Comer mucho, y, comer a deshora nos engordan

‘Comamos y bebamos, porque mañana moriremos… (Isaías 22:13)

Por muchos años he expresado mis reservaciones acerca de comer de manera contraria a la programación de nuestra especie.

He hablado en otras ponencias acerca del atracón nocturno y del desayuno, artículos disponibles en varios portales y en monografías.com.

Los ritmos circadianos

En biología, los ritmos circadianos o bióticos son oscilaciones de variables biológicas en intervalos regulares de tiempo. Todos los animales, las plantas, y probablemente todos los organismos, muestran algún tipo de variación rítmica fisiológica (tasa metabólica, producción de calor, floración, etc.) que suele estar asociada con un cambio ambiental alternante, generalmente controlado por el movimiento del sol, la luna y las estaciones. En todos los organismos eucariotas así como en muchos de los procariotas y hongos se han documentado diferentes ritmos circadianos, con períodos que se extienden desde fracciones de segundo hasta años. Si bien son modificables por señales exógenas, estos cambios regulares persisten en condiciones de laboratorio, aun sin estímulos externos.

Por esa razón yo empecé a sospechar, hace algún tiempo, que la comida nocturna era improcedente para nuestro género, de animal diurno que, esencialmente, somos.

Asimismo postulé que, cuando comemos de noche — no importa la racional que tengamos para hacerlo — lo hacemos solamente, de manera programada por la Naturaleza — porque enfrentamos el peligro de una posible carestía de alimentos, lo que resulta en que el hipotálamo lo registre. Efectuando los cambios metabólicos necesarios para responder a la misma.

El resultado es que esa comida nocturna, por necesidad, nos hace engordar.

Nuevas noticias del mundo de la ciencia

De acuerdo a un estudio reciente publicado en la revista Obesity, para algunos animales de laboratorio, comer durante las horas en que el cuerpo, naturalmente, dormiría puede resultar en acumulaciones de peso excesivas.

Éste es el primer estudio que asocia la sincronización cíclica de las comidas con el aumento de peso.

Especialistas del sueño en Northwestern University compararon dos grupos de ratones. Cada cohorte asignado a uno de dos programas opuestos de alimentación, por seis semanas.

Ambos grupos recibieron la misma cantidad de comida, rica en grasa, durante el mismo período.

Ambos grupos gozaron del mismo nivel de actividad física.

La única diferencia entre los grupos consistió en que un grupo fue alimentado durante las horas en que normalmente estarían despiertos, y el otro, cuando debieran de estar dormidos.

A la conclusión del estudio, el último agregado de ratones aumentó más del doble del peso ganado por los que comieron durante las horas activas.

‘Por algún tiempo nos habíamos preguntado si existiría una relación entre los patrones de comer y el aumento de peso’, expresó el Dr. Louis Aronne, experto en la obesidad.

Este investigador señala que previas gestionas sugieren que las personas que soslayan el desayuno a favor de comidas masivas, en horas de la noche, tienden a ser obesas.

Sugiriendo que, si un experimento similar. Con los mismos resultados, se efectúa, entre seres humanos, puede que establezca, la importancia de la claridad del día en lo que, al ganar de peso, respecta.

Los ritmos biológicos

Aparentemente, el factor principal en la solución de este enigma, puede que sea consecuencia de la disrupción del ritmo circadiano.

¿Cómo este factor opera en nuestra especie?

Veamos

Comiendo a horas inapropiadas puede que disturbe el ritmo natural del organismo, desencadenando el comienzo de una serie de reacciones metabólicas que al final conducen a ganar de peso.

Éste fenómeno ocurre porque nuestros cuerpos están naturalmente programados a comer durante las horas del día, lo que resulta en que comer dentro de los períodos para los que no estamos diseñados afecta la habilidad del cuerpo para mantener su balance energético.

Lo que significa que el organismo comienza a hacer uso de sus calorías de modo aberrante.

Este cambio puede resultar en fluctuaciones en los niveles de numerosas hormonas, que influyen en un aumento en ghrelina y una disminución de leptina — los dos agentes principales que controlan el apetito y la saciedad.

La hormona del hambre, la ghrelina, que reside en el estómago, es la que envía al cerebro la señal traducida en ‘dame de comer’, mientras que la hormona de la saciedad, la leptina, indica al cuerpo cuando la ingestión de comida debe de cesar.

Pero, si es cierto que esas hormonas han sido manipuladas en animales de laboratorio para producir aumentos y pérdidas de peso, lo mismo no ha sido el caso con los seres humanos.

Experimentos en que a personas obesas se les inyectara leptina han fallado, porque las vías metabólicas que controlan el hambre y la saciedad en nuestro género, son mucho más complejas que las de los ratones.

Por ejemplo, eliminando solamente una de 50 de estas vías, por medios farmacológicos — si esto fuera posible — sólo significaría que las otras 49, eventualmente, compensarían, eliminando los efectos de tal maniobra.

Lo que a nadie hace sentir optimista.

Aunque los hallazgos recientes reportados en Obesity, todavía no pueden ser aplicados fuera del laboratorio, otras investigaciones soportan la idea de que la disrupción del sueño puede estar relacionada con el aumento de peso en los seres humanos.

Estudios conducidos en profesionales de turno nocturno, como son las enfermeras y trabajadores de factorías, indican que éstos están a un riesgo mayor de tener sobrepeso que sus homólogos que laboran durante las horas de luz diurna.

Puede ser que este fenómeno esté relacionado a la tendencia de los trabajadores nocturnos a comer comidas pesadas duran esas horas.

Otros estudios demuestran que personas que duermen unas ocho horas por la noche tienden a ser más delgadas que las que duermen menos o no duermen lo suficiente.

Investigaciones diversas, asimismo han establecido la conexión que existe entre períodos de dormir, cortos o desorganizados, con algunas condiciones relacionadas al sobrepeso, incluyendo la diabetes y la enfermedad cardiovascular.

Todos los investigadores parecen estar de acuerdo con la noción de que comer por las noches no es buena idea y una que puede resultar en la ganancia de extras libras, como asimismo puede aumentar el reflujo gastroesofágico y otras complicaciones asociadas con problemas de dormir.

Comer durante las horas del día sí que parece ser buena idea, algo en lo que todos los científicos están de acuerdo, aunque realmente, no saben cómo explicarlo.

Aunque la razón para este fenómeno esté contenida en mi artículo titulado, Las memorias, la obesidad y el hipotálamo, en monografías.com. Aquí resumimos aspectos del mismo.

Todo comenzó en Toronto.

LAS MEMORIAS HIPOTALÁMICAS Y SU SIGNIFICADO

En la ciudad Toronto, hace unos años, se celebró una conferencia internacional acerca de las disorexias en general y de la obesidad en particular.

Dos estudios que fuesen presentados como parte de los trabajos científicos atrajeron la atención de la prensa internacional.

En uno de los estudios, que se condujo en la Colorado State University en Denver, los investigadores dividieron tres grupos de voluntarios a quienes le administraran tres regímenes dietéticos básicamente diferentes: Un grupo recibió 60% de las calorías de su dieta en forma de grasa, mientras que el otro grupo recibió solamente 20% de sus calorías de este modo.  El tercer grupo de voluntarios recibió la mayoría de sus calorías en forma de carbohidratos complejos como serían la yuca, el casabe, la papa o el arroz.

Los resultados del estudio fueron predecibles: El grupo con la más cantidad de grasa ganó mucho peso, el grupo con el 20% de grasa asimismo ganó de peso, pero ganó menos, mientras que  el tercer grupo permaneció a un nivel estable de peso.

Comentarios

En nuestra opinión este proyecto ‘científico’ estaba diseñado muy pobremente, ya que una dieta que contiene un 20% de grasa es una dieta poco balanceada (aunque en un país de tanta gordura como lo es los EE.UU. eso se considere aceptable). Los investigadores, también, cometieron el error de no decir cuántas calorías de grasa estaban consumiendo los tres grupos antes de comenzar el estudio y, finalmente, llegando a la conclusión, sin evidencias, de que ‘el ejercicio físico es factor indispensable para evitar el sobrepeso’.

Lo último es absolutamente falso.

El otro estudio, presentado durante la misma conferencia, que asimismo atrajo atención internacional, fue resultado de los esfuerzos de un colega nuestro, el afamado A. Stunkard de Pennsylvania State University en Filadelfia.

Stunkard y sus colaboradores describieron un ‘síndrome’ el cual apodaran ‘El Síndrome del Apetito Voraz Nocturno’.

En esta condición, la víctima desarrolla un hambre insaciable que se incrementa con la progresión y el proceso de la noche, provocando el consumo de cantidades ‘enormes’ de comida de alto contenido calórico.

El remedio que, el grupo de Stunkard, ofreció para remediar esta condición es tan ingenuo, como inverosímil: ‘comer (sí, comer) un desayuno y un almuerzo sensible’ — es todo…

He aquí el lugar donde los resultados de nuestras propias investigaciones ofrecen una explicación — la única explicación posible — para este asunto — ya que nuestros colegas no ofrecieron ninguna.

Explicación

Nuestro hipotálamo cerebral desempeña los deberes de proteger nuestra existencia de modo automático y mecánico.  Pero, para poder llevar a cabo sus delicadas gestiones, lo hace a través de las funciones que neurotransmisores, de ‘memorias’ reflejas, depositan en él, las cuales se evocan cuando situaciones sobrevienen que imitan las condiciones que hicieran posible la ‘memoria’ inicial.

El estrés es factor desencadenante de la reacción inicial

Aquí explicamos la manera cómo se inicia el círculo vicioso del apetito voraz:

Estrés ? hambre ?  consumo de comida en exceso ? consumo excesivo resulta en ? estrés ? hambre — y así continúa el ciclo como en moto perpetuo.

Entonces, ni el desayuno ni el almuerzo (no importa cuán ‘moderados’ estos sean) alivian esta condición, sino que la empeoran.

El desayuno en sí, no es una comida esencial para nosotros. Si tuviéramos acceso a un desayuno opíparo en nuestro estado aborigen, en lugar de salir a procurar comida (durante el período Paleolítico) sencillamente nos contentaríamos con jugar y reposar — porque lo que motiva y estimula nuestros esfuerzos, es el hambre.

El remedio, para la atrocidad de nomenclatura del ‘Apetito Voraz’, reside en la adopción de la dieta que la Naturaleza, originalmente, nos asignara.

Resumiéndolo todo

El plan que la Naturaleza nos asignara es el mejor de seguir para vivir una existencia balanceada en todo respecto.

Abandonarlo es incitar desastre.

Somos animales diurnos. No lo olvidemos, para no engordar.

El fin.

Ilustración

El atracón nocturno…

Tags:

Leave a Reply