

· Interpretación: Maniobra por medio de la cual, dentro de los confines de una relación terapéutica lo reprimido e inconsciente es admitido al área de la conciencia.

Pero, ¿qué sucede, si la mente relegara todo lo que nos desagrada al campo de lo inconsciente reprimido? La respuesta es simple: nada pasaría exteriormente, nada que nos impidiera vivir nuestra vida normalmente.

Lo que podría sucedernos, de acuerdo a las leyes de la psico-cibernética y de la psicodinámica, es que como nuestras mentes funcionan como computadoras (o viceversa). En sus discos duros, mientras más material yace atrapado en áreas de conflictos, menos espacio queda libre para poder disfrutar de nuestros estados de consciencia, y todas las actividades psíquicas se tornan más dificultosas y nuestros afectos más limitados.

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Vale la pena.

La Mujer: Su primer romance

Viernes, Octubre 23rd, 2009

Memorias

Todos recordamos con añoranzas y ternuras la primera vez que, como jóvenes, sintiéramos ese conjunto inefable de emociones, que la presencia (o la ausencia) de otra persona nos hiciera sentir. En ese momento nos percibimos diferentes, elevados, trascendentes y etéreos. Compartimos, en aquel tiempo, la magia del romanticismo universal que inspiraran todos los poetas, músicos y artistas que en el mundo ha habido.

En ese instante, todos estuvimos, por primera vez, enamorados. Pero, el amor no es sustancia simple, como más adelante descubriéramos.

¡Asombro! ¡Sorpresa! el amor es sexista

Desde luego que lo es, porque nuestra naturaleza, y la de muchos otros seres vivientes, es asimismo sexista. Existen, en esos casos, machos y hembras cuyas funciones son esencialmente diferentes. Para nuestra especie, el género asignado con que nacemos es importante ya que tiene considerable repercusiones psicológicas.

Es valioso entender que la ‘asignación’ del género no siempre corresponde a la anatomía del individuo en cuestión. (Véanse mis múltiples artículos al respecto, especialmente los del pseudo-hermafroditismo en la Bahía de las Calderas).

Prosigamos

Desde la cuna nuestros custodios nos inculcaron las diferencias entre los sexos, estipulando cuidadosamente, nuestra identidad e indicándonos concienzudamente lo que esas diferencias entrañaban. De esa manera, por bien o por mal, aprendimos que éramos hembras o varones.

Así, y sin rodeos, la Naturaleza asistida por el entorno, determinaría nuestro destino mientras la sociedad circunscribió nuestras perspectivas.

Las diferencias socialmente instituidas

Para las mujeres:

  • Ser pasiva
  • Solícita
  • Tolerante
  • Débil
  • Ingenua
  • Recatada
  • Alcahueta (especialmente, con todos los varones de la casa — papá incluido)
  • Buena organizadora de su hogar
  • Cocinera sin par
  • Buena amante
  • Buena madre
  • Bella
  • Delgada
  • Discreta e
  • Indiferente a lo que los maridos disfruten en sus momentos de ‘ocio’

Para los hombres:

  • Tener éxito financiero y/o profesional (financiero, please)
  • Ser perseverante
  • Agresivo
  • Impetuoso
  • Dinámico
  • Dominador
  • Exigente
  • Un poco brusco
  • Tosco
  • Hosco
  • Si es rico, puede aún ser llenito — y si le sobran los cuartos — que sea gordo — no importa. Pero, que vista bien y sea espléndido con las damas — especialmente con nosotras
  • Que sea anhelado por toda otra mujer — preferiblemente por las que son más jóvenes y bellas de lo que nosotras somos — pero que vea y no toque. Y que además sea:
  • Malicioso
  • Machista
  • Homofóbico

Con esos preceptos, es como, de jóvenes, todos nos aventuramos en el terreno difícil del amor. Llenos de prejuicios y de diferencias culturales establecidas. Por eso el amor, pronto pierde su ensueño y se torna en asunto mecánico y frío.

El imperativo social que nos rige

No es importante para nadie, que nuestro primer amor sea inocente o virtuoso. En la sociedad en que vivimos, la virtud y la pureza se reservan para nuestras madres, nuestras hermanas, nuestras noviecitas y nuestras parejas. Pero, para nuestros papás, hermanos, novios o compañero varón, es lo opuesto, y todo lo que signifique la exuberancia sexual es lo permisible y aún lo deseable — repetimos, solamente lo es así, si es para el varón.

Los hombres trazan las pautas, que la mujer debe seguir, en todo asunto de importancia. Por eso Dios se representa como viejo barbudo y sabio, mientras que a las mujeres se las descarga asignándoles un rol secundario en todo lo que hacen.

En otras palabras, que por no ser hembra, a Dios, los hombres no la pueden representar como mujer barbuda…

Aún en la pantomima de la selección de un nuevo Papa, las mujeres no se invitan, porque el miedo, hace que los hombres que controlan la Iglesia, las excluyan, a pesar de que Cristo, nunca las menospreciara, y de que María Magdalena fuera uno de sus apóstoles — y dicen que algo más.

El tabú de la virginidad, la maldición de la Princesa Diana

Este tabú, superpuesto al comportamiento sexual femenino, es esencialmente un castigo, que el hombre ha impuesto a la mujer, ya que la Naturaleza erigió el himen, no contra la mujer, sino contra el hombre decadente, impotente, infértil y agotado, el hombre que padece de múltiples limitaciones y obstáculos para ser padre — Pero, para éste y todo hombre débil, la virginidad (la propia y la ajena) constituyen un estorbo. Lo es hasta que encuentra a la mujer núbil con quien desea contraer nupcias. Entonces, sí que adquiere importancia desproporcionada y fugaz. Ya que son ellos mismos los que sueñan, constantemente, con inaugurar a toda virgen o a robarles las mujeres que otros hombres han desflorado — ¡el placer lujuriante y vicario de la conquista amorosa! (Véanse mis artículos al respecto).

Ese sería el caso patético de la Princesa Diana de Gales, cuyo único rol fue la de rentar a los miembros de la monarquía inglesa, su útero de doncella inmaculada, para que en éste crecieran dos herederos al trono de la Corte de Saint James, como éstos se llaman a sí mismos.

Una vez nacidos los príncipes sucesores, a Diana la reemplazó, Camilla, una madre infiel con quien, luego de la muerte controversial de la princesa, el príncipe casó no ha mucho tiempo. En este caso, la virginidad era asunto de importancia cosmética.

Pero, nada de esto importa, porque ser mujer es ser especial y ser excepcional

Frente al sexo, los miedos del hombre no se comparan con los miedos inexistentes en la mujer. No se comparan, porque la mujer verdadera mira al sexo objetivamente y sin temores — Lo mira, como proceso y función, como misión, como actividad única, y consciente de sus consecuencias finales. El hombre, por su parte, lo mira como expresión narcisista de masculinidad portentosa, como vehículo del placer sensual y para seducir mujeres, lo que, cuando logran — muchos — a todos informan con fruición desvergonzada.

Tengamos cuidado, con los hombres… Muchos hablan más de lo que hacen y dicen más de lo que deben…

¿Ama el hombre… ama la mujer?

El hombre ama, pero con amor soberbio, aparatoso, sensual y dominante. Como amara el personaje triste del famoso poema El Duelo del Mayoral.

Pero, para que la mujer ame, el contacto carnal no es todo lo importante. Lo que importa para ella es amar un hombre que debe de ser ‘especial’, de manera singular. Manera que es atávica y que está grabada e impresa en sus genes. Lo es así, aunque tantas mujeres, en el afán de resolver los dilemas de sus existencias juveniles, utilizan el ‘amor’ y el sexo de modo intercambiables. Descuidadamente haciéndose daño a sí mismas, a su imagen de mujer, y a otras que no actúan como ellas — ya que todos dicen con autoridad frágil, que ‘todas las mujeres son lo mismo’ — aunque este proverbio, invención del hombre, sea falso.

La mujer ama con un estilo especial, porque ella nace dotada con el amor del instinto materno. Por eso, su cariño es algo exclusivo.

La mujer es única, cuando ama, porque:

  • Es el sexo fuerte, como ha sido ampliamente demostrado científicamente
  • Porque goza de mayor intuición que el hombre
  • Porque tolera más el dolor
  • Porque teme menos a la vejez y  a la muerte
  • Porque es poseedora de una historia más extensa en el desarrollo teleológico y  en la evolución del universo que la que disfruta el hombre
  • Porque ella no necesita ‘dominar’ en la esfera sexual — ya que no temiéndole al fallo, el sexo para ella es sustancialmente superior al de que el hombre disfruta — mientras que el hombre sí que teme la impotencia y el fracaso…
  • Porque a ella Dios le ha dado la facultad del logro de múltiples orgasmos.
  • Porque ella es quien define la masculinidad del hombre, mientras que el hombre, por su parte, a menudo falla en despertar, lo qué es femenino en la mujer — algo que sólo pocos logran hacer, aunque no se den por enterados
  • Porque ella necesita del amar y del ser amada para llenar su misión especial.

Por esas, y otras razones, la mujer es única en el amor, cuando se entrega.

La mujer, ser especial entre seres especiales

La historia de la humanidad y los libros sacros no fallan en investir a la mujer con aptitudes extraordinarias, con atributos excepcionales y con cualidades únicas. Habiéndolo establecido en otras lecciones, no nos valdremos de este ensayo para ampliar estas ideas.

Lo que sí deseamos fundar aquí es, que en esta época de roles indefinidos y de sentimientos confusos, una situación permanece bien clara, desde el punto de vista de la psicología, y ésta es que la estrecha relación personal, que entre mujeres existe, no puede existir entre los hombres ¡Punto!

La mujer joven, moderna

Es una mujer envalentonada con el derecho, derivado del poder de haber arrancado por sí misma, y a pesar de todo obstáculo, prerrogativas sobre-debidas y de antes a ella negadas, por una sociedad intolerante, machista y sexista como la nuestra.

Ésta es una mujer:

  • Que no se abarata, rindiendo sus encantos al primer pretendiente
  • Que no se ‘cualquieriza’, portándose como los hombres le exigen, para satisfacer sus instintos
  • Que no se deprecia por razones de conveniencia social
  • Que se percibe a sí misma como ser único y especial.
  • Que espera que quien sea su objeto amoroso, sea asimismo algo y alguien ‘excepcional’
  • Que dice ‘no’ , repitiéndolo abundantemente
  • Que no discute fácilmente sus actividades íntimas en el ámbito social
  • Que desea ser independiente e igual al hombre — ni más ni menos
  • Que, de así desearlo, disfruta del poder de la maternidad — privilegio único de su género, y
  • Que no explora la sexualidad simplemente por placer, sino que se entrega, cuando, y porque sabe lo que es más conveniente para ella, para su futuro y para el de sus hijos, si es que los desea.

En resumen

La mujer, por naturaleza, ya hemos visto, es especial. Y la mujer joven, amén de ser especial, es vehículo del destino de su identidad exclusiva.  Para ella el amor, como actividad, es una tarea solemne.

Aquí dedicamos esta lección a todas las mujeres del mundo, entre quienes, algunas luchan por entender su feminidad en medio de un entorno prejuiciado, a menudo indiferente, y sin pautas precisas para que ellas florezcan.

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Caricatura islámica que deshumaniza la mujer.

La neurociencia, la religión y la terapia: una síntesis

Viernes, Octubre 23rd, 2009

Algunas veces en el desempeño de las funciones de ser terapeuta uno encuentra las mismas sorpresas que caracterizan los hallazgos de Oliver Sacks, aunque, acaso, no tan dramáticas.


Unos ejemplos extraídos de mi experiencia:


Una señora muy mayor, a quien habían diagnosticado la enfermedad maníaco-depresiva y cuya presencia en las clínicas gratuitas de los sábados en Renard Hospital, era legendaria. Nunca dejaba de asistir a los servicios, ya que, como podía caminar al recinto de las consultas, su fiabilidad sería, invariable, como decían fuera la del correo norteamericano de otrora: ‘ni lluvia, ni aguanieve, ni nieve, ni el granizo detendrán el US mail’.

Todos los sábados estaba en la consulta, y todos los sábados salía con recetas nuevas, ya que aparentemente, sus depresiones eran refractarias a todo esfuerzo.

Yo opté por algo nuevo, la escuchaba en ‘terapia’ por 20 minutos, sin abrir la boca y sin mover un músculo. Desde entonces, cesó de pedir que le diera nuevas medicinas, ni renovación, por las viejas. Porque, en apariencias, lo que quería era hablar…

Nos acostumbramos: yo a escuchar, y ella a repetirme la historia de su vida.

Cuando, llegara el fin de año y mi rotación en la clínica concluía. Mi ‘amiga’ me trajo una caja grande de despedida. Contenía todas las medicinas que le habían recetado. Me dijo: ‘Tenga, déselas a otra persona. Gracias a nuestras pláticas, nunca las tomé’.

Otra, fue una señora que, notando mi juventud — e inexperiencia conspicua del entonces — ya que comenzaba el entrenamiento en psiquiatría infantil, me preguntaba: ‘¿Cuántos hijos tiene?’ — Impulsivamente, le contesté: ‘tres’. ‘¡Usted no sabe más que yo! … Yo tengo seis’.

Hay muchas otras viñetas: Por ejemplo, que no es posible comprender las adicciones a menos que se haya sido adicto. O que los trastornos premenstruales, el parto y sus entendimientos nos escapan a los hombres — por ser hombres — y muchas otras cosas por el estilo.


Freud — aunque no lo practicara — predicaba la anonimidad y el retraimiento del psicoanalista — siendo necesario el estudio formal de toda actividad entre terapeuta y paciente, desde un apretón de manos fortuito, hasta cualquier otro contacto extra-analítico: ‘molienda para el molino’, como dice el proverbio inglés.


El término para esa actividad aun existe, como, parámetro técnico.


Kurt Eissler introdujo este término, como ‘una deviación tanto cuantitativa como cualitativa de las técnicas del modelo básico, que lo que requiere es la interpretación como instrumento esencial’.


Así que en el contexto del psicoanálisis una pregunta, que el paciente formula, acerca de las creencias religiosas que el analista mantiene, se vuelve ocasión para explorar el origen dinámico de la curiosidad y el por qué en ese preciso momento el paciente lo desea saber, para que, habiendo hecho las conexiones dinámicas, finalmente, interpretarla.


Un ejemplo, del análisis de todo, de mi propia experiencia, retorna vívidamente. En una oportunidad, cuando se me cayera, inadvertidamente, una moneda en el diván de mi analista didáctico. En la próxima sesión, la moneda estaba colocada en el escritorio del analista, quien, con gesto distante, me informa: ‘eso es suyo’.


Mi reacción, de exasperada sorpresa, se extendió por muchas sesiones que siguieran.


No creo que nunca lo entendería…


Pero, es hecho, que todos esos rituales, para muchos analistas ortodoxos, no son cosas que se juzgan con ligereza.


La religión como credo


La religión ocupa un lugar predominante en la historia de la civilización y de las culturas humanas.


Por ello, la fe y sus elementos no pueden soslayarse.


Más aún, en un mundo achicado por el contacto social de entornos insulares, como el nuestro — donde todo se transmite y donde toda información circula — lo que creemos y cómo lo hacemos es asunto de interés.


La religión vs la ciencia: el histórico pugilato


El distinguido genético, médico, e investigador, Francis Collins, Director del Instituto Nacional para la Investigación del Genoma, representa el luchador por la afirmación de la religión entre los representantes de la ciencia. Richard Dawkins, por los del ateísmo agnóstico.


Ambos se enfrentan, con frecuencia, en la palestra de la publicidad para implantar sus convicciones en los demás — simples mortales — quienes, como nosotros, los contemplan en debate.


Preguntas de técnica


¿Qué hacer, cuando una paciente ‘necesita’ saber si su terapeuta, es o no es creyente?


¿Tiene derecho a obtener la respuesta, o debe de relegarse, la pregunta, a la actividad terapéutica, como Eissler sugiriera?


Antes de contestar esta cuestión decisiva, primero, examinemos el pensamiento de las mentes más influyentes en la cuestión de la religión y su papel en el terreno de la ciencia — ya, que algunos creemos, que la terapia es ciencia, sino científica:


Daniel Dennett

Sigmund Freud

Richard Dawkins, y

Francis Collins


Si hemos dejado a tantos intelectuales fuera de esta tesis, es por lo que, suponemos, sucede cada año con el premio Nobel: No todos los que los merecen lo alcanzan y — no todos los que lo ganan, lo merecen — como es conocimiento común.


Así que comenzaremos, donde más oportuno nos parezca hacerlo…


Por supuesto, será con Freud, como a nadie sorprendería, ya que su genio escapa todo juicio…


Para empezar, Freud, el siempre promovedor de su persona, nos informa que su niñera era católica — con ello nos indica que en su desarrollo, el catolicismo tuvo su rol — cubriendo todas las bases.


Más tarde, cuando, como todos los engrandecidos, y como todos quienes han logrado prestigio — terminara creyéndose inmortal — nos afirma que la religión es una mera ilusión.


Pero, ya en sus años postreros, a la edad de los ochenta, nos informa que la religión no es nada más que un anhelo por el retorno de la figura del padre — algo que deja bastante en suspenso.


Eso mismo concluye en su obra famosa, Tótem y tabú


En su libro posterior Moisés y el Monoteísmo. Algo, insólito nos sorprende. Freud, sin abandonar públicamente, su ateísmo, comienza a vislumbrar su fe judaica como fuente de todo progreso cultural y aun de la inspiración artística y de la ética personal. Cerca de su propia muerte, Freud, concluye reconociendo la poesía y las promesas de la religión — sino la religiosidad misma — como conceptos válidos ético/morales.


Pero, hoy, contamos con almas que desean eliminar la puerilidad de la fe de modo inmediato: Christopher Hitchens, Sam Harris y Richard Dawkins, procuran, en cruzadas agnósticas, que todos dejemos de creer en dios — porque ellos — dicen que no creen — aunque en sus actitudes traicionan esta realidad.


Si ellos no creen — ¿por qué osamos nosotros creer?


De no haber molinos en el viento, don Quijote, hubiera combatido sus enemigos reales.


En su libro, God is not Great, Hitchens, menciona a Freud como aliado, quien, como él estila, consideraría la religión demencia pueril.


No importa el precio: los tres autores citados desean eliminar la religión de modo inmediato.


¡Punto!


Pero, uno se pregunta, ¿a qué Freud aluden y a cuál Freud citan?


En su último libro, escrito cuando estaba enfermo, y ya muy mayor, sufriendo de cáncer de la mandíbula, Freud, nos ofrece una perspectiva, por muchos silenciada, acerca de la fe. Él discute, que el judaísmo asistió a la humanidad a liberarse de su cautiverio al mundo del empirismo, abriendo posibilidades frescas de pensamiento y acción. Freud, también sugiere que Dios, como concepto, facilitaría un retorno a la vida interna, haciendo posible, la existencia más rica — la de una vida introspectiva — ecos del psicoanálisis aquí resuenan.


La mitología de la realidad


Moisés y el Monoteísmo, sería un libro que para Freud fuera muy difícil de escribir y de esparcir. Lo comenzó en el año 1930, cuando aun viviera en Viena, sabiendo que la iglesia católica austriaca lo condenaría. El libro contenía algunos asuntos controvertidos. Que Moisés no era un judío. Que el monoteísmo no era creencia hebrea sino que fuera invención egipcia, derivada de la afirmación del culto al dios pagano del sol, Anton.


Pero, la entropía superviene, y en marzo del 1938, los nazis invaden a Viena (Anschluss), lo que pone a Freud y a su familia en peligro de muerte inminente.  Con la ayuda de su amada, admirada y devota colaboradora, la Princesa Paulina Bonaparte, Freud se las arregla para escapar la asediada ciudad, y, con la ayuda del gobierno de una nación — por él, la más aborrecida — los Estados Unidos, huye a Inglaterra.


En agradecimiento, hacia América, Freud, se deleitaría más adelante, en decir: ‘América es enorme — y, como error, también es enorme’ — dice el refranero: ‘No obra buena queda impune’.


Freud, como sabemos, leyendo nuestras ponencias, añadiría, gratuitamente, a un documento que estableciera que las autoridades nazis no lo habían maltratado en modo alguno — y haciendo un gesto de agradecimiento, sin que se lo solicitaran. Escribió a mano y letra: ‘Yo puedo recomendar, muy altamente, la Gestapo a quien sea…’


¡Freud!


Pero, Freud, genio y narcisista a la vez, necesitaba seguir publicando y ganando prosélitos.


Una vez en Londres, un escolar judío, llamado Abraham Yahuda, lo visitaría para a rogar a Freud que no publicara el Moisés.


Las razones para esa petición serían poderosas:


Freud contendía que Moisés no era para nada un judío

Que su muerte pacífica, explicada en la Biblia, no era cierta. Que Moisés fue víctima de los judíos mismos, quienes resintieran sus leyes apodícticas, y que por la misma razón lo asesinaron.

Y que el judaísmo era una religión, secretamente, pagana — como para tantos lo es el psicoanálisis.


Para Freud, la petición de que silenciara sus argumentos, era prueba final de que la necesidad para su publicación era impostergable.


Y, por supuesto, lo publicó — pero, no como rebelión o como resistencia, sino como afirmación de sus dudas de no ser omnipotente entre los dioses, como lo fuera entre los hombres — por lo menos — como lo fuera entre sus prosélitos — los psicoanalistas freudianos.


Los resultados de haber publicado Moisés en alemán y en inglés lo llenaron de orgullo singular y ególatra.


¿Por qué Freud lo hizo, y por qué Hitchens, considera a Freud un aliado? Es asunto sorprendente, ya que el último no lo necesita — a menos que sea porque no lo haya leído, porque no sepa cómo interpretarlo, o porque confía en la simplicidad del resto de nosotros — Pero, habiendo seguido a Hitchens por mucho tiempo — todas las razones expresadas aplican.


Veamos


En su libro, Moisés, Freud aclara que el judaísmo como fe se sustenta en su convicción en la existencia de un dios invisible e indivisible. Freud, nos asegura que tomando la idea de este dios lleva a repercusiones insondables, que conduce a ‘una percepción que coloca la intelectualidad — como triunfo — sobre la sensualidad’.


¡Para un ateo, lo último, es algo de orden mayor!


Asimismo, para Freud, en Moisés, la religión establece un orden sistemático y asiste en el entendimiento de la Naturaleza con todos sus dilemas incomprensibles.


Lo que es más sorpresivo, es que Freud, el agnóstico, da crédito a la religión por el perfeccionamiento que ésta imprime a la intelectualidad humana.


Pero, Freud ni se intimida, ni se detiene.


El Maestro, a menudo, defiende la cristiandad, con su cornucopia de santos, como una visión que restauraría una perspectiva real del credo — por ello, conquistó.


Freud, asimismo consideró el judaísmo como dogma selectivo y excluyente, algo que él desearía evitar para sus doctrinas germinales.


Siggy, para su idólatra mamá, el de la envidia uterina, en la resolución de su propio complejo de Edipo, fundó una ateísmo religioso — así sería este genio en sus contradicciones filosóficas…


Freud, siempre admiró a Moisés el líder, como él mismo deseara serlo y sucediera siéndolo a su vez — orientando a su gente en la dirección de su tierra prometida — aunque ésta no fuera la tierra bíblica.


Lo que es interesante es el hecho de que Freud, tan irreligioso, como pretendiera, pudiera encontrar inspiración en una figura religiosa, que como Moisés, claramente, lo fuera.


Algo similar sucedió con el predecesor freudiano, Nietzsche, cuya fama mayor resta en su odio por la cristiandad.


Freud, por su parte, nunca detestaría a Jesús. Cuyos atributos de espontaneidad, firmeza de carácter, y libertad de espíritu siempre quiso emular — recordándonos, a menudo, que Jesús era judío — como él.


Acerca de Cristo, Freud, una vez diría: ‘Ha habido un solo cristiano en este mundo. Una sola persona que verdaderamente viviera y creyera en los estándares del evangelio, y Él murió en la cruz’.


Para Freud, el incrédulo, abandonar la fe al final de sus días fue tan difícil como para tantos todavía lo es…


Quizás, será porque el ateísmo de muchos, representa otra forma de rebelión de adolescencia. ¿Quién sabe?


La apuesta científica que Pascal hiciera famosa:


‘Si el Dios cristiano no existe, el agnóstico pierde poco por creer en él y gana poco por no creerlo. Pero, si el Dios cristiano existe, el agnóstico gana la vida eterna, por creer en el mismo, y gana poco si no cree. Pero, si el Dios cristiano existe, el agnóstico gana la vida eterna por creerlo y pierde una inmensidad infinita por no creerlo’.


Escuchemos a Daniel Dennett, pero antes, éste merece la introducción, aunque parva, que aquí ofrecemos


Daniel C. Dennett es un filósofo de la ciencia de origen norteamericano. Profesor en la Universidad de Tufts. Escritor prolífico y ateo consumado.


Como tantos hicieran, cuando el psicoanálisis hiciera su entrada triunfal, este filósofo de la ciencia ha encontrado su lugar en muchas actividades serias, vía la avenida provista, en su caso, por las neurociencias.


Dennett ha escrito mucho: acerca de temas filosóficos, de la teoría evolucionaría, de la actividades del cerebro, de la filosofía de la mente, del lenguaje, y del problema con el libre albedrío — Con esto, yo creo que el lector reconoce que Daniel Dennett es un intelectual para todas las estaciones.


Dennett ha escrito un libro, Breaking the Spell, que propone el uso y la aplicación de los instrumentos de la ciencia para examinar la religión y otros fenómenos naturales.


Para Dennett, la religión es asunto que mejor se entiende por uso de la biología evolutiva. Utilizando el concepto de los memes, unidades culturales, para dar valor a sus conjeturas.


El libro es lectura enjundiosa, y a veces, tediosa. Nos enseña mucho en teoría y, muy poco, que, en la práctica desconociéramos.


La iniciación de la agricultura nos aclimató, según Dennett, a un sistema eco-biológico permanente y constante, y con ello nuestros substratos socio-biológicos emergieron — ¿cómo? — Esta conjetura es de libre interpretación.


La idea de Dios, que, Dennett sustenta, es de cómo el amor se iguala a la fe — algo que se siente, de modo intangible — pero, que consiste en una forma particular del sentir, ya que no es física ni se satisface de modo inmediato. Pero, que siendo intangible, en sí, es lo que le que proporciona su fuerza y prestancia.


Para Dennett, el sentimiento es real — lo que es ficticio, es lo que lo sustenta, como religión.


Con la qualia filosófica, resta el caso para Dennett.


Pasemos, entonces, a Richard Dawkins, a quien reconocemos por tantas ponencias que a sus trabajos aluden, y que hayamos publicado.


Dawkins, por supuesto, es el ‘don’ de Oxford, quien, como el Quijote, ha hecho de molinos de viento sus enemigos acérrimos de oportunidad.


Para Dawkins, creer en dios, es anatema. Porque, como argumento de improbabilidad cierta. La religión es superflua.


Siendo así…


¿Por qué, nos preguntamos, ese ataque vitriólico en una noción falsa y, evidentemente fuera del alcance, y del oro de ley del discernimiento, que constituye y representa la ciencia pura?


¿Por qué condenar como dementes a quienes se atreven a pensar que algo tan estúpido, como dios existe?


¿Por qué no dedicar las mismas energías a enseñar de modo constructivo lo que nos hace, como seres humanos, felices?


Quizás. Porque Dawkins es un zoólogo, que de avenir encontró que, como todos somos animales y que como los gatos no creen en dios, que dios es un abstruso de índole humana.


En mi ponencia, Los paradigmas, la neurociencia y el futuro del pensamiento crítico (I) hago mención del artículo en prensa: The seductive allure of neuroscience explanations: J. OF COGNIT. NEUROSC.


Donde se expresa, claramente, que los neurocientíficos han apropiado su disciplina para hacerla vasalla de lo espectacular y para tratar de explicar lo inexplicable.


¿Pero qué logra Dawkins esclarecer? Esto permanece un misterio.


Movámonos a Francis Collins


Francis Collins, es el más sencillo de, entre todos, entender.


Las encuestas norteamericanas nos informan de que un 86% de los americanos creen en un Dios personal y que sólo 39% de los científicos son creyentes.


Francis Collins, reflexiona en un aspecto de la ciencia en el que propone que existen preguntas que ésta puede hacerse a sí misma — y otras que escapan su dominio.


Collins, todos sabemos, es médico, investigador y descubridor de los genes responsables por la fibrosis quística, la enfermedad de Huntington y el de la progeria o Enfermedad de Hutchinson-Guilford.


Antes de ser creyente, Collins era un científico, quien comenzó a aceptar la fe, cuando escuchara a tantos de sus pacientes terminales.


‘Yo conocí, entre ellos, tantas personas cuya fe era sólida como una roca. Seres humanos que confrontaban su propia muerte con una integridad y fortitud increíble’.


No creyendo en el ateísmo que, de acuerdo a él ‘no deja lugar para las dudas’, comenzó a explorar la posibilidad de establecer si la ciencia podría ser instrumental en explorar la existencia de un dios.


El primer paso, sería tratar de hallar lo que los creyentes creen y por qué lo creen. Luego de dos años de empeño. Decidió que la creencia en Dios era más racional que la posición del ateo.


Basado en sus labores científicas, Collins, razonó que la ciencia puede contestar algunas cuestiones. Pero, que carece de los instrumentos requeridos para esclarecer cómo se formó el universo, cómo comenzó la vida, o por qué existen los seres humanos.


Luego de mucho debate en privado, y, examinando a la Naturaleza de manera objetiva, Collins se convenció a sí mismo de la existencia de un Creador.


He aquí su pensamiento:


‘El universo es sincronizado de modo tan exacto que no pudo haber nacido al azar sin un balance delicado de 15 constantes físicas. Que, entre ellas incluyen, la gravedad, en cantidad suficiente para la existencia de la vida.


‘Los chances de que todas estas constantes pudieran tomar esos valores en la combinación precisa, resultando en un universo capaz de mantener la vida en todas sus formas complejas, es casi infinitésima’. Escribió en The Language of God.


Collins no cree en la creación en seis días, como lo hacen aquellos quienes siguen la interpretación formal de la Biblia. Sin embargo, sí cree en una ‘evolución teística’ que involucra la presencia de un Dios creador todopoderoso, que no se limita al tiempo y al espacio y quien creó los seres humanos a su propia imagen.


Collins argumenta que los monos y los seres humanos son casi idénticos genéticamente, pero que solamente nosotros compartimos una ley moral única, con el conocimiento del bien y del mal que está inscrito en el corazón de toda sociedad.


El agnosticismo científico, para Collins, tiene su origen en la idea equivocada que la creencia en Dios limitaría la amplitud de los descubrimientos posibles en el campo de las ciencias.


Concluyendo que a él le gustaría vivir en un mundo donde la ciencia y la religión puedan coexistir en harmonía.


Retornamos en círculo completo al principio de esta ponencia.


Técnicamente, los siguientes pasos, para responder a la paciente que nos pregunta acerca de nuestros credos, son los indicados y de acuerdo al más válido de los métodos:


La pregunta ha de tomarse como legítima y no como curiosidad ‘voyerista’.

La inserción de la pregunta dentro del proceso de la terapia y el significado para el paciente, debe de ser elucidado y entendido.

Las asociaciones del significado de Dios y de la religión en el pasado y en el presente dinámico del paciente, asimismo, deben de ser elaboradas, como será la exploración de cualquier sentimiento de contratransferencia despertado en el terapeuta.

Finalmente, es necesario dar la respuesta honesta en términos breves y sinceros.


En resumen


El asunto del teísmo y de la religión en el psicoanálisis, en tiempos pasados, muy fácilmente lo resolvían las circunstancias.


Cuando rotábamos bajo la dirección del notable psicoanalista católico, Leo H. Bartemeir, todos, creíamos.


En Chicago, nadie creía.


¿Y, ahora?


Cada quien, como terapeuta. En esta coyuntura especial, tiene que confrontar sus convicciones y compartirlas con el paciente. El hecho de hacerlo, abre las puertas a una experiencia de riquezas emocionales e intelectuales de insólito valor.


Como propuso Kandel, la terapia, altera la actividad neuronal de ambos participantes — y, ¿quién sabe? — la creencia, compartida, en un Dios puede que resulte en lo mismo.


Amén.


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Hora de la Oración  por Jean François Millet.


Hipocresía y prostitución

Jueves, Octubre 22nd, 2009

Cuando era muy joven mi papá nos hablaba de un buen señor, cuya humilde y sencilla morada, la que viviera toda su vida, disimulaba a todos el enorme alcance de sus riquezas reales.


La persona en cuestión era fervorosa en sus deberes con la parroquia local, la que piadosamente visitara todas las mañanas para asistir, como acólito, en la celebración de la misa, donde recibía, acompañado de su esposa, la comunión cotidiana.


Todos decían que era ‘un santo’…


Hasta que un día, cuando este servidor de los siervos de Dios, muriera, se descubrió que había amasado un fortuna extravagante, tras muchos años de prestar dinero a los pobres. Lo que hiciera imponiendo a sus víctimas sumas usurarias de intereses, cuyos pagos demandaba en retorno, con el uso de la fuerza, si ésta era necesaria.


La hipocresía


La hipocresía es perversión muy arraigada. De la misma, François Duc de La Rochefoucauld (1613-1680) nos dice: ‘La hipocresía es el tributo que el vicio paga a la virtud’.


La duplicidad, como atributo personal, es, como la mentira, algo de lo que nadie procura vanagloriarse, pero que, sin embargo, muchos practican con desenfreno.


¿Por qué es así?


Por muchas razones. Acusaciones de hipocresía pueden ser tan irrelevantes, como anodinas, ya que, como sucede con quienes mienten, casi nadie es tan limpio de pecados para ser quien arroje la, ‘primera piedra’, proverbial.


Otras razones se encuentran en ejemplos actuales de la hipocresía institucionalizada que a todos nos resultan familiares


El ex vicepresidente norteamericano, y ganador del Premio Nobel de la Paz, Al Gore, nos conmina constantemente a reducir el uso de hidrocarburos, a no depender tanto en el petróleo para llenar los tanques de combustible de nuestros vehículos y a disminuir el consumo eléctrico. Sin embargo, para viajar, Gore lo hace, en la manera inmoderada de volar en un jet privado, es dueño de varias mansiones, donde las cuentas del uso doméstico de la energía eléctrica se estiman en los miles de dólares mensuales, y exagera la relevancia de sus argumentos para resplandecer como campeón mundial de la preservación límpida de nuestro planeta.


Pero, estoy cierto de que, cuando Gore tiene que justificar sus acciones, puede utilizar la excusa estupenda que nuestro párroco usaba en la Iglesia Mayor de Santiago en los años infaustos de la Era de Trujillo: ‘Haz, siempre, como yo digo y nunca, como yo hago…’


El cura en cuestión vivía borracho.


Casos de hipocresía abundan


Uno de los previos directores de la Agencia Norteamericana del Control de las Drogas, William Bennett, destacaba, cuando la oportunidad se diera, la importancia de la sobriedad y temperancia, mien¬tras que todos sus amigos íntimos reconocen que por muchos años ha sido jugador de póquer inveterado.


El famoso pastor norteamericano, Ted Haggard, predicaba las virtudes de vivir ‘la vida limpia’ — lo que, en apariencias, hiciera — hasta que se registraran alegatos de su adicción a la metanfetamina y de sus envolvimientos homosexuales con prostitutos, a quienes solicitara como camaradas de lecho carnal.


Mientras tanto que, recientemente, Eliot Spitzer, cuando fuera Procurador General del estado de NY, encausaba casas de prostitución. Pero, más tarde, cuando fuera gobernador del estado, se descubrió que era cliente habitual de uno de esos mismos establecimientos en Washington DC, lo que ocasionaría su caída del estado de ‘gracia política’ en que viviera.


Todas estas acusaciones palmarias contra figures públicas envuelven y, esencialmente definen, mucho de lo que, de la hipocresía, conocemos.


Hipocresía, acordamos, existe, cuando un individuo falla en el propósito de vivir su vida de acuerdo a los preceptos que quiere imponer en los demás.


Las campañas políticas


Acusaciones de ser hipócrita en debates entre, adversarios candidatos, a posiciones públicas — como harto viéramos en la cruzada presidencial de los Estados Unidos en el 2008 — se usan continuamente, porque éstas son estrategias muy efectivas. La razón para esto siendo muy simple: Nosotros tenemos una tendencia natural a rechazar los puntos de vista de quienes se creen ser farsantes.


Sin embargo, aunque veamos la hipocresía como vicio y, asimismo como un síntoma de incompetencia o de insinceridad, debemos de actuar con cautela, antes de dejar que nuestras emociones coloren nuestro juicio en asuntos de importancia.


Acusaciones de que alguien es un hipócrita son peligrosas, porque éstas pueden resultar enmarañadas, ya que desvían nuestra atención del propósito de la evaluación serena del mérito de una idea, dirigiéndola, a su vez, hacia el carácter de quien la defiende.


Tales acusaciones desencadenan reflejos emocionales que dominan los patrones de pensamientos más racionales — a menudo — cambiándolos. Pero, es precisamente, en aquéllos casos difíciles e importantes cuando estos cambios pudieran resultar ser más trágicos, si es que se hacen siguiendo falsas premisas.


Debido a las reservaciones expresadas, creemos que quienes escuchan a quienes los exhortan deberían de moderar la tendencia común a reaccionar de manera automática o refleja, y considerar en su lugar, la validez del mensaje mismo y no exclusivamente la reputación del mensajero.


Nos conviene, entonces, examinar muy de cerca lo que los hechos decepcionantes, realmente significan, porque en muchos casos, los hechos aludidos, soportan el hipócrita punto de vista, y lo benefician directamente.


Disminuyendo la autoridad


Un hecho sorprendente acerca de la hipocresía es su irrelevancia, ya que el hecho de que alguien es un hipócrita no es prueba necesaria de que su posición en un tema dado sea falsa. Activistas ecológicos que contaminan el entorno con su basura no cancelan, con sus acciones, la veracidad de sus argumentos a favor de la limpieza del medio ambiente.

Políticos que oponen la inmigración ilegal, mientras que emplean los servicios de expatriados ilegales, no nos dan pruebas de que objetar a la inmigración ilegal es una falsa perspectiva.


Aún, si cada defensor de los derechos de animales se convirtiera en un consumidor furtivo de carne, puede que aún sea erróneo comer de la carne.


En general, sólo porque una persona no tiene la fuerza de voluntad para vivir al nivel de sus propios estándares morales, eso no indica que esos modelos no son meritorios y dignos de ser aceptados. Entonces, parece ser que acusaciones de hipocresía no demuestran nada acerca de nadie, ni aun de las ideas que defiende una persona señalada.


Entonces, si resulta ser tan irrelevante, ¿por qué la hipocresía, cuando se la invoca, es un concepto tan poderoso?


La respuesta es que muchos alegatos de falsedad evocan reacciones emocionales e inconscientes hacia el argumento que soportan, terminando por socavarlo. Tales testimonios se transforman en ataques directos hacia la autoridad de sus proponentes. Y, una vez que la autoridad de alguien se debilita, el escenario se prepara para el rechazo de todo lo que dice.


Consideremos dos ejemplos:

Padre: ‘Hijo, no debes de fumar. Es malo para la salud y es adictivo’

Hijo: ‘Pero, papá ¡tú fumas un paquete al día!’

Amelia: ‘¿Has visto el documentario de Al Gore, Una Inconveniente Verdad? ¡Tenemos que reducir la huella ecológica que deja el carbón, y hacerlo, de inmediato!’

Jaime: ‘¿Al Gore? Mira, ese señor deja más huellas de carbón que nadie con todos sus vuelos en jets privados’.


En el primer ejemplo, el hijo siente que su padre no constituye una fuente apropiada de información en lo que al fumar respecta, porque se porta como un hipócrita. La imputación de que el padre es un farsante no sólo invalida su posición, sino que efectivamente la anula — como si el padre nunca hubiese hablado.


Lo mismo es verdad en el caso de Al Gore y sus vuelos, a pesar de que Amelia, no es la supuesta hipócrita, sino que Gore lo es, cuya autoridad ella impugna.


En ambas situaciones, la hipocresía se propone como evidencia de la insinceridad o incompetencia de una fuente, suministrando argumentos para que se ignoren sus consejos o instrucciones.


Tales argumentos son especialmente efectivos por el mero poder de la revelación individual de las faltas personales que resaltan. Una vez que personas se definen en una luz negativa todos tienden a ignorar evidencias contrarias. En un estudio reciente los psicólogos David N. Rapp de Northwestern University y Panayiota Kendeou de McGill University pidieron a estudiantes voluntarios que leyeran 24 historias diferentes involucrando un carácter que se comporta de una manera que sugiere que éste último es torpe y haragán.


Más adelante, en cada historia, sin embargo, el individuo en cuestión actúa de tal manera que la impresión inicial se contradice. Aún así, y a pesar de ello, menos de la mitad de los voluntarios cambiarían su impresión negativa acerca de esta persona.


Estos resultados indican que la impresión original de que alguien es vago o aturdido, activamente inhibe la posibilidad de considerar cualquier otra información que pueda cambiar el entendimiento de la persona en cuestión o del tópico bajo escrutinio. En los ejemplos del fumar y del uso de los aeroplanos privados, el padre y el hijo, y los amigos, hacen enfoque en los hábitos deleznables del padre y en la hipocresía de Gore, en vez de apuntar directamente hacia los peligros reales de fumar y a la contribución a los peligros, para la seguridad de nuestra especie, consecuencia del calentamiento del planeta.


De la duplicidad y de su entendimiento


En la realidad, si padre e hijo hubiesen enfocado en los particulares directamente, ellos pudiesen haber apreciado los comportamientos del padre y de Gore de manera muy distinta. Veamos lo que el fumar del padre sugiere: Él considera que fumar es dañino para su hijo, pero continúa fumando, porque siendo adicto, no puede dejarlo. Así, que su comportamiento — su ‘hipocresía’ — en realidad confirma su posición, de que fumar es adictivo y dañino.


Por su parte, el comportamiento de Gore, soporta uno de sus propios argumentos para lograr cambios en los planes de acción nacionales. Como son nuestra inclinación a manejar vehículos de muchos caballos de fuerza y nuestra repugnancia hacia el transporte público, lo que termina en la falta de responsabilidad hacia la preservación de nuestros recursos naturales — que aún, el mismo Gore, no puede soslayar.


Naturalmente, debe de admitirse que la hipocresía no siempre corrobora los puntos de vista del hipócrita.


Las famosas visitas de Spitzer a casas de cita nada añaden para robustecer su oposición, oficialmente establecida, hacia la prostitución. Y, aún en algunas ocasiones la hipocresía adquiere el mismo significado que el padre e hijo le asignan: Es muy simple dimitir una fuente porque la persona que la representa ha perdido su credibilidad. Por ejemplo, cuando un ministro se presenta a sí mismo como una autoridad moral y es atrapado en medio de una relación adulterina, sus seguidores pueden, razonablemente, poner en tela de juicio sus enseñanzas.


Entonces, determinamos que la hipocresía ocasionalmente basta para disminuir la autoridad de una persona. Lo que puede resultar en la actitud común de ‘¿Por qué tomar en serio o escuchar lo que [esa persona] nos dice?’ Pero no siempre resulta ser así, como anteriormente hemos visto en los ejemplos presentados.


Si, finalmente, la hipocresía es relevante y afecta la credibilidad de una persona, todo depende en la esencia de lo que nos dice el hipócrita. Así que mejor, y, para  evitar caer en las trampas que al respecto nos plantan nuestras reacciones instintivas, aquí, repetimos, que es buena medida la de examinar los argumentos antes de saltar a conclusiones.


Aún no hemos concluido…


La hipocresía y la teoría psicoanalítica que la trata de explicar


¿Por qué los hipócritas hacen y dicen cosas que entre sí se contradicen?


Lo hacen porque sus mecanismos de defensa, por definición inconscientes, lo permiten, logrando de esa manera evitar sentimientos de ansiedad y suministrarles sosiego y armonía a sus egos borrosos.


Existe una defensa conocida como la formación de reacción


Este es un mecanismo de defensa en el cual emociones que producen ansiedad o que son inaceptables, son reemplazados por sus antagonistas directos. Este mecanismo es característico de las neurosis de ansiedad. Pero, cuando esta defensa se utiliza en exceso, especialmente durante las etapas de desarrollo del ego, puede arraigarse como rasgo distintivo y permanente del carácter, lo que a menudo se evidencia en personas de constitución obsesiva o en los trastornos obsesivos, consolidados, de la personalidad.


¿Por qué las personas se comportan de esa manera? Según Freud, para ocultar sus verdaderos sentimientos de desear conDucirse, con impunidad, en la manera diametralmente opuesta.


La trata de blancas y el sexo desenfrenado, como causas mayores para que florezcan los hipócritas

Indudablemente que, por lo menos en la prensa norteamericana, hemos visto a un número extraordinario de políticos y clérigos que han caído segados por la guadaña de la intemperancia sexual. A la que se abandonan no tan sólo con menores, sino que asimismo lo hacen por medio del patrocinio de prostitutas — ‘abominaciones’ de comportamiento — que ellos, desde la exaltación que sus púlpitos les atribuyen, y que, con vehemencia vitriólica, condenan.


Otros ejemplos los proveen las estrellas cinematográficas que se proyectan como dechados de virtudes, para ellas imposibles, o de abogados prostituidos, defensores de clientes cuya responsabilidad por un crimen es, para todos, palmaria.


Siendo las actividades sexuales causa principal para acusaciones de hipocresía, la pregunta que aquí nos hacemos es la siguiente: ¿Por qué los hombres compran el sexo?


Muchos investigadores nos dicen que es para obtener intimidad a petición, mientras que para otros es el deseo de usar y de dominar las mujeres.


Pero parece ser que estas respuestas son muy simplistas para ser verdad, ya que arrestos repetidos no evitan que muchos hombres reincidan en estos comportamientos, que, por lo menos, para ellos, han tenido consecuencias desastrosas.


La compra y venta del sexo es asunto de proporciones mayores.


En el año 2007, en los Estados Unidos, miembros de los servicios policiales arrestaron unas 80,000 personas por crímenes relacionados al sexo. La gran mayoría de los solicitantes de este sexo por dinero, fueron hombres.


En conjunto, se estima que un 16% de los hombres pagan por sexo en los Estados Unidos, de acuerdo a un reporte publicado en el 2005 por el profesor Sven-Axel Månsson de  Malmö University en Suecia. Mientras que otro estudio publicado en el año 2000 de 998 prostitutas callejeras y 83 que aceptaran clientes por cita, en la ciudad de Los Ángeles, conducido por la profesora Janet Lever de California State University, sugiere que un 28% de los hombres que utilizan los servicios de prostitutas y casi la mitad de los que procuran servicios por cita compran sexo con regularidad, con los restantes siendo clientes casuales.


La proporción existente entre quienes pagan por la obtención de servicios sexuales varía entre los diferentes países y entre los diferentes estudios. Månsson reporta que el 14% de los hombres holandeses ha comprado sexo, comparado con 40% de los españoles, observando que la prostitución es legal en ambos países.


De acuerdo a HYDRA, una organización germana que provee asistencia legal y otros servicios similares a prostitutas, casi las tres cuartas partes de los alemanes, donde también la prostitución es legal, pagan por servicios sexuales. Y en Tailandia, donde la prostitución es ilegal, aunque socialmente aceptable, un estudio reciente revela que un formidable 95% de los varones adultos ha dormido con prostitutas.


Cualesquiera que sean los números, el comportamiento aparece con tanta frecuencia que no puede ser excluido como siendo, simplemente, patológico. En vez los motivos que tienen los hombres para la compra del sexo son razón de debates acalorados entre los investigadores mismos.


Para algunos, la práctica del sexo por dinero sirve como paliativo para muchos de los problemas psicológicos más comunes, como son deseo por sexo, amor o romance insatisfecho. Otros proponen que los clientes de prostitutas son guiados por razones antifeministas, como son el deseo de abaratar y subyugar la mujer.


Debate que asimismo existe entre los expertos acerca de la moralidad de la prostitución.


La sexualidad: Instinto básico


Por supuesto, las personas compran lo que les gusta, y el sexo es algo que interesa de manera muy poderosa. Todos parecen deseosos de pagar por las actividades o cosas que les placen, contando la actividad sexual entre ellas. Por otro lado, un hombre puede obtener sexo gratuitamente dentro del contexto de cualquier relación intima. Entonces ¿Por qué pagar buen dinero por ésta, especialmente si se consideran los riesgos sociales y de salud asumidos con las relaciones sexuales con prostitutas? ¿Es que la mayoría de los hombres son tan poco atractivos que sólo una prostituta los aceptaría?


La mayor parte de los investigadores no estarían de acuerdo con esta posición. Hombres que se mezclan con prostitutas, de acuerdo a muchos expertos, proceden de todas las clases socioeconómicas. Éstos pueden ser corredores de bolsa, choferes de camiones, maestros, sacerdotes y agentes de la ley. No se asignan características especiales que diferencian, a quienes usan el servicio de prostitutas, de los demás mortales.


Tampoco pueden definirse estas personas midiéndolas con la vara con que se miden quienes se consideran víctimas de trastornos emocionales. Estudios detallados no han podido demostrar la existencia de anormalidades en ellos, aunque se considere extraño el hecho de que ignoren los riesgos asumidos en la práctica del sexo casual y sin protección. En algunos estudios, hombres que preferían sexo sin el uso de condones obtenían puntos más altos en las escalas que miden la agresión, y también se encontró que hombres casados y de buenos medios económicos, que exigían sexo sin protección, lo hacían con mayor frecuencia que los demás. Parece ser que si se goza de mayor seguridad y fortuna, algunos llegan a creer que son invulnerables.


Las investigaciones coinciden en que todas destacan la diversidad que existe entre los hombres que pagan por sexo. Algunos puede que sean guiados meramente por el impulso genital. En un estudio conducido en Bremen, Alemania, se encontró que muchos de estos hombres se sienten sexualmente frustrados, porque no están gozando de satisfacción carnal en ningún lugar, o que son personas hedonistas quienes desean realizar sus fantasías eróticas en un prostíbulo.


Los representantes de HYDRA nos dicen que algunos hombres frecuentan la compañía de prostitutas para saciar su apetito sexual. Algunos admiten que se sienten con mayor libertad de experimentar lo nuevo dentro del contexto del sexo comercial, en lugar de con sus esposas y amantes, lo que los habilita a expandir su ámbito de experiencias, derivando mayor placer y satisfacción del acto mismo.


Todavía tenemos algunos investigadores que han identificado motivaciones emocionales y psicológicas entre los hombres quienes compran el sexo. Muchos reportan personas que imaginan que están viviendo una verdadera relación amorosa cuando están con una prostituta, mientras que otros creen que sienten un apego romántico hacia una mujer a quien no verán otra vez. Es como si vivieran el ideal del amor dentro del marco de un servicio por paga.


Cuando a muchos de estos hombres se les pedía que definieran ‘sus’ prostitutas, muchos las consideraban ‘abiertas’, ‘sinceras’ y ‘honestas’. Otros dirían que eran ‘inteligentes’ o ‘humorosas’. Muchos pintaban la imagen de una perfecta mujer a quienes ellos desearían poder conocer mejor. Otros más afirmaron que ellos desearían que la prostituta que ellos frecuentaban pudiese tomar el lugar de la esposa. Parece ser que los sentimientos que se engendran en estas situaciones comerciales pueden ser muy profundos.


El comportamiento de muchos de los hombres en considerables números de los estudios, es compatible con la demostración de deseos de conocer mejor a la prostituta en un sentido social, substanciado por el interés personal, por ellos exhibido, antes y después de la consumación del acto sexual.


En una gran proporción de los casos, como para poder lograr establecer una relación durable, muchos de los hombres prefirieron retornar repetidamente a la misma mujer. Casi las dos terceras partes de los entrevistados reportaron haber hecho uso de la misma persona más de 50 veces. Mientras que uno en cuatro había tenido sexo con la misma prostituta más de cien veces. Pero, ¿por qué recurriría un hombre a una prostituta — en lugar de una amante, esposa o amiga íntima — para satisfacer su necesidad por un apego social? Una razón puede que sea que las relaciones reales con mujeres son riesgosas y complicadas, cargadas de cuestiones que algunos hombres prefieren evitar. Las prostitutas, suelen ser menos exigentes y hacen menos demandas que las novias o las esposas y aún pueden sosegar la psiquis — esto último siendo lo que los ‘expertos’ nos dicen.


Lo que a menudo sucede, en el esquema usual de las cosas, es que una mujer conocida puede que rehúse intimidad con un hombre, porque está cansada o porque carece del ‘deseo’, o por qué no está en el estado de ánimo de hacerlo — lo que a la mayoría de los hombres mortifica. Pero, por contraste, las trabajadoras sexuales, generalmente aceptan sus clientes incondicionalmente y les ofrecen intimidad a petición, no importa cómo, y en el momento que lo deseen. En este aspecto del rompecabezas, los hombres compran el sexo para contrarrestar sus inseguridades psicológicas, como, asimismo lo hacen para satisfacer sus necesidades biológicas.


Sin embargo, no todos están de acuerdo. Muchos investigadores refutan la idea de que las prostitutas sirven como bálsamo para las penurias de hombres que son esencialmente normales. La socióloga Julia O’Connell Davidson de la Universidad de Nottingham en Inglaterra, caracteriza a los hombres que frecuentan las casas de prostitución y que cohabitan con prostitutas como necrofílicos quienes perpetran sus excesos en mujeres quienes están socialmente ‘muertas’.


Sexo y la oralidad humana


En una conferencia dictada al Parlamento Europeo en el año 2006, Månsson destacó que procuradores de sexo por paga, frecuentemente se refieren al sexo como algo que ellos conciben como un producto del consumismo. En lugar de ser una expresión de la búsqueda de relaciones íntimas. Un hombre, reporta el científico, comparaba el sexo comprado con ir a comer a un McDonald.


Lo último puede que sea debido a la proximidad anatómica de los centros del apetito y de la reproducción en el hipotálamo cerebral.


Así que, parece ser cierta mi hipótesis de que la confluencia de los instintos es una realidad patente, y de que la sexualidad y el comer — incluyendo sus manifestaciones proteicas son partes necesarias del mismo proceso.


En otras palabras, que las disorexias y la sexualidad — aberrantes o no — son piezas del mismo continuo.


Ser prostituta no es una profesión que quienes la ejercen practican porque les place. Pobreza, adicción a las drogas o miedo de violencia de los controladores (maipiolos, en la República Dominicana) son las razones principales por las que una mujer se hunde en los abismos de la prostitución.


En consecuencia, muchos expertos argumentan que las trabajadoras sexuales no son quienes son la causa misma de la prostitución. En su lugar, este negocio sobrevive debido a las demandas  de tropeles de machos quienes tienen problemas en sus relaciones con las mujeres, lo que — dicen ellos — constituye un crimen contra el sexo femenino.


Pero, hay que considerar otros detalles, ¿verdad? Como, en seguida proponemos hacerlo

Nuestra especie es diferente a otras en muchos respectos, ya que se abandona a actividades, potencialmente azarosas, porque éstas les causan placer. No importa si es el sexo o es el comer hasta engordar, sino que también salta en paracaídas y escala montañas altísimas, sin aquí mencionar la ruleta rusa.

En lo que, al sexo respecta, tenemos programado poder hacer el amor en toda época del año, sin fines reproductivos. Entre nosotros existen pedófilos, necrofílicos, prostitutos, célibes y otras variedades de inclinaciones y actividades sexuales y alimentarias que no se hallan del mismo modo en otros animales.


Pero, cuando hablamos del sexo, el etólogo Konrad Lorenz ha escrito acerca de aves que se comportaban como prostitutas, por definición, ya que, antes de lograr el coito con ellas, había que proporcionales un incentivo material.


Nuestros parientes cercanos, los primates de la especie de los chimpancés hacen lo mismo. Pero, lo que nos distingue de otros simios son asuntos de importancia:


El hecho de que, generalmente, nos apareamos en privado, de que alardeamos de poseer el pene del mayor tamaño entre los monos. De que permanecemos, por lo menos tres años con la hembra parida que fertilizáramos, para asistirla en sus menesteres de madre, y de que tenemos una economía monetaria que indica nuestro estado entre nuestros semejantes.


Debido a que el sexo, y el acaparamiento de hembras se consideran importantes en muchas sociedades, nuestro comportamiento puede estar en conflicto con nuestras tendencias morales y religiosas. Por ello algunos, especialmente, quienes son vulnerables al juicio de los demás, recurren a la duplicidad de la hipocresía para poder satisfacer sus instintos, y para continuar gozando, a la vez, de la apreciación y respeto de sus contemporáneos.


Los políticos norteamericanos y asimismo, los políticos en general, transitan sus vidas bajo el escrutinio del ojo público, como si fuesen peces en una pecera de vidrio. Pero como nos dijera Henry Kissinger: ‘El poder es el afrodisíaco más fuerte’. Lo que suele ser verdad, ya que el poder significa influencia y dinero que para los seres humanos — especialmente para la hembra — se traducen en deseos de procrear o compartir las prerrogativas del poderoso, o de tener sus hijos en un verdadero sentido darvinista.


Pero, hay que guardar las apariencias. Y ¿qué manera más efectiva de lograrlo que la de crear defectos para los demás, condenar a quienes no se ajustan a nuestros estándares, y vivir como si fuéramos paradigmas de las perfecciones que inventáramos?


La caída de gracia, no importa, porque, cuando los que sucumben a sus impulsos lo hacen, siempre encuentran la justificación de ser alcohólicos, de que es una directa prueba de Dios, o de que fueron víctimas de alguna conspiración para hacerles daño.


En conclusión


Las palabras citadas que nos legara de La Rochefoucauld resuenan como verdades eternas.


Desde que inventáramos la palabra hablada y, luego, la escrita. Y, desde que inventáramos la moralidad con el poder de las religiones para implementarlas y, desde que realizáramos el tremendo dominio que la hembra de nuestra especie puede ejercer en nosotros. Sería entonces, cuando nos llegara el tiempo debido para que naciera la hipocresía y la falsedad.


Fin de la lección.


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Prostitución infantil.

El embarazo ‘normal’ y la obesidad

Jueves, Octubre 22nd, 2009

Cuando una mujer sale embarazada poco conoce lo que sus acciones al comer pueden causar al bebé que, dentro de sí, ella alberga. Por ello muchas aprovechan la moratoria ofrecida por la circunstancia fortuita del embarazo para rescindir todo control en lo que a su ingesta respecta.

Los hombres, por supuesto, privados del privilegio femenino de concebir, carecen de razones para preocuparse con los efectos de sus comportamientos, en los retoños de los embarazos en los que sus zigotos participen.

Pero no es así, como más adelante tendremos la oportunidad de aprender, cuando nos aventuremos dentro del ámbito de la epigenética, como en esta lección haremos.

Primero, examinemos algunas de las estadísticas que nos causan mayor preocupación.

Una tercera parte de la población norteamericana infantil padece del sobrepeso o es obesa. Esta cifra representa unos 25 millones de niños.

En los últimos treinta años, el porcentaje de niños obesos, entre los dos y cinco años de edad se ha triplicado.

Una bebé hembra, nacida en el año 2000 hoy tiene un chance del 40% de desarrollar diabetes tipo 2, la que se relaciona directamente con la obesidad de adultos.

Además de lo antedicho, un 60% de entre estos niños exhibe uno ó más de los factores de riesgo para las enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, elevación de los triglicéridos y descontrol del azúcar sanguíneo.

Un reportaje del año 2005 en el New England Journal of Medicine nos advierte que la epidemia de obesidad juvenil en los Estados Unidos pronostica una reducción en la expectación de vida en los adultos de unos cinco años. Algo que ocurre por la primera vez en la historia de esa nación de obesos.

No existe la menor duda de que galones de refrescos azucarados, canastas de papas fritas en grasas deshidrogenadas, demasiado horas jugando Nintendo o viendo pasivamente la televisión — en lugar de practicar actividades físicas al aire libre — constituyen una combinación letal.

Un volumen de evidencia continúa creciendo corroborando el hecho de que los hábitos dietarios y de vida, de ambos padres — la madre especialmente — durante las etapas tempranas del embarazo, pueden afectar el metabolismo y el futuro bienestar de los hijos.

En otras palabras, si una mujer quiere salir, o sale embarazada, debe de pensar dos veces antes de abandonarse a una dieta que resultará en aumentos desproporcionados de peso — como se acostumbra en nuestras culturas.

El gen egoísta y todopoderoso entra en la escena

Para muchos, la frase freudiana de ‘anatomía es destino’ se metamorfoseó en algo como: ‘el gen es poder supremo’.

En su obra cumbre, The Selfish Gene, el etólogo británico Richard Dawkins, nos introduce al poder abrumador que poseen los genes, logrando impresionarnos con el alcance del ‘mapa’ que como plan controlador reside en el ADN celular.

Pero, la historia del dominio del gen no es hoy lo que de antes se creyera, y que Dawkins y sus muchos prosélitos, nos enseñaran.

Hoy sabemos, no sólo que lo que los padres hacen afecta el futuro de sus hijos naturales, sino que (sin abandonarnos en un ejercicio de índole lamarckiano) los genes no siempre se expresan, de modo invariable, de acuerdo a las instrucciones, que en ellos creemos existen, ya que ciertos compuestos secundarios pueden atarse a los genes suprimiendo su expresión.

Entonces, como sucede con nuestros dispositivos electrónicos, los genes se prenden y se apagan.

Todo procede como si fuera un interruptor de encendido que conecta o desconecta el gen, como si fuera una bombilla eléctrica.

Aquí, lo que nos interesa es el hecho de que factores ambientales, como son la comida que comemos y los cigarrillos que fumamos, pueden prender y apagar la expresión normativa de nuestros genes, alterando sus manifestaciones.

El tipo de exploración científica, aquí descrita, ha cambiado radicalmente el campo de la genética en su totalidad, lanzando una nueva disciplina llamada la epigenética.

La epigenética es la disciplina que se ocupa de investigar de cómo niños pueden heredar y expresar lo que aparentan ser nuevos rasgos provenientes del comportamiento y entorno de sus padres sin cambios en el ADN subyacente. En otras palabras, las instrucciones provenientes del código hereditario son las mismas, pero algo, las cancela sin que el componente genético se altere.

El término epigenética existe desde los años 1940. Pero el primer avance mayor que la impulsó como ciencia ocurrió en el año 2003 con la participación de un animalito insignificante, cuya presencia es común en los laboratorios donde se investiga la biología.

A todos, presento al ratón flacucho marrón

Este ratoncito, al que me refiero, sorprendió a la comunidad científica con el comportamiento de sus genes.

El roedorcito en cuestión pertenecía a una cepa de ratones obesos amarillos que fueron criados específicamente para transportar un gen llamado agouti, que les confiere el color característico y que les garantiza la tendencia a la obesidad.

Cuando dos ratones agouti se aparean, ellos producen ratones amarillos y gordos, generación tras generación indefectiblemente.

Pero, veamos lo que pasa cuando ratones van a la Universidad de Duke.

Un grupo de científicos en esa universidad, separó un contingente de ratones agouti entre dos grupos. Un grupo de control y otro, un grupo de ratonas preñadas.

Con el control grupo no se hizo nada especial. Se les alimentó la dieta usual de laboratorio y permitieron que copularan entre ellos.

No hubo sorpresa. Los ratones amarillos, gordos parieron ratoncitos amarillos, gordos.

Sin embargo, los ratones en el grupo experimental fueron sujetos a ciertas alteraciones en su dieta.

Además de su ingesta normal, a este grupo se le suministró mejor cuidado prenatal.

Se les administró un régimen similar al de las mujeres embarazadas modernas.

Recibieron vitamina B12, ácido fólico, betaína y colina.

Los resultados de este experimento sacudió el mundo científico de la genética por sus fundaciones.

Ratones gordos, amarillos, que se habían apareado con ratonas gordas, amarillas, tuvieron bebés que eran delgados y marrones.

Los resultados inesperados ponían en duda todo lo que la comunidad científica creía.

Un análisis genético de los ratoncitos marrones complicó el misterio.

Los genes eran exactamente los mismos de los padres, como se esperaba, listos para enviar las instrucciones para procrear ratones obesos y amarillos.

Pero no lo hacían.

¿Qué sucedió?

La única explicación disponible es que una ó más substancias presentes en los suplementos vitamínicos que les administraran a las madres preñadas, se trasladó dentro de los genes de los roedores y apagó la expresión del gen agouti.

Cuando los bebés nacieron, todavía poseían el gen agouti, pero éste no se había expresado — substancias químicas se habían afijado al gen, suprimiendo su expresión.

Este proceso de supresión genética tiene un nombre, se llama la metilación del ADN.

La metilación ocurre cuando un compuesto llamado un grupo metílico se une a un gen y cambia el modo como ese gen se expresa, sin cambiar la estructura del ADN.

Pero, hay más…

Delgados y marrones no fueron los únicos rasgos que los ratones adquirieron por medio de la metilación. El gen agouti de los roedores se imbrica en mayor incidencia de cáncer y diabetes. Los ratones con el agouti apagado evidenciaron una reducción significante en la aparición del cáncer y de la diabetes.

De acuerdo al líder del estudio, el Dr. Randy Jittle: ‘Por la vez primera, hemos demostrado de manera precisa el proceso de cómo el uso de los suplementos alimentarios en la madre puede alterar permanentemente la expresión de los genes en los críos sin alterar los genes mismos’.

En otras palabras, cómo y lo qué comemos tiene un impacto en generaciones venideras.

El efecto de este estudio fue enorme, las razones, aunque siendo obvias, ameritan ser examinadas:

Primero, la epigenética disipó la convicción que existiera de que los programas genéticos son fijos e indelebles. El mismo conjunto de genes puede producir resultados diferentes dependiendo en cuáles genes hayan experimentado el proceso de metilación y cuáles no. Lo que significa que un estrato nuevo de reacciones posibles, actuando fuera y por encima del código genético, había que tomarse en consideración, porque cambiaba el resultado del programa genético sin alterar el código mismo.

Ese fuera y por encima es de donde la epigenética deriva su nombre. Del griego: el prefijo epi que significa sobre o en adición y genético, relacionado a la herencia. Esto de por sí no debe de tomarnos de mucha sorpresa, ya que muchos investigadores han señalado que a menudo, los mismos genes no producen los mismos resultados. Mellizos idénticos que comparten el mismo ADN no poseen las mismas huellas digitales o no desarrollan las mismas enfermedades.

Segundo, que el estudio de Duke resucitó el espíritu de Lamarck: factores del entorno afectando la madre, se demostró, que afectaban los rasgos hereditarios de los hijos sin cambiar la estructura del ADN.

Más adelante, otros experimentos con ratones, también en Duke, señalaron que se podía sobrecargar los cerebros de ratones con la simple adición de colina en la dieta de la hembra preñada. La colina desencadena un patrón de metilación que apaga el gen que normalmente limita la división celular en el centro de la memoria cerebral.

Con el controlador de la división celular en las células que regulan la memoria, apagado, los ratones comenzaron a producir células de memoria a toda velocidad resultando en memorias enormes para los ratones en cuestión. De adultos esos ratones, rompieron todos los records de retención en pruebas psicológicas estandarizadas.

Investigaciones que corroboran estos hallazgos se han conducido en una variedad de animales, incluyendo el ratón de campo, la pulga del agua fresca (Daphnia), el saltamontes del desierto, algunas especies de lagartijas y otros animales donde aspectos físicos y de comportamientos cambian ostensiblemente por la metilación sin alterar el ADN.

El enfoque actual de la investigación epigenética en el ser humano está casi todo limitado al estudio fetal.

Es muy claro que los primeros días que siguen a la concepción, cuando la mujer aun no sabe que está encinta, son más críticos de lo que supiéramos. Es precisamente en esta etapa cuando genes importantes se prenden y se apagan, transmitiendo o no las primeras señales epigenéticas al feto en desarrollo.

El útero se constituye, entonces, en un verdadero laboratorio evolucionista donde se evalúan rasgos que pueden o no, asistir en la supervivencia del feto. Investigaciones demuestran que en muchos abortos espontáneos el feto evidenciaba anormalidades genéticas.

He aquí cómo la epigenética puede explicar parcialmente la epidemia de la obesidad — la infantil en particular.

La fast food que constituye la dieta de la mayoría de los americanos, es alta en calorías pero baja en nutrientes, especialmente aquellos elementos que son esenciales para el desarrollo de un embrión en las etapas tempranas de su evolución. Si una mujer recién embarazada se pasa las primeras semanas de su gravidez comiendo una dieta típica de junk food, el embrión puede recibir la señal de que va a nacer en un entorno hostil donde los tipos esenciales de alimentos escasean. Por medio de una combinación de efectos epigenéticos varios genes se prenden y se apagan resultando en que el bebé nacerá pequeño, necesitando menos comida para la supervivencia. Volviéndose obeso en el futuro.

La Hipótesis de Barker

David Barker, distinguido nutricionista británico, fue el primero en sugerir un eslabón que existe entre la nutrición fetal deficiente y la obesidad posterior. Su teoría hoy se conoce por su nombre o por la teoría del genotipo económico.

Fetos que experimentan nutrición deficiente desarrollan metabolismos económicos que son mucho más eficientes en almacenar energía.

Cuando un bebé nacía con un fenotipo económico 10,000 años atrás, durante un período de escasez de alimentos, su metabolismo conservacionista lo ayudaría a sobrevivir el hambre relativa.

Pero, cuando un bebé nace en el siglo XXI rodeado de comida en exceso, que es asimismo pobre nutricionalmente y rica en calorías, el bebé engorda.

La importancia del conocimiento de la epigenética

El mundo científico recientemente ha abandonado el derrotero prístino de la ciencia incontrovertible para convertirse en otro tentáculo de los intereses creados. Muchos académicos de reputación establecida salen a la defensa de las industrias que nos envenenan, el instante en que se publica algo derogatorio acerca de las mismas.

Lo que es tan alarmante aquí es el hecho de que los defensores venales, a menudo escriben por adelantado sus artículos para que no haya dilación en la publicación de sus respuestas favorables y exculpatorias de las industrias que los patrocinan — aunque falsas.

Para nuestro mundo de científicos que toman seriamente el estudio de los trastornos del comer, la hipótesis de Barker es de la mayor importancia porque nos asiste en el entendimiento de cómo los hábitos alimenticios de la madre pueden afectar el esquema metabólico de los hijos.

Papá: mejor, no fumes…

Estudios, muy recientes, llevados a cabo en la Gran Bretaña encuentran que hombres que comenzaron a fumar antes de la pubertad tuvieron hijos que eran mucho más gordos que lo considerado normal cuando cumplían los nueve años. Lo sorprendente es que esta correlación afectaba a los hijos varones exclusivamente.

Los expertos en la epigenética deducen que, en este caso, los indicadores epigenéticos se transmiten vía el cromosoma Y.

Marcus Pembrey, un genético británico, llama este fenómeno ‘el principio de prueba’. El esperma ha capturado información dentro del entorno hereditario y ahora modifica el desarrollo y la salud del individuo en generaciones futuras.

Pero hay más. Debido a que las modificaciones del genoma son transgeneracionales, se ha expuesto evidencia soportando el impacto de la epigenética de abuelos y abuelas en sus nietos.

Veamos el mecanismo involucrado en el caso de la herencia de la madre a través de la abuela.

Cuando una hembra del género humano nace, ella ya posee el complemento total de los óvulos que tendrá de por vida en sus ovarios de bebé. Extraño como parezca, eso significa que el huevo del que uno se desarrolla con la mitad de los cromosomas propios, fue creado en los ovarios de la mamá cuando ella todavía residía en el útero de la abuela. La evidencia científica es que cuando la abuela pasó señales epigenéticas a la madre de uno, ella pasaría asimismo esas señales que eventualmente constituirán la mitad del ADN de la persona en cuestión.

Por ejemplo, se ha encontrado que niños cuyas abuelas fumaron cuando estaban embarazadas eran más predispuestos a sufrir del asma que hijos de madres que fumaban cuando ellas estaban embarazadas.

Mucha investigación continúa produciendo hallazgos similares que nos maravillan y sorprenden.

Lo que es de importancia, ya que puede jugar un rol decisivo en el entendimiento de la obesidad como fenómeno de la adaptación descarrilada.

Prosigamos

La metilación del ADN ocurre durante todo el ciclo vital, teniendo que tenerse en cuenta toda la vida.

Ahora, consideremos algo nuevo: los transposones o genes saltantes

Mazorcas de maíz indio vienen en diferentes colores, como son violetas, amarillos y blancos. Sometimes the individual grains are purple with white streaks or mottling. A veces los granos son de color púrpura con vetas blancas o manchas marrones. This mottling effect defies Mendel’s basic principles of genetics because individual grains may be multicolored rather than a single color. Este efecto de manchas inesperadas contradice los hallazgos de Mendel y desafía los principios básicos de la genética, porque los granos individuales pueden ser multicolores en lugar de monocromáticos. The movement of transposons on chromosomes may result in colored, non-colored and variegated grains that do not fit traditional Mendelian ratios based solely on chromosome assortment during meiosis and random combination of gametes. El movimiento de transposones en los cromosomas puede resultar en colores inesperados, que no se ajustan al color y variedad de los granos en el sentido mendeliano. The explanation for this phenomenon involves “jumping genes” or transposons, and earned Dr. Barbara McClintock the prestigious Nobel Prize in Medicine in 1983 for her life-long research on corn genetics. La explicación de este fenómeno supone un ‘salto de genes’ o transposones, y obtuvo a la Dra. Barbara McClintock el prestigioso Premio Nobel de Medicina en 1983 por su larga vida de investigación en la genética de maíz.

¿Qué es un transposón o gen saltante?

Un transposón es una secuencia de ADN capaz de replicarse e insertar una copia de sí mismo en un nuevo lugar del genoma. Los transposones son secuencias repetitivas que se cree que proceden de retrovirus ancestrales. Se han descubierto en bacterias y en células eucariotas. Y por extensión, en los virus de las computadoras — aunque éstos no afectan los seres vivos directamente.

En otras palabras, que la estabilidad que creyéramos existiera en el código genético que nos permitiera aventurarnos a especular la existencia del gen de la obesidad, el de la homosexualidad, del lenguaje y aun el de Dios, carece de corroboración científica. (Véanse mis ponencias al respecto, especialmente, Del Gen de la Obesidad… ‘Of Mice and Menen monografías.com).

La herencia y la genética no son destino, ya más, como antes creyéramos.

Antes de concluir veamos un poco de la historia de la nueva ciencia que aquí estudiamos

A menudo se atribuye a Conrad Waddington (1905-1975) la acuñación del término ‘epigenética’ en el año 1942 como ‘la rama de la biología que estudia las interacciones causales entre los genes y sus productos que dan lugar al fenotipo’. Las primeras apariciones de la epigenética en la literatura datan de mediados del siglo XIX, aunque los orígenes del concepto pueden encontrarse ya en Aristóteles (384-322 AC). Aristóteles creía en la epigénesis: el desarrollo de la forma orgánica del individuo a partir de la materia amorfa.

Esta controvertida creencia fue el principal argumento en contra de la hipótesis que mantenía que nos desarrollamos a partir de cuerpos minúsculos completamente formados. Incluso hoy día, aún no existe un consenso universal acerca de hasta qué punto estamos pre-programados o modelados por el ambiente. El campo de la epigenética ha surgido como un puente entre las influencias genéticas y ambientales. En el siglo XXI, la definición más comúnmente encontrada del término epigenética es ‘el estudio de cambios heredables en la función génica que se producen sin un cambio en la secuencia del ADN’.

En el caso de la obesidad puede decirse que aunque no se haya encontrado el gen que la produce, como tantas de las industrias farmacológicas y genéticas ansían, que la metilación de los genes responsables por la misma comienza mucho antes de que nazca el niño y que, la industria de los fast foods, cuyos productos acarrean cantidades monstruosas de substancias nocivas y de elementos químicos que no sólo son incompatibles, pero que afectan a quienes los consumen adversamente (véanse los colorantes artificiales y el monosodio glutamato) puedan ser responsables por la epidemia que nos flagela.

Que, para poder eliminar su presencia y su avance implacable, los esfuerzos hay que efectuarlos al nivel muy por encima del gen: al nivel epigenético. Asunto éste que muy pocos logran porque, en su ignorancia, no lo reconocen.

Mientras tanto, mujeres embarazadas sean conscientes de lo que comen, porque el efecto de esa comida puede reflejarse en los nietos y aún más allá…

Imagen

Britney Spears embarazada.

La moralidad y la veracidad: Asuntos cruciales

Miércoles, Octubre 21st, 2009

La moralidad y los principios éticos son temas que nunca dejan de instigar nuestra curiosidad especulativa y científica, porque del modo como los aplicamos, son exclusivamente idiosincrásicos para nuestro género.

Estafas por miles de millones de dólares, efectuados por miembros de la banca que dejan caridades, y a los indigentes beneficiarios, en la ruina. Calumnias irresponsables y tendenciosas que sirven para templar la envidia que profesionales y académicos mediocres albergan contra quienes a ellos los superan. Abogadescos picapleitos, de baja estirpe, que venden su perfidia a quienes paguen por un plato de mangú. Padres crueles y desalmados que, luego de abusar sus hijos, tanto física como emocionalmente, pretenden proyectarse como virtudes personificadas, proclamando un amor filial, del que harto han demostrado carecer. Esposos que abusan sus cónyuges. Cambistas que roban. Moderadores de programas que aprovechan la oportunidad que se presente para explotar lo sensacional, aunque para hacerlo distorsionen los hechos, pisoteando la verdad, mientras que proclaman acudir en su resguardo.

La explicación o excusa: ‘…es que somos seres humanos, y los seres humanos no son perfectos’.

He ahí, donde encontramos la fuente de nuestro dilema filosófico.

En fin, que nuestra especie hace uso de nuestro enorme cerebro, en la interpretación de los principios morales de nuestras sociedades,  de maneras que, a veces nos resultan antitéticas y sorprendentes, por virtud de lo tanto que exaltamos los valores éticos que nos gobiernan, mientras que los ignoramos.

Un cierto sentido de moralidad como factor esencial para la adaptación de algunas especies animales

Algunos géneros vienen dotados de específicos módulos natos que los impelen a conducirse de maneras programadas para poder sobrevivir y medrar como grupo.

Otras especies grupales despliegan comportamientos altruistas, cuidan de sus hijos, defienden a sus congéneres, protegen su entorno y demuestran estar dotados con sentidos éticos, siendo capaces de reconocer la decepción cuando la vislumbran.

Todos estos ajustes serían adaptaciones necesarias para lograr prosperar en cualquier microcosmos social. Quienes así lo hicieran, lo harían para conformarse a las exigencias de reciprocidad del grupo, y para poder convivir pacíficamente entre sus miembros.

La ética humana y las leyes que gobiernan nuestra especie

La ley natural

Para alcanzar mantenerse en harmonía, sociedades humanas primitivas tuvieron que adoptar sistemas de ordenanzas que, al principio, fueron desarrolladas de manera intuitivas, antes de que fueran recopiladas para ser impuestas.

En mi contribución: De cómo la regla del DNA gobierna un mundo de incertidumbres ciertas, detallo minuciosamente la evolución histórica y progresiva de este avance social, conocido como la Ley Natural.

Antes de que las leyes existieran, teníamos un entendimiento rudimentario de la moralidad, que algunos definen como altruismo animal

La moralidad humana, como noción, es diferente al altruismo de otros animales en algunos de sus aspectos, ya que como concepto no es fijo, sino que resulta ser de uso flexible, relativo y, conveniente. Todos la invocamos para apremiarla a nuestro servicio — lo que solemos hacer, cuando la necesitamos para favorecernos — Como asimismo hacemos con todos los principios éticos, que, como seres civilizados, pretendemos respetar y que, en la realidad, con presteza oportuna, se descartan, cuando, así hacerlo, resulte expediente.

El párrafo anterior constituye la piedra filosofal de esta tesis

Generalmente, todos compartimos la  antipatía hacia el engaño, como igualmente apreciamos el desdén que unos profesan hacia quienes nos mienten. No obstante, todos mentimos y, si podemos hacerlo, todos engañamos. (Véase mi artículo: La mentira y la neurociencia aplicada en monografías.com).

Como especie, la más inteligente, inclinada al auto decepción y a la falsedad. A veces nos cegamos pretendiendo que nosotros, como individuos, somos puros, limpios, espiritualmente excepcionales, e irreprochables — circunstancia tan ilusoria como conveniente.

Quizás no todos así piensan, porque no todos los seres humanos son venales o volubles. Pero sí que existe un grupo de personas religiosas, políticas, profesionales, académicos, miembros de la farándula y líderes sociales que, a pesar de ser corruptos, se califican a sí mismos como dechados de perfecciones y que asimismo demandan que los demás, los acepten como tales.

Igualmente así se catalogan los miembros de la amplia porción de la población que padecen de trastornos narcisistas y antisociales de la personalidad. Pero, éstos representan una categoría especial, ya que operan a distancias considerables de toda salud emocional o equilibrio espiritual.

La moralidad humana no emanó de los principios decretados por las iglesias institucionales, ni los inculcados por los clérigos — muchos de los cuales son alcohólicos, pedófilos, y mujeriegos. Ni tampoco provendría del ejemplo señalado por los Papas, innúmeros de entre los mismos, depravados e incestuosos, cuyos vicios, deshumanizantes, e interminables, fueran plétora… (Aquí las obras recomendadas son tres: Chronicles of the Popes, The Borgias, y Structures of Deceit).

La moralidad humana es producto de nuestros módulos natos contenidos en la esencia misma del concepto sociológico e inmanente que reside en la Ley Natural.

Pero como todo lo genético ésta, está subordinada a ser influenciada por factores epigenéticos, lo que explica la inestabilidad inherente a los principios morales. (Véanse mis artículos al respecto).

Basado en que la moralidad es producto de módulos instintivos (o ingénitos) podemos comprender, por qué los actos de aquéllos quienes se burlan de los valores éticos com¬par¬tidos, nos despiertan animosidad o rechazo, porque entendemos que lo que aceptan son comportamientos esencialmente incongruentes.

La Ley Natural revisitada

Tomás de Aquino (1225-1274) fue el primero, de todos los pensadores, cuyas enseñanzas establecieran las fundaciones básicas para el estudio de la Ley Natural, operando como depositario de valores, de sistemas morales y de métodos filosóficos. (Véase mi tesis: La ley Natural).

Desde los tiempos de Aquino, esta Ley ha evolucionado, hoy siendo contenida como parte del currículo de enseñanza de todos los juristas — aunque, por razones inexplicables, en la mayoría de nuestras universidades no se incluye.

Los proponentes modernos de los principios que gobiernan este concepto fueron:

Hugo Grotius, quien definiera la Ley Natural como el conjunto de reglas que nos gobiernan y que pueden ser descubiertas por el simple uso de nuestra razón. Éste mismo, también propuso que el entendimiento de la Ley Natural es deductivo, nomotético, e independiente de la experiencia.

(NOMOTÉTICO, CA: adj. Se aplica a las ciencias que tienen un cuadro de leyes generales mediante las cuales pueden preverse ciertos acontecimientos, especialmente sociales, o establecerse sus factores determinantes).

En otras palabras que es instintivo, intuitivo y está cimentado como módulo nato.

Los nombres de otros filósofos, cuyas contribuciones al entendimiento de la Ley Natural fueran de importancia, son los de Samuel von Pufendorf, Thomas Hobbes y John Locke, quienes proporcionarían ideas y establecieron principios que asentarían las bases fundamentales para el desarrollo de una teoría de Ley Natural como principio inquebrantable.

Con el transcurso de los años, y en la estela dejada por el Holocausto Nazi, las Naciones Unidas en diciembre 10 del 1948, adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Documento que fuera basado totalmente, en la aplicación de esta Ley Natural.

La Declaración de los Derechos Humanos es otro instrumento que todos los dictadores, tiranos, y aspirantes a autócratas del mundo, han ignorado sistemáticamente desde que se divulgara. Aunque, a pie juntillas, y sin problema de índole moral, todos mantienen que lo reconocen.

Peor aún, estos autócratas, quienes ignoran la Ley Natural, encarnada en la moralidad — como dijéramos al principio de este ensayo — la invocan, cuando la necesitan para, con ella escudarse, o para justificarse a sí mismos en sus desmanes.

Pero, la Ley Natural, como principio, se remonta, por supuesto, a nuestro pasado distante, cuando aún no sabíamos ni cómo leer ni cómo escribir.

Las leyes Naturales se aplicaban, entonces, de modo empírico y racional.

Veamos:

La mentira y el engaño. Ambos, como el uso de ciertas palabras hieráticas, tienen sus usos, pero solamente bajo circunstancias específicas. El mentiroso habitual y empedernido, que falsea para destruir reputaciones, para justificar el homicidio, el hurto, el incesto, o engaña para calumniar, está excluido. Así como, estarlo, resulta, quien, como costumbre o hábito, impreca.

La monogamia por el período natural. Comportamiento elemental, que forma parte adaptadora de la naturaleza de nuestra especie. Módulo nato esencial, ya que la hembra permanece incapacitada por tiempos prolongados, luego de parir un bebé. Para ello la mujer necesita de la presencia del hombre y no que éste se ausente para inseminar a otras mujeres en un período crucial, como tantos hacen — procreando hijos, simultáneamente — con varias mujeres incautas…

La lealtad tribal. Es obligatoria, para que la agregación de los residentes que comparten el mismo entorno, puedan defender la propiedad colectiva con mayor eficiencia. De esto provienen los vigilantes y los ejércitos.

El intercambio de promesas y de artículos de venta — el comercio — constituye un propósito esencial de honradez y de honor. Lo que cualquier mercante, contratista, banquero o abogado, hoy, viola sin resquemores.

La tendencia al chismeo y al rumoreo infundado están invalidadas por la necesidad racional de verificar los hechos. (Véase mi artículo: Los Chismes y la Persona Chismosa…).


Aquí sería útil revisar mi artículo: La autoestima, la dignidad, el auto-respeto y lo que arruinamos cuando los comprometemos… Publicada en monografía.com y en Psikis.cl.

Para evitar los excesos de la aplicación errónea de la Ley Natural, el hombre primitivo, en toda sociedad, seleccionaba un juez, de entre su tribu, para arbitrar las disputas, consecuencias inevitables de la vida comunal.

Ese prefecto, en su selección, sería persona sabia, venerada y provista con reconocidas cualidades excepcionales, que le garantizaban, a quienes a su juicio acudieran, una audiencia imparcial.

Todo estuvo bien, hasta que se inventara la aplicación ingeniosa del dinero en aras de la extorsión y del soborno, y de que se experimentara la embriaguez del poder ininterrumpido y la fama basada en el consumismo conspicuo, como magistralmente lo articulara Thorstein Veblen en su Theory of the Leisure Class.

Todo cambió, cuando la injusticia avanzaría los intereses del magistrado y cuando el poder adquiriera la posibilidad de tramar, con impunidad, la eliminación física de los adversarios y oponentes.

En ese mismo instante, la Ley Natural se abarató, dejando en su lugar una farsa de lo que antes rigiera como principio efectivo y como sistema imparcial.

La verdad, sin dilación, fue supeditada a la ‘versión oficial’ de la misma, y todo lo que contradijera esa interpretación, se convertiría en mentira y no necesitaría ser corroborada ni sujeta al escrutinio pudoroso de la Realidad. (Véase mi artículo: La Versión Oficial).

Así se estableció el clima propiciatorio para la dominancia expresiva de los trastornos de la personalidad que penetran nuestros grupos humanos y para el nacimiento insidioso del animal político (Homo politicus), personificados en los círculos íntimos de la Casa Blanca de G. W. Bush.

La crueldad como ‘experimento’: Y, adonde la Ley Natural se subvierte

En varios centros en Alemania y en partes de los Estados Unidos, se han conducido experimentos humanos, donde se asigna el rol de carcelero y prisionero a grupos de personas de origen común, como ya hemos leído en muchas de mis ponencias.

Dado el sentimiento de tener poder absoluto sobre otros, muy pronto, los ‘carceleros’, se convierten en maníacos desalmados, embriagados por la visión del sufrimiento que pueden infligir a los ‘cautivos’ a ellos confiados.

Estos experimentos sirven para confirmar que el ser humano es capaz de las peores inhumanidades hacia sus semejantes, cuando la oportunidad se presenta — lo que, a menudo, también hace, en el nombre de Dios y de la justicia.

Así operan igualmente padres depravados, que lanzan a sus hijos menores, a los peligros de la noche, para castigarlos. O esposos abusivos y personas en posiciones de poder que se aprovechan del uso de la autoridad a ellos confiada, para infligir daño. (Véanse: Obedience to Authority: The Unique Experiment that Challenged Human Nature por S. Milgram y The Lucifer Effect: Understanding How Good People Turn Evil por P. Zimbardo).

El lapso imprevisto de la Ley Natural y sus consecuencias psicológicas

La violación sistemática de la Ley Natural posee un efecto disruptivo en los sistemas serotoninérgicos del cerebro humano.

Las actividades biológicas de la serotonina — como quienes manufacturan los SSRI, bien lo saben — controlan la autoestima y el matiz de nuestros afectos.

Cuando la Ley Natural se quebranta, instintivamente, nuestros sistemas de alarma, que responden al peligro, se aprestan a confrontar situaciones que nos amenazan. El resultado final es la ansiedad

Así lo explica Darwin y lo confirma Alfred Lord Tennyson cuando, el último, nos dice que: Nature (is) red in tooth and claw.

La propensión a la decepción es atributo evolucionado que existe en muchas  especies

En los Estados Unidos se han conocido innúmeros casos de esquemas de inversiones bancarias que, hoy se conocen como el ‘Esquema de Ponzi’. Esquema éste,  que, a muchos despierta repulsión, y en otros, produce schadenfreude.

Para entender a qué me refiero, aquí introducimos la definición de los Esquemas Ponzi.

Los esquemas Ponzi son un tipo de operación ilegal, tipo pirámide, llamadas por el inmigrante italiano Carlo Ponzi, quien, en los 1920s, engatusara a un incontable número de personas a investir en un programa especulativo de estampas postales.

Ponzi pensó que él podía aprovechar las diferencias en tasa entre las unidades monetarias norteamericanas y las de otros países, utilizándolas para comprar y revender cupones postales internacionales. Ponzi prometió que podía pagar, en menos de tres meses, un 40% de intereses a sus inversionistas, comparado con el 5% que ofrecieran, entonces, los bancos comerciales.

Ponzi, de inmediato, fue inundado con fondos provenientes de inversores, al ritmo de 1 millón de dólares en sólo tres horas, cuando comenzara a operar.

Esto sucedió en el año 1921

Para financiar su esquema colosal, Ponzi solamente compró $30 de los cupones.

Ponzi, naturalmente, antes de ser deportado a Italia — donde fuera recibido como héroe — serviría sentencias en prisiones federales.

Estas pirámides continúan operando, y continúan estafando a muchos a la melodía  de miles de millones de dólares, como hiciera, en tiempos recientes, el execrable Bernard Madoff.

Pero, detengámonos, ya que dicen los expertos que engañar a los demás es evidencia de ser listo

Los comportamientos decepcionantes poseen una historia muy arraigada en la evolución de la vida en sociedades, y mientras más sofisticado que un animal sea, más ingeniosas y más pronunciadas serán sus tendencias  al engaño y a aprovecharse de la ingenuidad ajena. Algo que decirse en favor del psicópata.

Veamos cómo esto opera entre algunos antropoides

En un reciente estudio acerca del comportamiento de ciertos grupos de primates conducido en Saint Andrews School en Escocia, se descubrió que existe una correlación entre comportamientos decepcionantes y el volumen del cerebro. Mientras mayor en grosor la neocorteza cerebral de algunas especies de monos, mayor es el chance que uno de estos simios exhiban comportamientos deliberadamente engañosos.

La evidencia entre los humanos, con nuestra neocorteza densamente corrugada, es que habitualmente nos mentimos entre nosotros, sin resquemor, con desenvoltura y con aplomo.

Examinando lo que los científicos llamaran ‘la mentira en la vida cotidiana’, un grupo de investigadores de la Universidad de California en Santa Bárbara le pidieron a 77 estudiantes universitarios y 70 voluntarios de la comunidad que mantuvieran diarios anónimos de los detalles rodeando cada mentira que todos dijeran durante una semana.

Analizando los resultados de la prueba, los investigadores encontraron que los estudiantes dijeron, por promedio, dos mentiras al día, mientras que miembros de la comunidad dijeron una mentira al día, y que la mayoría de estas mentiras eran de poco significado. ‘Yo le dije que pienso mucho en él, aunque nunca lo recuerdo’, escribió una participante en el estudio. ‘Le dije, falsamente, que le envié la respuesta a su invitación este mismo día’, escribió otro.

En un estudio complementario, los investigadores les preguntaron a los voluntarios que describieran las peores mentiras que hubiesen dicho en su vida. Entonces surgieron confesiones de infidelidades conyugales, de engaño a empleadores, de mentir frente a un juez para lograr ventajas. Cuando además les preguntaron qué sentimientos tenían acerca de estas mentiras, algunos dijeron que todavía los acosaban los sentimientos de culpa, mientras que otros, habiendo realizado que escaparon sin problemas, repetirían la acción una y otra vez.

La verdad, es que la mentira es muy fácil de decir. En más de 100 estudios, los investigadores han hecho la siguiente pregunta a los sujetos participantes: La persona a quien, los voluntarios observan, parece que: ¿miente o dice la verdad? Las respuestas siendo unos 53%, acertadas — lo que no es de mayor significado, estadístico, que echándolo a cara o cruz.

Esta ceguera a la mentira sugiere a algunos expertos que existe una tendencia humana a tolerar la decepción, prefiriéndose una mentira bien urdida a la verdad desnuda.

Uno de los autores más destacados en el mismo estudio, que prefiere permanecer anónimo, dice: ‘quizás será porque preferimos que no nos hagan verdaderas revelaciones dolorosas’.

Nuestra existencia está repleta de historietas de heroísmos y logros, que solamente existen en las mentes de sus autores. También existen en la Naturaleza, las inofensivas mariposas virreyes que imitan las tóxicas mariposas monarcas, aves que fingen alas rotas para desviar predadores de la proximidad de sus retoños, y peces pescadores que atraen su presa por medio del uso de protrusiones anatómicas que simulan carnadas.

Los biólogos distinguen entre esos casos de decepción innata o automática y lo que conocen como decepción táctica. La última consiste en la aplicación de un comportamiento normal con el propósito expreso de confundir a un observador. Este tipo de comportamiento requiere mucha inteligencia, encontrándose, por tanto, en animales dotados con los cerebros del mayor desarrollo.

Entre los animales con quienes nos asociamos, los monos grandes son los decanos de impostores conocidos. El primatologista Frans B. M. de Waal, de la Universidad de Emory, cita ejemplos de cómo estos simios en cautividad, pueden, con la apariencia de la mayor inocencia, seducir seres humanos a quienes atraen, para, a menudo,  hacerles daño.

Los mismos monos no se comportarían de esta manera con sus semejantes, porque, conociéndose bien entre ellos, los infractores no escaparían ilesos.

Pero aún así, los simios tratan de engañarse entre ellos. Los chimpancés muestran los dientes, en sonrisa franca, cuando están nerviosos, pero, cuando un macho adulto amenazante se les acerca, o tornan la cabeza o se cubren la boca. De manera similar, si un macho subordinado está en medio del cortejo amoroso de una hembra y detecta la presencia de un macho alfa, inmediatamente, el subordinado disfraza sus comportamientos amatorios cubriendo con sus manos su erección.

Entre los engañadores más hábiles se encuentran los monos Rhesus. Quienes diseñan planes complicados para robar comida a los demás miembros de la misma colonia, por lo que, con frecuencia, pagan con un escarmiento — la Ley Natural de los Rhesus.

La generalización más cierta es que no somos los únicos animales que están inclinados al usufructo de la mentira y que violan sin titubeo los principios éticos que los rigen.

En resumen

En la imagen de la niña vendiendo cigarrillos, apreciamos un ejemplo conspicuo del plagio desfachatado. Destinado a embelesar al público, mientras lo decepcionan — especialmente, durante las festividades pascuales.

El dibujo aparece como ilustración para una historia publicada el 23 de diciembre del 2008 bajo el título de ‘La niñita de los cigarrillos’ por Justine Picardie. Los editores del Telegraph.co.uk introducen este cuento, entre sus páginas, como una de esas fábulas inspiradoras que se leen a los niños, durante las festividades navideñas.

Al hacerlo, los editores, encomiaron, profusamente, los talentos originales de la ‘autora’ del cuento.

Lo que la fábula, y quienes la publican, proponían hacer, fue hilvanar un cuento conmovedor para el beneficio de quienes anuncian sus mercancías en la misma página.

Para los padres, quienes primero lo leyeran, este tipo de ficción sirve el dudoso propósito de enfatizar a los jóvenes, desde muy temprano en sus vidas, las enormes diferencias que existen entre los que tienen y los desposeídos… Para que los hijos reflexionen y sientan, sino tristeza, por los que son menos dichosos, por lo menos para que se contenten con lo que, de sus progenitores, reciban.

Pero hay algo que salta a la vista cuando leemos el cuento.

La historieta, para muchos familiar, se despliega siguiendo un patrón ya conocido, porque en el año 1845, Hans Christian Andersen la había publicado, palabra por palabra, en Copenhague, cuando la escribiera bajo el título de ‘La niñita de los fósforos’.

De inmediato, la lección, para los niños asimilar, es el significado de la palabra ‘plagio’ y las enseñanzas del himno: ‘No digamos jamás la mentira, no engañemos a nuestros papás, que no hay cosa más bella que un niño, cuando sabe decir la verdad…’

Para concluir,  repetimos que es preciso reconocer que la moralidad, como virtud, para nuestro género es un vínculo delicado. El cual — cuando se acepta sin ponerlo a juicio crítico, como lo expreso en mi artículo acerca de la hipocresía — se hace tomando un riesgo contra-intuitivo de la mayor magnitud.

Quizás Santo Tomás, el apóstol, en sus dudas acerca de la Resurrección de Cristo, quiso legarnos una enseñanza crucial: ‘…duda, hasta del Cristo encarnado…’ (Juan 20:24-29).

Para concluir, repetimos otras palabras de filosófica sabiduría.

‘Con la moral corregimos los errores de nuestros instintos, y con el afecto los errores de nuestra moral’.

José Ortega y Gasset (1883-1955) Filósofo y ensayista español

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La niña de los fósforos.



El Poder y el trono

Lunes, Octubre 19th, 2009

Cuando alguien piensa en la filosofía política del poder y en sus transformaciones, universalmente la imagen que a nuestras mentes retorna es la del florentino Nicolás Maquiavelo (1469-1527).

Cuando pensamos en el poder detrás del trono, generalmente, pensamos en el monje Gregorio Rasputín (1872-1916).

Rasputín nació en la Siberia de padres pobres y vivió como un campesino la mayor parte de su juventud.

Este monje adquirió fama cuando se autoproclamara un santo varón, ganando favor con la familia imperial de Rusia después de que, en apariencias, ‘curara’ el hijo del Emperador Nicolás II y de la Emperatriz Alexandra Fyodorovna, de la hemofilia — enfermedad usualmente crónica e incurable.

La influencia que el vicario ejerciera en los asuntos del estado culminaría en su bien conocida muerte violenta y en la Revolución Rusa del 1917.

Más cercano a nuestras costas y de mayor relevancia a nuestras vidas, tenemos el ejemplo del Perú en la persona de Vladimiro Montesinos, que tantas penurias costarían al Presidente Alberto Fujimori.

De Montesino, el autor peruano Francisco L. Galván nos dice:

‘Conocí a Montesinos a inicios de la década de los setenta: era teniente del Ejército. Me lo presentó un amigo mío, renombrado profesor de Derecho Constitucional de Montesinos, en ese entonces. En realidad esta persona lo que buscaba era como librarse de un personaje que intentaba devorarle el cerebro con sus inquietudes sobre la política, no como ciencia, sino como praxis. Lo interrogaba de esto o aquello con la avidez de un pájaro carpintero’.

Montesino quería aproximarse al asiento del poder por vía del conocimiento de la política y del político.

Desde las sombras del poder, Montesinos gobernaría de modo paralelo como lo hiciera Rasputín.

La historia reciente nuestra posee algunos símiles.

Para muchos de los dominicanos que votaran en las elecciones del pasado 16 de mayo, el debacle electoral que resultara en una derrota decisiva y apabullante para el presidente Mejía fue, en parte, debida a los poderes que existieran detrás del trono, o si se prefiere del solio presidencial.

En el caso del Perú, el allegado Montesinos, practicaría formas de control gubernamental que aquí también se practicaran durante la era de Mejía.

Lo que Montesinos hiciera, usando los servicios secretos del estado, otros aquí lo hicieron por medio del uso del aparente prestigio de la ciencia económica para avanzar sus propios intereses.

Mejía confió demasiado en sus economistas, a pesar de que algunos de sus autoproclamados entusiastas le advirtieran en contra de poner toda su fe en ellos, veamos:

‘El líder verdadero, no se deja arrostrar por aquellos quienes deben revestirse con los hábitos de los falsos profetas, para hacer un impacto. No confíes en los economistas’. (FEFL, en ‘entrega’ a Mejía el 18 de abril, 2000)

Los economistas que lo rodearan le aconsejarían cómo conducir los asuntos del estado sin, por lo que los resultados demuestran, calcular sus consecuencias posibles.

Deslumbrado por lo que escuchara, nuestro presidente los seguiría a pie juntillas.

Pero ¿qué hace un gobernante con un mandato que, aunque no fuera decisivo, gozara de la confianza incondicional de su pueblo?

El gobernante busca consejo en el pueblo.

¿Por qué fue que aquí sería diferente?

El origen atávico del líder nos lo explica de un modo convincente.

Nuestra necesidad para elegir líderes de entre los miembros de nuestras tribus, residió precisamente, en la magia que éstos proyectaban y en su infalibilidad ilusoria.

Cuando viviéramos en las simplezas del paleolítico, nuestros conocimientos eran exiguos, pero nuestro intelecto era incomparable en el reino animal.

Nosotros poseíamos el único órgano que reflexiona acerca de sí mismo: el cerebro.

Nosotros intuíamos que la muerte era irreversible. Pero, para desafiar nuestro sino intentaríamos prolongar la vida creyendo en la inmortalidad. Lo hicimos con la ayuda del hechicero erigiendo monumentos a nuestros muertos y enterrándolos de acuerdo a las fórmulas prescritas por nuestros sacerdotes y héroes.

Nuestras creencias también repercutirían en el orden social que entonces existiera. Para muchos líderes la idea de ser infalibles, omniscientes y seleccionados por las fuerzas del destino serían tentaciones irresistibles para anhelar que el poder les fuera posesión propia, exclusiva e imperecedera.

En la mitología griega, la tragedia de Prometeo, elocuentemente describe la rabia de los dioses cuando sus poderes se usurpan y luego se asumen.

Los líderes que pretenden ser eternos, amenazan la paz de los dioses del Olimpo.

En Tótem y Tabú, Freud describe el escenario probable que nos confrontara con el destino de nuestros líderes, cuando los jóvenes de la tribu conspiran exitosamente para librarse del yugo impuesto por un cabecilla caduco. (Véase mi ponencia acerca del canibalismo).

Porque los líderes humanos son falibles y mueren — de ello provienen sus ansiedades existenciales y de ello provienen sus errores y equivocaciones.

Nosotros, hoy, culpamos justamente, a los economistas y no a la economía por las aflicciones que padeciéramos durante los últimos once años.

Puede que esto sea, o que no sea la verdad, pero es sólo por medio de la ciencia donde podremos encontrar la respuesta cierta.

Respuesta que aún no se obtiene por la inercia de nuestros gobiernos en cuanto a la lucha contra la corrupción respecta.

Cuando una persona adquiere el privilegio de ostentar el poder, esa persona acepta su posición de acuerdo a su constitución y configuración psicológica.

Por ejemplo, los estilos de descargar sus responsabilidades de presidente contrastan en lo extremo, entre Hugo Chávez y Nelson Mandela.

Para uno, el poder es una invitación a regresiones sintomáticas a regiones donde conflictos psíquicos residen aún no resueltos. Para el otro, es una invitación a la adaptación y a la madurez emocional.

¿Cómo fue para Mejía y para los arquitectos de sus pólizas económicas?

Veremos.

Escuchemos a Lord Acton quien nos dijera: ‘El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Hombres grandes son casi siempre hombres malos… No existe peor herejía que la que mantiene que la posición santifica a quien la ocupa’.

En el caso de nuestra república, no ha habido aún en nuestra historia un hombre probo que ocupara el poder.

Rasputín…

Pero, ¿cómo corrompe el poder?

El poder corrompe porque:

1. Da la ilusión de la inmortalidad. Una vez en el poder, algunos hombres se transforman en seres que creen que fueran predestinados a poseer derechos mágicos por encima de sus coetáneos — creyéndose ser infalibles e imperecederos.

2. Porque el efecto de ocurrencias fortuitas refuerzan esa misma impresión. En el caso de Mejía, las mentiras que, con frecuencia dijera, acopladas por unos cuantos actos de ardides políticos, los convencerían a él, a los del PPH, a los del TTH y a los economistas de su entorno que los esquemas que tramaran, a pesar de ser descabellados, serían aceptables en la mente del pueblo.

3. Porque se sentían incontestables y dignos de decidir la vida de todos los dominicanos como a ellos se les antojara.

Es aquí, desde donde los economistas oscuros que, gozando la seguridad relativa de sus sinecuras, desplegarían las pólizas monetarias que a tantos afectarían negativamente.

Para eso era necesario que el narcisismo típico del ser irresoluto se alimentara con el elogio profuso de sus lacayos.

Los economistas aseguraron al presidente, como oráculos modernos, que ellos sabían que los asuntos de la economía y del estado progresarían si él siguiera sus consejos.

Sin pensarlo, él los seguiría, porque en su forma de percibir la administración del poder, predominaba la creencia pueril de que él, como hombre predestinado, podía descifrar los sentimientos del dominicano.

Sentimientos que creyera que, esencialmente, serían:

• Que amamos el caudillo — algo que, se le advirtiera, no fuera así.

• Que admiramos una figura paterna que nos insulta, nos veja y nos disminuye — no sería para el ser maduro.

• Que aceptamos tanto la pobreza en nosotros, como admiramos la riqueza en nuestros líderes — sin anhelar mejoras.

• Que consideramos el nepotismo político y el enriquecimiento del anillo presidencial un derecho sacro del primer mandatario — algo que todos, en todas partes detestan.

• Que pensamos que las mentiras, si las dicen nuestros dirigentes, son verdades — No kidding?

• Que destetamos más la homosexualidad y la cacareada ingobernabilidad de algunos que la integridad de los candidatos que opusieran la corrupción — La homosexualidad a nadie le molesta, lo que molesta es el robo con el favoritismo conspicuo.

• Que los apagones, los precios incontenibles, la tasa incontrolable, la falta de educación y todos los males que nos afectan no nos importan — ¿Quién dice…?

• Y que nuestras memorias son tenues y exiguas — los viejos dominicanos aun recuerdan la Era de Trujillo día por día. Quizás será porque los actores principales de ese melodrama están vivos.

Hay cosas que fueron deleznables.

No es necesario que ningún candidato que va a ambicionar ser reelecto, proteste sus intenciones anti-reeleccionistas tantas veces, antes de forzarnos su candidatura.

No hay necesidad de lanzar una campaña política visitando poblados pobres con caravanas de vehículos de lujo para enfatizar el contraste.

Entonces, nos preguntamos

¿Por qué se dejan engatusar ciertos gobernantes por sus propios consejeros?

Porque es precisamente lo que desean para sí mismos.

Que los economistas traicionaron a nuestros gobernantes y al pueblo — y viceversa es la razón por la que estamos en el enredo penoso en que hoy estamos.

El hecho de que un solo economista, entre todos los que comparten el oprobio actual en que vivimos, ocupa el lugar de Rasputín y Montesinos, no nos aplaca, ya que él, nos debe muchas explicaciones y no excusas.

El tiempo nos dirá…

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Poder.

La muerte de Aníbal…

Miércoles, Octubre 14th, 2009

Rebeca nació en Santo Domingo a padres muy jóvenes e impacientes. Por algunos años el embarazo fue dificultado por una conteo bajo de esperma de parte del marido, cuyo orgullo sufriría inmensamente, ya que algo afectando sus esencias masculinas, le ofendía.

Pero, el método de la inseminación artificial produjo el resultado anhelado y con un donante que llenaba los requerimientos de la pareja. Rebeca nació, ‘la rubita’ por todos, anticipada.

Nereida, la niñera expectante, telefoneó a sus familiares, expresando admiración incontenible y exuberante: ‘¡tiene los ojos azulitos!’

Los padres mantenían una propiedad cercana a la nuestra en Casa de Campo, viniendo a menudo a utilizar nuestra piscina, con Rebeca, por supuesto.

En verdad que era muy hermosa y plácida… Como bebé, dormía constantemente y su piel resistía muy poco la luz solar, requiriendo que se la mantuviera a la sombra la mayor parte del tiempo.

La mamá era una mujer con tendencias al sobrepeso, el cual combatiera con visitas al gimnasio local y con la ingestión profusa de comidas y de bebidas dietéticas.

Temiendo que la hija, también pudiese engordar, muy pronto, Rebeca empezaría a beber refrescos de dieta — como hacía la mamá.

A los dos años de edad, la niña aún no poseía ningún signo de desarrollo del lenguaje ni caminaba sin ayuda. Su coordinación era asimismo muy pobre.

Vinieron a vernos cuando un día se le infectó un oído y, siendo domingo, no tenían donde llevarla. La examiné y le prescribí antibióticos para una otitis media.

La madre, sollozando, me pidió que examinara la hija, ya que creía que algo estaba muy mal con ella, arrepintiéndose del embarazo artificial.

Así lo hice. El examen neurológico era preocupante. El examen psicológico directo era ominoso.

Me confesó que el marido se había alejado de ella y de la hija y que había expresado el deseo de una separación marital. Eso la ponía muy triste y no sabía qué hacer para atraerlo de nuevo.

El diagnóstico: La fenilcetonuria

La fenilcetonuria es una enfermedad hereditaria poco común, en la cual el cuerpo no metaboliza adecuadamente el aminoácido fenilalanina, lo cual puede causar retardo mental severo.

Esta condición se hereda como un rasgo autosómico recesivo que se encuentra en uno de cada 16,000 partos en los Estados Unidos, con una distribución igual en ambos sexos. Dado que esta enfermedad se puede detectar fácilmente a través de un examen de sangre y se puede tratar, en muchas partes se exige un examen urinario para todos los recién nacidos.

La anomalía genéticamente determinada en la fenilcetonuria es la ausencia de la enzima denominada fenilalanina hidroxilasa. La fenilalanina es uno de los ocho aminoácidos esenciales encontrados en los alimentos que contienen proteínas. En este trastorno, la fenilalanina no se puede metabolizar en forma normal, debido a la ausencia de esta enzima. Por consecuencia, los niveles de fenilalanina se elevan y se desarrollan dos substancias derivadas estrechamente relacionadas con la fenilalanina. Estas sustancias son tóxicas para el sistema nervioso central y pueden ocasionar daño cerebral.

El daño cerebral es causante de una variedad de retardo mental severo que se detecta hacia el final del primer año de vida. Los niños mayores pueden desarrollar trastornos motores, de la coordinación e hiperactividad. Debido a que la fenilalanina está comprometida de forma indirecta en la producción de la melanina, el pigmento responsable del color de la piel y el cabello, los niños con fenilcetonuria tienen una complexión más clara (cabello rubio y ojos azules) que la de los hermanos no afectados. También pueden emitir un olor muy desagradable que resulta de la acumulación de ácido fenilacético y que se puede sentir en el aliento, la piel y la orina.

Prevención

Se recomienda la asesoría genética para los futuros padres con antecedentes familiares de fenilcetonuria. El estado portador se puede detectar por medio de pruebas enzimáticas y además, se puede diagnosticar en forma prenatal. En los Estrados Unidos, se deben realizar rutinariamente las pruebas de tamizaje a todos los bebés inmediatamente después del nacimiento.

Es necesario que todas las madres gestantes portadoras de fenilcetonuria sigan estrictamente una dieta especial baja en fenilalanina ya que la acumulación de este compuesto afectará al neonato, aún sin que haya heredado la enfermedad.

Síntomas

· erupción cutánea eczematosa

· microcefalia

· temblores

· movimientos faltos de coordinación de brazos y piernas

· tono muscular espástico

· postura inusual de las manos

· convulsiones

· hiperactividad

· retardo del desarrollo intelectual y social

· retardo en el desarrollo del habla y del lenguaje

· un fuerte olor desagradable en la orina y el sudor

· coloración pálida.

Signos diagnósticos

La apariencia es diagnóstica, donde la enfermedad se sospecha: complexión pálida, cabello rubio y ojos azules.

Los pruebas de laboratorios indicadas

· análisis enzimático para detectar el estado de portador

· prueba de las vellosidades coriónicas del embarazo materno, para detectar fenilcetonuria en el feto

· tamizaje para fenilcetonuria. Esta consiste en la obtención de una muestra de sangre del talón del bebé, extraída con una lanceta, para tamizaje, obligatorio en la mayoría de los estados de los Estados Unidos

Tratamiento

El tratamiento comprende una dieta libre de fenilalanina, especialmente durante el crecimiento del niño para reducir o prevenir el riesgo del retardo mental. Es necesario llevar estrictamente la dieta, por lo cual se requiere la supervisión muy de cerca por parte del médico o el dietista con la cooperación de los padres del niño.

La fenilalanina se encuentra en cantidades significativas en alimentos como la leche, los huevos y algunos comestibles comunes. Además se encuentra en el edulcorante Nutrasweet (aspartame), razón por la cual los productos que contengan aspartame se deben evitar en las dietas de los niños con esta enfermedad.

Cuando le ofreciera refrescos a su hija, la mamá no lo sabía.

Lofenalac es una fórmula infantil especial para niños con fenilcetonuria. Se puede usar durante toda la vida como fuente de proteína con un contenido extremadamente bajo en fenilalanina y balanceado para los aminoácidos esenciales restantes.

Las mujeres adultas portadoras de fenilcetonuria que tienen planes de salir embarazadas deben seguir una dieta rigurosa baja en fenilalanina que debe iniciarse antes del embarazo y continuarse durante todo el embarazo.

Pronóstico

El futuro puede ser optimista, si el tratamiento dietético se inicia inmediatamente después del nacimiento del bebé y se sigue estrictamente. Pero si se comienza después de los 3 años o no se hace ningún tratamiento, el daño cerebral es inevitable.

Complicaciones

Sin tratamiento, el niño sufrirá retardo mental severo.

Situaciones que requieren asistencia médica

Se debe buscar asistencia médica si a un bebé no le han realizado exámenes para fenilcetonuria, especialmente si algún familiar padece esta enfermedad.

El Caso de Aníbal, el Hiperactivo Atolondrado

‘Cuando nadie me cree, mi doctor me creerá’… El lamento de Aníbal.

En los años 1920s, en los Estados Unidos se inició un proyecto, asociado con las cortes para juveniles que se conocería por muchos años como El Movimiento de Orientación Infantil (The Child Guidance Movement).

Este programa consistió de construir bajo la supervisión de las cortes, un sistema de clínicas para asesoramiento y tratamiento del niño a riesgo y sus familiares.

La estructura de las clínicas era multidisciplinaria, dotadas con la presencia de un equipo de profesionales que incluía: 1. Psiquiatra 2. Psicólogo 3. Trabajador social, y 4. Patólogo del lenguaje.

Debido, a que la psiquiatría de niños haría su presencia formal a fines de los años 1950s y de que existiera una demanda para el entrenamiento de profesionales capacitados dentro de esa especialidad. Muchas universidades norteamericanas pronto abrirían sus propias clínicas, asumirían el control de las ya existentes o iniciarían unidades especializadas para atraer a los candidatos futuros.

Yo me entrené en la Clínica de la famosa Washington University Medical School en St. Louis. Teniendo la posterior fortuna de haber dirigido cinco centros de tratamientos psiquiátricos para adolescentes y niños en el estado de Missouri.

El proceso de evaluación y tratamiento

El mecanismo de la evaluación seguía una rutina afianzada formalmente por la tradición:

  • Llamada de referir el paciente
  • El caso se pone en la lista de espera
  • La entrevista, en grupo, de pacientes nuevos
  • La admisión como paciente
  • Otra espera
  • La evaluación
  • La conferencia diagnóstica
  • La conferencia post-diagnóstica, donde se imparten los hallazgos y las recomendaciones de tratamiento a los padres
  • La espera
  • La asignación del caso a: Un psiquiatra, el niño, y trabajador social a los padres.
  • En caso de necesitar terapia del lenguaje, por falta de personal y de fondos, el niño se refería a una de las tantas clínicas que existían en la comunidad.

Aníbal se refirió a la clínica por su maestra. Ella había notado, que a la edad de seis años, y luego del nacimiento de una hermana menor (de tres años, cuando se iniciara el proceso) el habla, la socialización, la coordinación y el temperamento de Aníbal habían sufrido deterioro aparente y progresivo.

El proceso sistemático de la evaluación procedería de modo ritualizado, sin poder ser ‘contaminado’ por contactos interdisciplinarios prior a la conferencia diagnóstica. Toda la información proveniente del examen del niño (de cualquier edad) estaría restringida al residente de psiquiatría, la de los padres estaría limitada a la trabajadora social, en este caso.

Cuando fui a encontrar a mi paciente, por la vez primera, reconocí a un niño de cabeza muy grande, de excitabilidad fácil y con muy poca coordinación.

El camino a mi oficina requería que bajáramos un tramo de escalones para lo que tuve que cargarlo en mis brazos.

Entrando a la oficina, luciría desorientado y como si estuviera perdido. Le ofrecí un juguete para iniciar contacto social. Le di un teléfono, que adquiriría significado especial.

Aníbal parecía ensimismado con el sonido del timbre que su teléfono produjera cuando discaba un número. Lo hacía repetida e incesantemente, poniendo el teléfono al oído, como si para escuchar mejor.

Cuando lo conduje a la casa de muñecas, que en la oficina tuviera, para introducirlo a la familia de marionetas, me di cuenta de que no podía ver bien.

Decidí proceder entonces, de una manera poco convencional y llamé a la mamá que esperaba en el segundo piso.

Ella vino y me asistió con su hijo.

La circunferencia cefálica estaba hipertrófica.

En la piel tenía varias marcas conocidas como café au lait spots comunes en la neurofribromatosis,

Los nervios ópticos estaban atrofiados bilateralmente, en el examen fondoscópico del ojo.

Diagnóstico: Glioma del nervio óptico

Confirmación radiográfica

Glioma del Nervio Óptico… ¿Qué es?

Crecimiento progresivo de una masa tumoral que invade y presiona el nervio óptico y las estructuras adyacentes.

Síntomas

Los síntomas son debidos a la presión que ocasiona el crecimiento tumoral:

  • Pérdida de visión en uno o ambos ojos
  • Estrabismo
  • Protuberancia ocular

Los exámenes físicos demuestran el déficit neurológico y la atrofia típica del nervio óptico.

Signos de la neurofribromatosis, como son las manchas de café au lait, son frecuentes.

Diagnóstico:

TC y IRM, con las radiografías son los métodos más confiables para llegar a un diagnóstico acertado. La formación conocida como la ‘Silla Turca en J’ es patognomónica.

Tratamiento

La radioterapia y la cirugía son los métodos de tratamientos de uso más frecuentes.

El pronóstico es serio, como lo fuera en este caso.

Resumen del caso de Aníbal

El teléfono rojo fue la vía de comunicación que Aníbal y yo emplearíamos por el tiempo que le quedaría de vida.

Todas las tarde, y antes de salir para mi casa, a ver a mi esposa y a mis hijos, entonces muy jóvenes, pasaba por la habitación de mi paciente a visitarlo a él y a conversar con sus padres y con su hermanita.

Aníbal presentía mi llegada, comenzando a ‘llamarme’ por teléfono ruidosamente antes de que yo entrara a su cuarto — para mi uso en la terapia, los padres habían adquirido un teléfono azul.

Nosotros habábamos por un tiempo largo. Aníbal me decía del dolor que sentía y de las náuseas que sufriera después de sus tratamientos.

Una tarde me preguntó:

‘¿Voy a morir?’

Le dije que sí, que nos pasará, algún día a todos.

‘No, no quiero saber lo que pasa a todos… lo que quiero es saber si voy a morir muy pronto…’

Con lágrimas, y sin poder disimular mi tristeza, le dije que sí…

Me dijo ‘adiós’

La siguiente mañana, el día era fría, nevaba, y su habitación ya estaba vacía…

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Muerte de un hijo.

Edipo y Electra…

Lunes, Octubre 12th, 2009

Esta lección provocará una disrupción del estilo informal característico de nuestras actividades pedagógicas, entrando al tema sin preámbulos, describiendo el Complejo de Electra, o cuando algunas mujeres traicionan sus madres, para alcanzar fines egoístas.

Comenzaremos con el Complejo de Edipo que fuera precursor del equivalente femenino, el Complejo de Electra, término éste caído en desuso.

El descubrimiento, de estos complejos, Freud lo hizo en sí mismo, por medio de su auto-análisis. A este hallazgo él atribuyó aspecto universal, tan seguro estuvo, de su función central y esencial para el estudio del desarrollo emocional del ser humano.

La Evolución y Génesis de los Complejos de Edipo y Electra

Durante su juventud y, por el resto de su vida, Freud vivió en una sociedad que expresaba sin reservaciones sus sentimientos y hostilidades antisemitas. Para él, su papá, hombre retraído y apacible, simbolizaría el antihéroe, porque nunca asumió una postura valiente cuando en público lo acosaran por ser judío.

El hogar donde Freud creciera fue como sigue: Un padre de más de cuarenta años, y ya abuelo, cuando él naciera. Amalie, segunda esposa, y madre de veintiún años. Edad, que a ella la colocaba, en un lugar intermedio, entre la del marido y la de su hijo.

Jacob, el papá de Freud, persona impaciente. Alguien que demostrara muy poco talento en el trato del niño, a quien, ocasionalmente mortificara llamándolo persona inservible, quien nunca llegaría a ser nada. Lo que el pequeño, sin duda, resentiría y temiera.

Freud, por supuesto, sobrepasó a su padre en todos los aspectos de la vida. Lo que lo atemorizaría y lo que lo llevaría a concluir que sobrepasar al padre, es uno de los mayores riesgos para todo hijo varón. Ya que sobrepasar al padre puede ser construido por éste, como un acto de hostilidad filial.

Acerca del padre, Freud, más tarde escribió, detallando para sí, el dolor especial y único, que los varones sufren cuando confrontan la muerte del papá. Decidiendo que ésta constituiría una de las experiencias más dolorosas en la vida de cada hombre.

En su teoría del psicoanálisis Freud propone, que los hijos varones temen (y a la vez anhelan) poder superar al padre, a quien aman y temen a la vez.

De esa circunstancia deriva el Complejo de Edipo.

Para explicar esta situación, Freud usaría la parábola psicoanalista, del ‘Romance de la Familia’. En esta elaboración simbolizada, el niño pretende que sus padres no son reales, y que vive en casa de impostores. Pero que algún día, los padres verdaderos, personas exaltadas, vendrían a rescatarlo de su cautiverio.

De esa manera, siendo para sus padres ‘forastero’, sus pasiones infantiles y sus impulsos libidinosos lo harían sentir menos culpable.

Esta parte de la teoría, todavía constituye pieza fundamental del psicoanálisis y del desarrollo psicosexual del ser humano.

Freud murió convencido de la universalidad de su descubrimiento al que nombrara, el ‘Complejo de Edipo’ — el auge actual de la neurociencia en cierta manera, lo justifica.

Pero, ¿quién era este ‘Edipo’?

La tragedia de Sófocles

Edipo, carácter de la mitología griega, era hijo de Laio y Yocasta, reyes de Tebas. Cuando el niño naciera, Laio había sido advertido por un oráculo que él sería asesinado por ese mismo hijo. Impresionado y determinado a burlar su destino, Laio, perforó y ató los pies del recién nacido, abandonándolo a su suerte en una montaña solitaria y remota. El niño, pronto fue encontrado y acogido por un pastor que, a su vez, lo presentara como ofrenda a Polibio, rey de Corinto. Polibio bautizaría al niño, Edipo (pie hinchado) y lo crió como si fuera su propio vástago. El joven Edipo nunca supo de su adopción. Pero, cuando un oráculo vaticinara que él estaba destinado a dar muerte a su padre, en este caso creyendo que sería Polibio, sobrecogido de temor, huyó de Corinto.

Durante el proceso de sus meandros, Edipo, se encontró con Laio a quien diera muerte, creyendo que el rey y su cortejo eran una banda de salteadores.

De esta manera, la profecía fue cumplida.

Sólo y angustiado, Edipo llegó a Tebas que, a la sazón, estaba asediada por la presencia de un monstruo, llamado la Esfinge. Esta horrible criatura merodeaba por las rutas cercanas a la ciudad en busca de víctimas  a las que devoraba si no podían descifrar el acertijo que les presentara: ‘¿Qué camina en cuatro patas por la mañana, en dos al mediodía y en tres en el crepúsculo?’ La respuesta es el ser humano, de la infancia a la vejez. Cuando Edipo solucionó el misterio, la Esfinge se despeñó a su muerte en el fondo de un precipicio. Creyendo que el rey Laio había sido asesinado por ladrones desconocidos y agradecidos a Edipo por haberlos librado de la Esfinge, los tebanos lo eligieron su rey y le dieron a la reina Yocasta, como esposa. Por muchos años la pareja vivió felizmente sin saber que fueran madre e hijo.

Pero, todo cambiaría, cuando una plaga terrible de chicharras descendiera en la región. Entonces, un Oráculo demandó que, el impune asesino de Laio fuera castigado. Muy pronto Edipo descubrió que fuera él quien involuntariamente ultimara a su propio padre.

En horror y desesperación por la vida incestuosa que viviera con su hijo, Yocasta se inmoló a los dioses. Con la muerte de su madre y la maldición de sus hijos, productos del pecado, Edipo abdicó su trono y, como sacrificio expiatorio por sus crímenes, se vació los ojos.

Ciego. Edipo vivió en Tebas por algunos años más, pero al final fue desterrado.

Acompañado por su hija Antígone, el antihéroe desventurado deambuló por el desierto por muchos años. Finalmente, ambos llegarían a Colono, un santuario cerca de Atenas, consagrado a las Euménides, diosas poderosas. El desterrado rey murió en el santuario, después que el dios Apolo le prometiera que el sitio donde muriera, permanecería sagrado y que le traería beneficios inmensos a la ciudad de la Metrópolis.

En el psicoanálisis, el Complejo de Edipo es la atracción sexual inconsciente, del hijo hacia la madre, acompañada de celos hacia el padre. El concepto deriva de la leyenda griega y fue usado en el contexto de la terapia en el año 1800 por Sigmund Freud. Freud concluyó que este evento era el más importante de la niñez, teniendo un efecto decisivo durante toda la vida del adulto. Él asimismo mantuvo, que en casi toda la humanidad, el varón abriga el deseo de poseer la madre y resentimiento celoso hacia su padre. Como consecuencia de esta pasión inconsciente, Freud creía que una persona con un Complejo de Edipo sin resolución, siente mucha culpa  y experiencia conflictos neuróticos de orden mayor.

Freud, asimismo pensó que las hembras pasan por la misma experiencia, en la cual ellas se sienten atraídas hacia el padre y se vuelven antagonistas hacia la madre. Entonces él llamó a este estado, el Complejo de Electra. De acuerdo a Freud, si una mujer permanece bajo la influencia del Complejo de Electra, la misma probablemente seleccionará un marido con características similares a las de su papá.

La leyenda de Electra

Electra, en la mitología griega, era la hija de Agamenón, rey de Micena, y de su esposa, la reina Clitemnestra. Clitemnestra le era infiel a su esposo a quien ansiaba eliminar. Después de Agamenón morir a manos de Clitemnestra y su amante Egisto, la enfurecida Electra despachó su hermano Orestes, para ocultarse en la seguridad provista por la corte de su tío, mientras que ella permaneció en Micena, viviendo como mendiga bajo constante y estrecha vigilancia. A todo esto, la esposa infiel y su cómplice asesino, Egisto, gobernaban felizmente el territorio usurpado.

A medida que el tiempo pasaba, Electra enviaría comunicados constantes a Orestes, recordándole de su deber, de retornar para vengar la muerte de su padre.

Al final de los siete años, Orestes y su amigo Pílades visitaron en secreto la tumba de Agamenón. Allí se encontrarían con Electra quien había venido a hacer ofrendas y a decir oraciones por la indemnización de su padre. Orestes le reveló su identidad a la hermana, procediendo de inmediato al palacio, donde diera muerte a Egisto y a Clitemnestra. Electra, más adelante se casaría con Pílades, el amigo constante de Orestes.

Comentario sobre la Teoría

Freud escribió sus ensayos acerca de la psicopatología humana, basado en las observaciones que devengara de sus pacientes adinerados y famosos y de su propio auto-análisis. El resultado consiste en un legado enorme de entendimientos aplicables a muchos de nuestros pacientes en una variedad de situaciones.

Lo único que faltara y, de lo que ambos, Freud y, el renegado discípulo, Jung hicieran mención, fue una idea de las explicaciones que el hombre prehistórico diera a sus propios estados mentales.

Del hombre primitivo derivamos el tabú del incesto. Durante su desarrollo temprano, cuando el niño, en sus juegos infantiles, ensaya sus comportamientos de adulto, se entiende con facilidad, que el objeto primario de su interés sexual serían sus propios padres y luego otros niños, incluyendo sus hermanos. Pero, porque la endogamia es peligrosa, muy pronto los deseos incestuosos se abandonarían, no sin, a veces dejar, vestigios conflictivos.

Para la mayoría de la gente, las fases del desarrollo, con todos sus posibles tropiezos, se suceden con simpleza y sin dejar traza de problemas residuales. Para otros, no es así, ya que ellos permanecen fijados en áreas de su evolución y progreso que les impiden poder funcionar libres de obstáculos emocionales.

Cuando, un hijo o hija, en complicidad con el progenitor del sexo opuesto, logra la eliminación física y/o virtual de la representación del progenitor del mismo sexo, en círculos psicoanalíticos, se habla de haberse logrado una victoria edipal.

Emocionalmente, la victoria edipal es una victoria de naturaleza pírrica, donde se gana la batalla, pero donde todo lo demás se pierde.

El caso de Dánica

Por medio de este caso ilustramos la situación común, destructiva e injusta de padres que sintiéndose ultrajados por sus cónyuges, utilizan sus hijos como instrumentos anómalos de sus venganzas neuróticas.

Dánica fue resultado de la unión de una de tantas parejas jóvenes que contraen nupcias sin saber por qué lo hacen.

No lo hicieron por amor, porque apenas se conocieran. Y no lo hicieron por interés, porque ambas partes asumieron que la otra era la rica — ambos estarían equivocados. Lo que, contribuiría, a las dificultades que, como esposos, tendrían.

Los padres se apartaron, después de procrear cuatro hijos, alegando infidelidades mutuas.  Varios hijos quedarían de por medio. Los que entre ellos tuvieran y los que el marido por la calle procreara.

Para el marido, su estrategia de venganza constituyó en alienar a los hijos de matrimonio, acusando a la madre de ser ‘una mala madre…’ Sus propios fallos y deficiencias profundas, para él se borraron cuando en gesto expiatorio, admitiera a sus hijos, que ambos, él y la madre habían sido malos padres, pero que él había decidido convertirse en buen padre, casándose de nuevo con la mujer que destruyera el matrimonio con su madre.

Ser ‘buen padre’ consistía en no proporcionar límites y en sobornar a los hijos, en pedirles que mintieran en su interés y, en ocasión chupar el pabellón del oído al menor de los hijos. Igualmente consistía en ignorar sus actividades escolares y, en presentarlos a sus conquistas amorosas casuales, sin pensar en el efecto que sus acciones tuvieran en ellos.

Los intimidaba igualmente cuando manejara a velocidades excesivas bajo la influencia del alcohol.

Dánica, cuando viviera con sus hermanos en casa de su madre, se sumaba al orfeón de críticos de la mamá, a quien criticaba por sus ‘defectos’. A esta madre, nadie obedecía y nadie respetaba.

La madre permaneció, prisionera silenciosa de los rebeldes a quienes procreara, sin saber por qué…

Mientras que el espíritu burlón del ex-marido, que entre las sombras había, al oír la conmoción se reía… se reía…

Para Dánica y sus hermanas, su mamá era mala, muy mala…

Esto duraría mucho tiempo, hasta que un día la madre, por medio de su terapia intensiva encontró que ella se respetaba y que se quería a sí misma. Renunciando, en ese mismo momento, a seguir jugando el papel asignado por el ex marido, de ser cordero expiatorio.

Ese día, gracias al psicoanálisis, su vida cambió.

El Caso de Federico

Este caso es diferente, por una sencilla razón. En el caso de Dánica, fue el padre quien iniciara el debacle que destruyó el matrimonio primero y, después la familia, arruinando en el proceso la salud emocional de todos sus hijos — Un logro excepcional y único, para el confundido papá… no duda…

Federico nació a padres jóvenes, cuya madre bulímica-anoréxica, admitiera que, como se casara para salir de su casa, que salir embarazada y tener un hijo eran imposiciones extremas.

Pero, embarazada salió…

Como creía que los embarazos dañan la figura de la mujer, decidió abortarlo, pero no pudo hacerlo.  Lo pensó, porque el aborto se convirtió en método contraceptivo preferido para esta mujer, que además de ser bulímica-anoréxica sufriera de ADD-ADHD con todas sus complicaciones.

El matrimonio no duró mucho tiempo, ya que la madre fuera quien se envolvería en relaciones sexuales seriales con una concatenación de hombres — de los que su propia madre, alcahueta consumada, aprobaría.

Un día la mamá de Federico se ausentó, viajó al extranjero, dejándolo por detrás y no volvió por mucho tiempo.

Pero en el caso de Federico, la mamá no pretendería la santidad que afectara el padre de Dánica. Esta mamá, felizmente, permitió que el niño se mudara a vivir con el padre, quien lo crió, suministrándole modelos simultáneos y adecuados de madre y de padre.

Ahora, Federico es bien ajustado. Ahora, Federico puede mirar a su futuro sin miedos. Así será, porque sus padres nunca lo utilizaron a él para resolver sus diferencias egoístas.

Discusión

Los casos presentados han sido distorsionados para proteger la identidad de los pacientes. Sin embargo, como casos, son ilustrativos genuinos de las tendencias patológicas de las relaciones interpersonales, y que nos alertan al daño que a los hijos pueden infligirse, cuando algunos padres los usan para sus fines de represalia.

Proyecto para una psicología científica…

Freud, siempre creyó que el psicoanálisis que, como ciencia, naciera de sus intuiciones geniales, sería, algún día confirmado, por los avances de la neurobiología.

Freud puede descansar tranquilo, durmiendo en sus laureles, porque ese día ha llegado. Como consta, a todos quienes se dedican al estudio científico de la mente del ser humano.

La Anorexia post-aborto. El caso de Michele

Michele tenía veinticuatro años de edad, habiendo dedicado ocho de los mismos a la vida religiosa.

Durante un viaje a Francia, en compañía de otras personas de ambos sexos, de hábito religioso, se sintió atraída a un joven sacerdote que se convirtiera en el ‘alma’ de la cofradía. Anselmo se llamaba este hombre, que además de ser chistoso era muy bien parecido.

Una noche, durante una de las paradas en hoteles durante el camino, Anselmo y ella tuvieron un encuentro amoroso y sexual.

Michele salió embarazada, acontecimiento que confesara a su superiora inmediata.  Con la ayuda de un clérigo francés un aborto se obtuvo, y la vida prosiguió como si nada…

Pero no para Michele. Horrorizada por lo que ella interpretara como gordura, Michele, persona delgada, comenzó a perder de peso rápidamente por medio de la restricción calórica severa.

Cuando su estado de emaciación adquiriera dimensiones extremas, la admitiríamos para darle seguimiento intensivo.

Durante la terapia, fue necesario que esta mujer joven y sin experiencia, reviviera los detalles del trauma de su embarazo y del ‘pecado mortal’ del aborto.

La anorexia, con el sacrificio ascético que le proveía, también le suministraba a Michele un escape simbólico para expiar sus culpas.

La terapia psicoanalítica fue su salvación y absolución ‘temporal’ — como ella la expresara.

Michele hoy trabaja en una clínica. Es consejera de mujeres embarazadas en búsqueda de ayuda.

Temas actualizados

En esta sección, se revisan asuntos de salud en breve…

Una proteína presente en la leche maternal puede reducir el riego de la obesidad en el niño


La leche del seno contiene una proteína que puede ser responsable por disminuir el riesgo de la obesidad infantil, de acuerdo a un
team de investigadores norteamericanos.

Científicos basados en el Hospital de Niños de la Universidad de Cincinnati, hace unos meses,  aislaron, en la leche materna, niveles altos de una proteína, que afecta la capacidad del cuerpo de procesar la grasa.

Los investigadores creen que la presencia de esta proteína en la leche de la madre puede que influya la gordura de una persona en su vida futura.


La Dra. Lisa Martin expresó que este sería un primer paso en la dirección de explicar la relación existente entre la leche de la madre y el metabolismo humano. La Dra. Martin y sus colaboradores encontraron niveles altos de la proteína adinoponectina en la leche de la mujer.

La adinoponectina es secretada por las células grasas del organismo y afecta el mecanismo de cómo el cuerpo procesa azúcares y lípidos en la sangre. Niveles bajos de esta proteína se han asociado con la obesidad, con la diabetes de tipo 2, con la resistencia a la insulina y con la enfermedad coronaria. Asimismo, niveles altos de adinoponectina se asocian con la reducción de la frecuencia de enfermedades de este tipo.

La doctora Martin dice: ‘Los eventos alimenticios en la vida temprana, durante el período de crecimiento rápido pueden tener impacto permanente en la vida futura de la persona’.

Los investigadores, también aislaron otra proteína en la leche del seno, llamada leptina. Esta última posee un rol reconocido en la regulación del contenido de la grasa en el cuerpo. (Véanse mis artículos a este respecto).

Sin embargo, los niveles de adinoponectina eran de mayor significado que los de la leptina. Ahora, lo que debe de hacerse es establecer con certidumbre el significado biológico de la adinoponectina.

El Presidente del Foro Nacional de la Obesidad en Londres, el Dr. Ian Campbell, declara lo siguiente: ‘Todos sabemos que existe una relación cierta entre la lactación por el seno materno y la reducción en el riego de obesidad en el niño — lo que no sabemos es la razón’.

El Dr. Campbell, añade, que el riesgo de la obesidad disminuye con la duración de la lactación del bebé por la madre.

‘El efecto es cumulativo, mientras más reciben el seno los bebés humanos, mejor es para ellos’.

Este el primer estudio que documenta que la leche de la madre es el mejor de los alimentos para su propio niño.

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L’adultere por Daniel Lambert

El Dr. Gatchet y las tres muñecas…

Domingo, Octubre 11th, 2009

‘A quienes no temen estremecer la clase dirigente, los excesos que cometen quienes, creen gobernarnos, o dirigir nuestros destinos, nunca pasarán desapercibidos’. (FEFL 2009).

El Dr. Gachet, a quien pintara van Gogh, luce triste, muy triste, no por el precio que el óleo famoso que lo representa, obtuviera — el cual es, en efecto, el retrato más costoso del mundo, con un monto de venta de US$82.5 millones — sino por lo que simboliza.

En el lienzo, Gachet, figura como personaje triste, frente al cual se encuentran hojas de la dedalera, fuente del alcaloide digitalina (Digitalis purpurea). Si las hojas, en la pintura, nos indican que el protagonista en cuestión era médico, poco nos dicen acerca de quién fuera este médico y cuál sería la razón que motivara su taciturno semblante. Todos sabemos que la razón fue porque no pudo curar, al artista que lo pintara — de sus vicios de fumar y beber — y porque tampoco pudo motivarlo a no quitarse su propia vida, como haría poco tiempo luego de que Gachet lo tratara.

Van Gogh, en el 1890, escribió a su hermano Théo, mercante del arte, con galerías en París, acerca del lienzo:

‘Yo terminé el cuadro de Monsieur Gachet con una expresión melancólica, la que puede ser interpretada como una mueca por quienes lo vean… Triste, si bien gentil, aunque lúcido e inteligente, así es como muchos retratos deben de ser pintados…’

Acerca de Gachet, van Gogh diría más adelante:

‘Más enfermo que yo — yo creo — o digamos, tan enfermo como yo…’

Una referencia velada al pasaje bíblico: ‘Médico, cúrate a ti mismo’.  (Lucas 4:23)

Pero, como lo tiene el destino, el biznieto de Théo van Gogh, figura artística controversial, del mismo nombre, en el año 2004 fue asesinado por un extremista islámico. En el nombre de Alá, por supuesto…

La psicología del genio

En su libro Sparks of Genius… Robert y Michèle Root-Bernstein nos incitan, por medio de la práctica sistemática del ‘arte de la observación’, a ejercitarnos creativamente para lograr desarrollar las intuiciones necesarias que nos habilitarían a pertenecer al mundo del Olimpo de las artes, y del estudio de las ciencias — algo que, sólo, muy pocos logran obtener en sus vidas.

Mientras que en su libro The Creative Brain… Nancy Andreasen con singular destreza, utiliza y aplica principios de la neurociencia para impartirnos un entendimiento de la actividad cerebral en el proceso de ser creativo, y, por ende, adaptivo.

Pero, aunque los esfuerzos, que estos autores hacen, de entender el impulso y el alcance del pensamiento del individuo extraordinario, el resultado final se confina a un ejercicio intelectual, delusorio, rígido, y mecánico, ya que poco nos enseña acerca de los elementos que son intangibles en esta actividad mental tan intricada.

El genio y la desventura son compañeros que a menudo viajan en tándem. Como atestiguan las historias de las vidas de tantos genios desafortunados.

Ser inventivo, y, ¿para qué?

Se necesita talento, para sobrevivir en tiempos difíciles… Como decía la Reina Roja a Alicia: ‘En este lugar se toma todo el correr que uno puede, para permanecer en el mismo lugar…’

Porque para adaptarse a situaciones arduas, como las económicas, que al presente vivimos, la creatividad se requiere, a menudo, en dosis exageradas…


‘No es justo…’ reza el título de uno de mis artículos… Justo, quizás no lo sea, pero es la Realidad y hay que saber manejárselas para subsistir y triunfar.

La supervivencia: Instinto Básico

Mientras tanto, Herbert Spencer se acredita con haber acuñado la frase: ‘Survival of the fittest…’ (Supervivencia del más apto). Locución confusa, que debe de ser entendida antes de proseguir con nuestra tesis.

En su libro Principles of Biology del 1864, Spencer quiso decir que los seres más aptos serían aquellos que lograrían el mayor número posible de descendientes, en la lucha por la supervivencia, sin tratar de aludir a ‘superioridades’ de origen político o de índoles raciales.

El porqué de esta lección

Nuestras sociedades se encuentras sumergidas en el torbellino de la desilusión que sufren tantas personas y familias, negativamente afectadas por la crisis económica global. Crisis que fuera creada por banqueros, políticos, y economistas corruptos, cuyas acciones han resultado en una recesión mundial de proporciones inimaginables y poco anticipadas. Lo que los hace criminales a todos.

Esta es la razón principal, pero, hay más

En esta tesis hablaremos de muchas cosas. Aunque, no haremos referencia, a menos que sea  apropiado, de los banqueros inmundos, cuyas características ya hemos cubierto, cuando de Madoff hablásemos en otras ponencias, sino de los efectos monetarios recaídos en quienes sufren, aún a distancia removida, de los desmanes caóticos que estos psicópatas a todos han infligido.

Asimismo discutiremos pautas a seguir, para que, interpolando las lecciones derivadas del comportamiento de seres ilustres que soportaron desdichas personales y de las crisis económicas pasadas y recientes, podamos aprender a adaptarnos a la actual y surgir ilesos. Tanto psicológica como económicamente.

En esta ponencia combinaremos conocimientos, derivados de las ciencias humanistas, de la biología, y de las del comporta¬miento.

La Naturaleza, roja en dientes y garras…

Con esa frase inmortal, el poeta inglés Alfred Lord Tenyson (1809-1892) interpreta en su poema, In memoriam, las emociones de tristeza que sintiera por la muerte repentina y prematura (a los 22 años de edad), de su amigo querido, Arthur Henry Hallam. Quien fuera también el prometido de la hermana del poeta.

Con esta muerte, Tenyson quedaría sobrecogido con dudas acerca del significado de la vida, y del poder que Dios ejerce sobre el destino de los hombres, arrancando la vida en ciernes, a alguien tan bien merecedor de seguir viviendo, como fuese su amigo.

Para el vate, sentir celos por quienes no hayan sufrido dolor es inconcebible. Como tampoco sería, sentir envidia por quienes disfrutan, con complacencia, de una vida de ocio y placeres que, ni han ganado, ni justamente merecen.

Refiriéndose a su dolor por la pérdida del amigo querido, Tenyson nos dice:

‘Es mejor haber amado y perdido/Que nunca, de algún modo, haber amado.’

Prosigamos

En la sección que sigue haremos una exégesis resumida de las razones que algunos analistas expertos en las ciencias económicas nos ofrecen para explicar la globalidad de la crisis financiera que hoy confrontan una gran mayoría de los países dependientes en el petróleo, y aún en muchos que lo producen.

Nuestro análisis se basa en el hecho de que la economía, como ciencia, es una disciplina de aproximaciones, como la dermatología es una especialidad de ungüentos: ambas permanecen en la superficie para lograr sus objetivos. Asimismo ambas dependen grandemente en los seres humanos quienes la ejercen, lo que las hacen más arte que ciencias.

Como ciencia, la disciplina económica, abunda en conceptos míticos, i.e: ‘la mano invisible’ de Adam Smith, y ‘ciclos’, de características ‘orgánicas’ que adquieren propiedades vaticinadoras y personalidades propias, en exceso de sus obvias limitaciones.

Asimismo esta ‘ciencia’, como la física, es una ocupación que depende mucho en la capacidad de ejercerla y en la integridad moral de sus académicos — ya que la fe y la imaginación son esenciales para entenderlas.

Es, en resumen, una ciencia de humanos, por humanos, y para humanos, como hemos tenido la oportunidad de apreciar en tiempos recientes. Y como he desarrollado en muchas de mis publicaciones.

Las causas de la Gran Recesión

Para poder apreciar en toda su extensión y en sus repercusiones devastadoras, este siniestro capítulo de la economía mundial, el libro que hay que estudiar a fondo, es el de George Akerlof y Robert Shiller, Animal Spirits…

Los autores, ambos académicos y economistas de distinción, uno de ellos, Akerlof, ganador del Premio Nobel, conducen un análisis minucioso de los factores determinantes de esta crisis, que escaparan la atención de tantos economistas, quienes, quizás, pudieran haberla prevenido.

Los conceptos básicos que los autores, en su libro consideran, vale la pena ser repetidos para avanzar el propósito establecido en esta tesis. Lo que hacemos, de manera concisa, en los párrafos que siguen.

El primer factor que resulta ser inescapable para ser examinado es el factor psicológico que ellos caracterizan en el título como ‘los espíritus animales’.

Para comprender las economías de todos los conglomerados humanos, los autores insisten en que es esencial tomar en cuenta los factores personales de quienes elaboran las directrices que las gobiernan — que es lo que ellos denominan ‘espíritus animales’ — porque son, precisamente estos elementos los más influyentes, ya que representan los intereses propios de quienes planean las mismas economías — hablando de ‘conflictos de intereses’…

De este complejo elemento, ellos escriben: ‘Nunca podremos evaluar en la realidad eventos económicos de significancia, a menos que estemos listos a apreciar el hecho de que sus causas son humanas en su mayor medida.’ Lo que a pocos sorprende.

A lo que ellos agregan una acusación merecida: ‘Es muy desafortunado que la mayoría de los economistas y quienes escriben acerca de los negocios no pueden captar este concepto.’

En su exposición, los autores erigen un argumento, impresionante y sólido, para explicar cómo las economías funcionan.

Las funciones se basan en cinco aspectos diferentes de los espíritus animales, a ver:

La confianza. Elemento esencial, para mantener la credibilidad, no siempre merecida, en aquéllos quienes formulan las decisiones económicas, que a todos nos afectan.

Lo justo. Que determina la distribución equitativa entre la labor y su remuneración proporcional y adecuada. Asunto, este último, que las industrias de muchos países prefieren desconocer. (Para la escena local, sugerimos nuestro artículo: La remuneración proporcionada y justa: ¿Algo nuevo? en monografías.com).

El rol que juegan en toda economía los comportamientos corruptos y antisociales.

La ilusión monetaria. El público permanece confuso a través de los periodos de inflación y deflación y no sabe cómo entenderlos.

Finalmente, nuestro sentido de la realidad. De quiénes somos, de lo que hacemos y de cómo estos factores están imbricados en la historia de nuestra vida y la de otros. Para entender este concepto, recomendamos mi artículo: La importancia de entretejer la historia personal: El hechizo fascinante de la coherencia del ego en monografías.com).

Para los autores, pocos  economistas se detienen a apreciar el impacto de lo justo y del quebrantamiento de la confianza que sus planeamientos ejercen en los demás. Hecho que hemos presenciado en abundancia en el comportamiento de economistas y banqueros en nuestros países. Resultando en consecuencias infaustas para todos.

Los bonos soberanos dominicanos son ejemplos egregios de esas aventuras descabelladas.

Los economistas, los políticos, y banqueros, a quienes éstos asesoran manejan los fondos públicos y las estrategias que los gobiernan con la indiferencia de quienes operan bajo la impresión de que esos fondos son su propiedad privada.

Dicen ellos, ‘en toda institución pública y corporación que maneja el dinero ajeno, siempre existe la posibilidad de que los directivos se embolsiquen ese dinero y salgan corriendo.’ Lo que a menudo ha pasado.

Para ellos, la razón por la que la corrupción existe es porque las sanciones aplicadas a los truhanes, nunca son proporcionales a la severidad del crimen. De hecho, muchas personas se jactan de cómo burlaron la confianza que en ellos depositaron los incautos a quienes defraudaran.

Los autores continúan, lamentando sin titubeos, el hecho de que ‘la economía debiese ser una disciplina más científica…’ Lo que nos sorprende ya que estas palabras provienen de la pluma de un economista galardonado en el 2001 con el Premio Nobel por sus trabajos en el análisis de mercados con información asimétrica.

Muchos de los problemas que afectan toda economía derivan de la circunstancia triste de que quienes hablan de la economía son los políticos, los economistas mismos, y los banqueros. Individuos éstos que, como quienes dicen especializarse en los trastornos del comer: mucho dicen y nada saben. (Véase mi artículo: Economista: Alquimista en monografías.com).

Memorias pasadas… plus ça change

En el año 1894 en el periódico Chicago Daily Tribune aparece una columna describiendo el proceso del desfalco, palabras que aquí reproducimos:

‘…es un proceso gradual hasta las etapas finales, como si fuera la tierra que se desgasta en las riberas de los ríos. Todo empieza con la abstracción de un hombre pequeño que estaría horrorizado por el mero pensamiento de no retornar lo que está sacando de la compañía. Lo que entonces arriesga en una operación similar al juego de azar u otra forma de especulación financiera, y pierde.

‘En aquel momento sustrae más fondos en la esperanza de recuperar la suma original, lo arriesga, y pierde de nuevo. Hundiéndose progresivamente en este círculo vicioso por él mismo creado.

‘Al final se vuelve insensato y despilfarra el dinero, como siempre hacen los que desfalcan.

‘A este hombre infortunado le gustaría mantener el respecto del que cree una vez haber disfrutado. Pero, la restitución no es posible sin otra sustracción…’

Así sería con Madoff, CONACRE, y los bancos dominicanos y norteamericanos que llevarían ambos países al borde de la bancarrota.

Los autores concluyen recalcando que todos los factores responsables por la crisis económica mundial de proporciones históricas de la que hoy sufrimos, son resultado de un sólo factor: el fallo de mantener controles sobre los economistas, los banqueros, y de sus aliados en crimen, los políticos corruptos.


El remedio: ¿qué hacer cuando las esperanzas se desvanecen, cuando el desempleo continúa creciendo y cuando los gastos aumentan, y los ingresos familiares merman?


¿Cómo es que nos resignamos a aceptar la manera opulenta como viven seres que nada de valor contribuyen al resto de la humanidad, mientras que existen como parásitos? Seres inconsecuentes biológicamente, o peor aún, individuos que se apropian de lo que a todos pertenece.


Fracaso y supervivencia: La Sonrisa de Dios…

En un artículo que apareciera hace algún tiempo en monografías.com, llamado La sociobiología de la tristeza y de la depresión, desde el punto de vista de la Teoría de la Evolución, describo en lo qué para mí constituye ‘la sonrisa de Dios’ y por qué ésta concebiblemente, existe.

Estamos en medio de una recesión global que nos ha hecho realizar que vivimos en un estado de sitio. Más de 4 millones de trabajadores han perdido su empleo desde que la recesión empezara y más se añaden a esos números cada día. En un solo día, en enero del 2009, 70,000 personas perdieron su empleo en los Estados Unidos, en pocos días más, otros cien mil se unirían a los ya desempleados. La rabia resultante se sintió en diez países.

Pero, hay fallos y hay gente que resisten las consecuencias psicológicas del fallo…

Una teoría que está ganando popularidad, porque ahora es cuando se necesita, se conoce como el Crecer Post-Traumático. Su mayor proponente es el psicólogo de la Universidad de Virginia, Jonathan Haidt.

Éste nos asegura de que de que los reveses son una bendición mixta: Duelen, pero puede resultar en aprendizaje, crecimiento y sabiduría.

Este movimiento está adquiriendo, progresivamente, reclutas entusiásticos que rehúsan ser abatidos por los golpes adversos del destino.

Entre muchos personajes del pasado encontramos ejemplos en abundancia de la flexibilidad que permitiría a muchos recuperar lo perdido para avanzar más. Beethoven no se amilanó con su sordera, mientras siguió componiendo. Como asimismo encontramos tantos otros que fueron incapaces de confrontar sus fantasmas, decidiendo terminar sus vidas por medio de la ‘solución’ que el escape del suicidio les brindara. CONACRE es un ejemplo, el financiero suicida no vivió para presenciar el nacimiento de su tercera hija y cuarto vástago, resultado de cinco matrimonios.

Steve Jobs, fundador de Apple Computers, describe tres reveses serios en su vida: abandonar la universidad, siendo despedido de la compañía que él fundara, y siendo diagnosticado con cáncer — lo que en suma resultara en adoptar una vida de mayor significado para él. Oprah, Walt Disney, Henry Ford, Winston Churchill y Thomas Edison son ejemplos de cómo la adversidad no bastó para abatirlos en lo más mínimo.

De lo que nos instruye la neurociencia, sabemos que el cerebro es propulsado por los errores. Los errores despiertan la atención. El cerebro es sensitivo a situaciones nuevas y extraordinarias, a las que responde de inmediato, forzándonos a integrar la nueva información. De lo que se deduce que una desdicha es un reto que nos asiste en aprender y a adaptar mejor.

Es como si en lugar de decir: ‘prueba y error’ dijéramos ‘prueba y éxito’.

El sociólogo Glen Elder, sugiere que todos los fracasos son experiencias muy valiosas y que, adaptarse al estrés resulta en la habilidad de ajustarse a las sorpresas desagradables que el destino nos propina inesperadamente.

Por ello, a los expertos les parece que una vida sin retos es una vida prolija.

En mi artículo: La sociobiología de la tristeza y de la depresión, desde el punto de vista de la Teoría de la Evolución, publicado en monografías.com, describo la metáfora de las tres muñecas que expresan nuestra capacidad de medrar ante el dolor que, a veces, nos confronta.

Para el beneficio de quien desee leerla sin encontrar el artículo referido, la repetimos en este lugar:

‘Es como si tuviera delante de mí tres muñecas: una está hecha de acero, otra de celuloide, y la otra de cristal. Yo decido golpear las tres muñecas con un martillo usando la misma fuerza.

‘¿Por qué es que la muñeca de acero emite una nota musical? ¿Por qué la de celuloide simplemente se deforma y la de cristal se vuelve añicos?

‘Esta es una metáfora por la resistencia y la susceptibilidad en salud y enfermedad. El hecho inescapable es que algunas personas son hechas de acero (nunca cayendo enfermas) y otras son como el cristal (para siempre teniendo problemas)’.

Eso demuestra en qué consiste esta ‘adaptabilidad flexible’.

La persistencia, la paciencia, la fe en uno mismo, el sentido del humor y la independencia ayudan a superar contratiempos.

En resumen

Como, a menudo sucede, cuando una nueva crisis se presenta, los psicólogos experimentales, enjaezan sus corceles para aventurarse en el mundo de la especulación ‘científica’.

Nos recuerda cuando, confrontando una situación en la que en Santo Domingo, un médico enmascarado, durante Halloween, asaltó un banco y tomó unos rehenes, una personalidad de la televisión consideró su deber intervenir para manifestar su primacía sobre la de las autoridades. Absurdo como resulte ser, éste es un ejemplo de la creencia popular que el famoso es famoso, porque es excepcionalmente dotado…

Lo que resulta ser fácil de rechazar en éste y otros casos.

Los psicólogos investigan estos comportamientos humanos por medio de la entrevista estructurada o por el uso de un método — aparentemente mejor — el de la entrevista estructurada, acoplada a la resonancia magnética.

Sus repercusiones

La situación económica actual — cortesía de nuestros líderes corruptos, banqueros agalludos y economistas venales y aprovechadores — afecta a un sinnúmero de nuestros pacientes de todas las edades.

Nuestro deber es asistirlos, sin impartir esperanzas infundadas en ellos.

Fritz Redl (1902-1988), padre indiscutible de la ciencia de la psicopedagogía, una vez nos contaba en Saint Louis:

‘Estábamos en Viena, cuando escucháramos en la radio que Hitler había comenzado el Auschluss, lo que nos pareciera increíble en un mundo civilizado, inmune a más guerras. Incrédulo, aunque positivo del ‘poder’ del psicoanálisis freudiano, fui a mi sesión psicoanalítica con el optimismo habitual, le dije a mi terapeuta, ‘esta noción de la invasión nazi, es algo que debemos analizar’… a lo que éste respondiera: ‘empaqueta y huye… es la realidad’’.

En este caso, la historia que Redl siempre repitiera sollozando, significaba el peligro de la omnipotencia cuasi mística que caracterizara el psicoanálisis de entonces. Y la fe, injustificada que asignamos a los banqueros, los políticos y los economistas de ahora.

Prosiguiendo

Nos dice una terapeuta sazonada por su edad y su éxito: ‘…si nadie puede confiar en su propio padre, cómo van a confiar en su terapeuta… ¿cómo?’

‘Pero a pesar de todo yo te quiero… pero a pesar de todo yo te adoro…’

¿Cómo…? ¿Cómo…?

Confiando en el poder absoluto de la moralidad que proviene de los principios adaptivos que nos imponen los designios contenidos en las leyes naturales. Que nos informan de que el castigo es parte de la esperada consecuencia final de que algún sistema de retribución siempre existe y siempre existirá.

Es sorprendente, pero una mujer joven de 32 años nos dice, refiriéndose a un banquero: ‘Engañó a mi papá y lo llevó a la bancarrota… pero, la esposa, de mi edad, murió de cáncer del seno…’

Para ella en eso consistía la justicia aunque no hubiese restitución…

El principio de la ética opera indicándonos que no se peca, porque el pecar nos abruma y porque nos sentimos mal si pecamos. Así piensan lo seres morales. La psicología que gobierna los motivos por los que el psicópata obedece la ley — cuando es forzado a hacerlo — es porque el castigo le infunde miedos.

La coherencia de nuestros sistemas de equilibrio en el sentido darvinista

La habilidad de poner nuestros fallos dentro de la perspectiva de nuestras vidas y adaptarlos a nuestras capacidades para remediarlos es un verdadero tributo al genio de nuestra especie en su capacidad de ensayar y estudiar soluciones con, o sin, la ayuda de otros.

No darse nunca por vencido, llevaría al Capitán William Bligh a lograr la travesía más improbable en las circunstancias más críticas, alcanzando su objetivo en base de una determinación inquebrantable y pertinaz. Acerca de este último lobo de mar he escrito varias ponencias que incorporan aspectos diferentes de su valor y de su determinación frente al destino y la adversidad extrema.

Todos podemos aprender de nuestros errores y evitar aceptar la desdicha con brazos abiertos.

Nuestro joven amigo, y previo paciente Bob, piloto de las Fuerzas de Defensa de Israel, nos decía jocosamente, que entre los pilotos de su ala, había un lema: ‘Lo difícil lo hacemos ahora, lo imposible, lo haremos después…’ Algo que esa nación ampliamente demostrara durante la Guerra de los Seis Días y en muchas otras oportunidades ulteriormente.

Pero, ¿cuándo es fallar en exceso? La respuesta de acuerdo a los que han sabido manejar su ansiedad al respecto, es ‘nunca’.

Quienes han sobrevivido tragedias y miserias, nunca olvidan las lecciones aprendidas, como tampoco olvidan las lecciones de ellas derivadas.

Lo importante es mantener la convicción de que nuestras recaídas, si es que las tenemos, no sean resultados de haber incurrido en los mismos errores.

Parece ser que los fallos nos ofrecen una oportunidad de coreografiar nuestras acciones y de repetirlas mejor. Asimismo que percances y derrotas nos obligan a salir fuera de nuestros enclaves y confrontar el mundo con sus fuentes de ansiedades y de incertidumbres.

Como nos indica, parafraseándolo, Alfred Lord Tenyson: ‘Es mejor haber caído y haberse levantado, que nunca haber gozado de la experiencia genuina de ser humano’.

El doctor Gachet (persona controvertida, como indican sus biógrafos) perdió un amigo y, eventualmente, perdería un paciente, por ello lucía triste y abatido. Mientras que el mundo ganaría una obra de arte. Ustedes decidirán…

Fin de la lección.

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El doctor Gatchet por Vincent van Gogh.