En esta ponencia deseamos abordar las dificultades que, en nuestra opinión, encontraremos si deseamos analizar psicológicamente todos los problemas que nos confrontan en nuestras vidas.
Hemos utilizado el psicoanálisis en tiempos pasados para intentar explicar ad nauseam, todos
los fenómenos — peculiares o no — que nos llenaban de curiosidad, más que nada, por no
entenderlos bien.
La taxonomía diagnóstica en la psiquiatría no diferencia en detalle muchos de los trastornos
que son indígenas a la naturaleza del ser humano — y, quizás, por extensión, a otros
géneros animales — lo que a veces, a menudo, nos confunde.
La ansiedad frente a extraños, es parte del desarrollo normativo de nuestra especie y
constituye una modalidad de nuestro comportamiento que nos asiste a evitar riesgos asumidos
con quienes nos son desconocidos. Aunque, hoy se considera como otra forma de desequilibrio
emocional — así lo dicta nuestra Biblia, DSM-ETC…
La enuresis. El destacado Profesor Richard Jenkins, la consideró un ‘evento fortuito’ de la
niñez. DSM-IV-TR, la incluye como una más de sus extravagantes categorías diagnósticas.
Existen algunos animales, cuyos comportamientos han sido, por inferencia, entendidos como
expresiones de la capacidad del altruismo que lindan en los de nuestra moralidad humana.
Este aspecto único de la conducta animal, J. B. S. Haldane lo había designado como,
‘selección de familiares’ (kin selection). Concepto que formó parte esencial del constructo
de la sociobiología de E. O. Wilson, quien lo ha repudiado recientemente, para el asombro de
muchos.
La ventaja de poder entender el altruismo animal como programa estructurado en los genes,
era que nos permitía pensar que poseemos virtudes que son favorables a nuestra supervivencia
y que éstas son programadas o instintivas.
Pero, no siempre las verdades en que se fundan nuestras teorías, permanecen inmutables.
El mundo de la ciencia cambia subrepticia y vertiginosamente. Acerca de este fenómeno
discurriremos cuando examinemos los instintos y sus aplicaciones a la conducta del ser
humano.
Lo que más adelante haremos.
Para el diagnóstico psiquiátrico, ‘DSM-ETC’, no nos ofrece ayuda auténtica, ya que, por
muchos, está siendo considerada, justificadamente, como lo que es: un arma del mercadeo de
la psiquiatría, un subterfugio poderoso en la lucha contra las constricciones impuestas por
los seguros médicos norteamericanos para no pagar por los diagnósticos psiquiátricos y un
artilugio nosológico para enriquecer a las compañías productoras de fármacos, quienes se
benefician de la introducción de medicinas para enfermedades ilusorias — la última:
prosperidad compartida y demostrada.
En su libro de aparición reciente, Shyness: How Normal Behavior Became a Sickness, autor,
Christopher Lane, relata de cómo en los años setentas del siglo pasado, un grupo de
psiquiatras norteamericanos redactó la nosología de nuestra profesión, desde sus butacas
bien ‘aceitadas’ por los intereses creados de los productores de medicinas psicotrópicas —
varios de entre ellos aún son mis muy estimados y, acaudalados, amigos, residentes de Orange
County, San Diego.
Dicho sea de paso, el libro de C. Lane y su compañero en espíritu, The Loss of Sadness: How
Psychiatry Transformed Normal Sorrow into Depressive Disorder por A. Horwitz, deben de ser
estudiados por toda persona preparada.
Los psiquiatras en cargo del DSM proyecto, se dedicaron , bajo la dirección de Robert
Spitzer en 1974, a la expansión de un librito delgado, DSM I que en los años setentas se
publicó presentado con una encuadernación humilde, con espina de espiral plástico negro, y
que pocos usaban o entendieran. Logrando una transformación dramática a la divulgación
actual de un manual voluminoso que se vende con libretos accesorios, y, que combinados, se
hacen pasar como una verdadera enciclopedia de conocimientos que no contienen. En la última
edición (DSM-IV-TR), el número de los diagnósticos psiquiátricos ha crecido
vertiginosamente. Uno de entre ellos, la ansiedad social, y otros más, sin razón
justificadora, se convirtieron clasificable dentro de la categoría de los Trastornos de la
Ansiedad y de la Personalidad.
Lo que consiste en una parodia de la realidad.
El precio para adquirir estos libros es muy alto, pero atrae a quienes, sin saber nada
acerca de la psiquiatría, como tantos psiquiatras, pretenden conocerla…
El manual se constituyó en un golpe de fortuna inesperado para la industria farmacéutica. En
una investigación soportada por memorándums secretos, Lane nos ilumina, en su libro, de la
manera y de cómo muchas decisiones diagnósticas, carentes de fundamentos, hicieron su
entrada en DSM. Mientras que nos informa de manera lúcida que DSM, habiendo transformado el
modo de cómo hoy pensamos en psiquiatría, nos ha hecho mucho daño a todos.
Basado en esas premisas y motivado por un deseo de amplificar el entendimiento básico de lo
que nos hace humanos. De lo que nos enferma mentalmente y de lo que nos diferencia de
nuestros familiares cercanos — otros simios — especialmente los chimpancés y los bonobos
— hemos decidido explorar de nuevo esta área que aún, permanece confusa, en las ciencias
del comportamiento humano.
Ciencia por computación
Los hechos acerca de la psiquiatría, como ciencia ya no los dicta DSM-ETC, ni los revelan
científicos trabajando en sus torres de marfil académicas, conduciendo investigaciones
basadas en el examen de poblaciones selectas por medio de la entrevista estructurada.
Esos métodos son asuntos del pasado.
La ciencia actual, está comenzando a ser resultado de la habilidad en el manejo de las
computadoras — si quien lo hace, sabe cómo programarlas.
En su edición de enero 14 del 2008, el importante noticiero británico, The Economist, nos
alerta de los trabajos decisivos que algunos científicos chinos han hecho en tiempos
recientes, para esclarecer los trayectos neurológicos que siguen las actividades cerebrales
de los drogadictos. Lo extraordinario aquí es que los científicos chinos lograron esta
proeza científica sin haber abandonado su laboratorio y sin conducir experimentos formales.
Lo hicieron, adecuadamente, frente a sus monitores. Siguiendo programas meticulosamente
diseñados y sometiendo los resultados a análisis rigurosos. (Véase, Going by the Book).
Cuando contemplamos estos avances y, cuando examinamos lo que hoy se considera como ciencia
y lo que se pasa como hecho científico, nos preguntamos: ¿Tenemos que asentir con todo
aquello lo que se propone como conocimientos, aceptando ideas — presumidas como doctrinas
establecidas — sin someterlas al juicio crítico? O, ¿debemos de investigarlas y derivar
nuestras propias suplencias?
¿Debemos aceptar DSM-ETC como una Biblia?
Biblia, ¿de qué? Para mí, es necesario que establezcamos una dialéctica con quienes
introducen nuevos conceptos, para corroborarlos o desecharlos, si es que estos últimos
despiertan nuestro interés.
Nuestra tesis
Aquí profundizaremos, en la esencia de tres pulsiones por todos reconocidas y, a medida que
progresamos en sus entendimientos, consideraremos asuntos relacionados a su aplicación —
que no nos son tan familiares — añadiendo elementos de soporte a nuestro estudio.
Nos ocuparemos con las actividades instintivas de las actividades siguientes:
• Comer
• Reproducción y
• Moralidad
Aunque para muchos, ya veremos, puede que hayan más de 4,000 variedades de instintos que nos
impelen a acciones involuntarias que, a su vez, garantizan la preservación y la perpetuación
de nuestra especie, para otros son las cuatro efes en inglés: food, fight, fear y sex… Los
que nos obliga a pensar: ¿En qué consisten los instintos?
Los instintos como metáfora de enfermedad mental
Mi proposición se basa en lograr un entendimiento clínico de las fuerzas que salvaguardan
nuestras existencias y las que, vía su propagación hedonista o controlada, y haciendo uso de
las mismas para fines otros de los que la Naturaleza propuso, hoy se consideran patologías
psicosomáticas, por DSM…
Organizaremos esta lección de la siguiente manera:
• Introducción al entendimiento de ciertos instintos básicos
• La neurociencia del placer y del deseo (el sexo)
• Comer
• La moralidad (o el deber)
Instinto
En esencia, los instintos pueden definirse como una disposición inherente en un organismo
vivo hacia ciertos comportamientos. Estos comportamientos son fijos, hereditarios e innatos,
y se expresan como patrones constantes de respuestas a ciertos estímulos.
En el reino animal abundan estándares de acciones precisas que son independientes del
aprendizaje. Entre las más comunes se catalogan las actividades reproductivas, construcción
de nidos, rituales de cortejo, territorialidad, e hibernación entre muchas más.
Cualquier estímulo que provoque una respuesta automática, desencadena la acción de
mecanismos — ya dispuestos para responder — a una amenaza u otra urgencia vital. La
respuesta involuntaria está mediada a su vez por la acción de redes neurales que funcionan
vía la operación de mensajeros hormonales.
En los vertebrados superiores, grupo al que pertenecemos como especie, las glándulas
endocrinas que se involucran en nuestras respuestas automáticas se estimulan bajo la
dirección directa de las actividades del hipotálamo.
Pero, existen dinamismos de naturaleza especial — como representan el deseo de acumular
nuevos conocimientos, la inclinación a comunicar y demostrar nuestras ideas, la organización
económica, la tendencia hacia la religiosidad, o hacia la estructura política — que pueden
considerarse actividades que, siendo universales, y que aunque promueven nuestro bienestar y
adaptación no son esencialmente instintivas.
Estas últimas funciones, asimismo, se afinan por medio del entrenamiento y el aprendizaje.
Los instintos tienen antecedentes evolutivos, ya que de acuerdo con Darwin, cualquier
característica que confiere mayores posibilidades para la supervivencia y procreación será
considerada una adaptación, siendo, eventualmente, incorporada como comportamiento
instintivo por todos los miembros de una especie dada.
Lo último se conoce desde 1896 como el Efecto de Baldwin
Este constructo propone un mecanismo para la selección específica de una habilidad para
nuevo aprendizaje. Descendientes seleccionados de entre toda lechigada tendrán una capacidad
incrementada para la asimilación de nuevos conceptos, en lugar de permanecer dependientes de
las capacidades que son fijas y codificadas por lo genes. Significando que ciertos
comportamientos persistentes pueden modificar la evolución adaptiva de algunos grupos.
Mientras que otros, asimismo se extinguen, como se reconoce en el fenómeno de la adiaphoria,
o la falta de respuesta a un estímulo después de una serie de estímulos anteriores.
El ejemplo más común del Efecto de Baldwin es el de un grupo animal que, súbitamente, se
encuentra amenazado por un nuevo predador. Los individuos que incorporan más rápidamente
fórmulas para evadir el nuevo enemigo lo agregarán como conducta y luego ésta será
transmitida a sus descendientes como instinto.
Hay cierta elegancia en el concepto anteriormente descrito.
Más adelante esta teoría avanzó el entendimiento de lo que hoy se conoce como el equilibrio
puntuado.
El equilibrio puntuado es una teoría en la biología evolutiva que propone que la evolución
entre especies que se reproducen sexualmente ocurre en saltos repentinos, separados por
períodos muy largos donde muy pocos cambios ocurren.
De acuerdo a esta teoría la evolución fenotípica — la evolución de características
codificadas por el genoma — está localizada en eventos raros de ramificaciones genéticas
(cladogénesis) y que ocurre de manera relativamente rápida si se compara con los de otros
géneros de mayor estabilidad en existencia.
La definición y la aplicación de los instintos, como término, asimismo han experimentado
revisiones evolutivas como concepto. Algo que muchos no han realizado, ya que continúan el
uso del vocablo ‘instinto’ del modo tradicional.
La definición científica de instinto, hoy aceptada, y su evolución final
Como expresión, la palabra ‘instinto’ ha tenido muchos usos en la psicología y sus
aplicaciones universales han sido plétora desde Aristóteles. Sus connotaciones científicas y
su status formal se atribuyen al genio de W. Wundt quien en 1870 estableció el primer
laboratorio para el estudio de la psicología. En esos tiempos la psicología se consideraba
parte de la filosofía, pero progresivamente, el comportamiento humano y el animal hoy se
consideraran provincia del método científico y parte de la biología.
En el siglo XIX la mayoría de los comportamientos repetitivos se consideraban instintivos.
Una revisión de la literatura de entonces, dieron crónicas de 4000 instintos humanos, como
antes mencionáramos.
En 1960 una conferencia dirigida por Frank Beach, un pionero en la psicología experimental,
resultó en la restricción de la aplicación del término.
Para el año 2000, una revisión de los textos más importantes en psicología, sólo produjo una
sola referencia a la palabra ‘instinto’.
Lo que nos deja con la impresión de que cualquier comportamiento repetido puede ser
considerado ‘instintivo’. Como asimismo puede serlo cualquier comportamiento en el que
existe un componente innato pronunciado.
De acuerdo a los expertos. Para que un comportamiento repetitivo pueda ser clasificado como
instinto debe de ser:
• Automático
• Irresistible
• Ocurrir como parte del desarrollo individual
• Debe de ser provocado por algún estímulo del entorno
• Debe de aparecer igualmente en todos los miembros de la misma especie
• No puede ser sujeto a modificación
• Y debe gobernar comportamientos por los cuales el individuo no necesita
entrenamiento.
La ausencia de uno ó más de los criterios establecidos, elimina la clasificación del
comportamiento como instintivo.
Si lo antedicho se aplica con rigor científico a nuestras conductas humanas, entonces se
puede concluir, que ninguno de nuestros comportamientos puede incluirse como si fuese
producto de los instintos.
Para nosotros, el compromiso es: que lo que de antes llamáramos instintos, hoy se consideran
fuerzas de motivación, como lo son el comer, la agresión y la sexualidad.
Para la neurociencia moderna las fuerzas de motivación que poseemos se multiplican en número
cada día, consecuencia de nuestro entendimiento más detallado de las motivaciones de otras
especies aplicadas a la nuestra.
En esencia, se argumenta que los seres humanos carecen de instintos, ya que los ‘instintos’
en nosotros, como el hambre, la sexualidad y la agresión pueden ser inhibidos y controlados
— lo que constituye la esencia de nuestro objetivo en esta ponencia.
La neurociencia de las fuerzas que nos motivan
En su libro, The Tangled Wing: Biological Constraints in the Human Spirit, Melvin Konner,
antropólogo y psiquiatra, nos ilustra, de manera exhaustiva, los procesos neurales y
endocrinos que median ciertas, sino todas, las actividades humanas resultados directas de
las fuerzas que nos motivan, de modo idéntico, cuando actúan como ‘instintos’ en otros
animales.
En esencia, nuestra capacidad para amar, para ser buenos padres, para la auto-inmolación por
causas nobles, para ser leales a nuestras parejas, para resistir, o para desear el cambio,
son actividades evolutivas y adaptivas que pueden ser modificadas por la necesidad y por la
cultura.
La actividad sexual en nuestra especie
Desde que abandonáramos la sabana y nos congregáramos en aldeas, comenzaríamos a entender
que la sexualidad en nuestra especie era algo que no se expresaba de manera idéntica a la de
otros simios.
En su libro, The Third Chimpanzee, fisiólogo Jared Diamond, describe cabalmente los aspectos
neurobiológicos de la sexualidad humana en todos sus aspectos, incluyendo la necesidad
imperiosa que tenemos de copular en privado.
¿Cómo lograríamos acatar, todos, esa noción universal? No lo sabemos.
Seleccionamos ese aspecto de nuestra sexualidad, ya que es uno que, por ‘cortesía’ del
Internet, tenemos prueba de que puede subvertirse — por los fines que sean — para que se
exhiba a millones de voyeurs en la red.
Estudiando la sexualidad en la historia del ser humano, historiadoras Reay Tannahill y
Elizabeth Abbott, nos iluminan en detalle, como asimismo lo hace Rudolph Bell, en el hecho
de que nuestras actitudes y comportamientos en este aspecto particular de nuestro desarrollo
social han evolucionado de maneras que nos sorprenden.
Los comportamientos de ascetas, abstemios sexuales, como John Kellogg y muchos otros que
considerarían el sexo como mensaje diabólico, nos conlleva a postular que ciertos
comportamientos humanos no son más que productos de nuestra biología hecha confusa por la
imposiciones del imperativo moral y nada más.
A este fenómeno — no extraño para el psicoanálisis — lo llamaría Freud la sublimación de
los instintos.
Los esposos Kellogg, Ella y John Harvey, vivieron una unión matrimonial beatífica, basada en
la abstención total de la cohabitación sexual, mientras que igualmente practicaran el
vegetarianismo y formas del ascetismo moral y físico más estricto.
Luego de 20 años de felicidad conyugal, Ella, se enfermó y duró veinte años más, viviendo
como reclusa, a quien nadie vería, hasta el día de su muerte.
¿Qué diría DSM-ETC acerca de la condición de esta desafortunada mujer?
Algunos podrán considerar que ambos padecieron de la ‘anorexia sexual’.
Un curioso detalle del comportamiento de John Harvey es que todas las mañanas uno de sus
asistentes le administraba una enema fría. Hábito estudiado por Joanne Denko, quien lo
llamara Klysmaphilia.
Para DSM-IV-TR es, clismafilia 302.9.
Para una reseña concisa de las vidas de los hermanos, John Harvey y Will Keith Kellogg,
recomendamos mi artículo, El Desayuno: ‘Comida’ de la que todos hablan y nadie sabe.
¿Podemos, entonces, presumir, sin entendimientos profundos, que existe una entidad que puede
considerarse ‘adicción sexual’? O por extensión, otra, ¿la ‘anorexia sexual’?
Hablemos del comer, otra más de nuestras fuerzas de motivación
El comer, y de cómo comemos, para el hombre ‘civilizado’ ha sido la base sobre la que
nuestra epidemia de las disorexias se asienta.
Podemos decir que el ser humano, ha sido peculiar en su modo de relacionarse con la comida,
logrando hacerla una panoplia multifacética sobre la que restan casi todos nuestros valores
como expreso en mi lectura: La Dieta Paleolítica: Paraíso Perdido.
Pero, la comida, asimismo ha sido, como el sexo, transformada en una miríada de cosas que,
inicialmente les serían foráneas.
No tenemos hoy la anorexia, sino que gozamos de la bulimia, la obesidad, el comer
compulsivo, para algunos existe la hiperorexia, y las otras patologías asociadas la
ingestión de cosas no supuestas a ser comidas.
De nuevo encontramos condiciones que van de la restricción severa de alimentos igualada con
el ascetismo, al consumo desordenado e implacable de comidas ricas en exceso.
Entonces, contamos con la moralidad como fuerza que nos motiva y con el altruismo, que
siendo destronado, ha sido relegado a ser un mero comportamiento animal.
Aunque, para muchos primatologistas, el altruismo es parte de la moralidad entre simios que,
prefieren pasar hambre, al oprimir una palanca que les proveería alimento al costo del
sufrimiento de otro mono.
Lo que nos sorprende, es que en su estado natural, no existen modelos o réplicas entre los
animales de los excesos hedonistas que caracterizan a nuestro género — como tampoco
existen las actividades de privaciones extremas que nos imponemos a nosotros mismos en
búsqueda de goles exaltados o estéticos.
Para hacer nuestro propósito más complejo, parece ser que cada día nos sorprenden nuevas
‘enfermedades’, provenidas de nuestro modo de vida.
De acuerdo al psicólogo británico Oliver James, en su nuevo libro, The Selfish Capitalist:
The Origins of Affluenza, nuestro bienestar y progreso en el mundo actual presagia más
problemas psiquiátricos futuros para la raza humana. La única especie que cuenta potentados
de la envergadura de Bill Gates entre sus miembros.
De acuerdo a James, la Organización Mundial de la Salud (OMS) predice que la depresión, como
enfermedad, está camino a convertirse en la segunda dolencia más diseminada mundialmente,
después de las aflicciones cardíacas, lo que se proyecta ocurrirá cerca del año 2020.
Por supuesto, el nombrado científico, autor de un previo volumen en este respecto, nos
alerta a que la afluencia no sólo no nos proporciona la felicidad, sino que nos hace
infelices o nos deprime clínicamente.
La moralidad
Las aplicaciones de la moralidad en el ser humano nos recuerda de la famosa Paradoja del
Cerebro de Boltzmann, basada en el estudio de la entropía en el campo de la cosmogonía.
Cada uno de nosotros es un individuo en sus capacidades e inclinaciones únicas — como
aseveráramos cuando escribiéramos acerca de la anorexia en Así Hablan los Expertos.
Todos somos especiales…
Cuando hemos saciado las demandas de nuestras necesidades básicas, otras tendencias nos
urgen a buscar su satisfacción revivida y repetida para renovar la experiencia de nuestro
placer. De esa inclinación derivan algunas de las tendencias, que últimamente descontrolan
nuestra homeostasis y nos conducen a la debacle moral que nos causa la ruina y la que
pretendemos justificar con una etiqueta diagnóstica y la prescripción de una píldora.
Ahí puede que entre el auxilio provisto por DSM-ETC.
Pregunten a los expertos…
Mientras tanto, esperen mi próxima ponencia: DSM- ETC. Razón, sinrazón, Historia: ‘El Futuro
de una Ilusión, o ¿la Ilusión de un Futuro?’…
Imagen
Pérdida de la virginidad por P. Gaugin.